La cooperación internacional en la construcción de
la universidad latinoamericana.
Educación en la Sociedad del Conocimiento
Áreas posibles para la
cooperación de España con América Latina
Recursos
La cooperación internacional en la construcción de la universidad
latinoamericana.
No son nuevas, por cierto, las
relaciones entre Europa y América Latina
en el campo educacional y en especial en la
educación superior. El rol de España en ese particular
ha sido mucho más importante en el pasado de lo que
es hoy. Las primeras universidades en América Latina
surgieron durante el período colonial, especialmente
en la América Hispana. En el Brasil, a pesar de que
las primeras escuelas superiores nacieron después
de la independencia, la presencia europea fue notable
en ese movimiento a lo largo del siglo XIX, y su contribución
a la fundación de las primeras universidades en las
primeras décadas del siglo XX fue decisiva. La Universidad
de São Paulo es, sin duda, el mejor ejemplo de la
inestimable contribución y del éxito que han tenido
las misiones académicas europeas y no se trata de
un caso aislado.
En las décadas que siguieron a la Segunda Guerra
Mundial, aumentó la atracción ejercida por las universidades
y los centros de investigación de los Estados Unidos
sobre estudiantes, docentes, investigadores e incluso
actores clave en las definiciones de las políticas
educacionales de América Latina. Ello se debió al
incuestionable liderazgo de ese país en los campos
científico y tecnológico, al avance del idioma inglés
como lengua franca en el medio académico y a la acción
decidida de innumerables fundaciones y entidades norteamericanas
de fomento científico en la región. No hay que despreciar,
por otra parte, el papel de las políticas de formación
de recursos humanos que han adoptado los mismos países
latinoamericanos y que ha provocado un flujo muy apreciable
de estudiantes, docentes e investigadores a las universidades
norteamericanas, superando en mucho a los tradicionales
destinos europeos.
Los países europeos han estado apelando crecientemente
a las relaciones bilaterales con los países de América
Latina para hacer frente a esa tendencia, diseñando
nuevos programas que procuran hacer más atractivas
la cooperación y la búsqueda de oportunidades de formación
en universidades europeas. Los países más activos
en ese proceder han sido Francia, Alemania y en menor
medida el Reino Unido. La Unión Europea, en paralelo
a las iniciativas nacionales, ha implantado programas
multilaterales de apoyo a la investigación, a la formación
en los niveles de grado y de postgrado y a la constitución
de redes temáticas de universidades. La larga e importante
historia de la relación entre las dos regiones no
ha impedido que los sistemas de educación superior
en los países latinoamericanos
hayan seguido caminos propios, enfrentando
desafíos y problemas muy distintos a los que han determinado
las transformaciones en los países europeos. En ese
contexto se presentan hoy muy claramente amplias oportunidades
para un rol mucho más activo de España en la cooperación
con los sistemas de enseñanza superior de América
Latina.
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Educación en la Sociedad del Conocimiento
La Sociedad del Conocimiento
en que vivimos impone a los sistemas educacionales
el desafío de ofrecer a todos la posibilidad de una
educación permanente. Para ello, todas las personas
deben tener, de una parte, la capacidad de aprender
y, de otra, las oportunidades de actualizar constantemente
sus conocimientos. La primera parte debe ser tarea
de un sistema de educación básica universal y de buena
calidad; la segunda parte depende de la existencia
de un amplio, diverso y sofisticado sistema de educación
postsecundaria. En él, las universidades tradicionales
que antes se confundían con el universo de la educación
superior, en la actualidad solamente son una parte
del sistema. Seguramente son la parte más importante
y su columna vertebral, pero la atención hacia las
necesidades de formación y de actualización profesional
actualmente está en manos de un conjunto muy amplio
de instituciones. La educación superior concentrada
en una etapa de la vida de las personas es también
un concepto que va siendo rápidamente superado, así
como las formas de educación no presencial tienden
a ganar un espacio cada vez mayor.
Lo esencial
para que este nuevo sistema atienda a la demanda social
es que posea calidad, es decir, que represente una
diferencia en la vida de las personas cada vez que
deban recurrir a él. La regulación de los sistemas
de enseñanza debe asegurar que cada institución cumpla
los objetivos que se propone. Por todas esas razones
los temas de evaluación educativa y de acreditación
institucional están ganando espacio en la nueva sociedad
y forman parte de los esfuerzos ineludibles de las
naciones en el ofrecimiento de servicios educativos
de calidad.
Por otro
lado, el proceso de globalización comienza a alcanzar
también al sector educativo. Las facilidades de transporte
y comunicación y los procesos de integración política
y económica crean más posibilidades que nunca de intercambio
educativo e, incluso, de comercio de servicios educativos.
Una nueva revolución tecnológica basada en el impulso
de la producción, el almacenamiento y la comunicación
interactiva de datos e informaciones ha servido como plataforma para la definitiva globalización de la
economía capitalista. Hemos ingresado a la era de
la “sociedad en red” que amenaza las prerrogativas
de los estados nacionales y abre a todos los pueblos,
tanto las potencialidades positivas de las transformaciones
científicas y tecnológicas, como los impactos negativos
de la acción económica de agentes privados cada vez
más fuertes frente a los mecanismos tradicionales
de regulación y control.
El crecimiento de la demanda de oportunidades
de calificación que aumenten las oportunidades individuales
en un mercado global de trabajo es uno de los efectos
del proceso de globalización. Las ventajas relativas
de los países con sólidos sistemas de formación profesional
y educación postsecundaria son muy grandes. Para que
los sistemas de educación superior no pierdan su importancia
en el proceso de constitución de la identidad y de
construcción de las soberanías nacionales, es esencial
el establecimiento de reglas claras que ayuden a la
definición de lo que puede ser comercializado como
servicio.
Ello no significa que no se pueda
y no sea conveniente estrechar a los lazos de cooperación
internacional para hacer compatibles justamente el
cumplimiento de los dictámenes nacionales y la necesidad
de formar al ciudadano global. La tradición y la calidad
de las universidades de España es un activo inestimable
que el sistema Iberoamericano posee para hacer progresar
a todo el sistema de enseñanza superior de ese sistema
supranacional, por medio de una estrategia amplia
de cooperación entre las instituciones de enseñanza
superior de todos los países.
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Áreas posibles para la cooperación
de España con América Latina
Los ejes
prioritarios y los temas que inspiraron el Plan de
Acción del
“Espacio Común de Educación
Superior entre la Unión Europea, América Latina y
el Caribe – UEALC” – o sea, Evaluación, Acreditación,
Movilidad, son pertinentes, importantes y capaces
de orientar la elaboración de una estrategia de acción
relevante para el desarrollo de la educación superior
en América Latina en esa era de la Sociedad del Conocimiento.
Esos tres pilares pueden ser adoptados individualmente
por España para orientar una nueva etapa de cooperación
internacional con América Latina en el ámbito de la
educación superior.
Una primera
área de atención debe ser el debate en torno a los
mecanismos de reconocimiento recíproco de estudios
y grados. Éste sería el paso inicial que apunta hacia
la constitución en el futuro de un sistema de educación
postsecundario que posea elementos comunes o integrados
entre los países. Es posible imaginar que podamos
construir un sistema en el cual los estudiantes –
jóvenes o adultos – puedan transitar y moverse, ya
sea físicamente, ya sea de manera virtual a distancia,
entre las instituciones educacionales de España y
América Latina en un sistema integrado y de amplio
reconocimiento recíproco. Esta visión torna imperativo
dar prioridad a los procesos de evaluación y acreditación
como pasos iniciales para un futuro sistema de reconocimiento
amplio de estudios y grados. Lanzar las bases para
la evaluación y acreditación internacional sería una
contribución histórica de extrema relevancia.
Evaluación
y acreditación son temas muy actuales y centrales
en las políticas, tanto institucionales como gubernamentales,
para la mejora de la calidad de la educación superior
en casi todos los países. Sin embargo, el desarrollo
de iniciativas en ese campo entre los países es muy
desigual. Algunos poseen sistemas muy sofisticados
que contemplan roles específicos para agentes gubernamentales
y no gubernamentales, pero en otros todavía se discute
el carácter alcance que tales iniciativas deben asumir.
En Europa
los avances en ese campo han sido notables en los
últimos años. Desde la conferencia de Bolonia está
en marcha un proceso que tendrá como resultado un
sistema verdaderamente Europeo de educación superior.
Ése es un paso importante en el esfuerzo de consolidación
de la propia Unión Europea y es consecuencia de los
mismos avances ya alcanzados en el proceso de integración.
No se puede tener como expectativa una transposición
de esa experiencia en América Latina, pero ella puede
inspirar movimientos en las sub-regiones en donde
ya está en curso un proceso de integración como es
el caso del MERCOSUR o del Grupo Andino. Es importante
que se intensifique la divulgación de informaciones sobre esos avances y, en particular, que
se produzca un estrechamiento del diálogo de España
con el Grupo de Trabajo sobre Educación Superior del
MERCOSUR y la construcción de una agenda común de
acompañamiento y reflexión sobre ese campo.
Por lo
general, el reconocimiento de estudios es una prerrogativa
exclusiva de las universidades. En nombre de su autonomía
se fijan reglas y procedimientos extremadamente engorrosos
y burocráticos, lo que revela una actitud conservadora
y defensiva. En América Latina, el cuadro general
presenta dificultades aún para el reconocimiento de
estudios hechos en universidades y otras instituciones
de educación superior de calidad equivalente dentro
de un mismo país. Programas de movilidad ayudan a
quebrar resistencias, pero es necesario desarrollar
iniciativas para que las Instituciones de Enseñanza
Superior se hagan menos rígidas en sus procedimientos
en ese campo. Es esencial hacer avanzar el debate
respecto de las estructuras curriculares e indicadores
de desempeño en las diversas carreras académicas.
Sin embargo, la decisión final le corresponde siempre
a las Instituciones de Enseñanza Superior y por ello
es importante la divulgación de las buenas prácticas
que pueden ayudar a cambiar el actual escenario. Las
universidades con mayor prestigio deberían ser accionadas
y estimuladas a liderar ese proceso. Ellas podrían
constituir una red y asumir el rol de coordinación
de un amplio movimiento en esa dirección con la realización
de seminarios específicos por carreras.
Los avances
en el establecimiento de mecanismos comunes de evaluación
y acreditación se han revelado poderosos instrumentos
en la construcción de rutas de movilidad. El establecimiento
de plataformas comunes de evaluación puede pavimentar
el camino para un intercambio y una cooperación cada
vez más amplias, capaces de contribuir a la reducción
de las desigualdades entre los países.
Como complemento
a ello, España podría estimular la organización de
un seminario permanente de discusión sobre experiencias
nacionales de evaluación centrado, por una parte,
en los organismos nacionales encargados de las políticas
y acciones en ese campo, tales como el CONEAU en Argentina,
la CAPES y el INEP en Brasil y la ANECA en España
y, por otra, en las mismas universidades. Un debate
en ese nivel puede contribuir directamente, tanto
para la corrección de rumbos de las experiencias nacionales,
como para el diseño de una agenda propia que abra
un espacio para experiencias binacionales o multilaterales
en ese campo, contemplando la enseñanza, la investigación
y otras dimensiones institucionales relevantes. Ensayos
de carácter demostrativo podrían ser conducidos de
forma paralela bajo la coordinación de uno de los
organismos nacionales involucrados, contribuyendo
a dar consistencia al debate general sobre esos temas.
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Iniciativas
como las mencionadas tienen un bajo costo operativo,
dado que los organismos nacionales disponen de recursos
para desarrollar sus tareas normales de evaluación
y acreditación. Se trata solamente de coordinar esfuerzos
y criterios e inserirlos en las actividades regularmente
realizadas. Eventuales recursos adicionales necesarios
podrían ser movilizados a partir de organismos multilaterales.
En una primera etapa lo importante no es intentar
movilizar a todos los países sino darle prioridad
al establecimiento de una cultura común de evaluación
y acreditación entre los que demuestren interés desde
un principio. En términos realistas, ello requiere
la identificación de líneas de acción de menor resistencia
inicial, de suerte de lograr avances importantes en
el establecimiento de nuevos instrumentos de evaluación
y acreditación en la diversificada realidad de los
sistemas de educación superior de los países..
Una segunda
línea de actuación se vincula a la necesidad de expandir
la movilidad de estudiantes de graduación, pero en
condiciones realistas de ejecución. Es posible privilegiar
a dos frentes de acción: ampliar las condiciones generales
que favorezcan la posibilidad de la movilidad de estudiantes
y desarrollar proyectos de inversión en movilidad
estudiantil en áreas preseleccionadas.
En el
primer caso, varias iniciativas de bajo costo son
viables, como por ejemplo ampliar las posibilidades
de movilidad por medio del incremento y mejora de
la calidad de la información respecto de los sistemas
de educación superior e instituciones universitarias
en los países. Sin embargo, lo más importante para
alcanzar el objetivo sería el patrocinio de iniciativas
que conduzcan a la generalización de un sistema ágil
de reconocimiento de estudios y disciplinas estímulo
a la celebración de convenios entre instituciones
universitarias con esos mismos propósitos.
En el
segundo caso, teniendo en cuenta las experiencias
existentes y respetando los límites presupuestarios
de cada país, el primer paso debería ser la selección
de las áreas prioritarias de actuación. Son conocidos
los programas de movilidad de estudiantes de ingeniería
mantenidos por Brasil con Francia y Alemania; estos
mismos países mantienen programas semejantes con otros
países latinoamericanos. La experiencia ha enseñado
que la definición de las carreras facilita los arreglos
necesarios para el reconocimiento de estudios. Por
otra parte, la movilidad de estudiantes en el marco
de los acuerdos específicos entre universidades puede
ampliar los beneficios del intercambio para las mismas
instituciones.
La movilidad
de estudiantes tiene siempre impacto muy positivo
sobre el conocimiento mutuo entre las instituciones
y contribuye al establecimiento de rutinas para el
reconocimiento y revalidación de estudios. La ausencia
en América Latina de instituciones multilaterales
con tareas de coordinación y ejecución de programas,
como existe en Europa, hace esencial involucrar a
las agencias nacionales que ya actúan en el área de
la cooperación internacional en educación.
La movilidad
de estudiantes de graduación es un proyecto que merece
todo el empeño por su enorme significado, pero requiere
una preparación rigurosa y la solución previa de algunas
cuestiones complejas. Es oportuno subrayar que el
éxito de las iniciativas en el área de la movilidad
de estudiantes de graduación puede aumentar de forma
significativa gracias a los avances en las iniciativas
relativas a evaluación y acreditación y reconocimiento
de estudios que se han discutido antes.
En una
escala ampliada ese proyecto tendría costes muy elevados.
Existen algunos programas gubernamentales que podrían
servir como referencia y comienzo de un proceso que
sería más amplio en el futuro. Los recursos públicos
invertidos son, normalmente, bastante inferiores a
los que se destinan a los programas de postgrado y
es preciso considerar que cualquier acción más amplia
en esa área requiere el aporte de nuevos recursos.
Por lo tanto, se debe actuar con cautela y poner gran
atención en las etapas de planificación de las metas
y líneas de acción. Sin embargo, hay casos exitosos
desarrollados como resultado de la cooperación directa
entre universidades latinoamericanas y europeas financiadas
por los mismos participantes que deberían ser tomados
como ejemplos.
La cooperación en el nivel de postgrado tiene
una excelente relación coste-beneficio y en general
no presenta problemas operativos graves y tiene gran
importancia en el proceso de calificación y desarrollo
de las instituciones universitarias y produce resultados
expresivos. Asimismo, el hecho de que esos programas
cuenten con los recursos de agencias permanentes con
funcionamiento estable y ágil y colaboradores definidos
en diferentes países constituye la ventaja más evidente
para tomarlos como referencia para el diseño de nuevas
formas de cooperación.
Finalmente, un camino a ser explotado se sitúa
en el campo de las inversiones que contribuyan a mejorar
la infraestructura de las actividades académicas en
todos los países. Hacer que la creación cultural y
científico-tecnológica se transforme en un patrimonio
cada vez más común a las sociedades no depende sólo
de las acciones que estimulen la cooperación académica
tradicional entendida, como se ha sugerido, como la
realización de proyectos conjuntos, establecimiento
de colaboraciones de diversos tipos, movilidad de
estudiantes, profesores e investigadores y todas aquellas
acciones que provoquen la aproximación de las políticas
educacionales. Es esencial que todos los países puedan
acceder a una infraestructura común de apoyo a la
actividad académica.
Los avances
tecnológicos permiten que se pueda plantear la creación
de bibliotecas virtuales como un proyecto importante
en el área de infraestructura. Con base en él se ofrecería
a la comunidad académica de España y de América Latina
el acervo de lo más importante de la literatura científica
y tecnológica en lengua española y portuguesa. Progresivamente
se ampliaría ese acervo con la definición previa de
áreas prioritarias que enfocarían tanto la literatura
a ser preferentemente divulgada, como la identificación
de los destinatarios más interesados.
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Recursos
Los recursos
naturalmente disponibles en los países latinoamericanos
son escasos, pero existen y han servido para mantener
programas flexibles e importantes de becas, intercambio,
eventos, seminarios, reuniones científicas e incluso
proyectos conjuntos de investigación. De parte de
España sería necesario definir roles específicos a
los organismos existentes, especialmente debido al
papel protagónico que debería asumir en un proceso
como el que se aquí discutido. El problema del financiamiento
se haría menos grave si se considera la existencia
de ese fomento preexistente y que es muy positivo
en las relaciones bilaterales.
En el
caso de América Latina, se plantea concretamente la
conveniencia de incorporar en esa cooperación a los
programas corrientes de intercambio mantenidos por
los países de la región. Es importante reconocer,
en todo caso, que reorientar el uso de los recursos
nacionales para privilegiar las acciones de cooperación
es una decisión que debe ser tomada por cada uno de
los países en particular. La alternativa, más allá
del uso de los recursos existentes y ya aplicados
en programas en curso, solamente puede ser imaginada
con la movilización de fondos de organismos multilaterales
de financiación.
Entre
los proyectos posibles, hay obviamente algunos que
tienen un coste muy elevado, como es el caso de un
programa amplio de movilidad estudiantil de carácter
intra-regional e interregional. Otros, sin embargo,
tienen un coste menor y podrían tener un efecto de
movilización y un carácter demostrativo y pedagógico
igualmente importantes. En ese caso los proyectos
referentes a las cátedras y los estudios y debates
en torno de los procedimientos de evaluación y acreditación,
así como de reconocimiento de estudios se complementan.
El desarrollo satisfactorio de proyectos en esas áreas
puede ayudar al establecimiento de una base sólida
para la verdadera integración y cooperación más simétrica
entre los países.
Finalmente
no se debe despreciar la participación de organismos
multilaterales de financiación, como el Banco Interamericano
de Desarrollo – BID. El Banco administra varios Fondos
Nacionales de cooperación, entre los cuales se destaca
el Fondo V Centenario que podría ser movilizado a
los propósitos de aumentar la cooperación de España
con América Latina en la educación superior.
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