CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año III - Número 6 - Enero 2005
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MEMENTO ORTEGUIANO .

Álvaro Bastida

El 18 de octubre de 2005 se cumplirán 50 años del fallecimiento de José Ortega y Gasset. En la efeméride orteguiana resuena una acuciante vocación a la memoria: Memento!, “¡acuérdate!”. A esta llamada ha respondido oportuna y prontamente un nutrido grupo de estudiosos orteguianos —a instancias del Prof. Fernando Llano Alonso, de la Universidad de Sevilla— para la elaboración del libro “Meditaciones sobre Ortega y Gasset” (Madrid, Editorial Tébar, 2005)  y la organización de un ciclo de conferencias dedicadas al filósofo español, que se celebrarán en dicha Universidad. Una feliz iniciativa que se suma a los actos conmemorativos previstos por la Fundación Ortega y Gasset, entre los que destaca la presentación de la nueva edición de la Obras Completas de nuestro egregio pensador.

La memoria tiene un hondo sentido metafísico. Sin memoria no hay tiempo, no hay historia. Tampoco vida; pues ella es, por lo pronto, relato de las huellas que dejamos y recuento de las propias cicatrices. Vivimos volcados fatalmente hacia el mañana. Mas sin apoyo en el pasado, perdemos impulso hacia lo venidero y queda manca y malograda la figura de lo que podría haber sido, de lo mejor, aquello que en cada instante demanda ser cumplido. Y así, entonces, hay muerte en el olvido. Muerte de lo olvidado; también muerte del que olvida.

El legado intelectual y moral de Ortega forma parte de lo mejor de nuestro pasado. Renunciar a él supone una grave negligencia que compromete nuestro futuro. Somos responsables de su herencia y de las consecuencias que acarree su descuido. Por eso es un deber y una necesidad tener presente y hacer presente el pensamiento de nuestro gran filósofo.

Memorable es aquello digno de ser recordado. Y esa dignidad, ese derecho que le otorgamos, nace de su especial significación en la vida de cada cual. No todo acontecer —“personas, obras, cosas”— tiene igual importancia. Nuestra memoria es perspectiva; jerarquiza los hitos biográficos, colocando en primer plano aquellos que más estimamos: he aquí lo memorable. Ese orden del pasado viene impuesto por nuestra constitutiva vocación hacia el futuro, ya que el pretérito nos da instrumentos para afrontar el porvenir. De ahí que recordemos con la vista puesta en el mañana.

Esa memoria personal se forma sobre una memoria mostrenca, impersonal, que la envuelve como una atmósfera: son los usos sociales. En ellos va condensada la experiencia de pasadas generaciones, las soluciones —acertadas o erróneas— que se han ido destilando en la alquitara de la historia. Y hay un tercer estrato de memoria —que es el que ahora nos interesa— situado entre lo personal y lo social: lo interpersonal. Relaciones como la amistad, el amor, la familia, el discipulado... suponen un acervo común de recuerdos y relatos, un pasado compartido —real o inventado— que gravita sobre un grupo humano y lo aglutina. Se trata, en fórmula orteguiana, de lo consabido, aquello que sabemos y que, además, sabemos que los demás saben. Y así como en nuestra memoria personal se destacan ciertos acontecimientos memorables, ocurre también lo propio con lo consabido. Ello da lugar a que las personas se reúnan para recordar en común, es decir, para con­-memorar lo memorable que les une.

La conmemoración es un hacer. No en vano se dice “hacer memoria”, porque tenerla, sin más, no es suficiente. Y como tal hacer, tiene sentido, un porqué y un para qué: proteger del olvido aquellas partes del pasado —insisto: puede no ser auténtico— que configuran el presente e importa recordar  para el futuro de un grupo humano. La memoria vivifica lo recordado. La forma más elemental de conmemoración es la simple narración oral, para recuerdo de mayores y aprendizaje de pequeños. La danza, el canto, la oración repetitiva, la representación teatral... son elaboraciones que dan más fuerza expresiva al relato. Se transmite así de generación en generación. Llega un momento en que, de puro consabido, lo memorable se ritualiza y concreta en símbolos cuya simple presencia suscita su recuerdo y un correlato emocional de adhesión al grupo: iconos, emblemas, banderas, escudos, himnos, libros, etc.

Cuando lo memorable se transforma en rito y símbolo, la conmemoración corre el riesgo de perder su prístino sentido. Su origen queda lejano e incomprensible para las nuevas generaciones y no suscita en ellas recuerdo ni emoción alguna, salvo el hastío. Lo memorable se petrifica y se convierte en una suerte de uso social débil y declinante, en una simple efeméride sin consecuencias. Este término procede del griego ephemeros “que sólo dura un día”, de ahí la palabra “efímero”. La conmemoración queda en mero trámite hueco, efímero, pasado el cual, queda sumido en el absoluto olvido.

Conviene ahora hacer algunas precisiones. Una conmemoración puede presentar aspectos oscuros: indignidad, falsificación, manipulación. Indignidad cuando se otorga derecho de memoria a aquello que no lo merece, que es, incluso, perjudicial, desdeñando lo importante. Falsificación cuando se tergiversa el pasado, retorciéndolo hasta que diga lo que se quiere que diga. Manipulación cuando se usa la fuerza pasional del pretérito en aras de la demagogia. Una presencia excesiva de estos ingredientes indeseables conduce a la decadencia y la miseria moral de una comunidad humana.

Pero también una conmemoración puede presentar facetas luminosas. Dignidad cuando recuerda personas, obras, cosas del pasado que merecen honor, es decir, respeto y agradecimiento por los valores que nos han transmitido. Verdad cuando nos muestra el pretérito tal como fue, con sus aciertos y errores, con sus penas y glorias, pues de todo ello se aprende. Honradez cuando se quiere dirigir la emoción de la memoria para transmitir la excelencia de lo legado. La conmemoración cobra así pleno sentido y hace rendir al pasado cumplido servicio: un ejercicio de razón histórica.

Al hilo de estas consideraciones podemos contemplar la feliz iniciativa del libro y los actos académicos que antes mencionamos. Sus promotores y colaboradores no se resignan a que la figura de Ortega sea un simple motivo de hueras efemérides sin consecuencias. Por eso se reúnen para conmemorar a alguien memorable: José Ortega y Gasset, una de las cumbres intelectuales del pensamiento occidental. Y lo hacen de la mejor forma posible, escribiendo y dialogando sobre la obra del filósofo español.

Ortega y Gasset merece Dignidad en honor a la excelencia de su obra y a su compromiso patriótico; necesita Verdad para deshacer todas las miserables falsificaciones que se han vertido sobre su vida y pensamiento; exige, en definitiva, Honradez por parte de quienes se sienten —nos sentimos— llamados a dar a conocer y difundir su legado intelectual entre las nuevas generaciones, huérfanas de auténticos maestros y vestidas con los harapos intelectuales de una primitiva y mostrenca metafísica ambiente —un conjunto de creencias básicas sobre el hombre y sobre el mundo  procedente de ideas caducas y erróneas.

Buena parte de la crisis y desorientación actual que padece Occidente proviene de ese cáncer metafísico, fruto de la descomposición de la modernidad. Durante el pasado siglo envió metástasis a todos los estratos de la cultura —manifestándose sobre todo en su epidermis, la política. Ortega diagnosticó esta patología, dio la alarma y aportó medios intelectuales para corregirla. Mas su voz no encontró el eco adecuado y fue ahogada en el naufragio bélico de la Guerra Civil Española y la II Guerra Mundial. Reducido al ostracismo por el régimen franquista, despreciado por la nueva hornada de intelectuales “comprometidos”, el magisterio orteguiano quedó casi olvidado. Se nos privó así de un preciso instrumental teórico, perfectamente adecuado para orientarnos, para saber a qué atenernos en la crisis.

Por eso la publicación del libro “Meditaciones sobre Ortega y Gasset” y las jornadas sevillanas dedicadas a conmemorarle —y toda iniciativa en pro de la reivindicación orteguiana, como las emprendidas por la Fundación— no son sólo algo conveniente o interesante, sino una necesidad urgente de nuestro tiempo. En este sentido, hemos de agradecer el enorme esfuerzo realizado por su promotor y coordinador, Prof. Fernando Llano Alonso, y encomiar el spinoziano amor intellectualis entregado por los colaboradores para llevar a buen puerto esta empresa de dignidad, verdad y honradez intelectual.

Memento!, “¡acuérdate!”. Seamos dignos herederos de Ortega y honremos su memoria.


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APÉNDICES:

“MEDITACIONES SOBRE JOSÉ ORTEGA Y GASSET” Madrid, Editorial Tébar, 2005.
Eds. Fernando H. Llano Alonso y Alfonso Castro Sáenz (Universidad de Sevilla)

INDICE DE COLABORADORES: Miguel Ortega Spottorno “Prologo”; Gregorio Peces-Barba Martínez “Ortega y la constitución española de 1931”; Andrés de Blas Guerrero “Ortega y la idea de nacion”; José Luis Abellán “Ortega y la posmodernidad”; Antonio E. Pérez Luño “Hegel y Ortega”; Armando Savignano “Ortega en el cincuentenario”; José Hierro Pescador “El yo en Ortega”; María Isabel Lafuente “Unamuno y Ortega”; Pablo Badillo O´Farrell “Weber y Ortega”; Javier San Martín “Ortega, Cervantes y don Quijote”; Javier Zamora Bonilla “Semblanza histórica de Ortega”; Juan Padilla “La idea de historia en Ortega”; Álvaro Bastida Freijedo “Salvación y elegancia de la vida”; José Lasaga Medina “El héroe sin melancolía”;  Fernando llano Alonso “Filosofía de la vida, raciovitalismo y teoría de la experiencia jurídica”; José Manuel Sevilla “Ortega y el problematismo”; Alfonso castro Sáenz “Ortega y la romanidad”; Ciriaco Morón Arroyo “Ortega en iberoamerica”; María Isabel Ferreiro Lavedán “Los usos y el derecho en Ortega”; Iñaki Gabaraín/José Ramón Carriazo “La critica literaria en Ortega”; Tomás Domingo Moratalla “Ortega y la fenomenología hermenéutica”; Francisco José Martín “Ortega y Heidegger. Novela y poesía”.

“HOMENAJE A JOSÉ ORTEGA Y GASSET EN EL CINCUENTENARIO DE SU MUERTE.”
Jornadas conmemorativas del 21 de enero al 11 de febrero de 2005.  Universidad de Sevilla.
Coordinador: Prof. Dr. Fernando Llano Alonso (Universidad de Sevilla)
Ciclo de conferencias y debates. Presentación de la nueva edición de las Obras Completas de Ortega y Gasset.

Ciclo de conferencias:

Intervendrán: D. Gregorio Peces-Barba Martínez (Excmo. y Magfco. Sr. Rector de la Universidad Carlos III-Catedrático de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III de Madrid). “La reflexión social de Ortega”; D. Andrés de Blas Guerrero (Catedrático de Historia de las Ideas. UNED). “Ortega y la idea de nación”; D. Antonio E. Pérez Luño (Catedrático de Filosofía del Derecho. Universidad de Sevilla). “Europa como circunstancia orteguiana”; D. José Manuel Sevilla (Profesor Titular de Filosofía Moral. Ilmo. Sr. Vicedecano de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación. Universidad de Sevilla). “Ortega y el problematismo”; Dª Ana María Marcos (Profª Titular de Filosofía del Derecho. U.N.E.D). “El principio de la vida en Ortega”; D. Pablo Badillo O´Farrell (Catedrático de Filosofía Moral y Política. Universidad de Sevilla). “El político y el científico. Ortega y Max Weber”; D. José Luis Abellán (Presidente del Ateneo de Madrid. Catedrático Emérito de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid). “Ortega y la posmodernidad”.

Presentación de la nueva edición de las Obras Completas de José Ortega y Gasset.

Intervendrán: D. Antonio Garrigues Walker. Presidente de la Fundación José Ortega y Gasset; D. José Varela Ortega. Vicepresidente de la FOG y Director del Colegio de España en París; D. Jesús Sánchez Lambás. Secretario General de la FOG; D. José Lasaga Medina. Coordinador de los actos conmemorativos del cincuentenario orteguiano; Dª Carmen Asenjo Pinilla. Gerente de la FOG.

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