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Los primeros años
Centralismo,
Federalismo y Liberalismo en 1880
Conclusión
Referencias
Los primeros años
La
Argentina declaró su independencia de España entre 1810
y 1816. La nueva entidad política se denominó Provincias
Unidas del Río de la Plata y su configuración territorial
era más amplia que lo que hoy denominamos República
Argentina. Las primeras décadas que siguieron a la declaración
de la Independencia estuvieron signadas por una marcada
inestabilidad institucional (guerras de Independencia
y civiles, combates en la frontera india y enfrentamientos
bélicos con Brasil y luego con Paraguay). Los gobiernos
independientes intentaron implementar los más diversos
sistemas políticos, unipersonales o colegiados, presidencialistas
o parlamentarios, unitarios o federales, etc.) pero
ninguno alcanzó la estabilidad buscada. Se la alcanzó
durante la dictadura personal de Rosas (1835-1852) que
gobernó desde la provincia de Buenos Aires. Durante
este largo período el país carecía de instituciones
nacionales, verbigracia, ejecutivo, legislativo y judicial.
No existía moneda ni ejército nacional y, desde luego,
faltaba una Constitución que rigiera los destinos de
la nueva república.
A
la caída de Rosas, sus vencedores se dieron a la tarea
de organizar a la nueva nación. El primer paso fue
la sanción de una Constitución en 1853 que estableció
las leyes rectoras de la organización política e institucional.
Era una constitución mixta que adoptaba un régimen federal
pero con un sesgo centralista; tomado este último de
la Constitución unitaria de Chile (1832). La recepción
de este documento no trajo inmediatamente la anhelada
pacificación. Por diez años más el país estuvo dividido
por el enfrentamiento armado entre la poderosa provincia
de Buenos Aires y el resto reunido en la llamada Confederación
Argentina. En 1862 se logró la unificación de un territorio
que todavía seguía convulsionado por levantamientos
armados contra el poder central. Si bien estos fueron
derrotados contribuían a una situación de inestabilidad
que se acrecentó por la continuación de la guerra en
la frontera india y, a partir de 1865, por el estallido
de la larga guerra con el Paraguay. En 1880 se produjo
el último enfrentamiento bélico regional cuando el gobierno
de la Provincia de Buenos Aires se alzó en armas contra
el gobierno nacional que finalmente resultó triunfante
en la contienda.
A
pesar de los diversos problemas existentes entre 1853
y 1880 se dieron algunos pasos significativos en el
Organización nacional. A partir de 1862 la autoridad
central sobrevivió a los distintos alzamientos regionales,
se instalaron el Congreso y la Suprema Corte de Justicia
y se dictaron los códigos civil, comercial, penal y
de procedimientos. Hacia 1880, también, se pacificó
definitivamente la frontera india y se otorgó status
definitivo a los nuevos territorios incorporados.
Pero
fue a partir de 1880 que a través de una intensa actividad
legislativa se configuró casi definitivamente la organización
institucional y se consolidó la unidad nacional: la
mayoría de sus leyes tendió a transferir facultades
que estaban en manos de gobiernos provinciales hacia
el poder central. Así se federalizó la ciudad de Buenos
Aires, se disolvieron las milicias provinciales y se
unificó la moneda prohibiendo a las provincias emitir
dinero. A esta medida se añadieron otras en el plano
regional, judicial y económico tendientes al mismo fin.
No solo las provincias vieron recortado sus medios de
acción. También la Iglesia Católica vio limitada parte
de su influencia con la sanción de las leyes de educación
común (1884) y de registro civil (1887). Toda esta
legislación fue parte de un cúmulo de normas que afectaron
otros ámbitos, entre las cuales cabe mencionar a la
ley de sufragio universal, secreto y obligatorio de
1912. No es arriesgado afirmar que esta vasta reforma
institucional fue uno de los factores que contribuyeron
a las altas tasas de crecimiento económico y social
que registró la Argentina entre c.1880 a c.1930. Tal
vez el indicador más elocuente de este proceso fue el
fuerte crecimiento de la población producto de la llegada
de millones de inmigrantes europeos a las playas rioplatenses.
Argentina fue el segundo receptor de inmigrantes después
de los Estados Unidos, y por delante de países como
Canadá y Australia.
Las medidas adoptadas provocaron
disensos significativos durante el período analizado.
Esos disensos se reflejaron nítidamente durante los
debates que condujeron a la federalización de la ciudad
de Buenos Aires. En esa ocasión se expresaron dos opiniones:
una de corte centralista expresada por Juan Bautista
Alberdi; y otra de contenido federal ortodoxo cuyo más
elocuente vocero fue Leandro Alem.
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Centralismo,
Federalismo y Liberalismo en 1880
Alberdi
y Alem compartían algunos principios. Ambos adherían
a lo que en el siglo XIX se denominaba liberalismo clásico,
es decir, eran partidarios de la preeminencia de la
sociedad civil sobre el ámbito público y del gobierno
limitado. Ambos estaban influidos por los mismos autores,
principalmente los enrolados en el liberalismo francés
(Constant, Tocqueville, Guizot y para los años que estamos
analizando Laboulaye, un discípulo de los dos primeros
y muy influyente en México y la Argentina). Alberdi,
más interesado en temas económicos, compartía, además,
las ideas de Adam Smith y de su discípulo francés Jean
Baptisle Say; Alem, por su parte, siguiendo a Laboulaye,
tenía un marcado interés por autores estadounidenses.
A
partir de estas similitudes es posible encontrar diferencias
significativas. Alberdi pensaba que la violencia y
el caos institucional que siguieron a la Independencia
eran el fruto del carácter radical que había asumido
la ruptura con España. Fue muy explícito en su análisis
del problema “…. es preciso que el nuevo régimen contenga
algo del antiguo; no se andan de un salto las edades
extremas de un pueblo”.
Esta
fue en medida no desdeñable el origen del vacío institucional
que se arrastró por décadas después de la Independencia.
Para Alberdi, además, este vacío descansaba sobre otro
de raíz socio-económica caracterizado por la escasa
población que en condiciones de atraso material ocupaba
un territorio extenso (el desierto en el lenguaje
de la época.)
Alberdi
vislumbró que la Constitución de 1853 podía ser una
herramienta útil para quebrar ambos vacíos. Fiel a
su cosmovisión evolucionista sostuvo que la solución
no podía darse de golpe; por lo tanto, postuló una república
posible, sólo en parte de realización inmediata, y de
una república verdadera solo alcanzable una vez implementada
la primera.
A
partir de estas premisas su pensamiento giró alrededor
de las características que debían definir a la república
posible. Esta estaba dividida en dos capítulos;
el primero se refería a las libertades civiles (económicas,
de culto, de asociación, de prensa, etc.), el segundo
analizaba a las libertades públicas o políticas. Alberdi
también fue terminante con respecto a la prioridad temporal
que debía otorgárseles a ambas:
“No participo del fanatismo
inexperimentado, cuando no hipócrita, que pide libertades
políticas a manos llenas a pueblos que sólo saben emplearlas
en crear sus propios tiranos. Pero deseo ilimitadas
y abundantísimas para nuestros pueblos las libertades
civiles, a cuyo número pertenecen las libertades económicas
de adquirir, enajenar, trabajar, navegar, comerciar,
transitar y ejercer toda industria lícita.”
No
era igual su posición con respecto al mundo político.
Cuando Alberdi ponía énfasis en no acelerar el proceso
de cambio político lo que tenía in mente era
no profundizar en la característica federal que estableció
la Constitución de 1853. Por esa razón la misma estableció,
por indicación de Alberdi, una limitación importante
a las facultades provinciales a través de los poderes
especiales que otorgaba el Ejecutivo Nacional y, más
específicamente, al Presidente de la República. Alberdi
fue también claro al exponer los antecedentes de esta
combinación:
“Esta solución tiene un
precedente feliz, y es el que debemos a la sensatez
del pueblo chileno, que ha encontrado en la energía
del poder del Presidente las garantías pública que la
monarquía ofrece al orden y a la paz, sin faltar a la
naturaleza del gobierno republicano. Se atribuye a
Bolívar este dicho profundo y espiritual: “Los nuevos
estados de la América antes Española necesitan reyes
con el nombre de presidentes. “Chile ha resuelto el
problema sin dinastías y sin dictadura militar, por
medio de una constitución monárquica en el fondo y republicana
en la forma…”
Este
dedicado y complejo mecanismo institucional se puso
en marcha en 1853 y, con mayor ímpetu, a partir de 1862.
En este primer momento se registraron algunos avances
en el plano político y en la vida económica, pero continuó
la inestabilidad como fruto de algunos alzamientos regionales.
El último de estos enfrentamientos se produjo en 1880
cuando la provincia de Buenos Aires se levantó en armas
contra el gobierno nacional. El conflicto, que produjo
un número muy elevado de víctimas, finalizó con el triunfo
de las fuerzas nacionales.
Al
concluir este cruento episodio se levantaron voces muy
influyentes solicitando una mayor centralización del
poder. Entre ellas la más activa y consistente
fue la del ya mencionado Juan Bautista Alberdi que solicitó,
y luego aplaudió, la federalización de la ciudad de
Buenos Aires para debilitar el poder que ostentaba la
provincia del mismo nombre. Percibió rápidamente que
el problema que subyacía a la federalización era “ de
poder y de gobierno”. y agregó a renglón seguido: “lo
que le falta al gobierno argentino no es una capital,
es el poder”
Esta
posición, mayoritaria, fue resistida por quienes se
oponían al avance de la centralización y defendían la
vieja, pero debilitada, tradición de un federalismo
ortodoxo. En este caso fue Leandro Alem su exponente
más calificado. Su adhesión a los principios del liberalismo
clásico fue proclamada más de una vez:
“… en economía como en
política, la teoría que levantan los principales pensadores…se
puede condensar, y ellos la sintetizan en esta sencilla
fórmula: no gobernéis demasiado, o mejor dicho, o mejor
expresada la idea: gobernad lo menos posible. Si, gobernad
lo menos posible, porque cuando menos gobierno extraño
tenga el hombre más gobierno propio tiene y más fortalece
su iniciativa y se desenvuelve su actividad”
Para Alem estos principios
estaban íntimamente ligados al federalismo, única valla
capaz de oponer resistencia al avance del poder central.
También fue claro al respecto:
“Pero si en sus manos tiene
(el Estado Nacional) y centraliza la mayor suma de los
elementos vitales y de fuerzas eficaces, la república
dependerá de su buena o mala intención, de su buena
o mala voluntad, de las pasiones y tendencias que lo
impulsan. La dictadura sería inevitable siempre que
un mal gobernante quisiera establecerla, porque no habría
otra fuerza suficiente para controlarlo y contenerlo
en sus desvíos”
Esta
posición fue derrotada en 1880 y a partir de allí se
incrementó paulatinamente la centralización del poder
por más que la constitución siguió proclamando el régimen
federal. La ampliación de la democracia en 1916 no
atenuó esta tendencia, más bien la amplio considerablemente.
Tan temprano como en 1910 Rodolfo Rivarola podía sostener
con bastante verosimilitud que el federalismo argentino
tenía todos los costos de tan complejo sistema y casi
ninguno de sus beneficios.
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Conclusión
Los
liberales argentinos, como Alberdi, tuvieron la nada
sencilla tarea de crear y organizar un estado nacional
y, al mismo tiempo, limitarlo. Este último objetivo
se intentó, al estilo estadounidense, a través de dos
caminos: en el plano nacional equilibrando al ejecutivo,
con el legislativo y judicial, y en el territorial limitando
al poder nacional con provincias que debían mantener
una parte no desdeñable de sus funciones originales.
Como se ha visto, este último camino se desdibujó rápidamente.
Mientras subsistió el primero, la Constitución mixta
no fue un obstáculo para el rápido crecimiento económico
y social del país. Cuando ya bien entrado el siglo
XX comenzó a deteriorarse el papel del poder legislativo
y, especialmente, del judicial Argentina entró en un
cono de sombras en el que todavía se debate. No ha
sido, desde luego, esta la única razón de la ya larga
declinación del país, pero pienso que ocupa su lugar
de privilegio entre los factores que han tenido, y tienen,
mejor gravitación.
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Referencias
Las
citas de Alberdi y Alem en Ezequiel Gallo: “Liberalismo,
Centralismo y Federalismo. Alberdi y Alem en el 80”,
Investigaciones y Ensayos, Academia Nacional
de la Historia, Buenos Aires, 1996.
Pueden,
además, consultarse los textos de Tulio Halperín Donghi,
Proyecto y Construcción de una Nación en el desierto
argentino (1846-1880), Buenos Aires, 1995; Natalio
Botana y Ezequiel Gallo, De la República Posible
a la República Verdadera, (1880-1910), Buenos
Aires, 1997; y Tulio Halperin Donghi, Vida y Muerte
de la República verdadera (1910-1930), Buenos Aires,
1999.
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Resumen:
El ensayo plantea que los liberales argentinos tuvieron
la tarea de crear y organizar un estado nacional y,
al mismo tiempo, limitarlo. Este último objetivo
se intentó, al estilo estadounidense, a través
de dos caminos: en el plano nacional equilibrando
al ejecutivo, con el legislativo y judicial, y en
el territorial limitando al poder nacional con provincias
que debían mantener una parte no desdeñable
de sus funciones originales. Este último camino
se desdibujó rápidamente. Mientras subsistió
el primero, la Constitución mixta no fue un
obstáculo para el rápido crecimiento
económico y social del país. Cuando
ya bien entrado el siglo XX comenzó a deteriorarse
el papel del poder legislativo y, especialmente, del
judicial Argentina entró en un cono de sombras
en el que todavía se debate. No ha sido, desde
luego, esta la única razón de la ya
larga declinación del país, pero pienso
que ocupa su lugar de privilegio entre los factores
que han tenido, y tienen, mejor gravitación.
Palabras clave:
Liberalismo, Nación, federación, República,
territorio, constitución, Argentina, América
Latina, patria, ciudadanía, provincias, elecciones,
sufragio, Alberdi, Alem, Rosas, Rivarola, Smith, Constant,
Tocqueville, Buenos Aires, territorio, gobierno, dictadura,
democracia.
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Abstract:
The essay states that Argentine liberals were responsible
for building and organizing a national state, and
at the same time, were responsible for limiting its
role. This last objective was attempted by applying
the US model in two ways: on a national level they
balanced the executive, along with the legislative
and judicial branches, and on a territorial level
they limited central power by creating provinces that
retained a significant degree of their original functions.
This last attempt fell apart rapidly. As the first
attempt to establish balanced powers was put into
practice, the Mixed Constitution was not an obstacle
for the rapid economical and social growth of the
country. Well into the 20th century, the role of the
legislative branch began to deteriorate and the judicial
branch of Argentina fell into a vicious routine that
even today consists of constant debate. Obviously
this is not the only reason for the current and extensive
decline of the country, but I do believe that it is
an extremely influential factor that contributed to
its fall.
Key Words:
Liberalism, Nation, federation, Republic, territory,
constitution, Argentina, Latin America, native land,
citizenship, provinces, elections, suffrage, Alberdi,
Alem, Rosas, Rivarola, Smith, Constant, Tocqueville,
Buenos Aires, territory, government, dictatorship,
democracy.
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