Acaban de aparecer los dos primeros volúmenes
de un nuevo proyecto de Obras completas de José
Ortega y Gasset, que está previsto que conste de diez;
la publicación de los restantes volúmenes se anuncia
para los años 2005 y 2006. Es sabido que ya existían
anteriores ediciones de Obras completas de Ortega.
La primera se hizo en 1946, reeditada todavía dos veces
antes de la muerte de su autor. Después aparecieron
muchas, e importantes, obras póstumas, que se fueron
incorporando, en sucesivos volúmenes. Finalmente se
añadieron también gran cantidad de artículos de prensa,
todos anteriores a 1933, que habían quedado fuera de
las anteriores ediciones. El resultado final de esta
larga y compleja historia editorial eran las Obras
completas, en doce volúmenes, publicadas a partir
de 1983 por Alianza Editorial y Revista de Occidente,
a cargo de Paulino Garagorri. Eran unas Obras completas
necesarias —pocas tan usadas como las de Ortega— pero
insuficientes.
El nuevo proyecto, que ha dejado ya de ser mera
promesa, aporta novedades y mejoras sustanciales. En
primer lugar se recogen todas las obras de Ortega
y se ordenan cronológicamente, según sus fechas de publicación.
No se nos oculta el carácter utópico que tiene el «todas»,
complicado por el archiproblemático del vocablo «obras».
Se han dejado fuera las cartas, las notas de trabajo,
las entrevistas y los resúmenes de conferencias aparecidos
en la prensa. Se han recogido, en cambio, además de
todos los textos incorporados a la edición del 83, algunos
artículos que todavía se habían escapado a la diligencia
del editor y la tesis doctoral de Ortega, Los terrores
del año mil. Crítica de una leyenda, impresa en
1909 y nunca posteriormente reeditada —al menos en español,
pues existía una edición alemana (Die Schrecken des
Jahres eintausend. Kritik an einer Legende, Reclam-Verlag,
Leipzig 1992) utilizada por cierto para corregir muchas
de las innumerables e importantes erratas de que estaba
plagada la edición española—. Se anuncia además la publicación
de textos todavía inéditos. El orden cronológico aporta
a todo ello una claridad —genética, biográfica— que
antes sólo se lograba en virtud de un esfuerzo adicional.
La segunda gran aportación de esta nueva edición
de Obras completas es la fijación del
texto. Para ello se ha llevado a cabo una labor crítica
sumamente compleja; la que correspondía a una historia
editorial tan complicada, enrevesada a veces, como es
la de las obras de Ortega —con frecuentes publicaciones
previas en la prensa (en ocasiones en diversas versiones),
modificaciones, refundiciones...—; una labor de la que
sólo se hace patente en los volúmenes una parte, la
que afecta justamente a la fijación del texto. Esta
labor de fijación ha consistido básicamente en dos tareas.
En primer lugar la eliminación de erratas y lecturas
erróneas; numerosas y perpetuadas en ocasiones desde
las primeras ediciones. Se habrán colado sin duda algunos
errores, pero la mejora en este aspecto es enorme. En
paralelo a esta labor de limpieza, y en necesaria conexión
con ella, se ha llevado a cabo, con la ayuda de medios
informáticos, una exhaustiva tarea de cotejo de variantes,
prefiriendo siempre la última versión publicada en vida
de Ortega; las demás se ofrecen en claro y sinóptico
apéndice, otra de las aportaciones más interesantes,
a mi juicio, de esta edición.
Las variantes son, en muchos casos, poco relevantes,
con un significado puramente estilístico en el sentido
más superficial de la palabra; pero en otros muchos
casos sorprendemos en ellas, en esa frase que se suprime,
en ese adjetivo que se modifica, el gesto más expresivo
de Ortega, tan ambiguo y tan interesante como es todo
gesto, especialmente cuando se hace en la semiprivacidad
de la reedición de un texto. En ocasiones lo suprimido
son largos párrafos.
Son otras muchas las aportaciones menores de
esta edición de Obras completas de Ortega que
inician ahora su rodaje. Se ofrece, por ejemplo, en
cada volumen un índice onomástico y un índice toponímico,
además de información sobre la peripecia editorial de
cada texto y una noticia bibliográfica completa sobre
todas sus ediciones en vida de Ortega. Sobre todo ello
remito al prólogo y los apéndices, donde tan pormenorizadamente
se explica lo realizado y los criterios seguidos.
Me
importa más decir una palabra sobre el hecho grueso
y más general de que se editen hoy estas Obras completas.
De la necesidad de publicar las «obras completas»
de un autor —cuando este autor es necesario— no
voy a dar razones yo, que formo parte del equipo editor
de estas. Las obras completas de un autor como Ortega
son necesarias porque necesitamos tener acceso a toda
su obra, en textos claros, ordenados, fiables. Esto
lo cumple la nueva edición de manera ejemplar. Pero
que tengamos derecho, por así decir, a lo que tanto
nos importa no implica que no encierren inconvenientes.
Toda obra incluida en unas Obras completas
pierde algo de su vitalidad, adquiere un carácter, como
una pátina, académicos, museísticos, que es menester
descontar de ella para su adecuada intelección. Se produce
además una igualación, una nivelación de textos, que
puede resultar desorientadora, si se desatiende su perspectiva;
casi inevitablemente textos menores, destinados a veces
a una especie de semipublicidad, se equiparan a las
grandes obras, en las que el autor ha querido poner
lo mejor de sí. Desde este punto de vista son, como
los museos, un mal necesario.
No se piense que, a estas alturas, unas Obras
completas de Ortega van a revelarnos un Ortega desconocido,
ni partes relevantes e ignotas de su biografía intelectual.
Las nuevas Obras completas son sólo un instrumento
de trabajo excelente, que venía reclamándose desde hacía
tiempo y que se ha beneficiado del trabajo y las aportaciones
de muchos predecesores. Ya tenemos lo que queríamos:
la herramienta perfecta: los textos depurados, ordenados,
accesibles, en su totalidad. Nada más, nada menos.
Ortega ya venía circulando, reeditándose y releyéndose,
en buenas ediciones por lo general de sus principales
obras, desde hace mucho tiempo. Y esperamos que siga
siendo así. Así es como un autor se hace «popular» y
ejerce su influjo. Desearía no engañarme: a Ortega no
se le va a leer nunca principalmente en sus Obras
completas. Pero incluso para esas múltiples ediciones
deseables de las más importantes obras de Ortega va
a cumplir la nueva edición de Obras completas
una función decisiva: va a ser para ellas canon, referencia
obligada, su fuente textual más limpia y fiable.
El que no haya querido enterarse antes de la
obra orteguiana, no hay razones para pensar que vaya
a hacerlo ahora. Reclamábamos un Ortega limpio, entero,
accesible. Ya lo tenemos. Quedan en pie ahora nuestras
obligaciones. Queda por hacer con la obra orteguiana
lo que quedaba por hacer antes, lo que en parte se venía
ya haciendo: releerla, entenderla, repensarla, discutirla,
criticarla... El camino ahora es más fácil, hay menos
estorbos. Pero ese «derecho» que teníamos a las Obras
completas de Ortega, a las que nos sentíamos acreedores,
hagámoslo bueno ahora arrostrando los deberes, las tareas
que su obra, puesta ya en limpio, nos impone.
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