CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año III - Número 8 - Septiembre 2005
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HACIA UN CONCEPTO DINAMICO DE LA CALIDAD DE LA EDUCACION SUPERIOR.
Lourdes Mariana Crespo Zafra, Roberto Portuondo Padrón y Carlos Emilio Romero Perdomo


INTRODUCCIÓN

DESARROLLO

     La Educación Superior como sistema autopoiético en la producción de cultura.

     Modelo para el aseguramiento sostenible de la calidad de la educación.

CONCLUSIONES

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.



INTRODUCCIÓN

El concepto de calidad en la educación superior no debe verse como un concepto estático, atado a sus tradiciones que no ha cambiado durante el paso de los años, por el contrario debe asumir  el rol que le corresponde, ligado a su esencia: la satisfacción de las crecientes necesidades sociales a través de la producción de conocimientos, de cultura, y ello está en constante movimiento. De hecho el concepto de calidad de hoy difiere sustancialmente al de años atrás. 

En consecuencia la calidad debe medirse a través del grado de cumplimiento de la institución de educación superior de su misión, o sea, de resguardar, trasmitir y desarrollar la cultura universal. Sin embargo, muchos sistemas de evaluación miden un sinnúmero de indicadores que no reflejan el cumplimiento de dicha misión. Precisamente el objetivo de este modesto trabajo es el lograr un sistema dinámico de autoevaluación que constantemente le proporcione información a la institución de educación superior para que pueda tomar las decisiones oportunas y pertinentes que la hagan dirigirse hacia la calidad.

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DESARROLLO

La Educación Superior como sistema autopoiético en la producción de cultura.

La Universidad, como eslabón de la Educación Superior, es un sistema complejo. No solo por la cantidad de elementos objetivos y subjetivos, y sus relaciones, que están presentes en el quehacer universitario sino porque además en ella se manifiesta un determinado grado de incertidumbre en todos sus procesos. Ello está dado, en gran medida, por la influencia permanente de los siempre crecientes reclamos y necesidades sociales, lo cual impone un enfoque complejo con el que se debe abordar la gestión de los procesos en la Educación Superior.

Como sistema abierto, el intercambio de información de tal sistema con el entorno es el mecanismo mediante el cual recibe las señales del mismo. Al adquirir información acerca, tanto de su entorno como de la interacción entre el propio sistema y dicho entorno, es capaz de identificar regularidades y transformarlas en un modelo de actuación sobre el mundo real para lograr su adaptación, lo que lo convierte en un sistema complejo adaptativo. Para realizar este intercambio de información con el entorno, el sistema debe identificarse ante este, o sea, diferenciarse y para ello se envuelve en una coraza virtual para funcionar como un sistema cerrado. A este fenómeno se le conoce como clausura operacional.

A su vez, la Universidad es un sistema que produce cultura a partir de la cultura existente. Es un sistema autopoiético. El concepto de “organismo autopoiético” está vinculado al de “homeostasis”. La homeostasis es la propiedad autorreguladora (por retroalimentación) de un sistema u organismo que permite mantener en estado de equilibrio su identidad. Un organismo autopoiético es un sistema homeostático cuya variable esencial que mantiene el equilibrio es su propia organización, su red de relaciones. Ésta genera, especifica y mantiene su organización produciendo sus propios componentes una y otra vez, recurrentemente, compensando las perturbaciones del ambiente por medio de la retroalimentación.

En la interacción entre el sistema y el entorno, el primero va realizando cambios en su interior de acuerdo al último, cambios que decide y especifica el propio sistema. De aquí se deduce que es el sistema el que decide en última estancia el cambio y no el entorno, los cambios no provienen del entorno, no son exógenos, sino todo lo contrario, son endógenos.

Para tratar a la universidad como un sistema complejo autopoiético, debe garantizarse, en primera instancia, que este conforme una red de interacciones sociales que se produzcan y reproduzcan a través del tiempo y el espacio. En consecuencia, se ha de distinguir, dentro de la red de interacciones, aquel elemento que se produce y reproduce que caracteriza a la universidad.

Por mucho tiempo se pensó en el aprendizaje como el elemento clave, pero el hombre no se relaciona con la naturaleza con el fin de aprenderla solamente, si no de transformarla y en esa acción es que se transforma así mismo. Sin embargo, cuando se habla de producción de conocimientos, está implícito el hecho de la transformación de la naturaleza, de convertir la realidad en un sistema abstracto, en un modelo de carácter semiótico y hermenéutico, que sólo es posible cuando se penetra la esencia misma de la realidad objetiva y a partir de ella se produce cultura (Portuondo, 2003).

Se toma, además, como premisa esencial, que no puede haber transformación de la universidad hacia la calidad sin una reconceptualización del proceso formativo; no habrá verdadero cambio institucional, curricular, cultural si no hay cambios en lo que acontece en los salones de clases, laboratorios, bibliotecas o centros de investigaciones.

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Modelo para el aseguramiento sostenible de la calidad de la educación.

Los autores proponen un modelo para el aseguramiento de la calidad de la educación superior sobre las premisas anteriormente expuestas, en el cual es importante destacar el rol de la evaluación.  En la descripción del modelo, se hará evidente el importante papel que la evaluación, en este caso interna o autoevaluación, juega en el proceso de cambio.

En períodos de monotonía funcional, (fenómeno asociado a organizaciones sociales, en las cuales existe uniformidad aparente en el comportamiento de su desarrollo, provocada por anomalías funcionales imperceptibles y por falta de lazos de retroalimentación, que oscila alrededor del estado del equilibrio termodinámico. Crespo, (2003)),  los indicadores que la organización establece  para medir su desarrollo, no están en correlación con su función fundamental y el sistema organizacional puede, inclusive, autorregularse alrededor de funciones distorsionadas, creando la imposibilidad de detectar los impedimentos fundamentales  para lograr desarrollarse, ya que convive con sus problemas, cayendo en un  período de estancamiento.

Para que se produzca el cambio, según Diegoli (2003), las creencias que forman el paradigma compartido deben ser desafiadas. Pueden existir varias maneras de que esto ocurra: a través de una intervención externa al sistema (como pudiera ocurrir con evaluaciones externas), o mediante procesos auto generados internamente en el sistema que pongan en discusión las opiniones válidas como ciertas hasta entonces.

Los autores adoptan el modelo de Jantsch (1980), citado por Diegoli (2003) sobre la autoorganización disipativa, que ofrece elementos clave para discutir la importancia de romper los paradigmas compartidos para que el sistema funcione como una estructura disipativa y pueda crear oportunidades de autoorganización para el sistema.

Digamos que el punto de partida del modelo, (Fig. 1), es un estado inicial de equilibrio o cercano al equilibrio (1), es decir, la universidad funciona a partir de sus paradigmas compartidos establecidos, correspondientes a una etapa de monotonía funcional.

Para lograr que en el sistema se  tenga una dinámica de estructura disipativa, el primer paso es un movimiento hacia el desequilibrio (2). Para ello, el paradigma de la autoorganización a través de las estructuras disipativas requiere una apertura inicial a la inestabilidad.

Figura 1. Modelo de autoorganización disipativa

Figura 1. Modelo de autoorganización disipativa (adaptado libremente de Jantsch, 1980).

 

El sistema debe permitir la acción de alguna fuerza (o combinación de fuerzas) sobre el para crear una situación de desequilibrio que no sea reversible. Estas fuerzas responsables de generar inestabilidades no son sencillas de aplicar y reciben mucha resistencia justamente porque afectan el equilibrio actual y no pasan fácilmente por las estructuras existentes.

El  sistema se volverá cada vez menos coherente con su entorno cuanto más resistencia ofrezca a estas fuerzas, y cuanto más continuas sean estas. La consecuencia final de la resistencia es la tendencia a su disolución, ya que el sistema estático (que no cambia) no puede ni resistir ni procesar la turbulencia a la cual atraviesa.

Un aspecto importante muy estudiado y destacado por Prigogine (1997) es  la irreversibilidad de los procesos disipativos. Siguiendo este principio, la condición de desequilibrio del sistema debe ser irreversible, o en otras palabras, debe ser lo suficientemente severa para que no permita restablecer los parámetros de equilibrio originales.

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En la dinámica cotidiana universitaria, se pueden identificar varias fuerzas sociales que actúan para traer desequilibrio. Estas fuerzas pueden ser internas o externas. Como ejemplos de fuerzas internas se tiene: la distribución de tareas, división de responsabilidades, dinámica de comunicación, dinámica interpersonal, estructura de categorías docentes. Como ejemplos de fuerzas externas: la sobrecarga de información, condiciones financieras, extensión de los servicios (universalización), presión por acreditarse.

Internamente, la propia dinámica de comunicación y de relaciones entre los elementos produce turbulencia. Externamente, el sistema está en intercambio y negociación con muchas fuerzas sociales que contribuyen a su inestabilidad.

La aplicación de una evaluación, ya sea externa  o interna, que sea capaz de develar el desarrollo de los actores fundamentales, que caracterice las potencialidades de estos puede conducir al  próximo paso,  la ruptura espontánea de la simetría (3). Una vez que se consiga que el sistema funcione actuando lejos del equilibrio, un comportamiento consciente natural es la posterior ruptura de las estructuras y relaciones existentes, oponiéndose a la tendencia autoprotectora de establecerse estáticamente en los patrones ya establecidos (el paradigma compartido). Los indicadores que se utilicen, por ejemplo, para  autoevaluar una  carrera deben ser capaces de caracterizar el desarrollo de la carrera, develando las potencialidades de los sujetos e impulsando al cambio de los paradigmas compartidos y con ello a la ruptura de la simetría. 

Como se comentó anteriormente, las fuerzas que posibilitan la apertura al cambio del paradigma compartido del sistema no tienen por que ser de gran magnitud. La no-linealidad toma forma y actúa el efecto mariposa: la existencia de relaciones no coherentes, paradojas u otras inestabilidades hacen con que un pequeño incidente o ambigüedad sean suficientes para provocar la ruptura.

La ruptura de simetría es una respuesta natural del sistema frente a condiciones alejadas del equilibrio. El propio proceso de ruptura empuja el sistema hacia el caos, oponiéndose a la tendencia de establecerse estáticamente en los patrones de comportamiento ya establecidos (el paradigma compartido). Este paso debe llevar a la reflexión  colectiva sobre la estructura existente y crear un espacio al desarrollo e internalización de nuevas formas de funcionar, donde el cuestionamiento colectivo destruye las creencias compartidas del paradigma que ya no es efectivo.

El siguiente movimiento (4) es un proceso de experimentación en el que se explora una variedad de estructuras y relaciones alternativas, que ofrecen nuevas posibilidades en forma de bifurcaciones. La experimentación se refiere a un comportamiento activo no necesariamente vinculado a metas específicas.

Para que el sistema funcione como una estructura disipativa (5), es necesario un proceso de introspección, a través del cual  la organización evalúa internamente las nuevas estructuras generadas, se vuelve hacia si misma, compara sus resultados con los alcanzados por  ella misma. En este proceso, es necesario el mantenimiento de una fuente de referencia interna y profunda, como representante de los aprendizajes anteriores y de la evolución del sistema; además la organización se compara con otras organizaciones de excelencia,  con el fin de obtener información que  le permita ejecutar acciones para mejorar su desempeño.

La dinámica de resonancia y del movimiento orquestado del sistema “como un todo” (6) involucra el restablecimiento de las fronteras perimétricas seguida de una gran habilidad para funcionar en o muy cerca de estas fronteras.

En la universidad, la resonancia debe ser obtenida a través de la amplificación de nuevas estructuras para el procesamiento de información y energía mediante procesos de experimentación y autorreferencia. Para eso se necesita sentir afinidad con las nuevas estructuras emergentes. Como la dinámica turbulenta realiza el cambio estructural previo, también es necesario que las fronteras se reconstruyan continuamente, mediante la afinidad que sienta con la innovación, para que  se mueva como una unidad hacia esta nueva manera de funcionamiento.

En estas condiciones el sistema se comporta verdaderamente como una estructura disipativa y continuamente se encuentra en un proceso de toma de decisiones (7). El sistema puede entonces autoorganizarse. La evaluación ha de funcionar de forma tal que se cuestione la situación nueva alcanzada y obligue a ejecutar de nuevo el ciclo de transformación, funcionando como hiperciclos catalíticos (8), donde los indicadores de autoevaluación se convierten en catalizadores.

El sistema es caracterizado por una gran circularidad, apareciendo ciclos que producen estados alejados del equilibrio y de gran estabilidad, lo que es equivalente a un desarrollo sostenible de la calidad en la organización y permite ir adaptando los planes de desarrollo, individuales y colectivos, a las necesidades. En cada ciclo los indicadores son adaptados a las nuevas exigencias de desarrollo, teniendo  en cuenta que estos indicadores  deben develar las potencialidades de los actores fundamentales.

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CONCLUSIONES

A modo de conclusión los autores quieren puntualizar la idea que defienden sobre la necesidad de un sistema dinámico de autoevaluación que adecue sus indicadores a las crecientes exigencias de desarrollo, con lo cual el sistema nunca se estabilizará alrededor de indicadores diseñados en el pasado, contribuyendo a enrumbar la institución hacia el futuro.

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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS.

1.      Crespo Zafra L, Romero  C. y Portuondo R (2003). “La monotonía funcional: impedimento para el desarrollo de las organizaciones de educación superior”. Memorias de la VII Conferencia Internacional de Ciencias de la Educación. CD- ROM: “Educación para todos” ISBN 959-16-0230-8, Camagüey.

2.      Crespo Zafra L, Romero  C. y Portuondo R. (2004). “La evaluación de la dinámica curricular desde el enfoque de la Complejidad”. Revista Cuadernos de Educación Superior. Madrid. Septiembre-Diciembre.

3.      Diegoli, Samantha (2003)El comportamiento de los grupos pequeños de trabajo bajo la perspectiva de la complejidad: Modelos descriptivos y estudios de casos”. Tesis en opción del grado científico de doctor. Facultad de Psicología. Universidad de Barcelona. España, p 282

4.      Maturana, Humberto R. y Varela, Francisco J. (1973).De máquinas y seres vivos: Autopoiesis, la organización de lo vivo”. Santiago de Chile: Editorial Universitaria (4ª edición), 1994.

5.      Portuondo, R.(2003) “Educación y Complejidad”. Memorias del Congreso de Educación y Cultura, La Habana.

6.      Prigogine I. (1993). “¿Tan Solo Una Ilusión? Una exploración del Caos al Orden”. Tusquets Editores SA. Barcelona

7.      Prigogine I. (1997)  “El Fin de las certidumbres”. Editorial Andrés Bello. Santiago.

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