|
El proyecto liberal de construcción del Estado
impulsado en el mundo occidental a comienzos del siglo
XIX ha cosechado triunfos indudables en el conjunto
del Mundo Hispano, no obstante haber tenido una evolución
compleja. A comienzos del siglo XXI, la construcción
de bloques económicos y políticos, la
globalización, los procesos migratorios internacionales,
la apertura comercial, el terrorismo internacional,
los fundamentalismos religiosos y étnicos, los
regionalismos, los nacionalismos excluyentes, la extensión
de la pobreza y otros tantos asuntos han sido interpretados
por algunos analistas en una relación causa-efecto
excesivamente mecánica como síntomas de
la crisis del proyecto liberal del Estado-Nación.
Un grupo de historiadores ha creído conveniente
realizar una reflexión sobre la evolución
de los nacionalismos, el desenvolvimiento de los principios
liberales y las tensiones acaecidas entre los proyectos
federalistas y centralistas en el mundo hispano a fin
de aclarar los principios sobre los que se construyó
el Estado-Nación, cómo evolucionó,
qué modalidades se fueron generando, y qué
problemas se fueron generando en cada período
histórico. Todo ello ha sido realizado con la
pretensión de comprender mejor los problemas
que existen en el presente e identificar con más
precisión los retos que quedan por despejar en
el futuro, distinguiendo las diferencias entre los problemas
coyunturales de los estructurales, así entre
los de ámbito local, de los regionales, estatales,
nacionales e internacionales.
JOSÉ LASAGA MEDINA plantea que los grandes temas
políticos que atraviesan la obra de Ortega no
debe ser juzgados --como es frecuente hacerlo--, desde
la cruda pragmática de la lucha por el poder
--cosa en la que Ortega decidió no entrar-- sino
en la de iluminar desde el no-lugar de las ideas las
cuestiones de extrema complejidad, de las que, sin embargo,
dependía la salud de la comunidad. Se aclara
que ello comportaba el riesgo de no ser entendido --o
peor aún ser malentendido-quedando neutralizadas
sus posiciones; y se subraya que la complejidad analítica
a la que no renunció Ortega al hablar de las
cosas públicas contribuyó precisamente
a que sus enemigos simplificaran sus posiciones subrayando
la apariencia de contradicción que habría
en sus planteamientos.
JUAN PABLO FUSI AIZPÚRUA explica que el nacionalismo
fue en el siglo XX, como ya lo había sido en
el siglo XIX, una fuerza de transformación y
cambio probablemente más poderosa que lo que
pudieron haberlo sido las transformaciones económicas,
la conflictividad social y aún el progreso científico
y tecnológico, factores tenidos usualmente por
instrumentos esenciales del cambio histórico;
y subraya que los nacionalismos (porque, en efecto,
la variedad de los mismos obligaría a proponer
muchas y muy distintas tipologías: nacionalismos
liberales y cívicos, y nacionalismos autoritarios;
nacionalismos religiosos; étnicos; lingüísticos;
tribales; mesiánicos; nacionalismo abierto y
nacionalismo cerrado; nacionalismo nacional, de Estado,
y nacionalismo de nacionalidad, de minorías...)
han sido en ese mismo siglo causa de importantes y a
menudo violentos conflictos, con consecuencias casi
siempre decisivas y muchas veces --las dos guerras mundiales--,
aciagas.
JOSÉ ALVAREZ JUNCO recuerda --tras realizar un
recorrido por las interpretaciones de la historia de
España--, que el factor decisivo para la construcción
de la identidad nacional no radicó en el peso
de la historia, y menos especialmente en la historia
antigua. Se explica que los conflictos actuales --lejos
de proceder de agravios o reivindicaciones que se remonten
a la noche de los tiempos-- se han originado en un pasado
relativamente reciente; que los nuevos fenómenos
acaecidos dentro y fuera de España en las últimas
décadas del siglo XX han alterado radicalmente
los conflictos identitarios; y que no parece, en consecuencia,
posible defender que los conflictos culturales y los
sentimientos de identidad colectiva puedan mantenerse
en sus tradicionales planteamientos nacionalistas.
MARCELLO CARMAGNANI analiza la trayectoria histórica
del federalismo por considerar que constituye uno de
los fundamentos del actual proceso de democratización
que se delinea en México. El autor plantea que
la revisión de las formas históricas del
federalismo permite entender su originalidad y su vitalidad.
Se subraya en el ensayo que el federalismo no es ni
un concepto abstracto ni una "invención
política" de una minoría, sino por
el contrario una forma de gobierno enraizada en la sociedad
y en la cultura política mexicana gracias a la
participación que en su elaboración tuvieron
desde su comienzo la ciudadanía y sus representantes.
Se explica que la sociedad política elabora esta
forma de gobierno interpretando los modelos doctrinarios
y reformulando las instituciones preexistentes, tomando
en cuenta los condicionamientos económicos y
sociales sin olvidar los estímulos y los obstáculos
de la ubicación de México en el contexto
internacional.
EZEQUIEL GALLO plantea que los liberales argentinos
tuvieron la tarea de crear y organizar un Estado nacional
y, al mismo tiempo, limitarlo. Este último objetivo
se intentó, al estilo estadounidense, a través
de dos caminos: en el plano nacional equilibrando al
ejecutivo, con el legislativo y judicial, y en el territorial
limitando al poder nacional con provincias que debían
mantener una parte no desdeñable de sus funciones
originales. El autor recuerda que este último
camino se desdibujó rápidamente; y nos
recuerda que mientras subsistió el primero, la
Constitución mixta no fue un obstáculo
para el rápido crecimiento económico y
social del país. Nos explica que cuando ya bien
entrado el siglo XX comenzó a deteriorarse el
papel del poder legislativo y, especialmente, del judicial
Argentina entró en un cono de sombras en el que
todavía se debate el país. El autor concluye
el ensayo defendiendo que si bien no ha sido, desde
luego, ésta la única razón de la
ya larga declinación de la Argentina, ocupa un
lugar privilegiado entre los factores explicativos.
IVÁN JAKSIC examina los orígenes de la
tradición política chilena y el papel
que en ésta tuvo el liberalismo mediante su influencia
en la creación de las instituciones republicanas.
El autor pone de manifiesto que Chile poseía
algunas ventajas, como la ubicación y características
geográficas, la ausencia de regionalismos fuertes,
y la inexistencia de diferencias raciales pronunciadas.
Se plantea que por lo menos desde una perspectiva comparada,
la independencia trajo consigo en Chile un significativo
grado de consenso en torno a las ventajas de un gobierno
representativo, las elecciones, y la competición
política. El ensayo demuestra que el auge de
liberalismo en Chile en el siglo diecinueve proporcionó
las bases fundamentales para la creación de un
sistema multi-partidista cuya convergencia hacia posiciones
centristas subsiste hasta el día de hoy. Se concluye
afirmando que la tradición política chilena
--al contrario de algunas versiones historiográficas--,
no se basa en el autoritarismo, sino más bien
un largo y continuo esfuerzo por establecer coaliciones
políticas viables e impulsar el desarrollo democrático.
MARTA CASAÚS ARZÚ analiza las corrientes
contrapuestas que convivieron a lo largo de la primera
mitad del siglo XX en Centroamérica y pugnaron
por la hegemonía del espacio público a
lo largo de cuatro décadas: el positivismo spenceriano,
las teorías raciales del momento, el espiritualismo
vitalista y la teosofía. Se señala que
estas corrientes propusieron nuevas alternativas para
la integración o incorporación de los
indígenas y las mujeres, imaginaron diferentes
modelos de nación, plantearon proyectos más
o menos incluyentes e integradores y propusieron formas
de redención y regeneración, también
diversos para los sectores subalternos, especialmente
los indígenas y las mujeres.
MANUEL CHUST CALERO demuestra que la cuestión
federal se planteó por vez primera en la historia
española durante las Cortes de Cádiz.
Se subraya que los planteamientos federales fueron presentados
de forma clara por los representantes americanos cuando
propusieron la creación de un Estado-Nación
con parámetros ultra-oceánicos incorporando
igualdad de derechos tanto a los territorios americanos
como a los peninsulares.
PEDRO PÉREZ HERRERO explica por qué y
cómo las sociedades latinoamericanas aceptaron
entre 1930-1980 las diferentes variantes de los regímenes
populistas; por qué éstos sistemas políticos
se perpetuaron durante tanto tiempo; qué mecanismos
se emplearon para gestionar el orden interno; por qué
y cómo llegaron a su derrumbamiento en la década
de 1980; por qué a comienzos del siglo XXI han
vuelto a hacerse presentes ciertas formas populistas-demagógicas
en el panorama político latinoamericano; por
qué el Estado en América Latina alcanzó
cotas tan bajas de institucionalidad a mediados del
siglo XX; por qué el discurso del mestizaje se
convirtió en un elemento central capaz de aglutinar
el complejo magma generado por la heterogeneidad estructural;
y por qué los "viejos nacionalismos"
están dando paso a comienzos del siglo XXI a
nuevas formas y discursos alternativos de la identidad.
Se subraya que la historia no se "torció"
en América Latina en la "década perdida"
de 1980 por una expansión excesiva del gasto,
o en la "década semiperdida" de 1990
por un crecimiento desequilibrado de la economía,
dejando a su paso millones de pobres, sino a mediados
del siglo XX, cuando se optó por la aceptación
de las políticas de aumento del Gasto Público
con el aplazamiento sine die de las reformas fiscales
necesarias, la creación de administraciones públicas
eficientes, las reformas laborales capaces de impulsar
mejoras en la productividad, y la transformación
de las estructuras de poder. Se concluye afirmado que
el Estado fue secuestrado por distintos gobiernos a
mediados del siglo XX con el consentimiento de la sociedad
con la promesa de garantizar el bien público
y patrocinar la eficacia económica.
DENISE HELLY plantea que no se puede interpretar que
la internacionalización de los intercambios y
de la producción suponga inevitablemente el fin
de los Estados nacionales. La autora defiende que la
intensificación de las contradicciones constitutivas
del Estado supone la búsqueda de nuevas formas
de movilización ciudadana y de creación
de cohesión social; y que la mutación
de sus formas de intervención social pulveriza
el pacto de solidaridad instaurado en la postguerra,
lo cual merma su legitimidad y contribuye al debilitamiento
del vínculo secular entre territorio, identidad
cultural y Estado central. Asimismo, se subraya que
el desarrollo de las economías regionales, la
presión del flujo migratorio proveniente del
tercer mundo, la acentuación de la diferenciación
social y cultural, y la extensión de los modos
de regulación y de coordinación internacionales
promovidos por los estados nacionales transforman la
representación de la relación entre Estado,
territorio, cultura, historia y nación; y que
la mundialización contribuye a la extensión
de las mayorías culturales y a su legitimidad,
acentuando las desigualdades sociales y poniendo en
estado ruinoso la imaginería unificadora del
Estado y de la Nación.
JAIME E. RODRÍGUEZ O explica que una vez que
los países del continente americano alcanzaron
su independencia política a comienzos del siglo
XIX entraron en un período prolongado de inestabilidad
política y declinación económica
que se tradujo en un aumento de la desconfianza en las
instituciones. El autor recuerda que la emancipación
de la América española destruyó
el sistema social, político y económico
de Antiguo Régimen, pero no lo sustituyó
de forma inmediata y automática por otro plenamente
liberal; que las nuevas naciones tuvieron que reconstruir
sus destrozadas economías en el contexto de una
caída de la demanda de sus productos en los mercados
internacionales; y que el mayor problema que enfrentaron
fue asegurar suficientes recursos financieros para gobernar.
Se concluye recordando que el sueño de comienzos
del siglo XIX de impulsar un gobierno próspero,
ordenado y pacífico se desvaneció en la
mayoría de las regiones de la América
española a partir de la década de los
años 30; y que sólo en el último
tercio del siglo XIX fue cuando se comenzaron a poner
las bases de la creación de verdaderos Estados
en América Latina, fortalecer sus gobiernos y
rehabilitar sus economías.
El Consejo de redacción de la Revista Circunstancia
agradece muy sinceramente la participación de
los autores y la colaboración de Pilar Sánchez
Millas y Kelly A. Leonard en las labores de edición
(traducción de los abstracts). La Revista Historia
Mexicana y las Editoriales Maristán, y Espasa-Calpe
posibilitaron la reproducción de parte de los
artículos de José Álvarez Junco,
Denise Helly y Jaime E. Rodríguez O. Sin el apoyo,
comprensión y paciencia de unos y otros este
número monográfico de la Revista Circunstancia
no podría haber llegado a buen término.
Esperamos que los artículos publicados generen
una polémica académica de calidad.
Pedro Pérez Herrero (Coordinador).
[^
SUBIR]
|