Fundación José Ortega y Gasset

Circunstancia

A A A     

· Consultar publicación:

Ensayos Investigaciones en curso Colaboran en este número Normas para el envío de originales

Circunstancia. Año V - Nº 14 - Septiembre 2007

Ensayos

EL INSTITUTO-ESCUELA, UNA EXPERIENCIA EDUCATIVA EJEMPLAR.

Elvira Ontañón


Resumen-Palabras clave / Abstract-Keywords


En el año 2007 se conmemora el centenario de la Junta para Ampliación de Estudios, no el del Instituto-Escuela su último fruto que se crea unos años más tarde. La Junta para Ampliación de Estudios procede en gran medida de una original idea de Francisco Giner de los Ríos, en busca de la renovación de la enseñanza –sobre todo la enseñanza universitaria– desde dentro, no legislando nuevas normas, sino enviando a los estudiantes y jóvenes profesores a las universidades europeas más destacadas, en busca de nuevos conocimientos y nuevos métodos de investigación y trabajo, por medio de unas becas o “pensiones” que permitieron ponerles en contacto directo con el mundo más avanzado de la ciencias, de las humanidades y de la pedagogía. Esta idea gineriana tuvo un factor fundamental, una persona que fue capaz de ponerla en práctica con tesón y perspicacia: esta persona fue José Castillejo, secretario permanente de la Junta que dirigió sus actividades entre los vaivenes de la vida política, con habilidad, entusiasmo y pulso seguro, logrando en menos de 30 años no siempre fáciles un espectacular desarrollo. Aparentemente la actividad de la Junta estuvo dedicada a la investigación y a la universidad: en 1910 se crea la Residencia de Estudiantes, no sólo para acoger estudiantes de provincias, sino con la idea de hacer de ella el centro cultural y científico de referencia que llegó a ser, con actividades en el campo del arte y las humanidades y también con los laboratorios de Biología y de Física y Química; así como con la colaboración y proximidad del Museo de Ciencias Naturales. También en 1910 aparece el Centro de Estudios Históricos, concebido como un enclave de investigación en el cual las humanidades se estudiaban con procedimiento científico, y los grandes maestros: Menéndez-Pidal, Gómez Moreno, Elías Tormo, Asín Palacios, etc. formaban a los jóvenes investigadores que llegarían a ser los mejores catedráticos del futuro: Rafael Lapesa, Dámaso Alonso, Américo Castro, Diego Angulo, Javier Sánchez Cantón, Claudio Sánchez Albornoz y muchos más salieron del Centro. En 1915 se creó la Residencia de Señoritas para facilitar el acceso de las mujeres a la Universidad (otro de los objetivos de Francisco Giner). Pero a pesar de este aparente destino universitario, las primeras becas o “pensiones” de la Junta, y en el conjunto de las adjudicadas las más numerosas, fueron para maestros, directores de escuelas, inspectores, profesores de escuela normal, es decir: para el mundo de la enseñanza primaria, siempre esencial en el concepto de Giner. El resultado de estas expediciones y contactos con la renovación educativa en Europa, desarrollado en el caldo de cultivo que había ido logrando el Museo Pedagógico desde su fundación en 1882, comenzó a percibirse en un claro progreso de la educación, cuyo signo más importante a mi juicio fue la toma de conciencia por parte de un sector destacado del mundo de la enseñanza activa, de la necesidad de introducir cambios para lograr y actualizar la enseñanza. Empiezan a surgir revistas de Educación con valiosas colaboraciones; se busca lograr escuelas que pongan en práctica las ideas y procedimientos estudiados y vistos en el extranjero: trabajos manuales, pequeños laboratorios, responsabilidades de los alumnos en la organización escolar… y el avance educativo comenzó a dar frutos; sirvan de ejemplo las “Escuelas del bosque” en Cataluña o el grupo escolar “Cervantes” en Madrid. Pero faltaba un modelo escolar que resolviera dificultades sin cuya solución era difícil renovar en profundidad la Enseñanza en España, atrapada en el problema administrativo que ponía gran distancia entre la Primera y la Segunda Enseñanza. La Escuela Obligatoria terminaba oficialmente a los catorce años, pero los alumnos que accedieran a la Segunda Enseñanza debían dejarla a los diez, ya que a esa edad comenzaba el Bachillerato, y el instituto poco tenía que ver con la escuela.

La Institución Libre de Enseñanza había visto el problema, y desde su escuela, fuera del mundo oficial buscaba soluciones para lograr un proceso escolar sin desniveles bruscos. En los textos de Francisco Giner de los Ríos está claramente reflejada su concepción de la Enseñanza como un todo, con los diferentes matices propios de cada etapa, considerando siempre como fundamental la escuela primaria, y con un permanente criterio educativo en todo el proceso: responsabilidad del alumno, relación de afecto y respeto entre discípulos y maestros, estímulo y desarrollo de todas las facultades de la persona, respeto al entorno humano y natural, curiosidad por el conocimiento, afición al trabajo, capacidad de organización y colaboración…

La tarea renovadora que se había propuesto la Junta para Ampliación de Estudios en toda la esfera de la Educación culmina con la fundación del Instituto-Escuela, cuyo nombre ya indica el principal objetivo que se propuso. Desde su concepción hasta la minuciosa preparación del proyecto, el nuevo centro fue construido por un selecto grupo de personas con una dedicación admirable y con una prudencia próxima a la modestia: José Castillejo, María Goyri, María de Maeztu, Luis de Zulueta especialmente, y el Instituto-Escuela llegó a ser uno de los grandes logros de la Historia de la Educación en España. Se concibió como un centro ejemplar propuesto por el Ministerio de Instrucción Pública a través de la Junta para Ampliación de Estudios como responsable, con el propósito de multiplicarlo en el ámbito nacional adaptándolo debidamente, siempre que sus resultados fueran satisfactorios. Además del proyecto pedagógico el Instituto-Escuela tenía el objetivo de dar formación a los maestros para adaptarles a métodos nuevos, que era otra de las grandes necesidades de la Educación.

El 10 de mayo de 1918 se publica el Decreto de creación del Instituto-Escuela firmado por Alfonso XIII, siendo Santiago Alba ministro liberal de Instrucción Pública y Bellas Artes en el primer gobierno de “concentración nacional”. El 10 de julio aparece el Reglamento para su funcionamiento, lo cual parece indicar que estaba ya dispuesto por la proximidad de las fechas y por lo extenso y minucioso del documento que siempre sirvió de guía al Instituto-Escuela. El Reglamento está dividido en cuatro partes: la primera se refiere a los alumnos, la segunda al plan de estudios, en el cual, inspirado en la Institución Libre de Enseñanza, están muy presentes los idiomas, las clases de música, la biblioteca y los deportes. Entre las actividades, las excursiones, visitas a fábricas y museos. Y también como novedad las representaciones teatrales.

La Religión era voluntaria y había residencias para los alumnos que no vivían en Madrid. Por cierto, que en el Decreto de fundación se alude a “[…] la ventaja de tener ya organizado un grupo de niños y otro de niñas que podrían facilitar el ensayo […] y encontrar en el nuevo sistema el complemento que sin duda alguna su propia existencia ya reclamaba”. Estos niños estaban instalados en los pabellones proyectados por Antonio Flórez en 1911 próximos a la Residencia de Estudiantes. La tercera parte del Reglamento se refiere al profesorado, que debía ser seleccionado, orientado y controlado por representantes de la Junta para que se adaptara a los nuevos métodos y al nuevo estilo de la escuela. Se incorpora la figura de los profesores “aspirantes al magisterio secundario”, de cuya formación era responsable la Junta para Ampliación de Estudios, y el resultado fue excelente. Son ejemplo de ello maestros como: Manuel de Terán, María Sánchez Arbós, Carmen Castilla, Miguel Catalán, etc. La cuarta parte está dedicada a los edificios e instalaciones escolares, una de las preocupaciones de la Junta, ya que el Instituto-Escuela comenzó sus clases en octubre de 1918 sin edificio propio, utilizando las instalaciones del Instituto Internacional, generoso colaborador de la JAE desde que en 1915 cedió uno de sus edificios a la Residencia de Señoritas, así como el uso de los laboratorios, Biblioteca y Paraninfo de la casa central en Miguel Ángel 8. En 1922 se comenzó la construcción de un edificio en el “olivar de Atocha”, de aspecto convencional, no del todo concordante con los nuevos métodos propuestos por el Instituto-Escuela. Los edificios que representan este espíritu serán los de “Hipódromo” situados cerca de la Residencia de Estudiantes y del nuevo Instituto Rockefeller de Física y Química con proyecto de jóvenes arquitectos en la “Colina de los chopos” –como llamó Juan Ramón Jiménez a esa zona–, a los cuales me referiré más adelante.

El Instituto-Escuela comenzó su labor con el entusiasmo que produce un proyecto en el que se confía y por el que se trabaja con dedicación y capacidad crítica. Cada año se redactaba una Memoria. En 1925, con la llegada a la Universidad de los primeros alumnos se llevó a cabo una primera evaluación seria de la labor realizada y el resultado mostró el éxito del Instituto-Escuela, aunque también se señalaron aspectos a revisar o mejorar. Una de las peticiones fue la creación de un Patronato permanente compuesto en su mayor parte por padres de alumnos, entre los que estaban Menéndez-Pidal, Ortega, el doctor Calandre, María Goyri, Blas Cabrera, Álvarez Ude… y el Patronato consideró necesario un Consejo Asesor, que estuvo formado por Américo Castro, Pedro Salinas, Enrique Moles, Cándido Bolívar y Xavier Zubiri, es decir los intelectuales y científicos más destacados del momento.

La década de los años 30 del siglo XX –que se interrumpiría bruscamente con la guerra de 1936– marca la madurez y consolidación del Instituto-Escuela, que sin embargo continuaba evaluando y renovando su labor tanto en la enseñanza como en las actividades o en el material escolar. Desde 1922 había empezado a publicarse en el Centro de Estudios Históricos la “Biblioteca literaria del Estudiante” que ofrecía a los niños y jóvenes estudiantes una cuidada selección de lo mejor de la literatura española, en unos textos accesibles a los destinatarios. Dirigió la colección Menéndez-Pidal con la valiosa y activa colaboración de María Goyri, que seleccionaba los textos y los autores más idóneos y redactaba la introducción y notas aclaratorias de los diferentes tomos. La colección llegó a tener treinta volúmenes, que abarcaban desde la Literatura Medieval a los autores contemporáneos, pasando por el siglo de Oro –lírica, prosa y teatro–, los cronistas de Indias o el mundo de las fábulas. La “Biblioteca del Estudiante” se convirtió en una valiosa herramienta de trabajo escolar que al mismo tiempo permitía a los alumnos conocer las fuentes de nuestra literatura y el lenguaje literario. Fue necesario hacer sucesivas ediciones, ya que los libros se usaron también fuera del Instituto-Escuela a cuyos alumnos estuvieron destinados en su origen. En el prólogo de la segunda edición Menéndez-Pidal sugiere a los maestros con todo respeto que enseñen a los niños a conocer y a disfrutar los tesoros de nuestra literatura, incluso les apunta maneras de lograrlo.

La enseñanza de las Ciencias tuvo también un lugar importante en el Instituto-Escuela y para ayudar a los profesores que lo consideraran necesario, la Junta publicó en 1931 el libro Exposición de la enseñanza cíclica de la Física y de la Química elaborado por Miguel Catalán y Andrés León con la experiencia adquirida en las clases. Es una excelente guía metodológica por su orientación general y por la precisión con que se detallan los programas, horas de laboratorio y experimentos llevados a cabo en los distintos niveles.

La llegada de la República en 1931 supuso un nuevo impulso económico para el Instituto-Escuela –lo mismo que para toda la Enseñanza en general–, que sumado a la experiencia adquirida dio notables resultados: se emprenden nuevas actividades, como los intercambios de alumnos con países extranjeros, o las Colonias de vacaciones internacionales en La Granja, a las que asistían chicos franceses, ingleses y alemanes, que vinieron a completar las ya iniciadas en San Antolín de Bedón, siguiendo el modelo de la Institución Libre de Enseñanza en San Vicente de la Barquera, ya con larga experiencia.

El Instituto-Escuela se multiplicó en 1932 en Barcelona, Valencia y Sevilla, adaptándolo a las necesidades de cada lugar –como estaba previsto en el Decreto de fundación–, y los resultados en todos ellos fueron excelentes.

Tal vez el hecho más importante en la nueva situación fue la construcción de los edificios de Hipódromo. El de Atocha, con proyecto del arquitecto Francisco Javier Luque se había terminado en 1929, tras siete años de construcción. Los de Hipódromo trataron de responder –y lo lograron en buena medida– a la nueva orientación pedagógica y a las inquietudes de Cossío, que consideraba fundamental el edificio de la escuela tanto en el aspecto estético como en el funcional, hasta convertirlo en estímulo para niños y maestros. Se encargaron de proyectar estas nuevas instalaciones los jóvenes arquitectos Carlos Arniches y Martín Domínguez. En primer lugar se construyó el edificio para Primaria y Bachillerato que, iniciado en 1930, se terminará en 1931; además se hizo un auditórium, con claustro, biblioteca y sala de lectura de uso conjunto con la Residencia de Estudiantes, cuya construcción se acabó en 1932. El pabellón de párvulos comenzado en 1933 fue el que se convirtió en edificio emblemático y ejemplar entre las construcciones escolares por una serie de motivos: en primer lugar la estrecha colaboración entre los arquitectos y los profesores directivos del Instituto-Escuela, que ensayaban nuevos y originales procedimientos educativos. En esa fecha la directora de párvulos era Jimena Menéndez-Pidal que colaboró estrechamente en el proyecto escolar. También es interesante este pabellón por la concepción de los espacios, de tal modo que las seis clases que formaban el conjunto, cada una con su huerto, podían unirse de dos en dos o mantenerse independientes, haciendo del huerto una prolongación de la clase a través de un ventanal practicable. Esta importancia, casi protagonismo de los espacios exteriores orientados a mediodía se consideró un elemento clave en las actividades de los alumnos más pequeños, que podían entrar en la clase desde el exterior y hacer vida al aire libre gran parte del tiempo.

Un pasillo posterior a las clases orientado a norte podía convertirse en ampliación de las aulas o ser utilizado para comunicar unas con otras. Los roperos y aseos estaban perfectamente distribuidos y las instalaciones, como calefacción y cocina, además del mobiliario, cuidadosamente estudiados en el aspecto económico, en el estético y en el funcional.

El comienzo de este edificio ejemplar en tantos aspectos en 1933 parece que marca un año definitivo en la breve historia del Instituto-Escuela. Se reestructura y perfila la organización pedagógica, económica y administrativa dando mayor unidad al centro, y mayor responsabilidad a los profesores. La nueva estructura está formada del siguiente modo:

- Una Sección de Párvulos, como novedad, con un edificio nuevo como hemos visto, dirigida por Jimena Menéndez-Pidal.

- Una Sección de Primaria (en lugar de la anterior Preparatoria), con María de Maeztu como directora.

- Una Sección de Bachillerato en Hipódromo dirigida por Samuel Gili y Gaya; más tarde se hizo cargo de esta dirección Manuel de Terán.

- Una Sección de Bachillerato en Atocha, de la cual fueron responsables sucesivamente Miguel Herrero y Jaime Oliver Asín.

Los organismos directivos se definieron también y estuvieron formados por el Patronato y el Claustro general de profesores. La administración se llevaba en la Junta Plena económica, compuesta por los cuatro directores y un profesor representante de cada sección. La Secretaría era conjunta y coordinaba las secretarías de las distintas secciones.

En el nuevo proyecto había una serie de modificaciones importantes, pero la gran novedad fue la Sección de Párvulos, estudiada minuciosamente en los tres grados que la formaban, desde el mobiliario al material escolar, desde los árboles de los pequeños huertos o jardines, con los que se pensaban formar un pequeño jardín botánico, a la calefacción o la cocina. Los juegos, las canciones y recitados, el dibujo y los trabajos manuales, todo era objeto de estudio para lograr la mejor programación. Pero no fueron los Párvulos la única novedad: para los alumnos de Bachillerato, Oliver Asín organizó una Biblioteca circulante. Los alumnos de Primaria empezaron a valorar los trabajos realizados en los Ateneos y ayudados por los profesores publicaron una obra conjunta de toda la escuela, que llamaron Nuestro Libro. Fueron creciendo también las actividades deportivas, que se “presentaban” a final de curso en los campos de deportes que se utilizaban conjuntamente con la Residencia de Estudiantes en unas “Olimpiadas” en las que tomaban parte la mayoría de los alumnos para despedir el curso. Las representaciones teatrales, otro procedimiento pedagógico que empleó con acierto el Instituto-Escuela, abarcaron desde el teatro clásico, en piezas breves o Autos Sacramentales, a escenificaciones de romances o cuentos, entre ellos los de Rabindranath Tagore que por esos años tradujo y publicó Zenobia Camprubí. Tal vez la representación que más éxito tuvo fue La pájara pinta de Alberti que llevaron a cabo los alumnos en las dos primeras y únicas sesiones en España, una en los campos del propio Instituto y otra pública a la que asistieron autoridades, incluso el presidente de la República, en el Campo del Moro.

El Instituto-Escuela, cumpliendo paso a paso el proyecto concebido, en 1936 alcanzaba un momento de plenitud y aparentemente sólo faltaba la difícil tarea de continuar la difusión y mantener la actitud de evaluación y estudio continuos. Animaban a ello el número importante de alumnos –sólo en Madrid más de 1600–, el éxito del sistema educativo puesto a prueba en la universidad, a la que habían llegado unos alumnos dotados de espíritu responsable y solidario, con buena base de conocimientos, y con unas capacidades para el trabajo que les daba un estilo propio. Parecía imposible en este momento que la idea casi utópica que se había materializado con tanto esfuerzo y tan brillante resultado pudiera destruirse en un breve espacio de tiempo. Pero la guerra de 1936 que arrasó España también cortó bruscamente la vida del Instituto-Escuela, dispersando a profesores y alumnos. Cuando la guerra terminó, el odio y la encarnizada persecución de los vencedores a todo cuanto tuviera relación con la Institución Libre de Enseñanza –como símbolo de renovación y libertad– provocó la suspensión del Instituto-Escuela, que se convirtió en un instituto de bachillerato sujeto a los nuevos planes, que poco tenían que ver con el proyecto modernizador que le dio origen. La Junta para Ampliación de Estudios sufrió transformaciones tan profundas que la convirtieron en algo irreconocible. Los edificios se alteraron y deformaron, el auditórium se derribó parcialmente para hacer una iglesia. En los edificios de párvulos se levantaron pisos y la sala de actos del edificio de primaria y bachillerato se deformó. Contaba Soledad Ortega que cuando María de Maeztu fue invitada a visitar el instituto que llevaba el nombre de su hermano en los edificios de lo que fue el Instituto-Escuela, se llevó tal desilusión que no pudo concluir la visita, a pesar de que los desmanes arquitectónicos no habían hecho más que empezar.

La destrucción del Instituto-Escuela sin embargo, no fue definitiva porque las ideas son difíciles de desarraigar y en los terribles años cuarenta de la España del siglo XX varios grupos de profesores del Instituto comenzaron a fundar pequeñas escuelitas privadas en las que seguían enseñando con el método y las ideas en las que creían. Muchas fueron desapareciendo, siguió adelante, llevado por Jimena Menéndez-Pidal, Ángeles Gasset y Carmen García del Diestro, el colegio “Estudio” que permanece vivo, subsistiendo a contracorriente de la historia; en él se mantiene la huella de la Institución Libre de Enseñanza y ha continuado y continúa los pasos del Instituto-Escuela.

En estas fechas del centenario de la Junta para Ampliación de Estudios sería conveniente no desechar la labor educativa del Instituto-Escuela, centro público, cuyos procedimientos, son plenamente vigentes en su mayoría.





Resumen:
El Instituto-Escuela creado en 1918 es el último fruto de la Junta para Ampliación de Estudios. Su proyecto pedagógico inspirado en la Institución Libre de Enseñanza constituye un modelo ejemplar en la historia de la Educación y al mismo tiempo fue un centro de formación del profesorado. El apoyo de los intelectuales y científicos más destacados del momento contribuyó a su éxito. Los edificios construidos representan un importante avance en la arquitectura escolar.

Palabras clave:
Instituto-Escuela, Junta para Ampliación de Estudios, Institución Libre de Enseñanza, Modelo pedagógico ejemplar, Formación de maestros, Edificios renovadores de la arquitectura escolar.

Volver

Abstract:
Instituto-Escuela founded in 1918 is the last foundation of Junta para Ampliación de Estudios. His pedagogic plan, inspired on Institución Libre de Enseñanza, is an exemplary model in the history of Education and also a centre of formation of professors. The support of the more important intellectuals and scientists of this epoch contribute to his success. His buildings symbolized a great step forward in the scholar architecture.

Key Words:
Instituto-Escuela, Junta para Ampliación de Estudios, Institución Libre de Enseñanza, exemplary pedagogic model, formation of professors, renewed buildings of scholar architecture.
Volver
La Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, un siglo después. ¿A la Sorbona, a Marburgo o a la Alpujarra? La Junta para Ampliación de Estudios José Castillejo Duarte Una ventana hacia Europa: La Residencia de Estudiantes y sus actividades culturales (1910-1936) Ciencia y cultura en el Centro de Estudios Históricos de Madrid, 1910-1936 El Instituto-Escuela, una experiencia educativa ejemplar María de Maeztu Withney y Sofía Novoa Ortiz (1919-1936), cultivar la salud, cultivar el espíritu, cultivar la lealtad Marañon y la JAE-CSIC: Un caso atípico
Posicionado por DestaK2
C/ Fortuny, 53 - 28010 Madrid - España | Tel. (34) 91 700 4100 - Fax: (34) 91 700 3530 | comunicacion@fog.es
W3C Wai - AAW3C CSSW3C HTML
Aviso Legal  |  Politica de Privacidad  |  Datos Identificativos  |  Facebook  |  Twitter  |  Youtube  |  Flickr