CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año III - Número 8 - Septiembre 2005
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UNA NUEVA ETAPA EN EL INTERCAMBIO ACADÉMICO ESPAÑA Y AMÉRICA LATINA.
(*)

Paulo Renato Souza



La cooperación internacional en la construcción de la universidad latinoamericana.


Educación en la Sociedad del Conocimiento
  

Áreas posibles para la cooperación de España con América Latina


Recursos



La cooperación internacional en la construcción de la universidad latinoamericana.

No son nuevas, por cierto, las relaciones entre Europa y América Latina  en el campo educacional y en especial en la educación superior. El rol de España en ese particular ha sido mucho más importante en el pasado de lo que es hoy. Las primeras universidades en América Latina surgieron durante el período colonial, especialmente en la América Hispana. En el Brasil, a pesar de que las primeras escuelas superiores nacieron después de la independencia, la presencia europea fue notable en ese movimiento a lo largo del siglo XIX, y su contribución a la fundación de las primeras universidades en las primeras décadas del siglo XX fue decisiva. La Universidad de São Paulo es, sin duda, el mejor ejemplo de la inestimable contribución y del éxito que han tenido las misiones académicas europeas y no se trata de un caso aislado.

         En las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, aumentó la atracción ejercida por las universidades y los centros de investigación de los Estados Unidos sobre estudiantes, docentes, investigadores e incluso actores clave en las definiciones de las políticas educacionales de América Latina. Ello se debió al incuestionable liderazgo de ese país en los campos científico y tecnológico, al avance del idioma inglés como lengua franca en el medio académico y a la acción decidida de innumerables fundaciones y entidades norteamericanas de fomento científico en la región. No hay que despreciar, por otra parte, el papel de las políticas de formación de recursos humanos que han adoptado los mismos países latinoamericanos y que ha provocado un flujo muy apreciable de estudiantes, docentes e investigadores a las universidades norteamericanas, superando en mucho a los tradicionales destinos europeos.  

         Los países europeos han estado apelando crecientemente a las relaciones bilaterales con los países de América Latina para hacer frente a esa tendencia, diseñando nuevos programas que procuran hacer más atractivas la cooperación y la búsqueda de oportunidades de formación en universidades europeas. Los países más activos en ese proceder han sido Francia, Alemania y en menor medida el Reino Unido. La Unión Europea, en paralelo a las iniciativas nacionales, ha implantado programas multilaterales de apoyo a la investigación, a la formación en los niveles de grado y de postgrado y a la constitución de redes temáticas de universidades. La larga e importante historia de la relación entre las dos regiones no ha impedido que los sistemas de educación superior en los países latinoamericanos  hayan seguido caminos propios, enfrentando desafíos y problemas muy distintos a los que han determinado las transformaciones en los países europeos. En ese contexto se presentan hoy muy claramente amplias oportunidades para un rol mucho más activo de España en la cooperación con los sistemas de enseñanza superior de América Latina. 

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Educación en la Sociedad del Conocimiento   

La Sociedad del Conocimiento en que vivimos impone a los sistemas educacionales el desafío de ofrecer a todos la posibilidad de una educación permanente. Para ello, todas las personas deben tener, de una parte, la capacidad de aprender y, de otra, las oportunidades de actualizar constantemente sus conocimientos. La primera parte debe ser tarea de un sistema de educación básica universal y de buena calidad; la segunda parte depende de la existencia de un amplio, diverso y sofisticado sistema de educación postsecundaria. En él, las universidades tradicionales que antes se confundían con el universo de la educación superior, en la actualidad solamente son una parte del sistema. Seguramente son la parte más importante y su columna vertebral, pero la atención hacia las necesidades de formación y de actualización profesional actualmente está en manos de un conjunto muy amplio de instituciones. La educación superior concentrada en una etapa de la vida de las personas es también un concepto que va siendo rápidamente superado, así como las formas de educación no presencial tienden a ganar un espacio cada vez mayor.

Lo esencial para que este nuevo sistema atienda a la demanda social es que posea calidad, es decir, que represente una diferencia en la vida de las personas cada vez que deban recurrir a él. La regulación de los sistemas de enseñanza debe asegurar que cada institución cumpla los objetivos que se propone. Por todas esas razones los temas de evaluación educativa y de acreditación institucional están ganando espacio en la nueva sociedad y forman parte de los esfuerzos ineludibles de las naciones en el ofrecimiento de servicios educativos de calidad.

Por otro lado, el proceso de globalización comienza a alcanzar también al sector educativo. Las facilidades de transporte y comunicación y los procesos de integración política y económica crean más posibilidades que nunca de intercambio educativo e, incluso, de comercio de servicios educativos. Una nueva revolución tecnológica basada en el impulso de la producción, el almacenamiento y la comunicación interactiva de datos e informaciones ha servido como plataforma para la definitiva globalización de la economía capitalista. Hemos ingresado a la era de la “sociedad en red” que amenaza las prerrogativas de los estados nacionales y abre a todos los pueblos, tanto las potencialidades positivas de las transformaciones científicas y tecnológicas, como los impactos negativos de la acción económica de agentes privados cada vez más fuertes frente a los mecanismos tradicionales de regulación y control.

El crecimiento de la demanda de oportunidades de calificación que aumenten las oportunidades individuales en un mercado global de trabajo es uno de los efectos del proceso de globalización. Las ventajas relativas de los países con sólidos sistemas de formación profesional y educación postsecundaria son muy grandes. Para que los sistemas de educación superior no pierdan su importancia en el proceso de constitución de la identidad y de construcción de las soberanías nacionales, es esencial el establecimiento de reglas claras que ayuden a la definición de lo que puede ser comercializado como servicio.

Ello no significa que no se pueda y no sea conveniente estrechar a los lazos de cooperación internacional para hacer compatibles justamente el cumplimiento de los dictámenes nacionales y la necesidad de formar al ciudadano global. La tradición y la calidad de las universidades de España es un activo inestimable que el sistema Iberoamericano posee para hacer progresar a todo el sistema de enseñanza superior de ese sistema supranacional, por medio de una estrategia amplia de cooperación entre las instituciones de enseñanza superior de todos los países. 

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Áreas posibles para la cooperación de España con América Latina

Los ejes prioritarios y los temas que inspiraron el Plan de Acción delEspacio Común de Educación Superior entre la Unión Europea, América Latina y el Caribe – UEALC” – o sea, Evaluación, Acreditación, Movilidad, son pertinentes, importantes y capaces de orientar la elaboración de una estrategia de acción relevante para el desarrollo de la educación superior en América Latina en esa era de la Sociedad del Conocimiento. Esos tres pilares pueden ser adoptados individualmente por España para orientar una nueva etapa de cooperación internacional con América Latina en el ámbito de la educación superior.

Una primera área de atención debe ser el debate en torno a los mecanismos de reconocimiento recíproco de estudios y grados. Éste sería el paso inicial que apunta hacia la constitución en el futuro de un sistema de educación postsecundario que posea elementos comunes o integrados entre los países. Es posible imaginar que podamos construir un sistema en el cual los estudiantes – jóvenes o adultos – puedan transitar y moverse, ya sea físicamente, ya sea de manera virtual a distancia, entre las instituciones educacionales de España y América Latina en un sistema integrado y de amplio reconocimiento recíproco. Esta visión torna imperativo dar prioridad a los procesos de evaluación y acreditación como pasos iniciales para un futuro sistema de reconocimiento amplio de estudios y grados. Lanzar las bases para la evaluación y acreditación internacional sería una contribución histórica de extrema relevancia.

Evaluación y acreditación son temas muy actuales y centrales en las políticas, tanto institucionales como gubernamentales, para la mejora de la calidad de la educación superior en casi todos los países. Sin embargo, el desarrollo de iniciativas en ese campo entre los países es muy desigual. Algunos poseen sistemas muy sofisticados que contemplan roles específicos para agentes gubernamentales y no gubernamentales, pero en otros todavía se discute el carácter alcance que tales iniciativas deben asumir.

En Europa los avances en ese campo han sido notables en los últimos años. Desde la conferencia de Bolonia está en marcha un proceso que tendrá como resultado un sistema verdaderamente Europeo de educación superior. Ése es un paso importante en el esfuerzo de consolidación de la propia Unión Europea y es consecuencia de los mismos avances ya alcanzados en el proceso de integración. No se puede tener como expectativa una transposición de esa experiencia en América Latina, pero ella puede inspirar movimientos en las sub-regiones en donde ya está en curso un proceso de integración como es el caso del MERCOSUR o del Grupo Andino. Es importante que se intensifique la divulgación de informaciones sobre esos avances y, en particular, que se produzca un estrechamiento del diálogo de España con el Grupo de Trabajo sobre Educación Superior del MERCOSUR y la construcción de una agenda común de acompañamiento y reflexión sobre ese campo.

Por lo general, el reconocimiento de estudios es una prerrogativa exclusiva de las universidades. En nombre de su autonomía se fijan reglas y procedimientos extremadamente engorrosos y burocráticos, lo que revela una actitud conservadora y defensiva. En América Latina, el cuadro general presenta dificultades aún para el reconocimiento de estudios hechos en universidades y otras instituciones de educación superior de calidad equivalente dentro de un mismo país. Programas de movilidad ayudan a quebrar resistencias, pero es necesario desarrollar iniciativas para que las Instituciones de Enseñanza Superior se hagan menos rígidas en sus procedimientos en ese campo. Es esencial hacer avanzar el debate respecto de las estructuras curriculares e indicadores de desempeño en las diversas carreras académicas. Sin embargo, la decisión final le corresponde siempre a las Instituciones de Enseñanza Superior y por ello es importante la divulgación de las buenas prácticas que pueden ayudar a cambiar el actual escenario. Las universidades con mayor prestigio deberían ser accionadas y estimuladas a liderar ese proceso. Ellas podrían constituir una red y asumir el rol de coordinación de un amplio movimiento en esa dirección con la realización de seminarios específicos por carreras.

Los avances en el establecimiento de mecanismos comunes de evaluación y acreditación se han revelado poderosos instrumentos en la construcción de rutas de movilidad. El establecimiento de plataformas comunes de evaluación puede pavimentar el camino para un intercambio y una cooperación cada vez más amplias, capaces de contribuir a la reducción de las desigualdades entre los países.

Como complemento a ello, España podría estimular la organización de un seminario permanente de discusión sobre experiencias nacionales de evaluación centrado, por una parte, en los organismos nacionales encargados de las políticas y acciones en ese campo, tales como el CONEAU en Argentina, la CAPES y el INEP en Brasil y la ANECA en España y, por otra, en las mismas universidades. Un debate en ese nivel puede contribuir directamente, tanto para la corrección de rumbos de las experiencias nacionales, como para el diseño de una agenda propia que abra un espacio para experiencias binacionales o multilaterales en ese campo, contemplando la enseñanza, la investigación y otras dimensiones institucionales relevantes. Ensayos de carácter demostrativo podrían ser conducidos de forma paralela bajo la coordinación de uno de los organismos nacionales involucrados, contribuyendo a dar consistencia al debate general sobre esos temas.

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Iniciativas como las mencionadas tienen un bajo costo operativo, dado que los organismos nacionales disponen de recursos para desarrollar sus tareas normales de evaluación y acreditación. Se trata solamente de coordinar esfuerzos y criterios e inserirlos en las actividades regularmente realizadas. Eventuales recursos adicionales necesarios podrían ser movilizados a partir de organismos multilaterales. En una primera etapa lo importante no es intentar movilizar a todos los países sino darle prioridad al establecimiento de una cultura común de evaluación y acreditación entre los que demuestren interés desde un principio. En términos realistas, ello requiere la identificación de líneas de acción de menor resistencia inicial, de suerte de lograr avances importantes en el establecimiento de nuevos instrumentos de evaluación y acreditación en la diversificada realidad de los sistemas de educación superior de los países..

Una segunda línea de actuación se vincula a la necesidad de expandir la movilidad de estudiantes de graduación, pero en condiciones realistas de ejecución. Es posible privilegiar a dos frentes de acción: ampliar las condiciones generales que favorezcan la posibilidad de la movilidad de estudiantes y desarrollar proyectos de inversión en movilidad estudiantil en áreas preseleccionadas.

En el primer caso, varias iniciativas de bajo costo son viables, como por ejemplo ampliar las posibilidades de movilidad por medio del incremento y mejora de la calidad de la información respecto de los sistemas de educación superior e instituciones universitarias en los países. Sin embargo, lo más importante para alcanzar el objetivo sería el patrocinio de iniciativas que conduzcan a la generalización de un sistema ágil de reconocimiento de estudios y disciplinas estímulo a la celebración de convenios entre instituciones universitarias con esos mismos propósitos.

En el segundo caso, teniendo en cuenta las experiencias existentes y respetando los límites presupuestarios de cada país, el primer paso debería ser la selección de las áreas prioritarias de actuación. Son conocidos los programas de movilidad de estudiantes de ingeniería mantenidos por Brasil con Francia y Alemania; estos mismos países mantienen programas semejantes con otros países latinoamericanos. La experiencia ha enseñado que la definición de las carreras facilita los arreglos necesarios para el reconocimiento de estudios. Por otra parte, la movilidad de estudiantes en el marco de los acuerdos específicos entre universidades puede ampliar los beneficios del intercambio para las mismas instituciones.

La movilidad de estudiantes tiene siempre impacto muy positivo sobre el conocimiento mutuo entre las instituciones y contribuye al establecimiento de rutinas para el reconocimiento y revalidación de estudios. La ausencia en América Latina de instituciones multilaterales con tareas de coordinación y ejecución de programas, como existe en Europa, hace esencial involucrar a las agencias nacionales que ya actúan en el área de la cooperación internacional en educación.

La movilidad de estudiantes de graduación es un proyecto que merece todo el empeño por su enorme significado, pero requiere una preparación rigurosa y la solución previa de algunas cuestiones complejas. Es oportuno subrayar que el éxito de las iniciativas en el área de la movilidad de estudiantes de graduación puede aumentar de forma significativa gracias a los avances en las iniciativas relativas a evaluación y acreditación y reconocimiento de estudios que se han discutido antes. 

En una escala ampliada ese proyecto tendría costes muy elevados. Existen algunos programas gubernamentales que podrían servir como referencia y comienzo de un proceso que sería más amplio en el futuro. Los recursos públicos invertidos son, normalmente, bastante inferiores a los que se destinan a los programas de postgrado y es preciso considerar que cualquier acción más amplia en esa área requiere el aporte de nuevos recursos. Por lo tanto, se debe actuar con cautela y poner gran atención en las etapas de planificación de las metas y líneas de acción. Sin embargo, hay casos exitosos desarrollados como resultado de la cooperación directa entre universidades latinoamericanas y europeas financiadas por los mismos participantes que deberían ser tomados como ejemplos.

         La cooperación en el nivel de postgrado tiene una excelente relación coste-beneficio y en general no presenta problemas operativos graves y tiene gran importancia en el proceso de calificación y desarrollo de las instituciones universitarias y produce resultados expresivos. Asimismo, el hecho de que esos programas cuenten con los recursos de agencias permanentes con funcionamiento estable y ágil y colaboradores definidos en diferentes países constituye la ventaja más evidente para tomarlos como referencia para el diseño de nuevas formas de cooperación.

         Finalmente, un camino a ser explotado se sitúa en el campo de las inversiones que contribuyan a mejorar la infraestructura de las actividades académicas en todos los países. Hacer que la creación cultural y científico-tecnológica se transforme en un patrimonio cada vez más común a las sociedades no depende sólo de las acciones que estimulen la cooperación académica tradicional entendida, como se ha sugerido, como la realización de proyectos conjuntos, establecimiento de colaboraciones de diversos tipos, movilidad de estudiantes, profesores e investigadores y todas aquellas acciones que provoquen la aproximación de las políticas educacionales. Es esencial que todos los países puedan acceder a una infraestructura común de apoyo a la actividad académica.

Los avances tecnológicos permiten que se pueda plantear la creación de bibliotecas virtuales como un proyecto importante en el área de infraestructura. Con base en él se ofrecería a la comunidad académica de España y de América Latina el acervo de lo más importante de la literatura científica y tecnológica en lengua española y portuguesa. Progresivamente se ampliaría ese acervo con la definición previa de áreas prioritarias que enfocarían tanto la literatura a ser preferentemente divulgada, como la identificación de los destinatarios más interesados. 

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Recursos

Los recursos naturalmente disponibles en los países latinoamericanos son escasos, pero existen y han servido para mantener programas flexibles e importantes de becas, intercambio, eventos, seminarios, reuniones científicas e incluso proyectos conjuntos de investigación. De parte de España sería necesario definir roles específicos a los organismos existentes, especialmente debido al papel protagónico que debería asumir en un proceso como el que se aquí discutido. El problema del financiamiento se haría menos grave si se considera la existencia de ese fomento preexistente y que es muy positivo en las relaciones bilaterales. 

En el caso de América Latina, se plantea concretamente la conveniencia de incorporar en esa cooperación a los programas corrientes de intercambio mantenidos por los países de la región. Es importante reconocer, en todo caso, que reorientar el uso de los recursos nacionales para privilegiar las acciones de cooperación es una decisión que debe ser tomada por cada uno de los países en particular. La alternativa, más allá del uso de los recursos existentes y ya aplicados en programas en curso, solamente puede ser imaginada con la movilización de fondos de organismos multilaterales de financiación.

Entre los proyectos posibles, hay obviamente algunos que tienen un coste muy elevado, como es el caso de un programa amplio de movilidad estudiantil de carácter intra-regional e interregional. Otros, sin embargo, tienen un coste menor y podrían tener un efecto de movilización y un carácter demostrativo y pedagógico igualmente importantes. En ese caso los proyectos referentes a las cátedras y los estudios y debates en torno de los procedimientos de evaluación y acreditación, así como de reconocimiento de estudios se complementan. El desarrollo satisfactorio de proyectos en esas áreas puede ayudar al establecimiento de una base sólida para la verdadera integración y cooperación más simétrica entre los países.

Finalmente no se debe despreciar la participación de organismos multilaterales de financiación, como el Banco Interamericano de Desarrollo – BID. El Banco administra varios Fondos Nacionales de cooperación, entre los cuales se destaca el Fondo V Centenario que podría ser movilizado a los propósitos de aumentar la cooperación de España con América Latina en la educación superior.

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[*] El presente artículo es una adaptación para el caso de España de una propuesta preparada por el autor, a solicitud de  ANECA, sobre una Agenda para el Espacio UEALC de Cooperación entre Europa y América Latina  en Educación Superior.


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