CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año III - Número 6 - Enero 2005
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SOBRE LA ELABORACIÓN DE LA NUEVA EDICIÓN DE LAS OBRAS COMPLETAS DE ORTEGA.

Juan Padilla Moreno

         Acaban de aparecer los dos primeros volúmenes de un nuevo proyecto de Obras completas de José Ortega y Gasset, que está previsto que conste de diez; la publicación de los restantes volúmenes se anuncia para los años 2005 y 2006. Es sabido que ya existían anteriores ediciones de Obras completas de Ortega. La primera se hizo en 1946, reeditada todavía dos veces antes de la muerte de su autor. Después aparecieron muchas, e importantes, obras póstumas, que se fueron incorporando, en sucesivos volúmenes. Finalmente se añadieron también gran cantidad de artículos de prensa, todos anteriores a 1933, que habían quedado fuera de las anteriores ediciones. El resultado final de esta larga y compleja historia editorial eran las Obras completas, en doce volúmenes, publicadas  a partir de 1983 por Alianza Editorial y Revista de Occidente, a cargo de Paulino Garagorri. Eran unas Obras completas necesarias —pocas tan usadas como las de Ortega— pero insuficientes.

         El nuevo proyecto, que ha dejado ya de ser mera promesa, aporta novedades y mejoras sustanciales. En primer lugar se recogen todas las obras de Ortega y se ordenan cronológicamente, según sus fechas de publicación. No se nos oculta el carácter utópico que tiene el «todas», complicado por el archiproblemático del vocablo «obras». Se han dejado fuera las cartas, las notas de trabajo, las entrevistas y los resúmenes de conferencias aparecidos en la prensa. Se han recogido, en cambio, además de todos los textos incorporados a la edición del 83, algunos artículos que todavía se habían escapado a la diligencia del editor y la tesis doctoral de Ortega, Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda, impresa en 1909 y nunca posteriormente reeditada —al menos en español, pues existía una edición alemana (Die Schrecken des Jahres eintausend. Kritik an einer Legende, Reclam-Verlag, Leipzig 1992) utilizada por cierto para corregir muchas de las innumerables e importantes erratas de que estaba plagada la edición española—. Se anuncia además la publicación de textos todavía inéditos. El orden cronológico aporta a todo ello una claridad —genética, biográfica— que antes sólo se lograba en virtud de un esfuerzo adicional.

         La segunda gran aportación de esta nueva edición de Obras completas es la fijación del texto. Para ello se ha llevado a cabo una labor crítica sumamente compleja; la que correspondía a una historia editorial tan complicada, enrevesada a veces, como es la de las obras de Ortega —con frecuentes publicaciones previas en la prensa (en ocasiones en diversas versiones), modificaciones, refundiciones...—; una labor de la que sólo se hace patente en los volúmenes una parte, la que afecta justamente a la fijación del texto. Esta labor de fijación ha consistido básicamente en dos tareas. En primer lugar la eliminación de erratas y lecturas erróneas; numerosas y perpetuadas en ocasiones desde las primeras ediciones. Se habrán colado sin duda algunos errores, pero la mejora en este aspecto es enorme. En paralelo a esta labor de limpieza, y en necesaria conexión con ella, se ha llevado a cabo, con la ayuda de medios informáticos, una exhaustiva tarea de cotejo de variantes, prefiriendo siempre la última versión publicada en vida de Ortega; las demás se ofrecen en claro y sinóptico apéndice, otra de las aportaciones más interesantes, a mi juicio, de esta edición.

         Las variantes son, en muchos casos, poco relevantes, con un significado puramente estilístico en el sentido más superficial de la palabra; pero en otros muchos casos sorprendemos en ellas, en esa frase que se suprime, en ese adjetivo que se modifica, el gesto más expresivo de Ortega, tan ambiguo y tan interesante como es todo gesto, especialmente cuando se hace en la semiprivacidad de la reedición de un texto. En ocasiones lo suprimido son largos párrafos.

         Son otras muchas las aportaciones menores de esta edición de Obras completas de Ortega que inician ahora su rodaje. Se ofrece, por ejemplo, en cada volumen un índice onomástico y un índice toponímico, además de información sobre la peripecia editorial de cada texto y una noticia bibliográfica completa sobre todas sus ediciones en vida de Ortega. Sobre todo ello remito al prólogo y los apéndices, donde tan pormenorizadamente se explica lo realizado y los criterios seguidos.

        Me importa más decir una palabra sobre el hecho grueso y más general de que se editen hoy estas Obras completas. De la necesidad de publicar las «obras completas» de un autor —cuando este autor es necesario— no voy a dar razones yo, que formo parte del equipo editor de estas. Las obras completas de un autor como Ortega son necesarias porque necesitamos tener acceso a toda su obra, en textos claros, ordenados, fiables. Esto lo cumple la nueva edición de manera ejemplar. Pero que tengamos derecho, por así decir, a lo que tanto nos importa no implica que no encierren inconvenientes.

         Toda obra incluida en unas Obras completas pierde algo de su vitalidad, adquiere un carácter, como una pátina, académicos, museísticos, que es menester descontar de ella para su adecuada intelección. Se produce además una igualación, una nivelación de textos, que puede resultar desorientadora, si se desatiende su perspectiva; casi inevitablemente textos menores, destinados a veces a una especie de semipublicidad, se equiparan a las grandes obras, en las que el autor ha querido poner lo mejor de sí. Desde este punto de vista son, como los museos, un mal necesario.

         No se piense que, a estas alturas, unas Obras completas de Ortega van a revelarnos un Ortega desconocido, ni partes relevantes e ignotas de su biografía intelectual. Las nuevas Obras completas son sólo un instrumento de trabajo excelente, que venía reclamándose desde hacía tiempo y que se ha beneficiado del trabajo y las aportaciones de muchos predecesores. Ya tenemos lo que queríamos: la herramienta perfecta: los textos depurados, ordenados, accesibles, en su totalidad. Nada más, nada menos.

         Ortega ya venía circulando, reeditándose y releyéndose, en buenas ediciones por lo general de sus principales obras, desde hace mucho tiempo. Y esperamos que siga siendo así. Así es como un autor se hace «popular» y ejerce su influjo. Desearía no engañarme: a Ortega no se le va a leer nunca principalmente en sus Obras completas. Pero incluso para esas múltiples ediciones deseables de las más importantes obras de Ortega va a cumplir la nueva edición de Obras completas una función decisiva: va a ser para ellas canon, referencia obligada, su fuente textual más limpia y fiable.

         El que no haya querido enterarse antes de la obra orteguiana, no hay razones para pensar que vaya a hacerlo ahora. Reclamábamos un Ortega limpio, entero, accesible. Ya lo tenemos. Quedan en pie ahora nuestras obligaciones. Queda por hacer con la obra orteguiana lo que quedaba por hacer antes, lo que en parte se venía ya haciendo: releerla, entenderla, repensarla, discutirla, criticarla... El camino ahora es más fácil, hay menos estorbos. Pero ese «derecho» que teníamos a las Obras completas de Ortega, a las que nos sentíamos acreedores, hagámoslo bueno ahora arrostrando los deberes, las tareas que su obra, puesta ya en limpio, nos impone.

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