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El 18 de octubre
de 2005 se cumplirán 50 años del fallecimiento de José
Ortega y Gasset. En la efeméride orteguiana resuena
una acuciante vocación a la memoria: Memento!,
“¡acuérdate!”. A
esta llamada ha
respondido oportuna y prontamente un nutrido grupo de
estudiosos orteguianos —a instancias del Prof. Fernando
Llano Alonso, de la Universidad de Sevilla— para la
elaboración del
libro “Meditaciones sobre Ortega y Gasset” (Madrid,
Editorial Tébar, 2005) y la organización de un ciclo
de conferencias dedicadas al filósofo español, que se
celebrarán en dicha Universidad. Una feliz iniciativa
que se suma a los actos conmemorativos previstos por
la Fundación Ortega y Gasset, entre los que destaca
la presentación de la nueva edición de la Obras Completas
de nuestro egregio pensador.
La memoria tiene un hondo sentido metafísico. Sin memoria
no hay tiempo, no hay historia. Tampoco vida; pues ella
es, por lo pronto, relato de las huellas que dejamos
y recuento de las propias cicatrices. Vivimos volcados
fatalmente hacia el mañana. Mas sin apoyo en el pasado,
perdemos impulso hacia lo venidero y queda manca y malograda
la figura de lo que podría haber sido, de lo mejor,
aquello que en cada instante demanda ser cumplido. Y
así, entonces, hay muerte en el olvido. Muerte de lo
olvidado; también muerte del que olvida.
El legado intelectual y moral de Ortega forma parte
de lo mejor de nuestro pasado. Renunciar a él supone
una grave negligencia que compromete nuestro futuro.
Somos responsables de su herencia y de las consecuencias
que acarree su descuido. Por eso es un deber y una necesidad
tener presente y hacer presente el pensamiento de nuestro
gran filósofo.
Memorable es aquello digno de ser recordado.
Y esa dignidad, ese derecho que le otorgamos, nace de
su especial significación en la vida de cada cual. No
todo acontecer —“personas, obras, cosas”— tiene igual
importancia. Nuestra memoria es perspectiva; jerarquiza
los hitos biográficos, colocando en primer plano aquellos
que más estimamos: he aquí lo memorable. Ese orden del
pasado viene impuesto por nuestra constitutiva vocación
hacia el futuro, ya que el pretérito nos da instrumentos
para afrontar el porvenir. De ahí que recordemos con
la vista puesta en el mañana.
Esa memoria personal se forma sobre una memoria mostrenca,
impersonal, que la envuelve como una atmósfera: son
los usos sociales. En ellos va condensada la experiencia
de pasadas generaciones, las soluciones —acertadas o
erróneas— que se han ido destilando en la alquitara
de la historia. Y hay un tercer estrato de memoria —que
es el que ahora nos interesa— situado entre lo personal
y lo social: lo interpersonal. Relaciones como la amistad,
el amor, la familia, el discipulado... suponen un acervo
común de recuerdos y relatos, un pasado compartido —real
o inventado— que gravita sobre un grupo humano y lo
aglutina. Se trata, en fórmula orteguiana, de lo
consabido, aquello que sabemos y que, además, sabemos
que los demás saben. Y así como en nuestra memoria personal
se destacan ciertos acontecimientos memorables, ocurre
también lo propio con lo consabido. Ello da lugar a
que las personas se reúnan para recordar en común, es
decir, para con-memorar lo memorable que les une.
La conmemoración es un hacer. No en vano se dice
“hacer memoria”, porque tenerla, sin más, no es suficiente.
Y como tal hacer, tiene sentido, un porqué y
un para qué: proteger del olvido aquellas partes
del pasado —insisto: puede no ser auténtico— que configuran
el presente e importa recordar para el futuro de un
grupo humano. La memoria vivifica lo recordado. La forma
más elemental de conmemoración es la simple narración
oral, para recuerdo de mayores y aprendizaje de pequeños.
La danza, el canto, la oración repetitiva, la representación
teatral... son elaboraciones que dan más fuerza expresiva
al relato. Se transmite así de generación en generación.
Llega un momento en que, de puro consabido, lo memorable
se ritualiza y concreta en símbolos cuya simple presencia
suscita su recuerdo y un correlato emocional de adhesión
al grupo: iconos, emblemas, banderas, escudos, himnos,
libros, etc.
Cuando lo memorable se transforma en rito y símbolo,
la conmemoración corre el riesgo de perder su prístino
sentido. Su origen queda lejano e incomprensible para
las nuevas generaciones y no suscita en ellas recuerdo
ni emoción alguna, salvo el hastío. Lo memorable se
petrifica y se convierte en una suerte de uso social
débil y declinante, en una simple efeméride sin
consecuencias. Este término procede del griego ephemeros
“que sólo dura un día”, de ahí la palabra “efímero”.
La conmemoración queda en mero trámite hueco, efímero,
pasado el cual, queda sumido en el absoluto olvido.
Conviene ahora hacer algunas precisiones. Una conmemoración
puede presentar aspectos oscuros: indignidad, falsificación,
manipulación. Indignidad cuando se otorga derecho
de memoria a aquello que no lo merece, que es, incluso,
perjudicial, desdeñando lo importante. Falsificación
cuando se tergiversa el pasado, retorciéndolo hasta
que diga lo que se quiere que diga. Manipulación
cuando se usa la fuerza pasional del pretérito en aras
de la demagogia. Una presencia excesiva de estos ingredientes
indeseables conduce a la decadencia y la miseria moral
de una comunidad humana.
Pero también una conmemoración puede presentar facetas
luminosas. Dignidad cuando recuerda personas,
obras, cosas del pasado que merecen honor, es decir,
respeto y agradecimiento por los valores que nos han
transmitido. Verdad cuando nos muestra el pretérito
tal como fue, con sus aciertos y errores, con sus penas
y glorias, pues de todo ello se aprende. Honradez
cuando se quiere dirigir la emoción de la memoria para
transmitir la excelencia de lo legado. La conmemoración
cobra así pleno sentido y hace rendir al pasado cumplido
servicio: un ejercicio de razón histórica.
Al hilo de estas consideraciones podemos contemplar
la feliz iniciativa del libro y los actos académicos
que antes mencionamos. Sus promotores y colaboradores
no se resignan a que la figura de Ortega sea un simple
motivo de hueras efemérides sin consecuencias. Por eso
se reúnen para conmemorar a alguien memorable: José
Ortega y Gasset, una de las cumbres intelectuales del
pensamiento occidental. Y lo hacen de la mejor forma
posible, escribiendo y dialogando sobre la obra del
filósofo español.
Ortega y Gasset merece Dignidad en honor a la excelencia
de su obra y a su compromiso patriótico; necesita Verdad
para deshacer todas las miserables falsificaciones que
se han vertido sobre su vida y pensamiento; exige, en
definitiva, Honradez por parte de quienes se sienten
—nos sentimos— llamados a dar a conocer y difundir su
legado intelectual entre las nuevas generaciones, huérfanas
de auténticos maestros y vestidas con los harapos intelectuales
de una primitiva y mostrenca metafísica ambiente —un
conjunto de creencias básicas sobre el hombre y sobre
el mundo procedente de ideas caducas y erróneas.
Buena parte de la crisis y desorientación actual que
padece Occidente proviene de ese cáncer metafísico,
fruto de la descomposición de la modernidad. Durante
el pasado siglo envió metástasis a todos los estratos
de la cultura —manifestándose sobre todo en su epidermis,
la política. Ortega diagnosticó esta patología, dio
la alarma y aportó medios intelectuales para corregirla.
Mas su voz no encontró el eco adecuado y fue ahogada
en el naufragio bélico de la Guerra Civil Española y
la II Guerra Mundial. Reducido al ostracismo por el
régimen franquista, despreciado por la nueva hornada
de intelectuales “comprometidos”, el magisterio orteguiano
quedó casi olvidado. Se nos privó así de un preciso
instrumental teórico, perfectamente adecuado para orientarnos,
para saber a qué atenernos en la crisis.
Por eso la publicación del libro “Meditaciones sobre
Ortega y Gasset” y las jornadas sevillanas dedicadas
a conmemorarle —y toda iniciativa en pro de la reivindicación
orteguiana, como las emprendidas por la Fundación— no
son sólo algo conveniente o interesante, sino una necesidad
urgente de nuestro tiempo. En este sentido, hemos de
agradecer el enorme esfuerzo realizado por su promotor
y coordinador, Prof. Fernando Llano Alonso, y encomiar
el spinoziano amor intellectualis entregado por
los colaboradores para llevar a buen puerto esta empresa
de dignidad, verdad y honradez intelectual.
Memento!,
“¡acuérdate!”. Seamos dignos herederos de Ortega y honremos
su memoria.
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APÉNDICES:
“MEDITACIONES
SOBRE JOSÉ ORTEGA Y GASSET” Madrid, Editorial Tébar,
2005.
Eds. Fernando H. Llano Alonso y Alfonso Castro
Sáenz (Universidad de Sevilla)
INDICE
DE COLABORADORES: Miguel Ortega Spottorno “Prologo”;
Gregorio Peces-Barba Martínez “Ortega y la constitución
española de 1931”; Andrés de Blas Guerrero “Ortega y
la idea de nacion”; José Luis Abellán “Ortega y la posmodernidad”;
Antonio E. Pérez Luño “Hegel y Ortega”; Armando Savignano
“Ortega en el cincuentenario”; José Hierro Pescador
“El yo en Ortega”; María Isabel Lafuente “Unamuno y
Ortega”; Pablo Badillo O´Farrell “Weber y Ortega”; Javier
San Martín “Ortega, Cervantes y don Quijote”; Javier
Zamora Bonilla “Semblanza histórica de Ortega”; Juan
Padilla “La idea de historia en Ortega”; Álvaro Bastida
Freijedo “Salvación y elegancia de la vida”; José Lasaga
Medina “El héroe sin melancolía”; Fernando llano Alonso
“Filosofía de la vida, raciovitalismo y teoría de la
experiencia jurídica”; José Manuel Sevilla “Ortega y
el problematismo”; Alfonso castro Sáenz “Ortega y la
romanidad”; Ciriaco Morón Arroyo “Ortega en iberoamerica”;
María Isabel Ferreiro Lavedán “Los usos y el derecho
en Ortega”; Iñaki Gabaraín/José Ramón Carriazo “La critica
literaria en Ortega”; Tomás Domingo Moratalla “Ortega
y la fenomenología hermenéutica”; Francisco José Martín
“Ortega y Heidegger. Novela y poesía”.
“HOMENAJE A JOSÉ ORTEGA Y
GASSET EN EL CINCUENTENARIO DE SU MUERTE.”
Jornadas conmemorativas
del 21 de enero al 11 de febrero de 2005. Universidad
de Sevilla.
Coordinador: Prof. Dr. Fernando
Llano Alonso (Universidad de Sevilla)
Ciclo de conferencias y debates. Presentación de la
nueva edición de las Obras Completas de Ortega y Gasset.
Ciclo de conferencias:
Intervendrán: D. Gregorio Peces-Barba
Martínez (Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad
Carlos III-Catedrático de Filosofía del Derecho. Universidad
Carlos III de Madrid). “La reflexión social de Ortega”;
D. Andrés de Blas Guerrero (Catedrático de Historia
de las Ideas. UNED). “Ortega y la idea de nación”; D.
Antonio E. Pérez Luño (Catedrático de Filosofía del
Derecho. Universidad de Sevilla). “Europa como circunstancia
orteguiana”; D. José Manuel Sevilla (Profesor Titular
de Filosofía Moral. Ilmo. Sr. Vicedecano de la Facultad
de Filosofía y Ciencias de la Educación. Universidad
de Sevilla). “Ortega y el problematismo”; Dª Ana María
Marcos (Profª Titular de Filosofía del Derecho. U.N.E.D).
“El principio de la vida en Ortega”; D. Pablo Badillo
O´Farrell (Catedrático de Filosofía Moral y Política.
Universidad de Sevilla). “El político y el científico.
Ortega y Max Weber”; D. José Luis Abellán (Presidente
del Ateneo de Madrid. Catedrático Emérito de Filosofía
de la Universidad Complutense de Madrid). “Ortega y
la posmodernidad”.
Presentación de la nueva edición de las Obras
Completas de José Ortega y Gasset.
Intervendrán: D. Antonio Garrigues
Walker. Presidente de la Fundación José Ortega y Gasset;
D. José Varela Ortega. Vicepresidente de la FOG y Director
del Colegio de España en París; D. Jesús Sánchez Lambás.
Secretario General de la FOG; D. José Lasaga Medina.
Coordinador de los actos conmemorativos del cincuentenario
orteguiano; Dª Carmen Asenjo Pinilla. Gerente de la
FOG.
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