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Son dos los retos a los que ha de
hacer frente la Universidad en este inicio del siglo
XXI: la calidad y la convergencia europea, pero deberíamos aprovechar las oportunidades que tenemos
para unirlos y optimizar nuestros esfuerzos y los que
la sociedad destina a la enseñanza superior.
Después de la Universidad de masas,
periodo en el cual fue prioritario llevar a cabo políticas
de inversión en infraestructuras básicas (aularios,
laboratorios, espacios de trabajo para los profesores,..)
y el consiguiente incremento de las plantillas de profesores
y personal de administración y servicios se ha dado
paso, desde finales del siglo XX, a una etapa donde
el objetivo es la calidad. Para conseguirla hemos de
utilizar los procesos de evaluación/acreditación, entendidos
como una herramienta para detectar las fortalezas y
debilidades lo que nos permitirá la elaboración de Planes
de Mejora con los cuales, poco a poco y de manera continuada,
se van dando los pasos necesarios hacia la calidad.
Además, se han de diseñar y ejecutar sistemas que posibiliten
garantizar esta calidad.
El 25 de mayo de 1998 los Ministros de Educación
de Francia, Alemania, Italia y Reino Unido firmaron
la Declaración de la Sorbona en la que ya consideraban
los dos retos anteriormente citados. Quizás, en el momento
de la firma si sintieron la importancia del paso que
estaban dando, el primero, hacia un proceso de cambio
a largo plazo de la enseñanza superior en Europa, pero
es difícil que pudieran intuir la evolución del proceso.
La primera reunión de seguimiento celebrada al
año siguiente en Bolonia, concretamente el 19 de junio
de 1999, contó ya con una mayor participación llegando
a 30 el número de países que la suscribieron, ya que
además de los de la UE, también se incorporaron países
del Espacio Europeo de Libre Comercio, países del este
y de centro Europa.
La Declaración de Bolonia, que tiene un carácter
político, incluye una serie de objetivos y unos instrumentos
para lograrlos, pero no fija unos deberes jurídicamente
exigibles a cada uno de los países firmantes. Establece
un plazo hasta el 2010 para la construcción del Espacio
Europeo de Educación Superior (EEES), con fases bienales,
cada una de las cuales termina con la correspondiente
Conferencia Ministerial que revisa lo conseguido y establece
las directrices para el futuro.
Así pues, el EEES se ha de organizar conforme
a los principios de calidad, movilidad, diversidad y competitividad y está orientado hacia la
consecución, entre otros, de dos grandes objetivos estratégicos:
el incremento del empleo en la UE y en la conversión
del EEES en un polo de atracción para estudiantes y
profesores de otras partes del mundo.
Los objetivos recogidos en la Declaración
de Bolonia son seis:
- La adopción de un sistema de títulos fácilmente
comprensibles y comparables, mediante la implantación,
entre otras medidas, de un suplemento europeo al título
a fin de promover la empleabilidad de los ciudadanos
europeos y la competitividad del sistema de enseñanza
superior europeo a escala internacional.
- La adopción de un sistema basado, fundamentalmente,
en dos ciclos principales. Para acceder al segundo
ciclo será preciso haber completado el primer ciclo
de estudios que deberá tener una duración mínima de
tres años. El título concedido a la finalización de
éstos corresponderá a un nivel de cualificación apropiado
para acceder al mercado de trabajo europeo.
- El establecimiento de un sistema de créditos, como
puede ser el sistema ECTS, como medio apropiado para
promover una mayor movilidad entre estudiantes. Estos
créditos también podrían obtenerse fuera del sistema
de enseñanza superior, por ejemplo en el marco del
aprendizaje permanente, siempre que cuenten con el
reconocimiento de las universidades de que se trate.
- Promoción de la movilidad mediante la eliminación
de los obstáculos al ejercicio efectivo del derecho
a la libre circulación, haciendo especial hincapié,
para los estudiantes, en el acceso a las oportunidades
de enseñanza y formación, así como a los servicios
relacionados, y para los profesores, los investigadores
y el personal de administración y servicios en el
reconocimiento y la valorización de los periodos de
investigación, enseñanza y formación en un contexto
europeo, sin perjuicio de sus derechos estatutarios.
- La promoción de la cooperación en materia de garantía
de la calidad para el desarrollo de criterios y metodologías
comparables.
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Pero la mejora de la calidad de nuestro sistema universitario,
y en general de todos los países de la UE, es una pieza
clave sobre la que pivota la construcción del EEES,
como lo prueba el hecho de que, desde el principio,
la calidad y la garantía de la misma sea una referencia
en todas las reuniones de seguimiento que se han ido
llevando a cabo cada dos años.
Así en mayo 2001, en Praga, los ministros reconocieron
el papel fundamental que juegan los sistemas de garantía
de la calidad y enfatizaron la necesidad de una estrecha
y sincera cooperación para el reconocimiento mutuo de dichos sistemas de garantía de la calidad
nacionales y de los mecanismos de evaluación/acreditación.
Para ello, los ministros animaban a las universidades
y otras instituciones de educación superior, agencias
nacionales y a ENQA (European Association for Quality
Assurance in Higher Education) y a otros miembros no
pertenecientes a esta red la difusión de las buenas
prácticas.
La European Network for Quality Assurance in Higher
Education se constituyó como red en el año 2000 para
promover la cooperación europea en el ámbito del aseguramiento
de la calidad. La Asamblea General celebrada en noviembre
de 2004 transformó la red en la European Association
for Quality Assurance in Higher Education. La idea de
la asociación se originó en el Proyecto Piloto Europeo
de Evaluación de la Calidad en Educación Superior llevado
a cabo en 1994-95 (llevado a efecto poco después del
Programa Experimental de Evaluación de la Calidad de
la Universidades españolas 1992-94, auspiciado por el
entonces denominado Consejo de Universidades y en el
que ya participaron 17 universidades de nuestros país)
que demostró el enorme valor de intercambiar y desarrollar
experiencias conjuntas en el área de aseguramiento de
la calidad. (Esta idea se transformó en Recomendación
del Consejo de Europa en Septiembre de 1998).
Quizás convendría recordar en este momento que
la UE no tiene competencias en la Educación y que lo
que realiza son recomendaciones, existiendo el firme
compromiso de llevarlas a cabo por sus países miembros.
En la reunión de Berlín de septiembre de 2003,
donde ya participan 33 países, los ministros hacen hincapié
en que la autonomía universitaria lleva unida la responsabilidad
de la garantía de la calidad de la institución y de
una real rendición de cuentas. Además, acordaron que
para la reunión de seguimiento de 2005, los sistemas
nacionales de garantía de la calidad deberían incluir:
la distribución de responsabilidades de todos los implicados;
la evaluación de programas o instituciones que incluyan
la valoración interna, la revisión externa, la participación
de los estudiantes y la publicación de los resultados;
un sistema de acreditación/certificación o los procedimientos
comparables y la participación internacional y cooperación
en redes. En este sentido, insistieron en la necesidad
de la cooperación entre ENQA, a través de sus miembros,
EUA (European University Association), EURASHE (European
Association of Institutions in Higher Education) y ESIB
(The Nacional Unions of Students in Europe) para desarrollar
procedimientos, pautas y estándares en materia de aseguramiento
de la calidad, estudiando un sistema de revisión por
pares para asegurar la calidad y/o acreditar a las agencias.
En la reunión de seguimiento de mayo 2005, celebrada
en Bergen se pone de manifiesto que ya son 45 (se incorporaron
5 a los 40 ya existentes) los países que participan
en el proceso de Bolonia, si bien solo 36 habían ratificado
la Lisbon Recognition Convention. Los ministros analizaron
los progresos realizados valorando positivamente tanto
la incorporación de los estudiantes a estos procesos
como la cooperación internacional. Así mismo, animaron
a continuar los esfuerzos para elevar la calidad de
las actividades que realizan las instituciones a través
de la introducción sistemática de mecanismos internos
y externos de garantía de la calidad. Para ello, adoptaron
los estándares y pautas para garantía de la calidad
propuestos por ENQA.
Además, los ministros se comprometieron a introducir
el modelo propuesto de revisión por pares para la garantía
de la calidad de las agencias y valoraron positivamente
la creación de un registro de agencias de garantía de
la calidad, fruto, una vez mas, de la cooperación internacional
destacando el papel de ENQA, EUA, EURASHE y ESIB. Puede
que éste sea un paso fundamental en materia de garantía
de la calidad, si bien dependerá de cómo se lleve a
efecto.
Con motivo de esta reunión de seguimiento, el
comisario de Educación de la UE, Ján Figel, resaltó
que el proceso de Bolonia había aportado mas cambios
en el campo de la educación superior que “cualquier
otro instrumento o política internacional haya logrado
antes” y señaló que habían surgido iniciativas similares
adoptadas por países del Norte de África y de Asia Central.
No obstante y pese a que en los últimos 6 años
se han producido avances que, para alguno pudieran ser
impensables, todavía la situación comparativa con otros
países debería llevarnos a la reflexión. Así, por ejemplo,
en la UE sólo el 21% de la población en edad de trabajar
tiene educación superior, frente al 38% de Estados Unidos
o 43% de Canadá. Y no es menos significativo, también,
que el promedio de investigadores por mil habitantes
es de 5,5 en le UE, siendo de 9 en Estados Unidos y
9,7 en Japón.
Por lo tanto, ¿hacia dónde vamos en materia de
la garantía de la calidad? Parece claro que cada vez
mas la Universidad en su conjunto (es decir considerando
todos los miembros de la comunidad universitaria que
la constituyen) se va concienciando que es la responsable,
entre otras cosas, de la garantía de la calidad. Es
cierto que el número de titulaciones y servicios de
gestión que han participado en procesos de evaluación
es elevado, pero no lo es menos que no es tan grande
el número de programas de mejora continua que están
funcionando operativamente.
Por otra parte, en nuestro país, desde el inicio
de los programas de evaluación el número de titulaciones
y servicios de gestión evaluados al año no ha superado
la cifra de 250 y si analizamos el número de enseñanzas
que actualmente se imparten y que, de acuerdo con la
LOU, se deberán acreditar (se está planteando que cada
seis años) nos encontramos que solo para titulaciones
estaríamos hablando de unas 500 al año. La cifra no
por menos llamativa trae consigo unos gastos para los
procesos externos muy elevados por lo que se debería
analizar cual es la finalidad de la acreditación. ¿Nos
dirigimos a una acreditación de mínimos? Parece que
sí y, en caso de confirmarse, se debería cuantificar
los costes y analizar el binomio coste-beneficio.
Hasta ahora, las universidades han ido poniendo
en marcha unas unidades técnicas de apoyo a los procesos
de evaluación realizados. ¿Podrían convertirse estas
unidades en las responsables internas de la garantía
de la calidad? Es muy probable que si, pero en este
caso se deberían adoptar las medidas organizativas internas
que posibilitasen esta transformación e incluso estas
“nuevas unidades” deberían ser objeto de certificación
o acreditación externa como garantía de calidad para
los propios procesos internos y para el conjunto del
sistema.
Así pues, es muy aconsejable que las universidades
vean la garantía de la calidad como un reto, al igual
que el de la creación del EEES y no como una amenaza.
No obstante cabría preguntarse, ¿es posible que
haya una voluntad real de llevar a cabo las recomendaciones
del Consejo de Europa por todos los países firmantes
(que como se ha reseñado han ido aumentando) cuando
alguno de los firmantes, concretamente Francia y Holanda,
dan la espalda a la Constitución Europea al votar mayoritariamente
NO sus habitantes en los plebiscitos recientemente celebrados
y otros como el Reino Unido aplazan el Referéndum? La
respuesta es difícil y el momento actual es delicado
para Europa, y no debemos olvidar que somos una parte
de ella.
Tampoco deberíamos olvidar que la propuesta de
cambio en la Educación Superior surge, en otras cosas,
para adaptar la formación de nuestros egresados a las
necesidades sociales del momento y que mientras Europa
no avanza, o lo hace con una velocidad menor de la prevista,
puede que haya algún país en otro continente que “se
este frotando las manos”. El reto y la responsabilidad
de la calidad y de sus sistemas de garantía de la misma
corresponden, como ya se ha señalado, a nuestras universidades
y a quienes las financian. Como tal, cada uno hemos
de asumir la parte de responsabilidad que nos toca,
pero….
Si, el pero existe. Todos deberíamos tener claro
hacía donde vamos, y eso lamentablemente, al día de
hoy no lo está. Los responsables políticos de todos
los partidos (con independencia de quien gobierne) han
de asumir su responsabilidad y ser capaces de llegar
a un pacto de estado en materia de educación superior,
al igual que en otros temas de igual calado, para no
vernos inmersos en una sucesión de cambios, reformas,
reformas de reformas e indefiniciones que son frutos
de la inexistencia del acuerdo.
La Universidad a nivel mundial en general, y europeo
en particular, está asistiendo a uno de los más significativos
cambios de su historia. Estamos pasando, o al menos
deberíamos estar trabajando para ello, de una universidad
de la enseñanza a una universidad del aprendizaje. Los
cambios de la Universidad exigen no solo reformar el
mapa de titulaciones sino el actual sistema de enseñanza
de manera que las trayectorias del aprendizaje de cada
titulación se conviertan en instrumentos de competencia
profesional y habilidades de forma que el alumno desarrolle
un pensamiento crítico e innovador. Pare ello deben
desaparecer la burocracia y el control ejercidos por
el poder de las viejas disciplinas, sobre todo algunas,
las áreas de conocimiento patrimoniales y los anquilosados
sistemas de gestión.
Es hora de que cada uno de nosotros lleve a cabo
el papel que le ha correspondido en esta gran obra de
teatro que es la vida. Nuestro sistema universitario
no puede esperar más.
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NOTAS Y REFERENCIAS
Communiqué of the Conference of European Ministres Responsible
for Higher Education. Bergen, 19-20 May 2005. “The European Higher Education Area-Achieving the Goals”.
Communiqué of the Conference of European Ministres Responsible
for Higher Education. Berlin, 19 September 2003. “Realising
the European Higher Education Area”.
Communiqué of the Meeting of European Ministers in charge
of Higher Education. Prague, 19 May 2001.
Sorbonne Joint Declaration. Paris, the Sorbonne, 25 May 1998. “Joint Declaration on Harmonisation of the architecture of the European
Higher Education System”.
The Bologna Declaration. Bologna, 19 June 1999. “Joint Declaration of the European
Ministers of Education”.
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