CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año III - Número 8 - Septiembre 2005
Ensayos

Investigaciones
en curso

Estados
de la cuestión


Números
anteriores

Instituto

Fundación

LA GARANTÍA DE LA CALIDAD EN LA EDUCACIÓN SUPERIOR. ¿HACÍA DÓNDE VAMOS?

Pedro García Moreno



Son dos los retos a los que ha de hacer frente la Universidad en este inicio del siglo XXI: la calidad y la convergencia europea, pero deberíamos aprovechar las oportunidades que tenemos para unirlos y optimizar nuestros esfuerzos y los que la sociedad destina a la enseñanza superior.

Después de la Universidad de masas, periodo en el cual fue prioritario llevar a cabo políticas de inversión en infraestructuras básicas (aularios, laboratorios, espacios de trabajo para los profesores,..) y el consiguiente incremento de las plantillas de profesores y personal de administración y servicios se ha dado paso, desde finales del siglo XX, a una etapa donde el objetivo es la calidad. Para conseguirla hemos de utilizar los procesos de evaluación/acreditación, entendidos como una herramienta para detectar las fortalezas y debilidades lo que nos permitirá la elaboración de Planes de Mejora con los cuales, poco a poco y de manera continuada, se van dando los pasos necesarios hacia la calidad. Además, se han de diseñar y ejecutar sistemas que posibiliten garantizar esta calidad.

El 25 de mayo de 1998 los Ministros de Educación de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido firmaron la Declaración de la Sorbona en la que ya consideraban los dos retos anteriormente citados. Quizás, en el momento de la firma si sintieron la importancia del paso que estaban dando, el primero, hacia un proceso de cambio a largo plazo de la enseñanza superior en Europa, pero es difícil que pudieran intuir la evolución del proceso.

La primera reunión de seguimiento celebrada al año siguiente en Bolonia, concretamente el 19 de junio de 1999, contó ya con una mayor participación llegando a 30 el número de países que la suscribieron, ya que además de los de la UE, también se incorporaron países del Espacio Europeo de Libre Comercio, países del este y de centro Europa.

La Declaración de Bolonia, que tiene un carácter político, incluye una serie de objetivos y unos instrumentos para lograrlos, pero no fija unos deberes jurídicamente exigibles a cada uno de los países firmantes. Establece un plazo hasta el 2010 para la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), con fases bienales, cada una de las cuales termina con la correspondiente Conferencia Ministerial que revisa lo conseguido y establece las directrices para el futuro.

Así pues, el EEES se ha de organizar conforme a los principios de
calidad, movilidad, diversidad y competitividad y está orientado hacia la consecución, entre otros, de dos grandes objetivos estratégicos: el incremento del empleo en la UE y en la conversión del EEES en un polo de atracción para estudiantes y profesores de otras partes del mundo.

Los objetivos recogidos en la Declaración de Bolonia son seis:

  • La adopción de un sistema de títulos fácilmente comprensibles y comparables, mediante la implantación, entre otras medidas, de un suplemento europeo al título a fin de promover la empleabilidad de los ciudadanos europeos y la competitividad del sistema de enseñanza superior europeo a escala internacional.
  • La adopción de un sistema basado, fundamentalmente, en dos ciclos principales. Para acceder al segundo ciclo será preciso haber completado el primer ciclo de estudios que deberá tener una duración mínima de tres años. El título concedido a la finalización de éstos corresponderá a un nivel de cualificación apropiado para acceder al mercado de trabajo europeo.
  • El establecimiento de un sistema de créditos, como puede ser el sistema ECTS, como medio apropiado para promover una mayor movilidad entre estudiantes. Estos créditos también podrían obtenerse fuera del sistema de enseñanza superior, por ejemplo en el marco del aprendizaje permanente, siempre que cuenten con el reconocimiento de las universidades de que se trate.
  • Promoción de la movilidad mediante la eliminación de los obstáculos al ejercicio efectivo del derecho a la libre circulación, haciendo especial hincapié, para los estudiantes, en el acceso a las oportunidades de enseñanza y formación, así como a los servicios relacionados, y para los profesores, los investigadores y el personal de administración y servicios en el reconocimiento y la valorización de los periodos de investigación, enseñanza y formación en un contexto europeo, sin perjuicio de sus derechos estatutarios.
  • La promoción de la cooperación en materia de garantía de la calidad para el desarrollo de criterios y metodologías comparables. 

[^ SUBIR]

Pero la mejora de la calidad de nuestro sistema universitario, y en general de todos los países de la UE, es una pieza clave sobre la que pivota la construcción del EEES, como lo prueba el hecho de que, desde el principio, la calidad y la garantía de la misma sea una referencia en todas las reuniones de seguimiento que se han ido llevando a cabo cada dos años.

Así en mayo 2001, en Praga, los ministros reconocieron el papel fundamental que juegan los sistemas de garantía de la calidad y enfatizaron la necesidad de una estrecha y sincera cooperación para el reconocimiento mutuo  de dichos sistemas de garantía de la calidad nacionales y de los mecanismos de evaluación/acreditación. Para ello, los ministros animaban a las universidades y otras instituciones de educación superior, agencias nacionales y a ENQA (European Association for Quality Assurance in Higher Education) y a otros miembros no pertenecientes a esta red la difusión de las buenas prácticas.

La European Network for Quality Assurance in Higher Education se constituyó como red en el año 2000 para promover la cooperación europea en el ámbito del aseguramiento de la calidad. La Asamblea General celebrada en noviembre de 2004 transformó la red en la European Association for Quality Assurance in Higher Education. La idea de la asociación se originó en el Proyecto Piloto Europeo de Evaluación de la Calidad en Educación Superior llevado a cabo en 1994-95 (llevado a efecto poco después del Programa Experimental de Evaluación de la Calidad de la Universidades españolas 1992-94, auspiciado por el entonces denominado Consejo de Universidades y en el que ya participaron 17 universidades de nuestros país) que demostró el enorme valor de intercambiar y desarrollar experiencias conjuntas en el área de aseguramiento de la calidad. (Esta idea se transformó en Recomendación del Consejo de Europa en Septiembre de 1998).

Quizás convendría recordar en este momento que la UE no tiene competencias en la Educación y que lo que realiza son recomendaciones, existiendo el firme compromiso de llevarlas a cabo por sus países miembros.

En la reunión de Berlín de septiembre de 2003, donde ya participan 33 países, los ministros hacen hincapié en que la autonomía universitaria lleva unida la responsabilidad de la garantía de la calidad de la institución y de una real rendición de cuentas. Además, acordaron que para la reunión de seguimiento de 2005, los sistemas nacionales de garantía de la calidad deberían incluir: la distribución de responsabilidades de todos los implicados; la evaluación de programas o instituciones que incluyan la valoración interna, la revisión externa, la participación de los estudiantes y la publicación de los resultados; un sistema de acreditación/certificación o los procedimientos comparables y la participación internacional y cooperación en redes. En este sentido, insistieron en la necesidad de la cooperación entre ENQA, a través de sus miembros, EUA (European University Association), EURASHE (European Association of Institutions in Higher Education) y ESIB (The Nacional Unions of Students in Europe) para desarrollar procedimientos, pautas y estándares en materia de aseguramiento de la calidad, estudiando un sistema de revisión por pares para asegurar la calidad y/o acreditar a las agencias.

En la reunión de seguimiento de mayo 2005, celebrada en Bergen se pone de manifiesto que ya son 45 (se incorporaron 5 a los 40 ya existentes) los países que participan en el proceso de Bolonia, si bien solo 36 habían ratificado la Lisbon Recognition Convention. Los ministros analizaron los progresos realizados valorando positivamente tanto la incorporación de los estudiantes a estos procesos como la cooperación internacional. Así mismo, animaron a continuar los esfuerzos para elevar la calidad de las actividades que realizan las instituciones a través de la introducción sistemática de mecanismos internos y externos de garantía de la calidad. Para ello,  adoptaron los estándares y pautas para garantía de la calidad propuestos por ENQA.

Además, los ministros se comprometieron a introducir el modelo propuesto de revisión por pares para la garantía de la calidad de las agencias y valoraron positivamente la creación de un registro de agencias de garantía de la calidad, fruto, una vez mas, de la cooperación internacional destacando el papel de ENQA, EUA, EURASHE y ESIB. Puede que éste sea un paso fundamental en materia de garantía de la calidad, si bien dependerá de cómo se lleve a efecto.

Con motivo de esta reunión de seguimiento, el comisario de Educación de la UE, Ján Figel, resaltó que el proceso de Bolonia había aportado mas cambios en el campo de la educación superior que “cualquier otro instrumento o política internacional haya logrado antes” y señaló que habían surgido iniciativas similares adoptadas por países del Norte de África y de Asia Central.

No obstante y pese a que en los últimos 6 años se han producido avances que, para alguno pudieran ser impensables, todavía la situación comparativa con otros países debería llevarnos a la reflexión. Así, por ejemplo, en la UE sólo el 21% de la población en edad de trabajar tiene educación superior, frente al 38% de Estados Unidos o 43% de Canadá. Y no es menos significativo, también, que el promedio de investigadores por mil habitantes es de 5,5 en le UE, siendo de 9 en Estados Unidos y 9,7 en Japón.

Por lo tanto, ¿hacia dónde vamos en materia de la garantía de la calidad? Parece claro que cada vez mas la Universidad en su conjunto (es decir considerando todos los miembros de la comunidad universitaria que la constituyen) se va concienciando que es la responsable, entre otras cosas, de la garantía de la calidad. Es cierto que el número de titulaciones y servicios de gestión que han participado en procesos de evaluación es elevado, pero no lo es menos que no es tan grande el número de programas de mejora continua que están funcionando operativamente.

Por otra parte, en nuestro país, desde el inicio de los programas de evaluación el número de titulaciones y servicios de gestión evaluados al año no ha superado la cifra de 250 y si analizamos el número de enseñanzas que actualmente se imparten y que, de acuerdo con la LOU, se deberán acreditar (se está planteando que cada seis años) nos encontramos que solo para titulaciones estaríamos hablando de unas 500 al año. La cifra no por menos llamativa trae consigo unos gastos para los procesos externos muy elevados por lo que se debería analizar cual es la finalidad de la acreditación. ¿Nos dirigimos a una acreditación de mínimos? Parece que sí y, en caso de confirmarse, se debería cuantificar los costes y analizar el binomio coste-beneficio.

Hasta ahora, las universidades han ido poniendo en marcha unas unidades técnicas de apoyo a los procesos de evaluación realizados. ¿Podrían convertirse estas unidades en las responsables internas de la garantía de la calidad? Es muy probable que si, pero en este caso se deberían adoptar las medidas organizativas internas que posibilitasen esta transformación e incluso estas “nuevas unidades” deberían ser objeto de certificación o acreditación externa como garantía de calidad para los propios procesos internos y para el conjunto del sistema.

Así pues, es muy aconsejable que las universidades vean la garantía de la calidad como un reto, al igual que el de la creación del EEES y no como una amenaza.

No obstante cabría preguntarse, ¿es posible que haya una voluntad real de llevar a cabo las recomendaciones del Consejo de Europa por todos los países firmantes (que como se ha reseñado han ido aumentando) cuando alguno de los firmantes, concretamente Francia y Holanda, dan la espalda a la Constitución Europea al votar mayoritariamente NO sus habitantes en los plebiscitos recientemente celebrados y otros como el Reino Unido aplazan el Referéndum? La respuesta es difícil y el momento actual es delicado para Europa, y no debemos olvidar que somos una parte de ella.

Tampoco deberíamos olvidar que la propuesta de cambio en la Educación Superior surge, en otras cosas, para adaptar la formación de nuestros egresados a las necesidades sociales del momento y que mientras Europa no avanza, o lo hace con una velocidad menor de la prevista, puede que haya algún país en otro continente que “se este frotando las manos”. El reto y la responsabilidad de la calidad y de sus sistemas de garantía de la misma corresponden, como ya se ha señalado, a nuestras universidades y a quienes las financian. Como tal, cada uno hemos de asumir la parte de responsabilidad que nos toca, pero….

Si, el pero existe. Todos deberíamos tener claro hacía donde vamos, y eso lamentablemente, al día de hoy no lo está. Los responsables políticos de todos los partidos (con independencia de quien gobierne) han de asumir su responsabilidad y ser capaces de llegar a un pacto de estado en materia de educación superior, al igual que en otros temas de igual calado, para no vernos inmersos en una sucesión de cambios, reformas, reformas de reformas e indefiniciones que son frutos de la inexistencia del acuerdo.

La Universidad a nivel mundial en general, y europeo en particular, está asistiendo a uno de los más significativos cambios de su historia. Estamos pasando, o al menos deberíamos estar trabajando para ello, de una universidad de la enseñanza a una universidad del aprendizaje. Los cambios de la Universidad exigen no solo reformar el mapa de titulaciones sino el actual sistema de enseñanza de manera que las trayectorias del aprendizaje de cada titulación se conviertan en instrumentos de competencia profesional y habilidades de forma que el alumno desarrolle un pensamiento crítico e innovador. Pare ello deben desaparecer la burocracia y el control ejercidos por el poder de las viejas disciplinas, sobre todo algunas, las áreas de conocimiento patrimoniales y los anquilosados sistemas de gestión.

Es hora de que cada uno de nosotros lleve a cabo el papel que le ha correspondido en esta gran obra de teatro que es la vida. Nuestro sistema universitario no puede esperar más.

[^ SUBIR]


NOTAS Y REFERENCIAS

Communiqué of the Conference of European Ministres Responsible for Higher Education. Bergen, 19-20 May 2005. “The European Higher Education Area-Achieving the Goals”. 

Communiqué of the Conference of European Ministres Responsible for Higher Education. Berlin, 19 September 2003. “Realising the European Higher Education Area”. 

Communiqué of the Meeting of European Ministers in charge of Higher Education. Prague, 19 May 2001. 

Sorbonne Joint Declaration. Paris, the Sorbonne, 25 May 1998. “Joint Declaration on Harmonisation of the architecture of the European Higher Education System”. 

The Bologna Declaration. Bologna, 19 June 1999. “Joint Declaration of the European Ministers of Education”.

[^ SUBIR]

© 2005 Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset

Se recomienda utilizar una resolución de pantalla de 800 x 600 e Internet Explorer 5.x o superior