|
Introducción
La
Convergencia Europea
Conceptualización
de los Enfoques de Aprendizaje
BIBLIOGRAFÍA
Introducción
Desde la puesta en marcha del proceso
de Bolonia (1999), el Espacio Europeo de la Educación
Superior (EEES) está experimentando profundos cambios
estructurales que obligan a los países participantes
a adoptar un sistema de titulaciones compatible y comparable;
ha introducción otros temas de importante calado como
son: la implantación del suplemento al título, el establecimiento
del crédito europeo (ECTS) que facilitará la comparabilidad
de los estudios entre países, así como la movilidad
de estudiantes y titulados. La Declaración de Praga
(2001) ha supuesto, además, nuevas líneas de actuación
como es promover el aprendizaje a lo largo de toda la
vida. Esta nueva conceptualización del aprendizaje se
percibe como el signo de identidad del cambio que se
espera alcanzar, tanto en el ámbito de la competitividad
como en lograr una mejora de la calidad de vida de los
ciudadanos. La aceptación de todas las actuaciones y
propuestas emanadas desde la primera Declaración, ha
significado cambios importantes en cómo debe gestionarse
el proceso de enseñanza-aprendizaje en educación superior.
Para que estos cambios se produzcan, las instituciones
educativas y las administraciones públicas deben iniciar
–ya lo están haciendo- proyectos de innovación educativa
en los que se impliquen de forma simultánea profesorado
y alumnado (Colás y De Pablo, 2005).
La formación universitaria, que el
EEES promueve, se asienta sobre la base de la adquisición
y desarrollo de competencias académica y profesionales.
Estas competencias van desde el saber hacer, poder hacer
y querer hacer. A la educación superior, en el nuevo
marco de la convergencia, se le plantea uno de los retos
más importante que debe afrontar sin más dilación, como
es el de la profesionalización y capacitación para un
desarrollo profesional continuo (Martínez Clares, 2003).
Nuestra contribución se va a centrar
precisamente en el nuevo modelo de enseñanza-aprendizaje que posibilita
esta nueva perspectiva, exigida por el nuevo espacio
europeo y que, sin duda, será el nuevo reto para los
profesores que con su nueva forma de hacer facilitarán
la adaptación de las titulaciones a este espacio. En
las páginas que siguen trataremos de dilucidar
qué papel ejercen, tanto la institución como el profesorado
y los propios estudiantes, en el concepto de aprendizaje
que propone el EEES.
[^ SUBIR]
La
Convergencia Europea
De
acuerdo con la conferencia mundial sobre educación superior
celebrada en octubre de 1998, la educación universitaria
se enfrenta a una serie de desafíos en un mundo en transformación
a nivel tecnológico, económico y social. Estos desafíos
le obligan a revisar y redefinir tanto su principal
misión como muchas de sus tareas, especialmente aquellas
relacionadas con las necesidades que la sociedad le
está demandando en materia de aprendizaje y desarrollo
profesional continuo, y en consecuencia, una enseñanza
y aprendizaje basados en competencias.
En el artículo 1 dedicado a la misión
y funciones de la educación superior merece destacar
los ejes sobre los que la universidad debe basar su
actuación. Dicho artículo dice textualmente que la
primera misión es la de educar, formar
y realizar investigación. Formar profesionales altamente
cualificados y ciudadanos responsable, competentes y
comprometidos con el desarrollo local. La segunda
misión señala que debe ser la de construir
un espacio abierto para la formación superior que propicie
el aprendizaje permanente......con el fin de formar
ciudadanos que participen activamente en la sociedad,
abiertos a la sociedad... La tercera misión
se centra en la promoción, generación y difusión
del conocimiento por medio de la investigación como
parte que ha de prestar a la sociedad... La cuarta
misión hace referencia a la comprensión, interpretación,
conservación, reforzamiento, fomento y difusión de las
culturas nacionales, regionales e internacionales en
un contexto de pluralismo y diversidad cultural. La
quinta misión hace referencia a los valores
de la sociedad para que los jóvenes se conviertan en
ciudadanos democráticos. Y por último, considera
que la educación superior tiene la responsabilidad
del desarrollo y mejora de la educación en todos los
niveles, especialmente en la capacitación de los docentes
para que desarrollen una enseñanza de calidad y como
consecuencia un aprendizaje permanente y de calidad.
La mejora de la calidad del proceso
de enseñanza-aprendizaje pasa necesariamente por
la calidad de su profesorado, la mejora de los
programas, el aprendizaje de los estudiantes, las infraestructuras,
el clima universitario, la evaluación alternativa, etc.
Para que la institución universitaria pueda cumplir
estas misiones y tareas necesita de un profesor cualificado
que no sólo domine los contenidos científicos de su
materia sino que sepa enseñar lo que la sociedad está demandando. Esta exigencia
nos obliga a tener que centrarnos en el papel que los
profesores desempeñan en este nuevo marco, ya que según
sus concepciones de la enseñanza
y del aprendizaje derivarán en
formas diferentes de aprendizaje y, por tanto,
en niveles de calidad, también, diferentes.
En
el actual Espacio Europeo de Educación Superior (EEES)
se tiende a la formación integral y al aprendizaje a
lo largo de toda la vida. Esto requiere abandonar los
métodos tradicionales de transmisión de conocimiento
y dirigir la actividad docente hacia un desarrollo de
capacidades, habilidades, actitudes y valores, que posibiliten
la formación en competencias. Para ello se hace necesario
desarrollar y trabajar en un nuevo enfoque de gestión
y desarrollo del aprendizaje permanente, que permita
a los estudiantes aprender a aprender, adaptarse a los
cambios sociales, productivos, económicos y tecnológicos,
y a transformar la realidad en la que están inmersos.
Para ello, sin embargo, necesitamos gestionar y desarrollar
un nuevo quehacer pedagógico que sea distinto al actual.
La construcción del Espacio Europeo ha
traído nuevos retos en consonancia con lo señalado más
arriba, especialmente en el aprendizaje. Estos retos
son prioritarios y, como señala Martines Clares (2003),
tienen un formato poliédrico. Es prioritario
porque, como establece el calendario para la construcción
europea, la fecha mágica es el 2010. Esto supone ponerse
manos a la obra e ir cumpliendo todos y cada uno de
los mandatos que van apareciendo en cada uno de los
documentos, desde que se iniciara el proceso con la
declaración de la Soborna (1998) hasta las reuniones
de Berlín, Graz y Bergen, además de otros
documentos en curso. Pero, sobre todo, lo que
creemos prioritario es la creación de la cultura entre
el profesorado, los departamentos, entre el alumnado,
para que la implantación del proceso de convergencia
no se convierta en una “reforma” más, sino en formas
diferentes de hacer por parte del profesorado y por
parte del alumnado.
En los inicios del S. XXI, se plantea
la necesidad de reflexionar sobre un nuevo proceso educativo,
que se fundamenta en los principios de calidad y equidad.
Con esto queremos señalar que uno de los retos de la
educación superior en estos tiempos es la de integrar
en la educación los procesos sociales y productivos.
La excelencia académica universitaria debe ser un criterio
de calidad definida en términos de pertinencia social,
calidad curricular y buen desempeño profesional.
[^ SUBIR]
Estamos ante una nueva etapa histórica,
caracterizada entre otras aspectos, por nuevas formas
de enseñar y de aprender, nuevos procesos de producción,
nuevos modos de organización del trabajo, del ocio;
en general, estamos ante nuevas formas de gestionar
el tiempo y el trabajo, así como nuevos cambios en el
conjunto de relaciones sociales y culturales y políticas.
Nos encontramos en la plenitud de la creación de nuevas
vías de comunicación y un sistema sociocultural común
a toda la humanidad, la conocida “Sociedad de la Información
y del Conocimiento”. En esta nueva sociedad, lo importante
es la información y los retos que ésta plantea a la
educación en general y a la formación universitaria
en particular, pues la esencia de la sociedad postindustrial
en que vivimos es el papel desempeñado por la información
de forma extensiva y el conocimiento más concretamente,
tal y como señala Aguilera (2000, 2001).
Ante esta abundancia de conocimiento
y de información, debemos indagar hacia donde debemos
canalizar y orientar nuestras acciones, y no solo las
formativas sino también las que favorecen el pleno desarrollo
del ciudadano, tal y como apunta la convergencia; es
decir, debemos buscar, desde la educación superior,
el equilibrio entre la calidad, la capacitación y desarrollo
profesional.
Somos conscientes de que la función
del sistema educativo no sólo es la capacitación del
individuo para el desempeño profesional, sino que debe
también preparar a cada generación para el ejercicio
de la ciudadanía en una sociedad globalizada.
En esta línea de pensamiento, como ya
es de todos conocido, este proceso de convergencia afecta
a cuestiones tales como: la estructura de la titulaciones,
el sistema de créditos, la movilidad de los egresados/profesionales
entre los diferentes estados, la potenciación de la
formación permanente, el aprendizaje a lo largo de toda
la vida, el papel activo de la universidad en el proceso
de convergencia, el desarrollo de sistemas de garantía
de calidad y de mecanismos de certificación, entre otros
(Hernández Pina y col., 2005).
Desde la cumbre de jefes de estado celebrada
en Barcelona (2002) se ha iniciado, para el aseguramiento
de todo este proceso de convergencia, la elaboración
de documentos que ayudarán a concretizar todos aquellos
temas que garanticen la transparencia de los diplomas
y cualificaciones (el ECTS, el suplemento a los títulos
y certificados, el CV europeo), así como la cooperación
más estrecha en materia de diplomas universitarios dentro
del marco La Sorbona-Bolonia-Praga.
En
este momento las universidades europeas están trabajando
para adoptar métodos docentes que ofrezcan una
formación integral de sus estudiantes de acuerdo con
las necesidades de la sociedad y de un mercado de trabajo
cada vez más competitivo y sin fronteras. Por otro lado,
se están haciendo esfuerzos para cambiar los sistemas
de evaluación de los aprendizajes de acuerdo con el
nuevos sistema de créditos y la tutorización que este
nuevo sistema supondrá.
El concepto de crédito europeo se focaliza,
no en la dedicación docente sino en el aprendizaje del
estudiante. El crédito europeo trata de evaluar el trabajo
del alumno pero sin olvidar el trabajo del profesor.
El crédito europeo de transferencia y acumulación aparece
como un punto de referencia que permitirá la colaboración
y el trabajo conjunto para la transparencia y la calidad
en la formación que se exigen en la actualidad. Es importante
destacar que la adopción de este sistema implicará una
reorganización conceptual de los sistemas educativos
(basados en competencias) para adaptarse a los nuevos
modelos de formación centrados en el trabajo de los
alumnos: un nuevo enfoque de gestión y desarrollo
del aprendizaje continuo.
La definición del nuevo crédito español,
para cumplir con las directrices europeas, que se aprobó
por la CRUE en diciembre de 2000 en Murcia dice así:
“La unidad de valoración de la actividad
académica, en la que se integran armónicamente, tanto
las enseñanzas teóricas y las prácticas, otras actividades
académicas dirigidas, y el volumen de trabajo que el
estudiante debe realizar para superar cada una de las
asignaturas” O
como señalan otras definiciones de crédito, es un “sistema de transferencia y acumulación centrado en el estudiante, que mide
el volumen de trabajo que debe realizar el estudiante
para conseguir los objetivos de un programa de estudios
(formulados preferentemente en términos de competencias
y resultados de aprendizaje), con independencia de la
actividad docente del profesorado que lo imparte”.
Este nuevo concepto de
crédito contempla las horas teóricas presenciales impartidas
por el profesor y las horas de trabajo del alumno enfocadas
hacia el aprendizaje para la consecución de unos objetivos
bien definidos. La mayor o menor calidad de un curso
no vendrá determinado por el mayor o el menor número
de horas impartidas o la brillantez del profesor, sino
por la capacidad del estudiante de asimilar y dominar
los temas con una capacidad crítica de análisis y síntesis.
El objetivo del crédito europeo es facilitar el reconocimiento
académico, la movilidad y la transparencia. El alumno
del S. XXI, tiene que saber gestionar su conocimiento
a través de un aprendizaje que le ayude a comprender
su contexto, y a afrontar los nuevos retos, desafíos,
y transformaciones del nuevo milenio, y todo ello, insistimos,
a través de un nuevo y emergente enfoque de gestión
y desarrollo del aprendizaje permanente.
Para eso, lo primero que se debería
hacer es analizar e identificar cuáles son las necesidades
que demanda el nuevo contexto social y productivo, y
compararlas con las necesidades formativas de la educación
superior. Se debería, igualmente,
hacer una reflexión acerca de los contenidos
y procesos de transformación que, aceleradamente, se
están desencadenado y configurado en la sociedad, llena
de incertidumbres y complejidades para todos los agentes
sociales y educativos que la integran, dando lugar a
lo que conocemos hoy como la sociedad del conocimiento
y de la información, formando esta nueva sociedad un
conjunto de tendencias, enfoques, conocimientos, etc,
que permiten observar este complejo mundo cambiante
y en continua transformación.
[^ SUBIR]
Y hablamos de gestión y desarrollo
del aprendizaje, porque en estos tiempos europeistas
la principal función de la universidad es la de planificar,
coordinar y monitorar los conocimientos que se producen
en el aprendizaje en relación con las actividades y
tareas, y en relación al entorno ecológico, con la finalidad
de crear unas competencias esenciales y transferibles
y otras más específicas derivadas de su cuerpo de conocimientos.
Con estas afirmaciones queremos defender
que la educación superior debe buscar la generación
de competencias profesionales, y no la simple conjunción
de habilidades, destrezas y conocimientos. Es decir,
debe garantizar la comprensión de lo que se transmite,
a través del saber, saber hacer, y saber ser y estar.
El profesor Aurelio Villa, en su trabajo
titulado “Marco de aprendizaje autónomo y significativo”,
optaba por un sistema de aprendizaje autónomo y significativo
para dar una mejor respuesta a los retos que hoy se
nos presentan dentro de la convergencia, donde la adopción
del crédito europeo supone, no sólo un método de cuantificación,
sino la elección de una filosofía de fondo. Dicha filosofía
está basada en el trabajo del estudiante que implicará
nuevos enfoques de enseñanza y de aprendizaje.
Hoy día estamos ante un sistema educativo
centrado en la enseñanza del docente y no en el aprendizaje
del estudiante, y mucho menos en al autodirección de
su aprendizaje (gestión del aprendizaje). La convergencia
parece situar al aprendizaje como eje central del cambio
pedagógico. Los cambios continuos que se producen en
el conjunto de la sociedad y en el sistema productivo
en particular, obliga a la actualización continua y
la adquisición de nuevas competencias profesionales.
Los profesionales que se forman en la universidad necesitan
de una actualización científica y técnica, al igual
que nuevas competencias en su campo de estudio y laboral.
La educación superior, hoy más que nunca debe apuntar
a la dimensión profesionalizadora de formación para
el trabajo y de formación del ciudadano.
Si observamos los índices de inserción
laboral de la propia universidad, constatamos una realidad
que no da respuesta al sector productivo, hablándose
de la universidad como “fabrica de parados”. Podemos
entonces hablar, como hace Tejada (2003), ¿de un anacronismo
pedagógico en la educación superior?. La universidad,
en su dimensión profesionalizadora, ha de estar conectada
con el mundo de la producción y ha de tener lazos de
conexión con el desarrollo y la formación profesional.
Desde siempre la universidad ha tenido
un reconocido papel en el desarrollo cultural, económico
y social del país, siempre y cuando se modifiquen sus
estructuras rígidas y monolíticas y se replantee lo
que se enseña y cómo se enseña, para enriquecer lo que
se aprende y cómo se aprende. De forma que uno de los
retos de la educación superior sea la formación de profesionales
con un elevado nivel cultural, científico y técnico,
que sean capaces de afrontar el conjunto de transformaciones a las que estamos aludiendo.
En la sociedad de la información y
del conocimiento en la que vivimos, el exceso y sobresaturación
del mismo, puede pasar de ser una ventaja a constituir
un inconveniente, si las personas y los sistemas organizados
no consiguen disponer de estrategias y competencias
eficaces para gestionarla.
Cada vez se insiste más en el valor
del conocimiento como elemento fundamental de la vida
humana y de las sociedades avanzadas, poniéndose énfasis
en el papel estratégico de su adecuada gestión. Queremos
destacar que uno de los objetivos prioritarios próximos
será la de sensibilizar a la comunidad universitaria
para que adapte sus concepciones del aprendizaje y de
la enseñanza a los nuevos retos que exige la convergencia.
De igual modo, estos cambios deberán ir acompañados
de un cambio conceptual curricular en donde la formación
no se base en objetivos sino en la formación en competencias
para una mayor calidad del aprendizaje y una mejor profesionalización
de los estudiantes y egresados; y, por último, buscar
nuevos enfoques de gestión y desarrollo del aprendizaje
permanente.
En lo que queda de nuestra exposición
nos vamos a centrar. Por un lado en las concepciones
de la enseñanza y del aprendizaje y, por otro, en el
desarrollo de las competencias y su relación con la
calidad universitaria. Estos dos marcos serán los que
alumbren cómo y qué deberá ser la enseñanza y qué y
cómo deberá ser el aprendizaje en educación superior
en las próximas décadas.
[^ SUBIR]
Conceptualización
de los
Enfoques de Aprendizaje
En otro
lugar (Hernández Pina, 1993, 2005) ya hemos explicado
las distintas propuestas para abordar el estudio del
aprendizaje de los estudiantes universitarios.
El estudio del aprendizaje de los alumnos ha
sido tratado a lo largo de las últimas décadas. Se ha
abierto una línea de investigación que está siguiendo
un proceso en el cual el contexto del aprendizaje y
la percepción de los implicados ha alcanzado un alto
protagonismo. Esta
perspectiva cualitativa denominada Student Aproaches
to Learnign (SAL) está investigando cómo los estudiantes,
influidos por en contexto educativo y académico, se
aproximan al aprendizaje desde un enfoque profundo o
superficial. Numerosos trabajos llevados a cabo por
investigadores procedentes de diferentes países han
llegado a conclusiones muy similares en cuanto a estas
dos formas de abordar el aprendizaje por parte de los
estudiantes (Richardson, 2000, Hernández Pina, 2004).
Marton, Säljö y Svensson, los iniciadores de esta línea
de investigación, han establecido un marco de discusión
bastante interesante acerca de la enseñanza y el aprendizaje
en educación superior. Estos nuevos modelos para explicar
la enseñanza y el aprendizaje en educación superior
se basan fundamentalmente en la relación que se establecen
entre las concepciones, las percepciones, los enfoques
y los resultados del aprendizaje.
Los cambios producidos por
la globalización, las nuevas tecnologías, la necesidad
de un aprendizaje a lo largo de toda la vida, la necesidad
de profesionalizar, la convergencia europea y los procesos
de armonización, están produciendo una línea emergente
de investigación en educación superior que nos obliga
a pensar en un nuevo enfoque de enseñanza y en un nuevo
enfoque de aprendizaje.
Del nuevo enfoque de enseñanza
podríamos adelantar que debería plantearse como un proceso
de desarrollo profesional continuo y que podría
iniciarse en la institución universitaria, que es la
que determina qué tipo de profesionales se necesitan
tomando como referencia siempre a la sociedad y al contexto.
Este proceso debería ser inculcado al estudiante a través
del trabajo autónomo y tutorizado (creemos que el nuevo
concepto de ECTS propicia dicho proceso). Deberíamos
hablar igualmente de un nuevo enfoque de aprendizaje,
coherente con este proceso y al que nos atrevemos a
denominar enfoque de gestión y desarrollo del aprendizaje
permanente. Y por último, hacer viable que el egresado
sea capaz de asumir la responsabilidad de su propio
desarrollo profesional de forma permanente y continua.
El mundo laboral está cambiando muy rápidamente,
y se va aceptando cada vez más que, independientemente
de las titulaciones y áreas de estudio, el currículo
académico es esencialmente un medio a través del cual
se han de enseñar y aprender otros elementos que permitan
al alumno funcionar eficazmente en esta nueva sociedad
del conocimiento en la que los modelos
sociales, las concepciones de enseñanza y aprendizaje
han cambiado y evolucionado. En cualquier caso, el nuevo
modelo debe considerar las grandes transformaciones
que transfiere la convergencia y el espacio europeo
de educación superior en materia de enseñanza-aprendizaje,
enfoque que debería tener en cuenta: la formación continua
durante toda la vida -lo que se ha venido llamando el
aprendizaje a lo largo de la vida-, la vinculación de
la educación superior con su entorno, la formación en
consonancia con las nuevas demandas sociales y productivas,
un mercado laboral unificado y sin fronteras, las oportunidades
que provienen de la sociedad del conocimiento, las nuevas
formas de enseñanza y aprendizaje en la educación superior.
La integración del sistema
universitario en el Espacio Europeo de la Educación
Superior plantea importantes desafíos y nuevos compromisos
de los docentes universitarios respecto a: reflexionar
acerca de las concepciones en la enseñanza y el aprendizaje,
basar la enseñanza y el aprendizaje en la formación
en competencias, y buscar un nuevo enfoque de gestión
y desarrollo del aprendizaje permanente.
En síntesis,
constatamos que las transformaciones que caracterizan
el siglo XXI plantean retos a la educación superior,
retos respecto a la nueva forma de organización y planificación,
así como a un nuevo modelo de enseñanza-aprendizaje,
de forma que se potencie una formación no sólo de conocimientos
sino también de habilidades, destrezas y actitudes;
nos referimos a una formación en competencias, que haga
referencia al Saber, Saber Hacer y Saber Ser y Estar.
La educación superior tiene
que establecer una relación dialéctica entre la formación
y la misión de preparar a los estudiantes para ser eficientes
en un entorno cada vez más complejo, competitivo e impredecible,
que se basa en estructuras difíciles y cambiantes en
lo que a innovación y adaptabilidad se refiere.
La enseñanza por competencias tiene que formar profesionales
útiles a la sociedad, pero además, tiene que formar docentes
e investigadores: docentes
que preparen a los futuros profesionales e investigadores
que puedan hacer avanzar la ciencia, pues como ya he señalado
en otro lugar, la institución universitaria debería intentar
buscar el espacio común donde la relación sinérgica docencia-investigación
ocurriese (Hernández Pina, 2002).
La profesionalidad está en saber, saber hacer
y saber ser y estar, es decir en formar en competencias
de acción en una sociedad cambiante y en continua transformación
y evolución, de forma que la educación superior tenga
una función “bisagra” (Echeverría, 1993, 1994, 2001) entre
el sistema educativo y el mundo laboral; o más concretamente
la inserción profesional, ya que partimos que una competencia
define lo que una persona debe ser capaz de hacer, las condiciones
en las cuales la persona debe demostrar sus competencias,
los conocimientos, habilidades y conductas requeridas
para desempeñar una función de forma competente, etc.
[^ SUBIR]
Aunque en el EEES el aprendizaje se centra casi
exclusivamente en el estudiante, esto no significa que
el docente quede relegado a un segundo plano. Más bien
todo lo contrario: a través de su enfoque de enseñanza
gestiona el saber, el saber hacer y el saber ser y estar.
Estamos ante un nuevo enfoque que aporta importantes
transformaciones e innovaciones en pro de un aprendizaje
de calidad y que permite la creación de un contexto
de enseñanza-aprendizaje que facilita la cooperación,
la interacción dinámica y activa de todos los agentes
implicados y la adquisición de competencias profesionales
y de acción, que potencia la cualificación, es decir,
la profesionalidad.
Desde
este enfoque, como ya hemos anunciado, lo importante
no es lo que el profesor sabe o hace (concepción tradicional
de la formación) sino lo que aprenden los alumnos y
cómo lo aprenden. Desde dicho enfoque la educación superior
tiene que preparar a los alumnos para convertirlos en
agentes de cambio, y para ello tiene que capacitarlos,
cualificarlos y profesionalizarlos, con un enfoque de
calidad y equidad. Se trata de enseñar a gestionar el
propio aprendizaje durante toda la vida en el marco
de lo que se ha denominado educación permanente o continua,
de forma que cuando finalice sus estudios tenga la posibilidad
de poder decidir cuales son sus objetivos y planificar
su proyecto de vida y evaluar sus logros y progresos.
Estamos ante un enfoque de gestión del propio aprendizaje,
tal y como se defendió en la Cumbre de Berlín (2003).
En
este enfoque de gestión del conocimiento se potencia
la figura del profesor o docente como facilitador, mediador
y orientador del aprendizaje, convirtiéndolo en profesor
reflexivo que potencia la gestión y la construcción
del saber, del saber hacer y del saber ser y estar a
través de la formación en competencias generales o transversales
y específicas propias de cada titulación. En definitiva,
este enfoque apuesta por formar personas que puedan
pensar por sí mismas y aprender por sí mismas, puesto
que nuestro reto en formación superior es preparar para
la vida.
Si
importante es el papel formativo de la educación superior,
no hay que menospreciar el papel profesionalizador que
en el siglo XXI se le debe otorgar a dicho nivel de
enseñanza, para así contribuir a formar personas, ciudadanos
libres,... a través de una formación integral, humanista,
global, etc.; como señala la UNESCO (1998), formar a los estudiantes para que se conviertan en ciudadanos bien informados
y profundamente motivados, provistos de un sentido crítico
y capaces de analizar los problemas de la sociedad,
buscar soluciones, aplicarlas y asumir responsabilidades
sociales.
En
definitiva, estamos apostando por un nuevo enfoque de gestión y desarrollo
del aprendizaje permanente basado en competencias y caracterizado por:
el desarrollo de competencias de acción, el establecimiento
de una estrecha relación entre el aprendizaje y
el desempeño profesional, la potenciación del desarrollo
integral de la persona a través del aprender a aprender,
el desarrollo del aprendizaje permanente, el compromiso
con la sociedad en la
formación de profesionales altamente capacitados, que
actúen como ciudadanos responsables, competentes y comprometidos
con el desarrollo tal y como señala la UNESCO,
la incorporación de las ventajas de la nuevas tecnologías
de la información y la comunicación, el hacer que el
alumno sea el verdadero protagonista y gestor del aprendizaje
y sea el agente activo de su desarrollo personal, social
y profesional.
[^ SUBIR]
BIBLIOGRAFÍA
Aguilera,
A (2000)
“Los
nuevos retos educativos de la sociedad de la información”.
Revista Fuentes, 2, 141-158.
Aguilera,
A. Y Gómez del Castillo, M. T. (2001)
“Exigencias
de la sociedad de la información al sistema educativo”.
Revista Medios y Educación, PÍXEL-BIT, 17.
Biggs,
J. B. (1987)
Student Approaches to Leraning and Studying. Hawthom,
Vict. Australian Cluncil for Educational Research.
Colás Bravo,
P. y De Pablos Pons, J. (2005)
La Universidad en la Unión Europea.
El espacio Europeo de
Educación Superior y su impacto en la docencia.
Málaga: Aljibe.
Echeverría,
B. (2001)
“Configuración
actual de la profesionalidad”. Letras de Deusto,
91 (31), 35-55.
Echeverría,
B. (2003)
“Saber y sabor
de la profesionalidad”. Revista de Formación y Empleo,
74, 6-11.
Hernández Pina,
F. (1993)
“Concepciones
en el estudio del aprendizaje de los estudiantes universitarios”.
Revista de Investigación Educativa, 22, pp. 117-150.
Hernández Pina,
F. (2004)
Enseñar y aprender
en la universidad: ¿qué enseñar? ¿qué aprender?. En
Pedagogía universitaria: hacia un espacio de aprendizaje
compartido. Actas del III Symposium Iberoamericano
de docencia universitaria, ICE, Universidad de Deusto.
Hernández Pina, F., Martínez
Clares, P, Rubio Espín, M. y Rosario, P. (2005)
Aprendizaje,
competencias y rendimiento en Educación Superior. Madrid: La Muralla, 2005.
Hernández
Pina, F. (2002)
“Docencia
e investigación en educación superior”. Revista
de Investigación Educativa. 19 (2), 267-270.
Martínez Clares,
P. (2003)
“Las competencias
como elemento calve de la enseñanza adaptada al crédito
europeo”. Ponencia inédita presentada en la Universidad
de La Rioja.
Richardson, J.T.E. (2000)
“Cultural
specifity of approaches do study in higher education:
A literatura survey”. Higher education, 27, 449-468.
Tejada, J. (2003)
“Formación Profesional.
Universidad y Formación Permanente”. En Martínez Selva,
J. M. y Cifuentes, R. (coord.). La universidad profesional.
Relaciones entre la universidad y la nueva formación
profesional. Consejería de Educación y Cultura,
Murcia.
UNESCO (1998)
“La Educación
Superior en el siglo XXI: Visión y acción”. Conferencia
Mundial sobre Educación Superior. Paris,
octubre.
Villa Sánchez,
A. (2004)
“Evidencias
de innovación en el sistema universitario”. En Pedagogía
universitaria: hacia un espacio de aprendizaje compartido.
Actas del III Symposium Iberoamericano de docencia
universitaria, ICE, Universidad de Deusto.
[^
SUBIR]
|