I.
ANTECEDENTES Y SITUACIÓN ACTUAL.
II. IDEAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UN ESPACIO
COMÚN DE EDUCACIÓN SUPERIOR IBEROAMERICANO.
1. Programas de movilidad e intercambio estudiantil
y de movilidad de profesorado.
2. Creación de un programa de cooperación para el fortalecimiento
del doctorado.
3. Creación de un sistema de evaluación y acreditación
de la calidad de las instituciones y de los programas docentes.
4. Establecimiento de mecanismos de convergencia y homogeneización
de estudios y titulaciones.
I. ANTECEDENTES Y SITUACIÓN ACTUAL.
A) El Espacio Iberoamericano de Educación Superior
(EIBES en adelante)
es desde hace algunos años un desideratum que se menciona
repetidamente en las Declaraciones de las Cumbres Iberoamericanas
de Jefes de Estado y de Gobierno, de los Ministros de Educación
y de los Encuentros Iberoamericanos de Rectores. Ya la V Cumbre
de Jefes de Estado y de Gobierno de Bariloche (1995) señalaba
a la educación como un elemento esencial de la estrategia
de cooperación iberoamericana y abogaba por la vinculación
entre universidades iberoamericanas así como por la movilidad
de estudiantes y profesores, con el objetivo de aproximar
en lo posible sus contenidos educativos.
Pero,
a este respecto y por destacar sólo alguna declaración, resulta
especialmente significativa la Declaración de Lima en el II
Encuentro Iberoamericano de Rectores (2001):
“Nosotros,
los abajo firmantes, rectores de universidades públicas y
privadas de países iberoamericanos, y representantes de asociaciones
universitarias que actúan en Iberoamérica, reunidos en Lima
los días 12 y 13 de setiembre de 2001 en la sede de la Pontificia
Universidad Católica del Perú, para deliberar sobre la naturaleza
y los alcances de la cooperación universitaria entre los países
de la región, nos dirigimos a los Jefes de Estado y de Gobierno
que han de reunirse en esta misma ciudad los días 23 y 24
de noviembre del presente año en la XI Cumbre Iberoamericana,
y a la Secretaría de Cooperación Iberoamericana, con la finalidad
de presentarles la Declaración de Lima, la que aspiramos se
convierta en marco de referencia para la creación de un programa
de cooperación universitaria iberoamericana.
CONVENCIDOS:
de
la necesidad de crear un espacio académico iberoamericano
de cooperación universitaria que contribuya a la integración
de nuestra región, regido por los principios de autonomía
universitaria, reciprocidad, solidaridad, multilateralidad,
coparticipación, igualdad de oportunidades, flexibilidad,
pertinencia y calidad;
PROPONEMOS:
1.
La incorporación de la educación superior en la agenda de
discusión y en los programas de cooperación e intercambio
apoyados o promovidos por la Cumbre de Jefes de Estado y de
Gobierno, como expresión de su voluntad política de impulsar
la construcción de un espacio académico iberoamericano.
2.
La pronta creación de un programa iberoamericano de cooperación
interuniversitaria con la significativa participación de las
universidades y cuya adecuada financiación debería quedar
garantizada mediante la aprobación, por la Cumbre, de un fondo
especial para este fin.
3.
Promover y estimular el apoyo por parte de las empresas, las
agencias internacionales y las organizaciones gubernamentales
y no gubernamentales. Los gobiernos deberían tomar, además,
las medidas necesarias para eliminar toda normativa que impida
o dificulte la implementación de los acuerdos de cooperación.
4.
El programa de cooperación debería tener las siguientes características:
a)
centrar sus objetivos en acciones que tengan el mayor impacto
social y efecto multiplicador, como la eliminación de la pobreza,
la protección del medio ambiente, el desarrollo científico
y tecnológico, la mejora de la calidad de vida y la formación
del personal docente en todos los niveles de la educación;
b)
adoptar una estructura organizativa flexible y no burocrática
que permita una representación directa y plural de las universidades
de la región;
c)
alentar la conformación de redes, tanto institucionales como
temáticas, en particular incrementando la cooperación sur-sur;
d)
prestar especial atención a la formación de doctores, por
las implicaciones que ésta tiene en el mejoramiento de la
calidad académica y en el desarrollo de la investigación y
por su claro efecto multiplicador. Para ello debería fomentarse
la existencia de una cantidad relevante de becas y la cooperación
entre las universidades para la puesta en marcha de programas
de estudios compartidos que combinen la enseñanza presencial
y virtual;
e)
prestar igualmente atención preferente a la movilidad estudiantil
y docente, por la experiencia formativa que ella implica y
por su contribución a la creación del espacio académico iberoamericano;
en tal sentido se deberán incrementar las becas y ayudas que
promuevan dicha movilidad;
f)
apoyar proyectos interuniversitarios en el campo de la acreditación
y la evaluación en el espacio iberoamericano y promover acuerdos
y programas que faciliten el reconocimiento parcial de los
estudios, así como el reconocimiento de grados y diplomas.”
Las
referencias al EIBES son muy numerosas en los últimos años,
aunque los pasos que se han realizado al respecto son más
bien parciales, dispersos y poco efectivos. De nuevo hay que
destacar en este punto la constitución del Consejo Universitario
Iberoamericano (CUIB) en Cartagena de Indias en 2002 como
una macro-red de 24 redes nacionales o supranacionales de
las universidades iberoamericanas. Su primer objetivo es precisamente
“promover la creación y consolidación de un Espacio Iberoamericano
de Educación Superior y de Investigación” y el segundo “impulsar
la cooperación entre las universidades iberoamericanas”. En
la última reunión celebrada en Madrid (noviembre 2004), el
CUIB constituyó cuatro comisiones para seguir avanzando en
la creación de un EIBES: calidad y pertinencia, movilidad,
financiación e información, declarando que “convencidos de
que la universidad es un soporte de la democratización de
los países así como de los valores ciudadanos, exhortamos
a reencontrar los caminos de sustentabilidad universitaria
que todo proyecto estratégico nacional o continental exige”.
B)
Estas declaraciones y pequeños pasos hacia el EIBES se han
visto afectadas posteriormente por la aparición en numerosos
manifiestos de la figura de otro espacio educativo común más
amplio: el espacio de educación superior de América Latina,
el Caribe y la Unión Europea (ALCUE).
Este nuevo espacio educativo fue impulsado por la Declaración
de Río de Janeiro de 1999, comenzó a proyectarse en la Conferencia
de Ministros de Educación de París (2000), y el comité de
seguimiento de la conferencia elaboró el Plan de Acción 2002-2004
para la construcción de dicho espacio, Plan que fue aprobado
en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Madrid en
mayo de 2002. La última declaración significativa al respecto
ha sido la de la II Reunión de Ministros de Educación de América
Latina, el Caribe y la Unión Europea de abril de 2005 en México,
en el que se afirma la intención y el compromiso de seguir
construyendo el ALCUE con el horizonte del año 2015
[1]
y se establece la estructura del Plan de Acción 2005-2008
para la construcción del mismo
[2]
En
resumen, podemos decir que tenemos en la actualidad dos espacios
de educación superior en gran parte coincidentes (el EIBES
y el ALCUE), ya que el segundo engloba al primero, pero creemos
que el EIBES tiene mucha mayor capacidad de cohesión y más
viabilidad de ser llevado a cabo que el ALCUE, dados los intensos
lazos culturales y lingüísticos de la Comunidad Iberoamericana
de Naciones. En cualquier caso, no cabe duda que los progresos
que se hagan en la construcción del EIBES afectarán positivamente
a la puesta en marcha del ALCUE.
C) A pesar de tantas manifestaciones
a favor de la creación del EIBES, los pasos efectivamente
realizados para su construcción y puesta en funcionamiento
han sido más bien escasos. A mi juicio ello se debe a causas
heterogéneas y de entidad muy diferente:
-
a la gran diversidad entre los sistemas educativos de unos
y otros países, así como a la heterogeneidad de las propias
instituciones universitarias entre sí, en especial en el ámbito
iberoamericano;
-
a la falta de verdadera decisión política por parte de las
autoridades educativas de las naciones iberoamericanas, más
allá de las declaraciones un tanto retóricas de las Cumbres
y Conferencias celebradas;
-
a la ausencia de fuentes importantes de financiación que permitan
una movilidad cuantitativamente significativa de estudiantes,
profesores y personal administrativo, dados los altos costes
que tiene esa movilidad en especial para los estudiantes latinoamericanos;
fuentes que pudieran ser similares a las existentes en el
programa europeo ERASMUS
-
a no haber sido capaces de crear mecanismos e instrumentos
que hagan posible la movilidad e intercambio de estudiantes,
profesores y personal administrativo, con reconocimiento automático
de los estudios y grados obtenidos en otra universidad en
el caso de los estudiantes, tal como ocurre en el programa
ERASMUS.
No obstante el escaso avance que existe en
la actualidad en la creación y puesta en funcionamiento del
EIBES, en la práctica se han llevado a cabo múltiples acciones
e iniciativas que van en esa misma dirección. Algunas de ellas
han operado entre universidades españolas-portuguesas y universidades
latinoamericanas, mientras que otras sólo han tenido como
ámbito estas últimas, pero todas ellas me parecen interesantes
como ejemplo de “buenas prácticas” en el camino correcto,
que es el de avanzar en la construcción del EIBES. No puedo
reseñarlas todas aquí ni mucho menos, pero no me resisto a
citar algunas, sin ninguna pretensión de ser exhaustivo:
a)
Así, los numerosos convenios bilaterales de cooperación interuniversitarios.
En especial, los convenios de movilidad e intercambio estudiantil
con reconocimiento de estudios entre universidades de ambos
continentes; y, de la misma manera, los múltiples convenios
bilaterales de intercambio de profesores, que han posibilitado
que miles de profesores se hayan desplazado en estancias cortas
a universidades de otros países iberoamericanos.
b)
El Programa de Intercambio y Movilidad Académica (PIMA) creado
en 1999 a iniciativa de la Organización de Estados Iberoamericanos
para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) es seguramente
la iniciativa de más calado que se ha llevado a cabo hasta
la fecha en la construcción del EIBES
[3]. Se trata de un programa multilateral
de movilidad estudiantil de grado con reconocimiento de estudios,
basado en el programa ERASMUS, en el que se aportan ayudas
económicas de la OEI o de otras instituciones (como la Junta
de Andalucía) a los estudiantes de intercambio. En el curso
2003-2004, el proyecto ha permitido la constitución de 24
redes de al menos tres universidades, en las que han participado
en total 67 universidades y 370 estudiantes. A pesar de que
las cifras de estudiantes que se mueven son bajas, el PIMA
es una excelente experiencia piloto para la implementación
de un programa multilateral de movilidad e intercambio más
amplio.
c)
El programa de movilidad e intercambio estudiantil, con reconocimiento
de estudios, establecido en 2004 entre la CRUE española y
la ANUIES mexicana es otro jalón del proceso que comentamos,
programa en el que participan 46 universidades mexicanas y
27 universidades españolas. A pesar de no contar con financiación
específica para el mismo, ambas organizaciones decidieron
lanzar el programa y hacer jurídicamente posible la movilidad,
dejando en manos de los estudiantes la obtención de los recursos
precisos para ello. Un programa parecido existe entre la ANUIES
y el CSUCA centroamericano, que fomenta la movilidad estudiantil
y las redes institucionales.
d)
De la misma manera, hay que citar los numerosos programas
docentes de posgrado (en especial, de doctorado) que se han
impartido en universidades de otro país iberoamericano, destacando
los que han impartido instituciones españolas y portuguesas
en universidades de América Latina. Sin olvidar los problemas
de reconocimiento de los títulos expedidos en algunas ocasiones,
no cabe duda de que la formación especializada impartida en
otras universidades latinoamericanas contribuye a la creación
y consolidación del EIBES, especialmente cuando se hace desde
planteamientos de colaboración entre las instituciones participantes.
e)
Las redes de universidades latinoamericanas que se han constituido
en las últimas décadas han favorecido sin duda los procesos
de convergencia en educación superior. Pos citar sólo las
principales: GRUPO MONTEVIDEO (universidades de Argentina,
Chile, Brasil, Uruguay y Paraguay); COLUMBUS (64 universidades
europeas y latinoamericanas); CSUCA (Consejo Superior Universitario
de Centroamérica: 17 universidades centroamericanas); CINDA
(Centro Universitario de Desarrollo: 28 universidades latinoamericanas
y 3 europeas); AUALCPI (Asociación universitaria de América
Latina y del Caribe para la integración: universidades de
más de 20 países); la Asociación Universitaria Iberoamericana
de Postgrado (AUIP), etc., etc. Todas estas redes han promovido
la integración universitaria, contribuyendo al trabajo en
común entre instituciones europeas y latinoamericanas o entre
éstas entre sí.
f)
Las organizaciones intergubernamentales que tienen actividades
de fomento de la cooperación en educación superior también
han tenido acciones con incidencia en el tema que comentamos.
Ya hemos hablado de la OEI y de sus programas de movilidad
estudiantil y de fomento de la investigación conjunta. El
Convenio ANDRES BELLO, al que pertenecen 10 países iberoamericanos,
realiza estudios sobre educación superior, apoya redes temáticas
y proyectos de investigación y presta asistencia técnica.
La Organización de Estados Americanos (OEA) pone el énfasis
en el fomento de la cooperación científica, a través del programa
Interamericano de Ciencia y Tecnología y de los proyectos
aprobados por el Comité Interamericano de Desarrollo Integral
y la Agencia Interamericana de Cooperación y Desarrollo. La
UNESCO ha apoyado numerosas iniciativas de cooperación académica
y científica.
g)
También hay que traer aquí los programas de cooperación de
la Agencia española de Cooperación Internacional española
(AECI) y de la Fundación Carolina. En especial, el Programa
de Cooperación Interuniversitaria de la primera (PCI, antiguo
Intercampus), que ha hecho posible la movilidad de miles de
profesores, estudiantes y personal administrativo (cuantitativamente
ha sido sin duda el programa de mayor importancia). En la
misma línea, las Becas MAE-AECI
permiten que miles de estudiantes latinoamericanos realicen
sus estudios cada año en España.
h)
Aunque se refiere sólo a universidades de América Latina,
sin incluir españolas o portuguesas, el programa PAME (Programa Académico de Movilidad Estudiantil)
de la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL) también
debe ser citado aquí. Se trata también de un programa multilateral
de intercambio de estudiantes de grado con reconocimiento
de estudios: los estudiantes seleccionados pueden cursar un
periodo académico en otra universidad de la Unión con pleno
reconocimiento de la actividad académica realizada. Las instituciones
participantes deben ofrecer al menos tres plazas para el intercambio,
en una de las cuales la universidad cubre los costos de matrícula
y de alojamiento para el alumno beneficiario. En el año 2004
han participado en este programa 26 universidades de 11 países
latinoamericanos.
i)
El proyecto Alfa TUNING AMÉRICA LATINA, promovido por la Unión
europea a semejanza del TUNING europeo, en el que participan
actualmente 64 universidades de 18 países latinoamericanos
y 7 europeos, es una de las iniciativas más interesantes existentes
en la actualidad y de la que hablaremos después.
j)
Los programas ALFA y ALßAN de la Unión Europea, entre los
que hay que destacar el “Proyecto de acreditación y reconocimientos
oficiales entre universidades de MERCOSUR y la UE” (Proyecto
ALFA-ACRO), coordinado por la Universidad de Valencia.
Hasta aquí esta breve recensión de algunas
de las experiencias que se han puesto en práctica hasta la
fecha en la línea de ir construyendo el EIBES mediante acciones
necesariamente parciales y cuantitativamente de poca entidad.
Todas ellas son actividades pioneras en la buena dirección,
que no es otra que la de ir avanzando –aunque sea poco a poco-
en la construcción del EIBES y de ahí el interés de reseñarlas
en este momento. Sin embargo, del análisis de este variado
conjunto de acciones, se extrae como conclusión la existencia
de una cierta dispersión de los programas y de poca coordinación
entre ellos. Se observan también deficiencias en la organización,
así como excesiva dependencia del voluntarismo y amplitud
de objetivos frente a los medios disponibles. Falta, así,
un marco sistematizado que integre las numerosas y parciales
acciones que existen hacia la construcción de un espacio común
de educación superior; y se hace necesario por ello la definición
de líneas estratégicas globales para la cooperación multilateral.
II. IDEAS PARA LA CONSTRUCCIÓN DE UN ESPACIO
COMÚN DE EDUCACIÓN SUPERIOR IBEROAMERICANO.
La
creación y puesta en funcionamiento del EIBES
pasa en mi opinión por la implementación de varias
líneas básicas de actuación, que operan a modo de requisitos
o condiciones principales del mismo, y que son, a mi juicio,
los siguientes: (1) un programa de movilidad e intercambio
estudiantil y de profesorado con reconocimiento de estudios;
(2) creación de un programa específico de cooperación para
el fortalecimiento del doctorado en América Latina; (3) un
sistema de evaluación y acreditación de la calidad de las
instituciones y de los programas docentes; (4) una estructura
mínimamente homogénea de las titulaciones académicas. Veamos
a continuación cada uno de ellos.
1. Programas de movilidad e intercambio estudiantil
y de movilidad de profesorado.
A)
El primer y principal requisito del EIBES es sin duda la creación
de un programa multilateral de movilidad e intercambio de
estudiantes de grado [4], con reconocimiento automático de los
estudios parciales realizados en otra universidad perteneciente
al espacio educativo común. Cuando hablamos de “reconocimiento
de estudios” nos referimos a la aceptación por la universidad
de origen del estudiante de intercambio de las materias o
asignaturas cursadas por éste en la universidad de destino,
incorporándolas automáticamente a su expediente académico:
no se trata, pues, de reconocimiento de títulos o grados ya
finalizados sino sólo de estudios parciales (determinadas
materias o asignaturas) realizados en otra institución, normalmente
durante un semestre. Este es a mi juicio el dato que mayormente
caracteriza a cualquier espacio educativo común, por lo que
no se podrá hablar cabalmente de la existencia del EIBES mientras
no se haya puesto en marcha un programa como el que comentamos.
En esa línea, disponemos de referentes ya acreditados, como
es el caso del programa europeo ERASMUS (¡que ha movido ya
más de un millón de estudiantes!) o, en pequeña escala, el
programa PIMA al que ya nos hemos referido antes. Por lo tanto,
los modelos a seguir son relativamente claros.
B) El programa de movilidad estudiantil descrito
debería ir acompañado de un programa paralelo de movilidad
del profesorado (incluyendo aquí profesores e investigadores).
Profesorado que en muchos casos es el responsable de los alumnos
de intercambio (como ocurre en el caso de los tutores del
programa ERASMUS), pero que no se debe limitar sólo a eso,
sino que debería incluir la posibilidad de que profesores
e investigadores de una universidad del EIBES pudieran realizar
estancias cortas en otra institución del mismo (previo acuerdo
de ambas partes). Ello permitiría a esos profesores efectuar
investigación conjunta, impartición de conferencias y cursos
breves, y establecer contactos durante su estancia en la otra
universidad. Al incluir la movilidad de investigadores, éste
programa permite que el “espacio común” que se va creando
sea no sólo de educación sino también de investigación. Como
es sabido, a veces se habla de “espacio iberoamericano de
educación superior y de investigación”, aunque en realidad
la creación de un auténtico espacio común de investigación
requiere la existencia de programas conjuntos de investigación
bien dotados, como puede ser el CYTED (Programa iberoamericano
de ciencia y tecnología para el desarrollo)
[5].
C) Para poner en marcha
los programas de movilidad que comentamos, es necesaria la
adopción de las decisiones políticas pertinentes, la instrumentación
técnica de las condiciones de funcionamiento de los programas
y la aportación de una financiación mínima para que pueda
funcionar:
a) La decisión y el compromiso político
de implantar el Programa sólo puede venir de los Estados participantes
en el mismo y de sus autoridades con competencia en materia
de educación superior. Dada la entidad de este Programa, parece
ineludible una decisión al más alto nivel, como es el caso
de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno
o, en su defecto, la Conferencia de Ministros de Educación.
En ediciones anteriores, la Cumbre ya se ha manifestado sobre
la conveniencia de caminar hacia el EIBES, pero no se ha adoptado
aún la decisión de establecer el marco legal necesario para
ponerlo en funcionamiento y de aportar los recursos financieros
para ello. Este podría ser perfectamente un programa-cumbre
en la próxima Cumbre de Salamanca en octubre de 2005
[6]
En mi opinión resulta entonces imprescindible
una decisión política de alto nivel. Algo parecido ocurrió
con el programa ERASMUS, aunque con la notable diferencia
de que este programa fue adoptado por los órganos correspondientes
de una organización supranacional ya existente como era la
Comunidad Europea.
b) La instrumentación técnica de las
condiciones de funcionamiento del programa no es difícil dada
la existencia de precedentes cuantitativamente masivos como
el ERASMUS y de precedentes iberoamericanos como el PIMA o
el acuerdo CRUE-ANUIES. Se trataría, por tanto, de imitar
las condiciones y requisitos de esos programas de intercambio,
articulados mediante los convenios y protocolos correspondientes
que deberían firmarse.
Por otra parte, la puesta en marcha de un
programa masivo de movilidad exige seguramente la creación
de alguna estructura administrativa central unitaria que garantice
su aplicación uniforme y, en su caso, administre fondos del
mismo, al modo que lo hace la Agencia Erasmus en el caso del
programa europeo.
En este punto, no cabe desdeñar las dificultades
intrínsecas al proyecto. En el caso del programa ERASMUS,
las diferencias que existían entre universidades (la inmensa
mayoría, públicas) y la heterogeneidad de los planes de estudio
eran probablemente menores que en el caso de las universidades
latinoamericanas entre sí (incluidas las españolas y portuguesas),
y ello facilitó sin duda la viabilidad del programa de intercambio
estudiantil. En el caso latinoamericano, las grandes diferencias
entre instituciones (desde macrouniversidades hasta las pequeñas
“universidades-garage”) y entre estructuras de una misma titulación
en unos y otros países incrementan la complejidad del programa
y hacen imprescindibles mecanismos de control de la calidad,
a los que luego nos referiremos. En cualquier caso, estas
dificultades no son en absoluto insalvables si se sigue el
actual modelo del programa ERASMUS: en éste, tras una serie
de acuerdos-marco generales que actúan a modo de paraguas
que define y cubre todo el sistema, son necesarios acuerdos
bilaterales simplificados entre las universidades que intercambian
estudiantes, definiendo los concretos ámbitos académicos en
los que se producirá la movilidad así como el número de estudiantes
(normalmente reducido) objeto de intercambio en esos ámbitos.
c) La aportación de una financiación mínima
para que pueda funcionar el Programa es sin duda el talón
de Aquiles del mismo, ya que estamos hablando de cantidades
importantes. Por ejemplo, en el programa ERASMUS la Agencia
Erasmus está aportando a los alumnos unos 75 euros por mes
y alumno, cantidad que es completada de manera diferente por
cada universidad, aunque es frecuente aportar una cantidad
similar a la que da la Agencia
[7]
. En el programa PIMA 2002, la dotación de dicha ayuda
alcanzaba hasta los 3.500 dólares por estudiante para sufragar
parte de los gastos del viaje y de la estancia, que es de
seis meses. Hay que decir además que la financiación que se
aporte no puede limitarse a las ayudas a los estudiantes,
sino que debería incluir también fondos para las instituciones
participantes (en especial, para los coordinadores académicos
que tutorizan a los estudiantes de intercambio)
Es fácil entonces imaginar la magnitud del
proyecto que aquí se propone, que se incrementa si se piensa
en el alto coste que puede tener el alojamiento en España
y Portugal para los estudiantes de América Latina. Probablemente
al principio no será fácil reunir los fondos suficientes para
implantar un programa amplio de intercambio. Pero la dificultad
de llegar a ese objetivo final no mengua la importancia de
los pasos que se den en esa dirección. Evidentemente, para
que pueda hablarse de un auténtico Programa de movilidad tiene
que haber ya de entrada una financiación significativa, porque
en otro caso sólo los estudiantes con recursos económicos
podrán hacer uso del mismo, reproduciendo así la desigualdad
de la estructura económico-social.
D) Los efectos de los dos programas que aquí
se proponen son evidentes y no hace falta extenderse sobre
ellos:
a)
promoverían el conocimiento y comprensión de otros sistemas
educativos para los estudiantes y para los profesores e investigadores
de intercambio;
b)
reforzarían la constitución progresiva de una noción de ciudadanía
iberoamericana, de la misma manera que el programa ERASMUS
ha apoyado el concepto de ciudadanía europea;
c)
reforzaría al mismo tiempo los procesos de integración regional
en América Latina: estos programas tienen un “valor estratégico”
para esa integración, ya que superan las relaciones bilaterales
y proponen un red de relaciones multilaterles;
d)
ayudaría al mismo proceso de homogeneización de estructuras
de las titulaciones, al producirse un conocimiento mutuo de
las mismas y una mejor compresión de lo que hacen las demás
instituciones;
e)
fortalecerían la dimensión internacional de las universidades
participantes.
E) Los programas de movilidad estudiantil
y movilidad de profesorado se convierten así en el dato principal
en el proceso de construcción del EIBES, tal como reconocen
muchos documentos y declaraciones al respecto
[8]
, y por tanto, es un camino que hay que recorrer si
queremos avanzar hacia el espacio común. En ese camino se
han dado ciertamente pasos parciales (experiencias piloto),
pero parece llegado el momento de lanzar un amplio programa
de movilidad, pasando de las solemnes palabras de las declaraciones
a los hechos.
Por otra parte, resulta claro también que
los avances en la construcción del EIBES son al mismo tiempo
progresos en la creación del ALCUE, ya que éste engloba a
aquél como se ha dicho antes. En realidad, la suma del EIBES
más el Espacio Europeo de Educación Superior da como resultado
el ALCUE. De nuevo aparece la importancia de ir progresando
en la puesta en funcionamiento del EIBES.
2.
Creación de un programa de cooperación para el fortalecimiento
del doctorado.
Un aspecto concreto
de la cooperación multilateral en educación superior en el
que debe ponerse énfasis es el del fortalecimiento del posgrado
y, en especial, del doctorado en América Latina. Dada la carencia
de estudios de doctorado en muchas universidades latinoamericanas
-que constituye sin duda una de las debilidades más importantes
de su sistema educativo superior-, la creación del EIBES pasa
también por el fomento y apoyo de este tipo de estudios como
medio de subsanar esa debilidad apuntada. Como dice la Declaración
de Lima citada al principio, el programa iberoamericano de
cooperación interuniversitaria
que debería crearse
en aras a la puesta en funcionamiento de un espacio
académico iberoamericano de educación superior tendría que
“prestar
especial atención a la formación de doctores, por las implicaciones
que ésta tiene en el mejoramiento de la calidad académica
y en el desarrollo de la investigación y por su claro efecto
multiplicador. Para ello debería fomentarse la existencia
de una cantidad relevante de becas y la cooperación entre
las universidades para la puesta en marcha de programas de
estudios compartidos que combinen la enseñanza presencial
y virtual”.
Esta actuación tendría
que canalizarse a través de redes interuniversitarias con
los países con menor oferta propia y sobre las temáticas más
adecuadas para la formación doctoral de los docentes de educación
superior. Los proyectos ejecutados dentro de esta iniciativa
podrían contemplar actividades de cooperación científica y
de movilidad de doctorandos y profesores. La asociación de
la cooperación científica con la formación doctoral, a través
de redes de investigación asociadas al fortalecimiento de
programas de doctorado puede resultar muy fructífera. El Programa
debería fomentar el desarrollo de redes entre grupos de investigación
de las universidades que colaboren en programas de doctorado,
de manera que la realización de las tesis doctorales esté
apoyada por proyectos de investigación conjuntos y se fortalezcan
las líneas de investigación de los grupos e instituciones
asociadas. Este esquema favorece el aprovechamiento de las
sinergias en el binomio posgrado-investigación y ofrece también
un marco para asociar las becas y ayudas para la formación
de doctores, con lo que es posible articular tres instrumentos
de cooperación que suelen manejarse independientemente: el
apoyo a proyectos de investigación conjuntos, el apoyo a los
doctorados y las becas para realizar estudios de doctorado.
[9]
En la actualidad, la Asociación Universitaria
Iberoamericana de Posgrado (AUIP) ha conseguido organizar
una amplia plataforma de encuentro iberoamericano en materia
de posgrado así como un interesante programa de actividades
de posgrado en Latinoamérica.
3.
Creación de un sistema de evaluación y acreditación de la
calidad de las instituciones y de los programas docentes.
El reconocimiento de los estudios realizados
en programas de movilidad estudiantil se basa ante todo en
la comparabilidad entre instituciones y programas, así como
en la confianza mutua entre las instituciones. Las universidades
no aceptarán el reconocimiento de los estudios cursados en
otra institución si no están convencidas de que el nivel de
la docencia y de exigencia en la otra universidad son equiparables
a los suyos y, en todo caso, alcanzan niveles de calidad.
Si esta idea es correcta, la confianza y
la comparabilidad nacen del conocimiento mutuo y, sobre todo,
de la superación de técnicas de evaluación y acreditación
de la calidad de las instituciones y de los programas docentes.
En un conjunto tan amplio y tan heterogéneo como son las universidades
iberoamericanas, la construcción de un espacio educativo común
requiere necesariamente el establecimiento de mecanismos de
control y acreditación de la calidad; y sólo aquellos programas
e instituciones que los superen alcanzarán la confianza de
las demás instituciones integrantes del espacio educativo
común.
Para el control de la calidad que comentamos,
entran en juego sin duda las diferentes Agencias Nacionales
de Evaluación de la Calidad, agrupadas en la red RIACES: a
mi juicio, la creación del necesario clima de confianza entre
las instituciones del sistema pasa por la fijación de criterios
objetivos y homogéneos de calidad de programas e instituciones,
así como por la superación de esos estándares mínimos por
unos y otras. De la misma manera que en el Espacio Europeo
de Educación Superior, la cultura de la calidad es un elemento
esencial en la construcción de un espacio educativo común
como es el EIBES.
La evaluación de la calidad ya está ampliamente
implantada en América Latina desde los años 90, aunque de
manera desigual y heterogénea, y no en todos los países. Ahora
se trataría de extenderla a todos los sistemas educativos
nacionales, de consolidarla, y también de hacerla más homogénea
a través de criterios comunes mínimos aplicables en todos
los sistemas. El proyecto ALFA-ACRO ha generado una importante
documentación sobre los procesos de evaluación y acreditación
en la educación superior en Europa y en América Latina, en
especial en el Congreso que se llevó a cabo en Buenos Aires
en junio de 2004
[10]. Para ese objetivo parece útil el
diseño de criterios comunes básicos o mínimos
[11], así como la creación de organismos
supranacionales que diseñen esos criterios básicos y establezcan
las bases para el reconocimiento mutuo entre agencias de los
resultados de los procesos de acreditación, tal como ocurre
con los organismos e iniciativas europeos ENGA (European
Net for Quality Assurance) o Joint
Quality Initiative
[12].
4. Establecimiento
de mecanismos de convergencia y homogeneización de estudios
y titulaciones.
La creación de un verdadero espacio común educativo
requiere a la larga una estructura relativamente homogénea
de estructuras educativas, lo que a su vez precisa el desarrollo
de titulaciones comparables y comprensibles. Este es uno de
los objetivos principales del llamado Proceso de Bolonia,
en el que los sistemas educativos de más de 40 países europeos
están trabajando en la actualidad para conseguir ese anhelado
Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Pues bien, la
creación del EIBES no puede marginar esta idea, por difícil
que sea su consecución. Hay que reconocer que se trata del
aspecto más complicado de todos los que se han expuesto y
en el que menos se ha avanzado, dada la gran disparidad existente
en materia de planes de estudio, denominación de titulaciones,
duración de los estudios y efectos profesionales de los mismos.
Pero ello no es óbice para admitir que estamos ante un objetivo
final al que hay que tender a largo plazo si se quiere construir
un auténtico espacio educativo común iberoamericano.
La convergencia y homogeneización de las
estructuras académicas a nivel supranacional de las titulaciones
no vulnera la autonomía de las instituciones ni la libre decisión
de cada sistema nacional, ya que se trata de establecer unos
criterios mínimos comunes
respecto de los contenidos de los estudios que llevan a una
determinada titulación académica, la carga de trabajo que
representa para el estudiante, las competencias y destrezas
profesionales que se pretende conseguir. A partir de esos
criterios mínimos, las universidades son las que deben definir
la estructura exacta de cada plan de estudios, dentro del
marco común que en su caso se haya establecido a nivel nacional.
En este ámbito ya se han producido algunas
experiencias de efectos limitados y se están dando pasos de
los que es preciso dar cuenta:
A)
El “Mecanismo experimental de acreditación de carreras”
(MEXA).
En
el ámbito del MERCOSUR se ha producido un intento de reconocimiento
de títulos y de estudios universitarios a partir del Memorandum
de Entendimiento firmado por los Ministros de Educación en
1998.
Así
como el reconocimiento para realizar actividades meramente
académicas fructificó rápidamente, el reconocimiento a efectos
profesionales (habilitar para el ejercicio de una determinada
profesión) ha sido más complicado y únicamente se ha avanzado
en la carrera de Agronomía (está también iniciado para Medicina
y para Ingeniería) Hay que añadir que los organismos competentes
para el reconocimiento son las Agencias Nacionales de Acreditación.
En cualquier caso, se
trata de la experiencia más interesante y que más lejos ha
llegado en materia de reconocimiento de títulos y de estudios
de nivel superior en Latinoamérica, aunque vemos que opera
respecto de estudios completos ya finalizados (con el consiguiente
título académico) y no tanto respecto de estudios parciales,
tal como ocurre en los programas de movilidad de estudiantes
de pregrado.
En Centroamérica, el
CSUCA creó el “Sistema centroamericano de evaluación
y acreditación de la educación superior (SICEVAES),
que también ha desarrollado iniciativas en el mismo sentido.
B)
El Proyecto Alfa TUNING AMERICA LATINA.
La
idea de crear algo similar al programa Tuning europeo en América
Latina surgió en el marco de la IV reunión de seguimiento
del ALCUE que se celebró en Córdoba en octubre de 2002. Desde
entonces, un grupo de universidades europeas y latinoamericanas
empezó a preparar el proyecto que fue presentado a la Comisión
Europea a finales de octubre de 2003 y finalmente aprobado
por ésta como Proyecto Alfa, coordinado por la Universidad
de Deusto. La propuesta Tuning para América Latina es, por
tanto, una idea intercontinental, un proyecto que se ha nutrido
de los aportes de académicos tanto europeos como latinoamericanos.
La idea de búsqueda de consensos es la misma, es única e universal,
lo que cambia son los actores y la impronta que brinda cada
realidad.
El
proyecto Alfa Tuning América Latina, que cuenta con la participación
de los 18 países de América Latina, busca "afinar"
las estructuras educativas de América Latina iniciando un
debate cuya meta es identificar e intercambiar información
y mejorar la colaboración entre las instituciones de educación
superior para el desarrollo de la calidad, efectividad y transparencia.
Este proyecto no se centra en los sistemas educativos sino
en las estructuras y el contenido de los estudios.
Uno
de los objetivos clave del Proyecto es contribuir al desarrollo
de titulaciones fácilmente comparables y comprensibles en
una forma articulada en toda América Latina. Se trata de alcanzar
un amplio consenso sobre la forma de entender los títulos,
desde el punto de vista de las actividades que los poseedores
de dichos títulos estarían en condiciones de desempeñar. De
esta forma, el punto de partida del proyecto es la búsqueda
de punto comunes de referencia centrándose en las competencias
y destrezas. La elección de usar puntos comunes de referencia
y no definiciones de títulos muestra un claro posicionamiento
ya que si los profesionales se van a establecer y buscar empleo
en otros países de América Latina, su educación tiene que
tener un importante nivel de consenso respecto a puntos de
referencia acordados conjuntamente y reconocidos dentro de
cada una de las áreas de disciplinas específicas (Ciencias
de la Educación, Historia, Administración de Empresas y Matemáticas)
en un primer momento. En el periodo de un año se unirán otras
120 universidades latinoamericanas trabajando en las áreas
de física, química, geología, enfermería, medicina, derecho,
arquitectura y las ingenierias
En
este sentido, el proyecto tendrá cuatro grandes líneas. La
primera la definición de las competencias, la segunda los
enfoques de enseñanza y aprendizaje, la tercera los créditos
académicos y la cuarta, la calidad de los programas. Unas
líneas que se desarrollarán de acuerdo a procesos ya definidos.
El
Proyecto cuenta con un Comité de Dirección y otro Comité de
Gestión, integrado por los coordinadores generales del proyecto,
los coordinadores de cada una de las áreas temáticas del proyecto
y representantes regionales. También se ha promovido la constitución
de Centros Nacionales Tuning en cada uno de los países latinoamericanos
(Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica,
Cuba, Educador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México,
Nicaragua, Paramá, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela) que
tiene como fin la difusión permanente de los avances desarrollados
por el proyecto. La estructura organizativa del Proyecto se
completa con grupos de trabajo integrados por un total de
62 universidades latinoamericanas.
C) Como decía antes, éste
es el aspecto en el que menos se ha avanzado, especialmente
en cuanto a conseguir una estructura más homogénea de las
titulaciones académicas.
Sin duda, aunque quede
lejano es un objetivo que no hay que perder de vista, ya que
uno de los grandes ejes para la creación del Espacio Europeo
de Educación Superior es precisamente esta labor de homogeneizar
(que no quiere decir igualar) las estructuras de los planes
de estudios de las titulaciones universitarias, tal como dice
la Declaración de Bolonia respecto del Espacio Europeo de
Educación Superior. Es sabido que el primer objetivo que fija
esta Declaración es la “adopción de un sistema de grados (académicos)
fácilmente legible y comparable ..… con
el fin de promover
la empleabilidad de los ciudadanos europeos y la competitividad
internacional del sistema europeo de educación superior”. Recordemos además que la declaración
final de la II Reunión de Ministros de Educación de América
Latina, el Caribe y la Unión Europea de abril de 2005 en México
señala que deben establecerse “mecanismos de comparabilidad
eficaces que permitan el reconocimiento de estudios, títulos
y competencias sustentados en sistemas nacionales de evaluación
y acreditación de programas educativos con reconocimiento
mutuo”
En este mismo sentido
dice el experto argentino en educación N. FERNÁNDEZ LAMARRA
que “la transformación de los sistemas europeos de educación
superior, históricamente diferenciados, hacia un modelo común,
es un desafío que América Latina debe conocer y discutir.
No para copiarlos ni para reproducirlos de manera mecánica,
sino para partir de la experiencia europea de convergencia
y de creación de su propio espacio común de educación superior.
Se podrá tomar o no la estructura bachillerato-maestría-doctorado,
y se podrán asumir o no criterios análogos al sistema europeo
de créditos transferibles. Lo importante es trabajar para
la articulación y la convergencia de los sistemas nacionales
de educación superior con marcos y criterios comunes”.
[13]
Así pues,
si se quiere avanzar en la creación de EIBES, habrá que empezar
a pensar y a realizar pasos en esta dirección, por difíciles
y complejos que resulten.