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El concepto de calidad en la educación superior
no debe verse como un concepto estático, atado a sus
tradiciones que no ha cambiado durante el paso de los
años, por el contrario debe asumir
el rol que le corresponde, ligado a su esencia:
la satisfacción de las crecientes necesidades sociales
a través de la producción de conocimientos, de cultura,
y ello está en constante movimiento. De hecho el concepto
de calidad de hoy difiere sustancialmente al de años
atrás.
En consecuencia la calidad debe medirse a través
del grado de cumplimiento de la institución de educación
superior de su misión, o sea, de resguardar, trasmitir
y desarrollar la cultura universal. Sin embargo, muchos
sistemas de evaluación miden un sinnúmero de indicadores
que no reflejan el cumplimiento de dicha misión. Precisamente
el objetivo de este modesto trabajo es el lograr un
sistema dinámico de autoevaluación que constantemente
le proporcione información a la institución de educación
superior para que pueda tomar las decisiones oportunas
y pertinentes que la hagan dirigirse hacia la calidad.
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DESARROLLO
La Educación Superior como sistema
autopoiético en la producción de cultura.
La Universidad, como eslabón de la
Educación Superior, es un sistema
complejo. No solo por la cantidad de elementos objetivos
y subjetivos, y sus relaciones, que están presentes
en el quehacer universitario sino porque además en ella
se manifiesta un determinado grado de incertidumbre
en todos sus procesos. Ello está dado, en gran medida,
por la influencia permanente de los siempre crecientes
reclamos y necesidades sociales, lo cual impone un enfoque
complejo con el que se debe abordar la gestión de los
procesos en la Educación Superior.
Como sistema abierto, el intercambio
de información de tal sistema con el entorno es el mecanismo
mediante el cual recibe las señales del mismo. Al adquirir
información acerca, tanto de su entorno como de la interacción
entre el propio sistema y dicho entorno, es capaz de
identificar regularidades y transformarlas en un modelo
de actuación sobre el mundo real para lograr su adaptación,
lo que lo convierte en un sistema complejo adaptativo.
Para realizar este intercambio de información con el
entorno, el sistema debe identificarse ante este, o
sea, diferenciarse y para ello se envuelve en una coraza
virtual para funcionar como un sistema cerrado. A este
fenómeno se le conoce como clausura operacional.
A su vez, la Universidad es un sistema
que produce cultura a partir de la cultura existente.
Es un sistema autopoiético. El concepto de “organismo
autopoiético” está vinculado al de “homeostasis”. La
homeostasis es la propiedad autorreguladora (por retroalimentación)
de un sistema u organismo que permite mantener en estado
de equilibrio su identidad. Un organismo autopoiético
es un sistema homeostático cuya variable esencial que
mantiene el equilibrio es su propia organización, su
red de relaciones. Ésta genera, especifica y mantiene
su organización produciendo sus propios componentes
una y otra vez, recurrentemente, compensando las perturbaciones
del ambiente por medio de la retroalimentación.
En la interacción entre el sistema y el entorno,
el primero va realizando cambios en su interior de acuerdo
al último, cambios que decide y especifica el propio
sistema. De aquí se deduce que es el sistema el que
decide en última estancia el cambio y no el entorno,
los cambios no provienen del entorno, no son exógenos,
sino todo lo contrario, son endógenos.
Para tratar a la universidad como
un sistema complejo autopoiético, debe garantizarse,
en primera instancia, que este conforme una red de interacciones
sociales que se produzcan y reproduzcan a través del
tiempo y el espacio. En consecuencia, se ha de distinguir,
dentro de la red de interacciones, aquel elemento que
se produce y reproduce que caracteriza a la universidad.
Por mucho tiempo se pensó en el aprendizaje
como el elemento clave, pero el hombre no se relaciona
con la naturaleza con el fin de aprenderla solamente,
si no de transformarla y en esa acción es que se transforma
así mismo. Sin embargo, cuando se habla de producción
de conocimientos, está implícito el hecho de la transformación
de la naturaleza, de convertir la realidad en un sistema
abstracto, en un modelo de carácter semiótico y hermenéutico,
que sólo es posible cuando se penetra la esencia misma
de la realidad objetiva y a partir de ella se produce
cultura (Portuondo, 2003).
Se toma, además, como premisa esencial, que no
puede haber transformación de la universidad hacia la
calidad sin una reconceptualización del proceso formativo;
no habrá verdadero cambio institucional, curricular,
cultural si no hay cambios en lo que acontece en los
salones de clases, laboratorios, bibliotecas o centros
de investigaciones.
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Modelo para el aseguramiento sostenible de la calidad de
la educación.
Los autores proponen un modelo para el aseguramiento
de la calidad de la educación superior sobre las premisas
anteriormente expuestas, en el cual es importante destacar
el rol de la evaluación.
En la descripción del modelo, se hará evidente
el importante papel que la evaluación, en este caso
interna o autoevaluación, juega en el proceso de cambio.
En períodos de monotonía funcional,
(fenómeno asociado a organizaciones sociales, en las
cuales existe uniformidad aparente en el comportamiento
de su desarrollo, provocada por anomalías funcionales
imperceptibles y por falta de lazos de retroalimentación,
que oscila alrededor del estado del equilibrio termodinámico.
Crespo, (2003)), los indicadores que la organización establece para medir su desarrollo, no están en correlación
con su función fundamental y el sistema organizacional
puede, inclusive, autorregularse alrededor de funciones
distorsionadas, creando la imposibilidad de detectar
los impedimentos fundamentales
para lograr desarrollarse, ya que convive con
sus problemas, cayendo en un
período de estancamiento.
Para que se produzca el cambio, según Diegoli
(2003), las creencias que forman el paradigma compartido
deben ser desafiadas. Pueden existir varias maneras
de que esto ocurra: a través de una intervención externa
al sistema (como pudiera ocurrir con evaluaciones externas),
o mediante procesos auto generados internamente en el
sistema que pongan en discusión las opiniones válidas
como ciertas hasta entonces.
Los autores adoptan
el modelo de Jantsch (1980), citado por Diegoli
(2003) sobre la autoorganización disipativa, que ofrece
elementos clave para discutir la importancia de romper
los paradigmas compartidos para que el sistema funcione
como una estructura disipativa y pueda crear oportunidades
de autoorganización para el sistema.
Digamos que el punto de partida del
modelo, (Fig. 1), es un estado inicial de equilibrio
o cercano al equilibrio (1), es decir, la universidad
funciona a partir de sus paradigmas compartidos establecidos,
correspondientes a una etapa de monotonía funcional.
Para lograr que en el
sistema se tenga una dinámica de estructura disipativa,
el primer paso es un movimiento hacia el desequilibrio
(2). Para ello, el paradigma de la autoorganización
a través de las estructuras disipativas requiere una
apertura inicial a la inestabilidad.
Figura 1. Modelo de autoorganización
disipativa (adaptado libremente de Jantsch, 1980).
El sistema debe permitir
la acción de alguna fuerza (o combinación de fuerzas)
sobre el para crear una situación de desequilibrio que
no sea reversible. Estas fuerzas responsables de generar
inestabilidades no son sencillas de aplicar y reciben
mucha
resistencia justamente
porque afectan el equilibrio actual y no pasan fácilmente
por las estructuras existentes.
El
sistema se volverá cada vez menos coherente con
su entorno cuanto más resistencia ofrezca a estas fuerzas,
y cuanto más continuas sean estas. La consecuencia final
de la resistencia es la tendencia a su disolución, ya
que el sistema estático (que no cambia) no puede ni
resistir ni procesar la turbulencia a la cual atraviesa.
Un aspecto importante muy
estudiado y destacado por Prigogine (1997) es
la irreversibilidad de los procesos disipativos.
Siguiendo este principio, la condición de desequilibrio
del sistema debe ser irreversible, o en otras palabras,
debe ser lo suficientemente severa para que no permita
restablecer los parámetros de equilibrio originales.
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En la dinámica cotidiana universitaria, se pueden
identificar varias fuerzas sociales que actúan para
traer desequilibrio. Estas fuerzas pueden ser internas
o externas. Como ejemplos de fuerzas internas se tiene:
la distribución de tareas,
división de responsabilidades, dinámica de comunicación,
dinámica interpersonal, estructura de categorías docentes.
Como ejemplos de fuerzas externas: la sobrecarga de
información, condiciones financieras, extensión de los
servicios (universalización), presión por acreditarse.
Internamente, la propia dinámica de comunicación
y de relaciones entre los elementos produce turbulencia.
Externamente, el sistema está en intercambio y negociación
con muchas fuerzas sociales que contribuyen a su inestabilidad.
La aplicación de una
evaluación, ya sea externa
o interna, que sea capaz de develar el desarrollo
de los actores fundamentales, que caracterice las potencialidades
de estos puede conducir al
próximo paso,
la ruptura espontánea de la simetría (3). Una
vez que se consiga que el sistema funcione actuando
lejos del equilibrio, un comportamiento consciente natural
es la posterior ruptura de las estructuras y relaciones
existentes, oponiéndose a la tendencia autoprotectora
de establecerse estáticamente en los patrones ya establecidos
(el paradigma compartido). Los indicadores que se utilicen,
por ejemplo, para autoevaluar
una carrera deben ser capaces de caracterizar el
desarrollo de la carrera, develando las potencialidades
de los sujetos e impulsando al cambio de los paradigmas
compartidos y con ello a la ruptura de la simetría.
Como se comentó anteriormente,
las fuerzas que posibilitan la apertura al cambio del
paradigma compartido del sistema no tienen por que ser
de gran magnitud. La no-linealidad toma forma y actúa
el efecto mariposa: la existencia de relaciones no coherentes,
paradojas u otras inestabilidades hacen con que un pequeño
incidente o ambigüedad sean suficientes para provocar
la ruptura.
La ruptura de simetría
es una respuesta natural del sistema frente a condiciones
alejadas del equilibrio. El propio proceso de ruptura
empuja el sistema hacia el caos, oponiéndose a la tendencia
de establecerse estáticamente en los patrones de comportamiento
ya establecidos (el paradigma compartido). Este paso
debe llevar a la reflexión colectiva sobre la estructura existente y crear
un espacio al desarrollo e internalización de nuevas
formas de funcionar, donde el cuestionamiento colectivo
destruye las creencias compartidas del paradigma que
ya no es efectivo.
El siguiente movimiento
(4) es un proceso de experimentación en el que se explora
una variedad de estructuras y relaciones alternativas,
que ofrecen nuevas posibilidades en forma de bifurcaciones.
La experimentación se refiere a un comportamiento activo
no necesariamente vinculado a metas específicas.
Para que el sistema
funcione como una estructura disipativa (5), es necesario
un proceso de introspección, a través del cual
la organización evalúa internamente las nuevas
estructuras generadas, se vuelve hacia si misma, compara
sus resultados con los alcanzados por
ella misma. En este proceso, es necesario el
mantenimiento de una fuente de referencia interna y
profunda, como representante de los aprendizajes anteriores
y de la evolución del sistema; además la organización
se compara con otras organizaciones de excelencia,
con el fin de obtener información que
le permita ejecutar acciones para mejorar su
desempeño.
La dinámica de resonancia
y del movimiento orquestado del sistema “como un todo”
(6) involucra el restablecimiento de las fronteras perimétricas
seguida de una gran habilidad para funcionar en o muy
cerca de estas fronteras.
En la universidad, la
resonancia debe ser obtenida a través de la amplificación
de nuevas estructuras para el procesamiento de información
y energía mediante procesos de experimentación y autorreferencia.
Para eso se necesita sentir afinidad con las nuevas
estructuras emergentes. Como la dinámica turbulenta
realiza el cambio estructural previo, también es necesario
que las fronteras se reconstruyan continuamente, mediante
la afinidad que sienta con la innovación, para que se mueva como una unidad hacia esta nueva manera
de funcionamiento.
En estas condiciones
el sistema se comporta verdaderamente como una estructura
disipativa y continuamente se encuentra en un proceso
de toma de decisiones (7). El sistema puede entonces
autoorganizarse. La evaluación ha de funcionar de forma
tal que se cuestione la situación nueva alcanzada y
obligue a ejecutar de nuevo el ciclo de transformación,
funcionando como hiperciclos catalíticos (8), donde
los indicadores de autoevaluación se convierten en catalizadores.
El sistema es caracterizado
por una gran circularidad, apareciendo ciclos que producen
estados alejados del equilibrio y de gran estabilidad,
lo que es equivalente a un desarrollo sostenible de
la calidad en la organización y permite ir adaptando
los planes de desarrollo, individuales y colectivos,
a las necesidades. En cada ciclo los indicadores son
adaptados a las nuevas exigencias de desarrollo, teniendo en cuenta que estos indicadores deben
develar las potencialidades de los actores fundamentales.
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CONCLUSIONES
A modo de conclusión
los autores quieren puntualizar la idea que defienden
sobre la necesidad de un sistema dinámico de autoevaluación
que adecue sus indicadores a las crecientes exigencias
de desarrollo, con lo cual el sistema nunca se estabilizará
alrededor de indicadores diseñados en el pasado, contribuyendo
a enrumbar la institución hacia el futuro.
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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.
1.
Crespo Zafra L, Romero
C. y Portuondo R (2003). “La monotonía funcional:
impedimento para el desarrollo de las organizaciones
de educación superior”. Memorias de la VII Conferencia
Internacional de Ciencias de la Educación. CD- ROM:
“Educación para todos” ISBN 959-16-0230-8, Camagüey.
2.
Crespo Zafra L, Romero
C. y Portuondo R. (2004). “La evaluación de la
dinámica curricular desde el enfoque de la Complejidad”.
Revista Cuadernos de Educación Superior.
Madrid. Septiembre-Diciembre.
3.
Diegoli, Samantha (2003)
“El
comportamiento de los grupos pequeños de trabajo bajo
la perspectiva de la complejidad: Modelos descriptivos
y estudios de casos”. Tesis en opción del grado científico
de doctor. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona.
España, p 282
4.
Maturana, Humberto R. y Varela, Francisco J.
(1973). “De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, la organización
de lo vivo”. Santiago de Chile: Editorial Universitaria
(4ª edición), 1994.
5.
Portuondo, R.(2003) “Educación
y Complejidad”. Memorias del Congreso de Educación y
Cultura, La Habana.
6.
Prigogine I. (1993). “¿Tan Solo
Una Ilusión? Una exploración del Caos al Orden”. Tusquets
Editores SA. Barcelona
7.
Prigogine I. (1997) “El Fin de las certidumbres”. Editorial Andrés
Bello. Santiago.
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