

LA DIVULGACIÓN CIENTÍFICA: PROBLEMA CONTEMPORÁNEO EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Desde hace años existe una encendida polémica entre científicos y periodistas sobre quién debe divulgar ciencia. Es una cuestión aún no resuelta, pero vital en el marco de la Sociedad de la Información, ya que plantea un serio problema: la extensión del conocimiento científico y técnico al conjunto de la sociedad, de tal manera que ésta pueda decidir con conocimiento de causa sobre la idoneidad o no de las políticas científicas que le afectan.
A lo largo de los años, algunos autores han afirmado que la cultura científica y su comunicación pública son uno de los pilares básicos sobre los que se asientan las sociedades democráticas. No en vano, la mayor parte de las investigaciones que tienen lugar en los países desarrollados –no hablemos de los menos desarrollados- son financiadas en su inmensa mayoría con cargo a los presupuestos del Estado o con recursos públicos.
Por otro lado, una sociedad bien informada y culta en cuestiones que le son de vital importancia para su vida diaria y para su desarrollo es una sociedad que vive mejor y decide libremente sobre aquello que le afecta.
No podemos olvidar además que la ciencia y la tecnología, hoy más que nunca, impregnan y rodean todas las actividades del ser humano por insignificantes que parezcan, desde que éste se levanta hasta que se acuesta. Parece, por tanto, lógico que sus usuarios conozcan de primera mano todo lo que está relacionado con ellas. Dicho de otro modo: conviene disponer del manual de instrucciones de la ciencia, así como de la tabla de contraindicaciones de la misma.
En este número de la revista Circunstancia probablemente no despejaremos la incógnita sobre quién debe realizar la divulgación científica, porque seguramente esta labor no le corresponde a un único actor, sino a un conjunto de protagonistas en la que cada uno de ellos aporta su particular forma de hacer y de entender la ciencia. La realidad es poliédrica y la ciencia también. De ahí que se precisen no uno, sino varios intérpretes de la misma.
Lo que a buen seguro sí aportará este análisis sobre el problema de la divulgación científica son elementos de juicio suficientes para abordar la cuestión de forma compleja.
Sin duda, uno de los elementos de juicio fundamentales para esclarecer el asunto sea conocer qué es y en qué consiste el periodismo científico, así como parte de su historia. También resulta fundamental abordar la cuestión de la necesidad creciente de la profesión periodística por organizarse, definirse y situar sus objetivos para llevar a cabo su labor con plenas garantías de éxito profesional y social.
En ese sentido, no podemos soslayar la cuestión de la especialización de los profesionales de la información dedicados a la divulgar la ciencia como garantía de calidad. Buen ejemplo de ello lo encontramos en Brasil y en los programas postdoctorales de la Universidad Federal del Paraná.
Tampoco podemos eludir las relaciones que existen entre la divulgación de la ciencia y el progreso y la innovación de un país, ya que sin la primera es difícil que los poderes públicos inviertan en la segunda. En este sentido, la labor que lleva a cabo la Universidad Nacional Autónoma de México, a través de su Dirección General de la Divulgación de la Ciencia (DGDC) es un modelo a seguir.
Pero para lograr que el ejercicio profesional de la divulgación científica obtenga garantías de éxito hay que lograr entender las complejas –y no siempre buenas- relaciones que se establecen entre los científicos y los periodistas, dos grupos que se necesitan irremediablemente y que están condenados a entenderse. Los primeros para hacerse “visibles” a la sociedad y los segundos para establecer referentes de la actualidad. Conocer las pautas de unos y otros para relacionarse, además de interesante, resulta revelador para conocer la dimensión del problema.
Sin duda, una de las soluciones al conflicto entre unos y otros es tender puentes y crear canales de entendimiento, que pasan por establecer estrategias comunes de abordaje de problemas complejos, pero no sólo entre periodistas y científicos, sino entre éstos y humanistas: dos mundos que pertenecen al ámbito de la ciencia –pura y social-, pero que se encuentran en las antípodas unos de otros.
Entre las diversas funciones que cumple la divulgación de la ciencia –socializadora, integradora, etc- la formadora es la que más incide en la creación de nuevas generaciones de científicos, que contribuyan al progreso social y al desarrollo de las sociedades actuales. Sin embargo, esta labor es la que más está flaqueando en estos momentos, pues no existe una “primera división” de divulgadores –como ocurrió en los años Ochenta con Sagan, Asimov, Cousteau o Rodríguez de la Fuente- que popularicen el conocimiento científico y animen a los jóvenes a seguir el camino de la ciencia. La responsabilidad de esta carencia de “figuras mediáticas” es tanto de los medios de comunicación, como de la comunidad científica.
Cómo resolver esta cuestión, cómo revertir la situación y cómo sacarle el mayor partido son algunos de los retos que nos plantea el siglo XXI, para lograr que la divulgación científica deje de ser un problema contemporáneo de la Sociedad de la Información, para ser uno de sus mayores logros, porque con ello ganamos y progresamos todos.
Julia García Agustín
(Coordinadora del número)
Edita
Instituto Universitario
de Investigación
Ortega y Gasset
Director
Juan Pablo Fusi.
Consejo de Redacción
Directores Adjuntos:
Mª Josefa García Grande
(IUIOG - U. Alcalá)
Pedro Pérez Herrero
(IUIOG - U. Alcalá)
Consejo Académico
Joaquín Arango Vila-Belda, Manuel Arenillas, Francisco Cabrillo Rodríguez, María Esther del Campo, Águeda Esteban Talaya, Olga Fernández Soriano, Manuel Guedán, Francisco Llera, Mario Paoletti, Santos Pastor, Antonio Remiro Brotóns, Francisco Rubio Llorente, Jesús Ruiz-Huerta Carbonell, Fernando Reinares, Laura Ruiz Jiménez, Javier San Martín y Manuel Villoria Mendieta.
Comité Asesor
Juan Pablo Fusi Aizpúrua, Emilio Gilolmo López, Valeriano Gómez Sánchez, Fernando R. Lafuente, Jesús Sánchez Lambás y José Varela Ortega.
Comité de
Evaluadores Externos
Mercedes Bengoechea Bartolomé (Universidad de Alcalá de Henares, España)
Manuel Chust Calero (Universidad Jaume I, Castellón, España)
Ezequiel Gallo (Universidad di Tella de Buenos Aires, Argentina)
Denise Helly (Institut National de Recherche Scientifique, Université du Québec, Montreal, Canadá)
Santos Juliá (Universidad Nacional de Educación a Distancia, España)
Eusebio Mujal-León (Georgetowtn Uniersity, Washington, Estados Unidos)
Rafael Myro Sánchez (Universidad Complutense de Madrid, España)
Octavio Ruiz Manjón (Universidad Complutense de Madrid, España)
Responsable de edición
Jorge Magdaleno Cano.