1. La
recepción de la Política en la Edad Media
2. La
recepción de la Política en la Edad Moderna
ANEXO
En este trabajo se intentará mostrar cómo la
Política de Aristóteles fue desde su primera
traducción latina en el último tercio del siglo XIII,
una obra fundamental en el desarrollo, consolidación
y renovación del pensamiento político europeo hasta
el siglo XVIII[1], pues durante generaciones los europeos la comentaron y
buscaron en ella soluciones a sus problemas sociales
y políticos. La Política, como otras obras de
Aristóteles, durante siglos fue el punto de partida
para muchas investigaciones, ofreciendo distintas perspectivas
para comprender la realidad social y política que los
hombres estaban construyendo y desarrollando[2].
La intención de este artículo es mostrar la importancia
y la vigencia que tuvo, y todavía hoy puede tener, las
ideas políticas de Aristóteles, por tanto trata de ir
más allá de un mero ejercicio histórico o erudito. Se
intenta ofrecer las líneas maestras por donde discurrió
una tradición de pensamiento político que dominó la
escena europea durante siglos, y que fue arrinconada
con el advenimiento de la Ilustración y la filosofía
kantiana. Es un esfuerzo que profundiza en la compresión
del pasado, con el fin de ofrecer soluciones al presente
para mejorar la sociedad en el futuro. Algo que Aristóteles
y los aristotélicos de todos los tiempos han buscado:
concretar y mejorar el ideal humano de vivir en una
sociedad justa, regida por un derecho justo que fomente
y asegure unas relaciones humanas armónicas y cooperativas.
Este programa lo desarrolló Aristóteles, lo heredaron
los comentaristas en diferentes momentos históricos
desde diversos puntos de vista.
1.
La recepción de la Política en la Edad Media.
El aristotelismo ocupa una posición preeminente
en la historia de la cultura occidental. Desde Boecio
a Galileo, desde el final de la civilización clásica
hasta la revolución científica del siglo XVII, e incluso
en algunos círculos intelectuales más allá, las obras
de Aristóteles fueron decisivas para configurar el pensamiento
de Occidente. Su influencia se extendió a las diversas
ramas del saber humano: teología, filosofía, ciencias
naturales, incluso dejó su huella en el sistema educativo
universitario. Por esta razón, el aristotelismo es una
corriente de pensamiento que no es unitaria, sino todo
lo contrario, es diversa y variada, que fue fundamental
para edificar y mantener el pensamiento, la filosofía
medieval. En este período se convirtió en la moneda
de cambio, en el lugar común de todos los pensadores
e intelectuales. Sin embargo, el aristotelismo medieval
fue paradójico: está presente en todos los autores y
escuelas de pensamiento, pero no es patrimonio exclusivo
de ninguna; se utilizó unas veces correctamente, otras
incorrectamente, otras como adorno erudito y otras como
autoridad para reforzar un argumento o una idea[3].
Actualmente se conoce bastante sobre el origen
y el desarrollo del aristotelismo político en la Edad
Media, especialmente desde el siglo XIII[4]. Por el contrario, los historiadores del pensamiento de
la Edad Moderna[5] generalmente dejan de lado el aristotelismo y concentran
sus esfuerzos en explicar la reacción contra la filosofía
escolástica, la aparición y la influencia de nuevas
escuelas filosóficas, el desarrollo científico, y pocos
estudian el auténtico renacimiento de las ideas de Aristóteles
entre destacados comentaristas y profesores de las universidades
europeas, como se verá en el epígrafe segundo.
La primera versión latina de la Política
se la debemos a Guillermo de Moerbecke hacia 1264[6]. A partir de ese momento la Política se consideró
uno los libros de Aristóteles que debía ser comentado,
como ya lo habían sido otros libros de lógica, de ciencias
naturales y filosofía siglos antes, es la llamada primera
oleada de recepción, uso y asimilación del contenido
de las obras de Aristóteles.
La tardía traducción de la Política, en
el último tercio del siglo XIII, muestra que fue una
de las últimas obras conocidas de Aristóteles en Occidente,
junto con la Poética. En la actualidad se ha
llegado a admitir tres fases de recepción, asimilación
y desarrollo del aristotelismo en la Europa medieval
(sólo a partir del segundo momento se podría hablar
con propiedad de un aristotelismo político). Estos períodos,
u oleadas, se pueden sintetizar en[7]:
- Alta
Edad Media. Comienzos del siglo VI con la traducción
y las adaptaciones de algunas obras de lógica y retórica
que llevó a cabo Boecio[8].
- Plena
Edad Media[9]. El segundo momento u oleada se puede situar
sobre el siglo XII con la traducción de varias obras
del Corpus Aristotelicum, que se realizaron
dentro de un amplio proyecto de renovación de las
distintas ramas del saber. La obra de Aristóteles
ofrecía, en este impulso de renovación intelectual
y cultural, unos elementos, unas ideas y un marco
de desarrollo excepcionales para el fin que se perseguía.
- Baja Edad Media. La tercera fase podría situarse en el siglo XIV y se caracteriza
por un hecho muy importante. El avance de los estudios
críticos y filológicos llevó a traducir, editar y
comentar de nuevo los textos aristotélicos. Es la
fase de difusión y consolidación de las ideas del
Corpus Aristotelicum en un vasto territorio
y entre un número considerable de autores, científicos
y filósofos. Aristóteles se convirtió en una autoridad
indiscutible para el diálogo intelectual europeo.
Sus ideas sirvieron para diseñar una nueva sociedad,
un nuevo estado que se abriría paso en la Edad Moderna
de la mano de nuevas corrientes filosóficas y políticas
que germinaron en Europa. No obstante, sus tesis se
mezclaron, y a veces se confundieron totalmente, con
otras fuentes y corrientes de pensamiento como el
estoicismo, el derecho romano y otras propias de la
iglesia Católica.
La aparición del texto de la Política
impuso un cambio de mentalidad y de metodología. Ni
lo uno, ni lo otro eran, nuevos en Occidente, pues desde
que Boecio dio a conocer los textos de Aristóteles en
el siglo VI, en Europa sintió la necesidad de incorporar
esas ideas a su mundo intelectual, a su cultura. Se
ha mantenido que los textos de Aristóteles se buscaron
porque Europa necesita respuestas, fundamentación teórica
para justificar el avance y el cambio en todos los órdenes
vitales e intelectuales que se estaba produciendo. Algo
parecido sucedió, siglos más tarde, en la Europa de
Reforma Protestante y la Contrarreforma Católica y,
también, en el período de la Guerra de los Treinta Años,
pero no en el siglo XVIII, la época de la Ilustración.
La ciencia política en la Edad Media hasta la
recepción de la Política de Aristóteles formaba
parte de la teología moral. Se conocía la existencia
de una obra de Aristóteles con ese nombre, era una vaga
noticia que se transmitía de un autor a otro, pero no
se sabía nada cierto sobre su contenido, pero sus ideas
se usaban fragmentariamente, aunque de un modo impreciso,
como se verá en algunos ejemplos. En la Europa cristiana
occidental quizá nadie había podido leer los manuscritos
griegos, o se habían leído de forma incompleta. Todo
lo que se sabía se reducía a citas, referencias recogidas
de los grandes autores latinos que se copiaban y se
leían con frecuencia en la Edad Media. Esto nos lleva
a pensar que había un conocimiento indirecto, o de segunda
mano, pero en absoluto directo de los textos griegos.
Esta nebulosa, esta indeterminación creó una especie
de misterio alrededor del texto, un deseo que había
que satisfacer, un interés creciente por conocer directamente
el libro de Aristóteles para saber en definitiva qué
decía y cómo lo justificaba y argumentaba. Pero también
existía un interés pragmático: intentar articular y
fundamentar con la obra de un filósofo de prestigio,
una auténtica autoridad, una parte de la filosofía moral
que se revelaba cada vez más importante y decisiva para
el desarrollo de la humanidad. Este deseo, que no se
puede confundir con una búsqueda sistemática, explicaría
que una vez conocido el texto se editara y se comentara
constantemente desde el siglo XIII hasta nuestros días,
como se ve en el anexo a este trabajo[10]. Se puede trazar una línea de continuidad de comentarios
desde Alberto Magno hasta los profesores e investigadores
de actuales. Una actitud que revela que la lectura de
esta obra es fundamental para entender las claves sobre
las que se asienta, consolida y evoluciona el pensamiento
político y social europeo. Además, cada generación de
autores ha intentado ofrecer una interpretación de esta
obra. Estamos hablando de mil años de pensamiento y
de comentarios, sobre unos mismos textos, sobre un conjunto
articulado de ideas e ideales políticos[11].
Los pensadores medievales fueron los que buscaron,
encontraron y estudiaron el texto de la Política
de Aristóteles[12]. Se ocuparon de traducirlo al latín y lo difundieron por
todo el mundo conocido. También acertaron a incorporarlo
definitivamente al acerbo cultural de Occidente. Así,
la Política se convirtió en uno de esos libros
que todas las generaciones leerán, intentarán entender
y extraerán de él soluciones a los interrogantes humanos
y sociales que se plantean en cada momento. El pensamiento
político tiene una deuda con todos los que de una u
otra forma se esforzaron y atrevieron desde el primer
momento a comentarlo como Alberto Magno[13], Tomás de Aquino[14], Pedro de Alvernia, Siger de Bramante, Engelebert de Admont,
Guy de Rímini (Guido Vernani), Juan de Legnano, Walter
Burley, Juan de Buridán[15], Nicolás de Oresme[16], Nicolás de Vaudimont, Henry Totting, Juan Vath, Juan
Wenscelao de Praga, Pablo de Venecia, R. Aggerio y,
alumbrando ya la Edad Moderna, Luis de Valencia[17], Fernando de Roa[18], Juan Versor[19], Gilberto Crab[20], Donato Acciaioli, Guillermo Becchius Florentino, Enrique
Toke, Juan Brasiator, Juan Krosbein, Pablo Worczyn,
Pedro Martínez de Osma, Roberto Cybollus, Vicente Gruner
y Virgilio Wellendorf y los muchos autores anónimos
que escribieron comentarios que se conservan en las
bibliotecas de todo el mundo. Estos autores, y otros
que no se han reseñado[21], son muestra evidente de que la Política
fue conocida, se asimiló al pensamiento europeo y además
se convirtió en una obra a la que se podía acudir en
busca de argumentos para explicar, justificar, fundamentar
y criticar la realidad política y social de una época
que estaba abocada a una crisis que desembocaría en
la irrupción de la modernidad.
De este modo, la Política en la Edad Media
se convirtió en un libro imprescindible, copiado y comentado.
Todos los autores difirieron en sus aproximaciones,
en sus glosas, en las ideas que exponían, en las teorías
y sus desarrollos, debido a la combinación de tres razones
fundamentales:
1.
Al público destinatario del texto
reyes, príncipes, clérigos o estudiantes.
2.
Cada uno siguió diferentes perspectivas
y convenciones académicas.
3.
Y, finalmente, trataron por todos
los medios de mostrar su nivel de compresión del texto
mediante la atribución de originalidad a sus ideas.
Antes se ha asignado a la Edad Media el honor
de haber descubierto y extendido el conocimiento de
la Política por toda Europa, pero esto no se
hizo de la noche a la mañana, fue un proceso que F.
Bertelloni[22] ha estudiado y expuesto en las siguientes
fases: noticias, conocimiento y comentarios y, finalmente,
asimilación e incorporación a la filosofía de Occidente
que da paso a la Edad Moderna.
Noticias. Se pueden citar tres textos
que recogen el nivel de información sobre la Política:
a) Domingo Gundisalino De divisione
philosophiae;
b) Un texto anónimo del siglo XII
Sicut dixit Isaac.
c) El texto conocido como Anónimo
de Brujas.
Sin entrar en muchos detalles, pues los especialistas
ya han estudiado estos temas con profundidad, se puede
afirmar que, primero se tenían noticias de la existencia
de un texto de Aristóteles llamado Política antes
de 1250. Segundo, se tenía una idea muy imprecisa sobre
su contenido exacto, por ejemplo, la obra de Gundisalino
admitía que Aristóteles había escrito un texto para
desarrollar la scientia gubernandi civitatem,
una especie de manual correspondiente a la literatura
áulica o espejos de príncipes, que estaban muy de moda
en la época. Tercero, la Política para todos
los autores citados era una parte importante de la división
de la philosophia moralis en ética, economía
y política.
De este modo, antes de la traducción de G. de
Moerbecke se distinguían tres partes en la filosofía
práctica de Aristóteles que tienen mucho que ver con
el contenido real de la Política. La ciencia
política se consideraba, en primer lugar, como el ámbito
donde se verificaban las relaciones que se definen en
términos de autoridad, sujeción y subordinación entre
el sujeto que manda y domina y el sujeto que obedece.
En segundo término, la política desarrolla un vínculo
de relación del individuo consigo mismo. Este vínculo
no es el mismo que lo relaciona con los miembros de
una casa –economía-, o con los ciudadanos de la ciudad
o comunidad, es la distancia que separa al buen hombre
del buen ciudadano cuyo paso de uno a otro no se hace
mediante agregación de individuos o yuxtaposición de
voluntades, ni es automático, sino que se requiere una
fundamentación teórica que en la Edad Media no se encontraba,
y que las noticias sobre la Política auguraban
que esta obra podría servir. Finalmente, en tercer lugar,
se estableció una primacía lógico-ontológica de la política
sobre la ética y la económica. Esta primacía transformó
a la política asumiendo o, mejor dicho, subsumiendo
en su contenido los fines de las otras parte de la filosofía
práctica, así la parte se convierte en el todo. Este
es el camino por el cual se puede afirmar que la política
llegó considerarse una ciencia arquitectónica que designa
a una epitécnica, un saber hacer que está por
encima de todas las demás artes y las coordina para
conseguir un fin común: la convivencia participativa
de todos en la comunidad[23].
A pesar de este avance, en esta primera fase
sólo se tienen noticias de la Política, pues
su verdadero y exacto contenido todavía era una incógnita.
Conocimiento. La primera fase termina
con la formulación de la política como ciencia del gobierno
de la comunidad social. Continúa con la traducción de
los dos primeros libros del texto que comienzan a revelar
el contenido exacto de la obra de Aristóteles, es la
llamada ‘traducción imperfecta'. Poco después de terminar
la traducción, llamada ‘traducción perfecta’ porque
se vertieron al latín los ocho libros, completa Alberto
Magno recogió todas las ideas dispersas en su comentario
y confirmó la primacía de la política como ciencia sobre
la ética y la económica. Por eso, como ocurre en toda
periodificación, Alberto Magno es el nexo de unión entre
las noticias y el conocimiento y, comienza la efectiva
recepción mediante los comentarios que pretenden abundar
en las ideas y el contenido de la Política, que
a partir de este momento comienza a ser conocida y comentada[24].
En esta segunda fase los hechos decisivos son
tres. Primero, la existencia de una traducción de toda
la obra, con muchos errores, pero completa. Segundo,
consecuencia de lo anterior, se pueden hacer comentarios
al texto con la seguridad que se tiene una obra entre
las manos a la que se atribuye autoridad para responder
a los interrogantes que se planteaban los autores, y,
al mismo tiempo, puede servir para resolver muchos de
los problemas prácticos que afectaban a la convivencia
humana. Y, tercero, el ambiente intelectual europeo
desde mediados del siglo XIII está preparado para recibir
y entender el contenido y las ideas de la Política,
y usarlo para el desarrollo de una ciencia política
desde una doble perspectiva: teórica y práctica. Esta
fase, abrió la puerta a la siguiente. Señalaremos los
datos más importantes de este iter desde que
se tradujo la obra en el último tercio del siglo XIII.
Comentarios[25]. Cronológicamente el primer comentario es el citado
de Alberto Magno, no es su obra más influyente, pero
es el que inicia la singladura europea de comentarios
al texto de la Política que se difundieron desde
ese momento. El autor en muchos casos escribe una paráfrasis
del original traducido. Un punto importante, por poner
un ejemplo significativo, es la definición de ciudadano:
aquel que está involucrado en el gobierno de la ciudad.
Es decir, ciudadano es el que convive en un espacio
físico, pero sobre todo, es quien tiene la plenitud
de sus derechos, y puede participar activamente en el
gobierno de su comunidad política. El comentario de
Alberto Magno no fue muy difundido. Lo importante es
que algunas de sus ideas y noticias fueron recibidas
por Tomás de Aquino su alumno durante un tiempo.
El comentario de Tomás de Aquino está inconcluso,
lo terminó Pedro de Alvernia[26]. El libro pronto se convirtió en fuente de copia y de
inspiración para otros muchos autores[27]. Es curioso notar la influencia de la época en los temas
que trata y las posturas que se mantienen. Así, por
ejemplo, se afirma que la monarquía es la mejor forma
de estado y de gobierno. Es importante poner de relieve
que la mayoría de los autores de la escolástica tomista
admitían que todos los hombres, la mayoría de los cuales
no eran nobles o carecían de las virtudes que supuestamente
estos autores asignaban como patrimonio de esta clase
social, tenían sin embargo derecho a ser gobernados
justamente, correctamente, y de ahí surgirá una línea
de pensamiento político que reconoce el derecho de resistencia
contra el tirano, y contra todo gobernante que patrimonialice
el poder y lo utilice en beneficio propio, o de los
suyos, en detrimento de todos los demás. O bien que
el poder es una exigencia del pueblo necesaria para
mantener unida a la ciudad, a los estados. Finalmente,
Pedro de Alvernia, en sus Questiones supra libros
Politicorum trató de buscar y ofrecer un perfil
muy nítido del gobernante mediante la exposición de
las virtudes del político, del rey. Asimismo, también
justificó la participación del pueblo en el gobierno
y desarrolló toda una teoría sobre la elección del gobernante.
Posteriormente, siguiendo estas descripciones
muy generales continuaron los comentaristas antes citados,
cuyos textos unos han sido editados, otros permanecen
inéditos, manuscritos. Con estos se completaría una
nómina significativa de autores que comentaron la Política
que abarcan dos siglos de pensamiento.
Guy de Rímini trató de poner de relieve las diferencias
de la doctrina cristiana con la filosofía de Aristóteles,
por ejemplo, afirmó que la doctrina de la esclavitud
natural es perversa para los cristianos. Su obra también
sirvió de guía para muchos autores, como texto básico
para entender y comentar la Política. Uno de
sus seguidores fue el canonista Juan de Legnano.
Walter Burley[28] escribió su comentario a final del primer tercio del
siglo XIV, en muchos casos su texto es una paráfrasis
del comentario de Tomás de Aquino. Lo original de esta
obra es su carácter didáctico. Inició una práctica que
luego se vio incrementada y mejorada en la que cada
libro se introduce con unas cuestiones y tiene esquemas
explicativos para exponer y elucidar los argumentos.
De esta forma se convirtió en un manual que resumía
la Política para los estudiantes y todo lector
que quería tener una cierta información sobre esta obra.
Uno de los temas que más le preocupa es la definición
y operatividad de los derechos de las personas en la
vida pública.
Nicolás de Oresme[29], tradujo la obra al francés, que pasa por ser la primera
traducción a una lengua vernácula, algo que será habitual
más tarde, a finales del siglo XVII, posteriormente
escribió su comentario en el último tercio del siglo
XIV. Es un autor con una amplia experiencia en la política
práctica. Su comentario es el más independiente y expone
su pensamiento en muchas ocasiones incluso contra el
propio Aristóteles. Le concede la supremacía a la ley,
al derecho, como una forma de limitar y controlar el
poder político y también, al mismo tiempo, el espiritual.
Aboga por una participación mayor de los ciudadanos
en los gobiernos de los estados. En su comentario ofreció
un programa radical y profundo de reformas que afectaban
tanto a la Iglesia como al Estado.
Juan de Buridán, cuyo texto durante siglos ha
sido editado con su nombre y no del supuesto autor N.
de Vaudimont, escribió no un comentario como los anteriores,
sino que se dedicó a discutir tomando como pretexto
la Política de Aristóteles, sobre aspectos relacionados
con la moral, el derecho y la sociedad en general. En
el libro podemos encontrar propuestas de reformas legales,
críticas al funcionamiento de los tribunales y de otras
instituciones del estado, buscando una mejora del funcionamiento
de la sociedad política en general.
Asimilación. Estos autores, y otros
que no se han reseñado y son una multitud cuyos trabajos
se conservan manuscritos en las bibliotecas más importantes
del mundo, reflejan que la Política no sólo fue
conocida, sino que también se intentó asimilarla al
pensamiento europeo y convertirla en patrimonio intelectual
suyo. Fue una obra que sirvió a todos para buscar argumentos
de autoridad y con ellos explicar, justificar, fundamentar
o criticar la realidad política y social de una época
que estaba abocada a una crisis que terminaría con el
advenimiento de una nueva edad cargada de nuevos proyectos,
grandes posibilidad y, por ende, nuevos problemas.
Así pues, la Política en la Edad Media
se convirtió en un libro conocido, editado, copiado,
comentado y asimilado al pensamiento europeo, pues no
olvidemos que el aristotelismo se gestó en el mundo
árabe. Todos los autores tuvieron ante su mirada una
misma fuente de ideas, pero, como se ha dicho, cada
uno la interpretó a su manera según las circunstancias
que rodearon la composición del texto: público y auditorio
destinatarios final del texto, situación académica,
preferencias filosóficas y adscripción religiosa, etc.
Todos mostraron un alto nivel de comprensión de las
ideas de Aristóteles y una cierta originalidad en sus
planteamientos[30].
Este breve recorrido muestra que el contenido
y las ideas de la Política fueron ampliamente
debatidos en la Edad Media. El texto fue considerado
como una fuente de inspiración y una autoridad muy respetada
cuando había que tratar asuntos teóricos y prácticos
relacionados con la política que urgía resolver o al
menos dar una respuesta. Y lo más importante, la Política
de Aristóteles sirvió para desarrollar una ciencia de
gobierno liberada de toda sujeción y servidumbre a la
teología moral e independiente del poder político con
toda su carga de sacralidad. No cabe duda que este libro
permitió abrir la puerta a una modernidad que se terminó
imponiendo.
[^
SUBIR]
2.
La recepción de la Política en la Edad Moderna.
El siguiente momento histórico de asimilación,
comentario e influencia de la Política, la llamada
tercera oleada, es más complicado y exigiría una investigación
amplia que está por realizar[31]. Existen estudios parciales, sobre un autor, pero no existe
para empezar, un elenco de autores y comentarios. La
lista que se ofrece en el Anexo en lo que refiere a
la Edad Moderna, seguramente está incompleta, pero es
reveladora del interés que suscitó la Política,
por esta razón existe el convencimiento entre los investigadores
de la importancia innegable de Aristóteles, y también
que gozó de fama, de autoridad y de prestigio casi indiscutido,
durante casi dos siglos y medio en las universidades
y centros de estudios europeos. También en esta época
se valoraron muy positivamente los comentarios medievales
que se reeditaron con frecuencia.
No cabe duda que la consolidación territorial
e intelectual de la Universidad como lugar de formación
de las nuevas elites profesionales, culturales, científicas
y funcionariales, la irrupción de nuevas teorías filosóficas
y la ruptura de la unidad política, moral y religiosa
de Europa, fueron motivos más que sobrados para agarrarse
a los textos de Aristóteles y buscar en ellos soluciones
a los nuevos problemas planteados. La Política
fue uno de los libros en el que los intelectuales encontraron
muchas respuestas a sus problemas. Fue una obra que
se presentó como una enciclopedia que, dentro del mismo
discurso teórico, trataba de forma racional todos los
niveles y elementos de la realidad. Por tanto, si bien
es cierto que Aristóteles con el avance de la ciencia
moderna perdió autoridad en otros ámbitos del conocimiento
humano, adquirió fama en todo lo relacionado con el
hombre consigo mismo –ética individual-, y con otros–economía
y política-. Así Aristóteles ejerció un dominio intelectual
entre los profesores de las universidades europeas en
la primera Edad Moderna.
Este incipiente desarrollo contrasta con otros
hechos históricos. Curiosamente a finales del siglo
XV y comienzos del siglo XVI en Europa se desarrollaron
diversas teorías que afectaban al estudio de las cuestiones
políticas, y, por tanto, se establecieron diferentes
teorías políticas, todas ellas sin contar directamente
con Aristóteles, lo cual demuestra que al menos al principio
de la Edad Moderna, o bien Aristóteles no era la autoridad,
o bien sí lo era, pero a través de la interpretación
de los teólogos morales, es decir, su influencia estaba
mediatizada. No obstante en todas las teorías se detectan
algunas ideas aristotélicas.
Por ejemplo, en Italia se hablaba de la Razón
de Estado, de la eficiencia política en las obras de
N. Maquiavelo, F. Guicciardini y G. Botero; en Francia,
de la doctrina de la Soberanía de J. Bodino y de las
doctrinas de resistencia monarcómacas[32]; en España, de la renovación del derecho
natural de gentes en la Escolástica tardía; en Inglaterra,
de la construcción del ideal político que trascendía
la realidad político-social y veía en la utopía la solución
a los problemas, es la obra T. Moro –que fue continuada
por T. Campanella y F. Bacon-, y en Holanda, de la afirmación
de las diferentes funciones entre goberante y gobernado
con virtudes distintas para cada uno, y evitando que
se interfirieran en sus respectivos ámbitos de actuación
y de responsabilidad, es el caso del influyente J. Lipsio.
Habría muchas razones que explicarían que la teoría
política caminara por estos senderos tan diferentes,
se podrían citar algunas, como son, en España el descubrimiento
y posterior colonización de América provocaron una intensa
reflexión sobre las relaciones internacionales y los
derechos de los pueblos y de los individuos, no sólo
en el ámbito de una nación o un reino, sino también
en la sociedad internacional. En Italia la desaparición
de las ideas imperiales en las ciudades del norte y
la dinámica propia del incipiente capitalismo comercial
pusieron en marcha la nueva legitimación -ya no basada
en las ideas ético-teológicas- de estas ciudades-estados
mediante el mantenimiento, la conservación del poder
y su eficiencia político-económica. En Francia las guerras
entre las creencias y las tendencias religiosas -con
su punto culminante en la noche de San Bartolomé- amenazaron
la unidad estatal, basada en la existencia de un rey,
una creencia y una ley. Debido a la escisión religiosa
ya no servía la legitimación divina del rey ni la concepción
medieval que identificaba a éste como el guardián del
Derecho y sus súbditos; debía añadirse a la soberanía
un principio de legitimación ínter confesional, y el
rey se vio obligado a establecer un nuevo Derecho para
mantener la unidad estatal. Al mismo tiempo en Alemania
las reflexiones políticas ocuparon también a los reformadores,
en muchos casos no eran más que derivaciones marginales
de sus concepciones religioso-teológicas y éticas, y
que en algunas ocasiones se centraran en los comentarios
a la Política de Aristóteles.
A comienzos del siglo XVII se intensificó la
dedicación y especialización científica por la política.
Todo este panorama que se puede caracterizar como una
búsqueda de un nuevo paradigma teórico. Aristóteles
fue el depositario de una gran autoridad doctrinal y
científica que fue perdiendo con el paso de los siglos.
Este magisterio era aceptado porque su filosofía tenía
su origen y su fundamento en la razón, por tanto, como
afirmó Ch. Schmitt, “lo importante era la razón, no
Aristóteles”[33]. Quizá esta afirmación puede ser matizada. Los pensadores
modernos dieron importancia a Aristóteles porque ofrecía
una explicación racional a los problemas del mundo moderno.
De esta formar, los textos aristotélicos sirvieron,
en el sentido más claro de utilidad, para conseguir
entender y explicar un mundo problemático, en suma conseguir
el propósito de todo intelectual: ofrecer soluciones
globales viables, posibles, a un mundo sometido a un
cambio continuo. De este modo, los autores volvieron
sus ojos una vez más a la Política de Aristóteles,
que surgió con fuerza y se instaló en el centro de las
reflexiones de los intelectuales, y también de los políticos.
Este retorno a Aristóteles tenía unas causas propias
–unidas a unos efectos- que lo justifican, y que se
pueden resumir en las siguientes.
Primera, las nuevas versiones latinas de los
textos de Aristóteles. El avance filológico, el conocimiento
del griego y de nuevos manuscritos llegados tras caída
de Bizancio permitieron a los humanistas cuestionarse
la exactitud de las traducciones medievales. Se inició
un proceso de depuración de textos hasta llegar a fijar
su supuesto contenido original. Fue labor, entre otros,
de Leonardo Bruno Arentino, y también con las revisiones
críticas de Pedro Ramos y Pedro Gassendi. En este momento
aparecerán las ediciones bilingües griego-latín con
comentarios[34].
Segunda, la imprenta impulsó una difusión más
amplia y más fácil de los comentarios. En ambas parte
de Europa –la protestante y la católica- se detecta
un gran interés por desarrollar textos que expliquen
el contenido y las ideas de la Política. En este
caso se constata una ‘lucha’ por conseguir poner de
un lado la gran autoridad doctrinal y práctica de Aristóteles,
de lo contrario se hace muy difícil explicar la razón
por la cual se multiplicaron por diez el número de comentarios
a la Política. Este hecho explica la complejidad
del aristotelismo: los comentarios son muy variados,
y cada autor los realiza desde sus propias posiciones
políticas, religiosas y filosóficas, por eso se ha afirmado
que al “comienzo del período que estamos considerando,
el comentario era ciertamente el instrumento favorito
para estudiar al Filósofo. Este método comenzó a perder
relevancia a principios del siglo XVII, aunque las obras
de los jesuitas de Coimbra y de Julius Pacius en verdad
muestran que el comentario no murió de muerte súbita
durante los años en los cuales Galileo y Francis Bacon
se estaban formando. El detallado, incisivo y multifacético
comentario filosófico era todavía uno de los medios
más habituales para estudiar Aristóteles. Fue desarrollado
en las universidades medievales y continuó sin interrupción
a lo largo del Renacimiento; no sólo se preparó una
cantidad muy grande de comentarios nuevos, sino que
también muchos comentarios medievales fueron reimpresos
una y otra vez. Algunos, como los de Tomás de Aquino,
fueron reproducidos frecuentemente a lo largo del siglo
XVI. Otros, incluso los comentarios de Buridan sobre
los libri naturales, parecen haber perdido el
interés de los lectores después de la década de 1520,
aunque hubo algunas reapariciones posteriores. Las obras
del siglo XV, por ejemplo los escritos de Johannes Versoris
sobre literalmente todo el corpus Aristotelicum,
fueron sorprendentemente populares durante las primeras
décadas de la imprenta pero cayeron rápidamente en el
olvido poco después de 1500, aún cuando algunos de los
primeros protestantes alemanes todavía seguían leyendo
su comentario sobre la Metafísica. En Polonia
estas exposiciones continuaron siendo acogidas durante
varias décadas más que en Europa Occidental”[35].
Tercera, la intensidad de la influencia de Aristóteles
es sorprendente. La Política está en acción en
Europa. El aristotelismo desde el Renacimiento dejó
de ser una corriente doctrinal local, regional o nacional,
para convertirse en un fenómeno que abarcó a toda Europa,
una auténtica filosofía europea con variaciones, pero
ampliamente aceptada[36]. Muchos autores utilizaron sus ideas para desarrollar
textos sobre la ciencia política, el arte de gobernar,
la formación de los príncipes, el derecho natural, etc.,
y en esta nueva búsqueda de una autoridad que diera
forma a los cambios que se estaban produciendo, la Política
fue un texto fundamental, que sirvió para desarrollar
el pensamiento sobre los asuntos políticos, pero también
contribuyó al proceso de especialización del saber sobre
la política, este fenómeno fue muy útil y muy conveniente
para constituir la ciencia de la política en una rama
del saber humano independiente.
El incremento de comentarios y textos políticos
que tienen como fundamento las tesis defendidas y expuestas
en la Política tuvieron su origen en la Edad
Moderna, y más en concreto en la Europa de la Reforma
Protestante, un ejemplo claro es la obra de Ph. Melanchton
cuyo comentario tuvo una gran influencia en todos los
autores protestantes[37]. La tarea de Melanchton junto con otro comentarista, J.
Sturm[38], fue ingente. Ellos establecieron el paradigma de educación
en el mundo protestante. De este modo, Aristóteles estuvo
más de un siglo dominando intelectualmente –por supuesto
no pacíficamente- las universidades luteranas, a pesar
de los muchos esfuerzos que hicieron otros autores,
seguidores y fomentadores de otras corrientes doctrinales
de pensamiento para desplazarlo de los cursos universitarios.
En España la Política de Aristóteles también
tuvo su importancia, pues parece que el Príncipe de
Viana realizó una traducción completa del texto[39], y, conviene recordar que en el límite
entre ambas edades medieval y moderna, Fernando de Roa[40] y Pedro de Castrobol[41] escribieron sendos comentarios abriendo una tradición
que será continuada por Juan Ginés de Sepúlveda[42] y Diego Pérez de Mesa[43].
Desde comienzos del siglo XVI se apreció un interés
cada vez más creciente y consciente por la Política
de Aristóteles. Por ejemplo, en Alemania el dominio
intelectual en el ámbito de la filosofía lo ejercieron
los comentaristas de Aristóteles –gracias al trabajo
de Melanchton y Sturm- que formaron una especie de escuela
cerrada y poderosa, que no dejaba sitio a nadie que
no fuera afín a ella y sus postulados. Los comentaristas,
muchas veces sólo meros glosadores, permitieron que
Aristóteles fueron más conocido en la Universidad, por
eso no es aventurado afirmar, que la base del pensamiento
político protestante en sus inicios fue Aristóteles,
quien a su vez se constituyó en el autor de máxima autoridad
para los príncipes reformados que tenían, entre otras
urgencias, que justificar y legitimar su poder político
y la sumisión de unos territorios y unos individuos
bajo su influencia y dominio. Los hombres ya no serán
ciudadanos, sino súbditos, que no es igual y estaba
muy alejado de las preocupaciones e ideas de Aristóteles.
La Política en el caso de las universidades
protestantes se había convertido en el texto de referencia,
siguiendo en parte los comentarios realizados por Melanchton,
Sturm y J. Camerario[44]. La Reforma protestante provocó, como es sabido, la ruptura
de la unidad política, cultural, moral y religiosa de
Europa. El protestantismo, al menos en sus inicios,
supuso para sus seguidores un incremento de la libertad
de pensamiento y de acción.
El aumento de la libertad tuvo como efecto inmediato
la proliferación de interpretaciones sobre el contenido
la Política que trató de ser rescatada, como
también la Ética, del dominio de la teología
moral escolástica.
La ciencia política, separada la teología moral fue
ganando peso y, al mismo tiempo, el pensamiento político
tendió a desarrollarse en un ámbito limitado: la Universidad
y entre los intelectuales[45]. Sin embargo, fuera de los muros de
los centros docentes. La vida política conservó todavía
los antiguos ritos y actitudes como por ejemplo la consagración
del Emperador. Por otro lado, también la realidad social
caminaba a su aire. De este modo, la burguesía más numerosa
en Italia, Francia o Inglaterra, que en otros países
como Alemania, se acomodó en el marco de las viejas
ideas imperiales. Las ciudades solicitaron la libertad
necesaria para desarrollar su trabajo, las actividades
artesanales y mercantiles, y sobre todo deseaban gozar
de una paz religiosa tan difícil de conseguir como la
de Augsburgo (1555), que garantizaba la coexistencia
de confesiones religiosas y la libre elección de las
ciudades imperiales. De este modo, la burguesía decidió
que no debía reclamar libertad a los príncipes, y sólo
dedicarse a su actividad comercial e industrial. Por
su parte correspondía a la autoridad política garantizar
un ambiente propicio para el desarrollo de ambas ocupaciones,
que redundaba en el bienestar material de los súbditos.
Por esta razón, la burguesía europea no se preocupó
de fomentar el desarrollo de nuevas ideas políticas,
porque estaba ocupada por garantizar sus medios de subsistencia,
y también las condiciones para su expansión comercial
y territorial. Sin embargo, la tarea de desarrollar
unas teorías políticas que fundamentaran los estados,
quedó reservada a los reformadores, los profesores universitarios
y los intelectuales preocupados por construir los nuevos
sistemas políticos, jurídicos, sociales y económicos.
Pero lo cierto, es que si bien había una separación
–como casi siempre- entre los intelectuales y la realidad
política y social, ya se estaban poniendo las bases
de unas nuevas teorías políticas basadas en un texto
clásico que consolidaran estos logros, y además fuera
capaz de desarrollar alternativas a la realidad social
conflictiva en la que vivían los hombres.
Como se ha dicho, en las universidades del ámbito
cultural protestante Aristóteles se había convertido
en la autoridad fundamental y de referencia. La Reforma
necesitaba construir un nuevo orden social y político,
y, también desarrollar una nueva cultura sobre la base
de la libertad de pensamiento y de acción del ser humano
en su camino hacia el encuentro con los demás, la convivencia
humana social y política. En esto influyó sin duda la
publicación De servo arbitrio de Lutero. Esta
situación fue propicia para publicar nuevos textos sobre
la Política, porque el protestantismo, al menos
en sus inicios, tomó como referencia este texto para
desarrollar una teoría política totalmente independiente
de la teología.
Por el contrario, en el ámbito intelectual y
universitario católico se ocuparon más del estudio de
la ética que de la política. Y esto fue así por dos
razones. En primer término a los católicos les interesaba
la teología moral privada, más que la ética pública.
En segundo lugar, la ética se redujo a virtudes prácticas
buenas que servían para acercarse a Dios, frente a los
vicios, prácticas equivocadas, que los alejaba de la
divinidad. Por estas razones interpretaron de forma
errónea la filosofía política de Aristóteles, para quien
la plenitud humana se consigue viviendo en la sociedad
como un ciudadano que participa activamente en el gobierno
de la misma, para lo cual es imprescindible tener una
vida virtuosa, pero ésta no tenía sentido alguno sin
la convivencia con los demás. De este modo, apenas se
enseñaba en la Europa católica la Política como
un ámbito independiente de la filosofía práctica, de
la moral.
Conviene precisar esta afirmación. La razón de
este abandono se puede encontrar en el siguiente hecho.
Parte de la iglesia Católica vivía bajo la influencia
de la división platónico-agustiniana de la filosofía
en tres partes: lógica, ética y física. En este esquema
la física estaba en el terreno de la actividad contemplativa,
la ética en el ámbito de la acción y la lógica participaba
de ambos. En este esquema la política no tenía cabida
más que una manifestación de la educación moral individual.
Por el contrario, la división aristotélica, como es
sabido, era la siguiente: actividad contemplativa y
actividad práctica. El conocimiento práctico trata de
dirigir la acción del sujeto[46]. Los hombres están destinados, según este planteamiento,
a actuar, a ejercitar el intelecto práctico de acuerdo
con sus decisiones y deseos, es decir, las disposiciones
e inclinaciones que realizan a través de su entendimiento.
Por tanto, era necesario para todo hombre recibir y
adquirir una educación moral para vivir de acuerdo con
sus propios principios naturales, por eso, el buen legislador
y hombre de estado que tiene la responsabilidad de gobernar,
debe establecer las mejores leyes, y actuar siempre
buscando el bien común. Por eso, el fin de la política
es educar a quien gobierna para que su actuación sea
beneficiosa para la sociedad y justa para los ciudadanos,
que también tienen que ser educados para participar
activamente en política.
La orientación tradicional de las universidades
y la menor dedicación al estudio de la ciencia política
iba en detrimento del impulso a una renovación de las
ideas sobre la sociedad y el estado, el gobierno o la
participación ciudadana. Además de las circunstancias
citadas, otras razones que explican esta falta de interés
se encuentran en que la Política aristotélica
no producía efectos jurídicos y políticos -por falta
de normas vinculantes- a favor de una filosofía estatal
rigurosamente metódica. Tampoco las doctrinas de la
prudencia ofrecían respuestas plenamente satisfactorias
para resolver los problemas políticos de la época.
Esta situación, sin embargo, cambió significativamente
en el paso del siglo XVI al siglo XVII. Se consumó la
ruptura entre política y ética mediante la publicación
de una gran cantidad de escritos políticos. Al mismo
tiempo, se fue especializando el pensamiento político
en diversos ámbitos o compartimentos. Finalmente, los
juristas comenzaron a interesarse por el sistema jurídico
de cada Estado, principado o reino, puesto que era un
elemento fundamental para conseguir la identidad frente
a los poderes más fuertes, como eran el imperio y el
papado. Para explicar este fenómeno hay que atender
a razones históricas y políticas derivadas de la evolución
del Imperio, pero no es este el lugar más adecuado para
hacerlo.
El equilibrio de la paz de Augsburgo entre las
confesiones religiosas, el emperador y los príncipes
se volvió quebradizo. Cada confesión ambicionaba un
cambio a su favor, lo cual influía negativamente en
la relación entre el emperador y los príncipes y los
súbditos. Las tensiones existentes llevaron a la Guerra
de los Treinta Años. Los príncipes electores protestantes
asumieron en el desarrollo del estado territorial nuevas
competencias y dominios. Se preocuparon de garantizar
y fomentar el bienestar para sus súbditos. Esta situación
exigía la formulación racional de nuevas teorías políticas
que, por una parte, afirmaran su independencia y diferenciación
frente al poder único del Emperador, y que, por otra,
fueran aprovechables para el arte del gobierno y de
la administración. De las Universidades -cada gran príncipe
creó la suya propia- esperaban también lograr la formación
de consejeros y funcionarios. No es extraño que la doctrina
política se convirtiera en el centro de atención.
La burguesía, cuyo peso político e influencia
social había disminuido en las ciudades imperiales debido
a la pérdida de bienes causada por la bancarrota estatal
y al retroceso del comercio, se dedicó a formarse en
las universidades para asumir sus nuevas tareas al servicio
del príncipe. Al mismo tiempo se estableció una forma
de entender la política y desarrollar un pensamiento
político por parte de lo que podríamos llamar una nueva
clase que se conoció con el nombre de los politici.
Estos eran los consejeros, ministros, funcionarios,
técnicos, etc. que vivían del poder y cerca de él, y
lo servían como trabajo habitual y, casi siempre, de
por vida.
Por otro lado, la Guerra de los Treinta Años
favoreció la reflexión política, pues el ambiente de
incertidumbre social y vital provocó la búsqueda de
soluciones a esa situación inestable que amenazaba toda
la existencia y las obras del hombre sobre la tierra.
La vuelta a la Política se vio favorecida por
muchas causas, entre otras, para justificar la soberanía,
es decir, la concentración del poder en una sola mano.
Pero a la vez que la doctrina de la soberanía tomó carta
de naturaleza como objeto de reflexión política, por
supuesto con variaciones importantes, se profundizó
y trabajó mucho sobre ella, los comentaristas se centraron
en desarrollar ideas básicas como por ejemplo, la fundamentación
del régimen político, comparándolo con otras formas
de estado y de gobierno históricas. Se trató de explicar
el origen y el desarrollo de la sociedad basándose en
el concepto de sociabilidad natural y, finalmente, la
forma de participación de las ciudadanos como elementos
activos de la comunidad en el gobierno. Como puede verse
se trataba de la primera parte de la Política
de Aristóteles que cada cual releyó según sus intereses
y circunstancias concretas haciendo una interpretación
personal de un texto que estaba abierto.
La Política fue objeto de comentario por
aquellos que se inclinaron por admitir, justificar y
desarrollar una idea de la política como una ciencia
práctica, sistemática, es decir, la política como una
ciencia creadora y fundamentadora del Estado, del poder
y del régimen o constitución establecido, afirmando
a la vez que las otras formas de estado eran históricas
e inviables en el momento actual[47]. Además, la Política proporcionó razones para
la acción directa sobre los súbditos, o frente a otros
estados con los que se competía en dominio territorial
e influencia política.
En los comentarios modernos afloraron muchas
ideas: cómo deben ser gobernados los estados, quién
tiene legitimidad para gobernarlos, cómo conseguir el
ideal de buen ciudadano, bien vivir y alcanzar la felicidad
humana, que se reflejarán en las declaraciones de derechos
humanos del ciclo revolucionario del último cuarto del
XVIII. También por qué hay que hablar de ciudad y no
de sociedad y estado, o al revés. Muchos comentarios
tuvieron un sentido práctico: conseguir en el ámbito
social y territorial la legitimación política que los
gobernantes necesitaban para poder ejercer el poder
sobre unos súbditos y unos territorios.
Aristóteles, y en concreto, su Política,
sirvieron para esto, y lo que es más curioso, la actitud
de legitimar un estado secular, no sometido a creencias
religiosas, fue el fin de muchos autores, por ejemplo
el caso de O. Giffen[48] protestante de Altdorf que se trasladó
la universidad católica de Ingolstadt, este caso no
es una excepción, ya que algunos aristotélicos protestantes fueron
sensibles a las influencias de los católicos, pero no
se constatan situaciones a la inversa[49].
Al mismo tiempo que aparecen los comentarios
a la Política se desarrolló la reflexión que
dará lugar a la teoría política, a la ciencia política
y a la teoría del estado y de la legislación. Todos
estos intentos proceden de un convencimiento acuñado
y admitido en épocas anteriores: la política es una
ciencia señora, epitécnica, arquitectónica, que está
por encima de otras ciencias y técnicas y las aglutina
tal como la habían definido los autores medievales para
separarla de la ética. Esa expresión ciencia arquitectónica
aparecerá con frecuencia en los escritos de los autores
que intervinieron activamente en las ediciones y comentarios
de las obras de Aristóteles, en Alemania principalmente
tomaron el testigo de la reflexión política de italiana
(Maquiavelo, Guicciardini, Botero), francesa (Bodino),
los españoles de la Escuela de Salamanca, los ingleses
Moro y Fostercue y el holandés Lipsio. Abriendo otra
época de la recepción y asimilación de la obra de Aristóteles[50].
El aristotelismo moderno surgido de los comentarios
a la Política se podría clasificar en seis grandes
tendencias o familias:
1) La poderosa e influyente interpretación
histórico-filológica desarrolladas en Aldorf y Königsberg
2) El neoestoicismo de Lipsio y el
tacitismo (Bernegger y Boecler). En Estrasburgo.
3) El
ramismo de Pedro Ramos[51] que criticó en sus orígenes a Aristóteles.
4) Las
ideas monarcómanas desarrolladas por varios autores[52].
5) La
búsqueda de una fundamentación histórico-empírica de
la política que tratará de conseguir un estado aconfesional
y secular como es el caso de Conring[53].
6) La
tradición católica caracterizada por plantear un aristotelismo
crítico con las ideas de libertad individual e influido
por el comentario más importante en este ámbito el de
Tomás de Aquino[54].
Se puede comprobar que el aristotelismo fue un
paraguas que dio cobertura a un número importante de
corrientes doctrinales muy variadas y, a veces, divergentes
entre sí. Por eso, el aristotelismo es un rótulo, una
etiqueta, que no es adecuada para describir muchas de
las actitudes, tendencias y escuelas que utilizaron
los textos de Aristóteles, y en concreto la Política.
Por tanto, hay que hablar, para ser precisos, de muchas
corrientes aristotélicas, de un fenómeno fragmentario
que se podría caracterizar por tener unas diferencias
esenciales y difíciles de superar. En aristotelismo
político no fue nunca una escuela de pensamiento unitaria,
sino todo lo variada que se quiera según la lectura
que cada autor hacía de los textos[55], pues éstos no son mudos, responden según se les pregunte.
En muchos lugares el aristotelismo se desarrolló
y consolidó como una pieza clave para el asentamiento
de la doctrina reformada, dando lugar, paradójicamente,
a un estado cristiano. Otras interpretaciones tuvieron
como consecuencia inmediata la división mantenida hasta
hoy día, de la política como ciencia sistemática general,
que tiene por objeto los principios generales del estado,
su origen y la fundamentación del poder político. Y
por otro, las ciencias especiales, orientadas a su utilización,
como la prudencia, que se refiere a los problemas de
la administración de los intereses del Estado, de la
formación del régimen político y de la utilización de
los recursos disponibles, así como del comportamiento
político prudente, el desarrollo de la ciencia de la
cámara política, es decir, la Cameralística, que además de las finanzas públicas incluía el estudio
de leyes administrativas, administración y gestión de
asuntos públicos y economía agraria, tan importante
en aquella época.
La Política se consideró en la Edad Moderna
un libro fundamental que contenía los principios básicos
y las directrices esenciales para construir y desarrollar
toda una ciencia práctica, un saber hacer, que alcanzaba
su plena realización en la consecución del ideal de
bien vivir social y del buen ciudadano gobernado por
un gobernante justo. Así la doctrina de la Política
se dividió en teoría que se ocupaba de los asuntos
de carácter general, inmutables, perfectamente reconocidos
y aceptados por todos o por una amplia mayoría, y también,
en práctica que se ocupaba de la dirección de
ese saber hacer técnico que implicaba las situaciones
especiales, cambiantes y sometidas a diferente consideraciones
según el objeto y el fin, las circunstancias y el tiempo.
En el desarrollo de las políticas especiales
aparecerán los comentarios que trataron de sistematizar
los saberes y las técnicas que debe dominar un político,
buscando siempre en la exposición un orden, un rigor
metodológico, que procuraron darle un valor general
para todos los estados en todo tiempo.
Como conclusión habría que decir que la Política
irrumpió en un mundo que se hundía y que se abría a
una época cargada de de nuevos retos intelectuales y
políticos, los estudiosos de la ciencia política se
encontraban con una realidad ante su mirada que no pueden
abarcar o entender. Maquiavelo había convulsionado la
política. Lutero había iniciado y consolidado un nuevo
camino ante la pasividad de unos eclesiásticos complacidos
y complacientes. La Corona de Castilla había abierto
y ampliado el horizonte vital y geográfico de Europa
con el descubrimiento de América. Este mundo moderno
y nuevo tenía problemas, sufría convulsiones y estaba
construyéndose. Los hombres de esta época sentían que
vivían a la intemperie, al albur de una proclamación
de guerra o de una acusación insidiosa ante un tribunal
de oído dulce. Era un mundo nuevo pero inseguro; los
hombres quieren seguridad para vivir y desarrollar sus
proyectos. La Política ofrecía a unos y a otros
esa seguridad y, también, una autoridad doctrinal con
los argumentos sólidos para vivir una vida plena, excelente.
Aristóteles y el aristotelismo siempre vivieron
en momentos de crisis, su obra, sus ideas, su filosofía,
se vieron forzadas y utilizadas en momentos difíciles
para la humanidad, circunstancias que exigían una autoridad
doctrinal indiscutible e indiscutida, que fuera capaz
de servir de fundamento para construir un pensamiento
político y un orden político estable, seguro y dinámico
para que los hombres pudieran vivir en paz, en libertad
y siendo protagonistas de su historia y de la comunidad
en la que despliegan su existencia.
Aristóteles escribió en el siglo IV, en una situación
que se ha caracterizado como una encrucijada crítica
para la política y los hombres de Grecia, en un momento
en el se rompe un horizonte político, la pólis
y, al mismo tiempo, se abría una nueva realidad: el
imperio universal de Alejandro, su discípulo. Aristóteles
intentó responder a este cataclismo mediante una reformulación
de los principios de la política en clave antropológica:
el hombre es por naturaleza un animal político, es decir,
su modo de ser exige vivir con otros, convivir con los
demás para hacer realidad una tendencia natural: la
vida política, la comunidad social, la participación
activa en su comunidad.
La obra de Aristóteles se buscó en la Edad Media
con ahínco para superar las crisis. La primera se produce
por la desaparición de otro horizonte político: el Imperio
Romano de Occidente, al que seguirá el Sacro Imperio
Romano Germánico. Ambas épocas exigían unos principios
políticos sólidos sobre los que asentar la convivencia
y el nuevo orden, más allá de la fuerza de las armas,
la herencia o la elección. En el momento de la destrucción,
Aristóteles político no apareció, se usó su filosofía,
pero no su filosofía práctica. En el momento de la construcción
sí se echó mano de él porque los tiempos exigían volver
la mirada hacia un autor de prestigio, de fuerte contenido
doctrinal y con amplios registros para dar soluciones.
El segundo momento relatado en este trabajo,
la Edad Moderna, es más complejo. La crisis está provocada
por muchos factores, el hombre europeo moderno estaba
desorientado, sin norte y como se ha dicho, viviendo
a la intemperie. La Edad Moderna conoció cambios espectaculares
en el pensamiento político y religioso, pero se aprecia
todavía más continuidad de la que sugiere el contraste
con lo medieval y lo moderno. Es cierto que se puede
ver un desvanecimiento de la Edad Media. Por ejemplo,
a partir más o menos del año 1450 la autoridad eclesiástica
pareció de modo más patente ser lo contrario de lo que
afirmaba ser, representante de Cristo y su doctrina.
La teoría de los juristas proporcionaba respuestas muy
vagas y ambiguas a las cuestiones de índole, diríamos
hoy, constitucional. La escolástica tendía a expulsar
de su seno a los heterodoxos como Marsilio de Padua
y Guillermo de Ockham. La retórica humanística flotaba
sobre el mundo del poder y de la facción. Los nuevos
paradigmas de Maquiavelo[56] y Lutero eran convincentes porque estaban más cerca
de las experiencias y deseos efectivos de la gente.
Sin embargo, algunas de las principales configuraciones
del pensamiento político en la Europa moderna fueron
establecidas antes de 1450: la autoridad del estado
y su separación de la Iglesia, el imperio de la ley,
la legitimidad de las asociaciones menores, la monarquía
absoluta, el consentimiento popular, la representación
parlamentaria, etc. Por otro lado, se ofreció una nueva
versión de los viejos principios, justicia, libertad,
paz, bien común. No hubo, tampoco, una continuidad en
la evolución de los estados territoriales, los sistemas
legales, las monarquías y, en algunos casos, los parlamentos.
Los cambios realmente decisivos en el pensamiento político
europeo tuvieron lugar en los siglos XI al XVIII: entre
uno y otro hubo esencialmente una época. Se puede decir,
que el puente sobre el que transitaron todos los autores
fue la Política de Aristóteles, por ejemplo,
en lo que atañe al lenguaje político, los más antiguos
continuaron vivos y sirvieron de vehículos para nuevas
ideas. El lenguaje teológico experimentó un renacimiento
traumático en la reforma y en la contrarreforma. El
lenguaje escolástico recogió su cosecha más granada
en F. de Vitoria, R. Hooker y F. Suárez, y estaba todavía
vivo en J. Locke. El lenguaje jurídico cedió su territorio
al lenguaje político que acuñó nuevas monedas sobre
los conceptos que aparecen con frecuencia en el discurso
político: soberanía, contrato, derecho natural, derechos
individuales, confianza, estado, poder.
En todo este complejo mundo un clásico viejo
revivido una y otra vez hasta nuestros días ocupó un
lugar fundamental en la reflexión, en la sistematización
de doctrinas y teorías y, finalmente, en la resolución
de problemas que situaron al hombre ante el abismo.
Aristóteles se encargó de cubrir y dar sentido a la
época en la que se hace Europa y los europeos.
[^
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ANEXO
RELACIÓN
DE COMENTARIOS A LA POLÍTICA
1. Textos editados en la Edad Media y en la Moderna
·
Acciaioli, Donato, In Aristotelis libros VIII Politicorum
commentarii, Venetiis, V. Valgrisium, 1566.
·
Alberto Magno, Opera Omnia, Vol. VIII, Parisiis,
L. Vivès,1891.
·
Arnisaeus, Henningus, (1575-1636), Doctrina politica
in genuinam methodum, quae est Aristotelis reducta,
Francofurti, J. Thiemen, 1606.
·
Bruni, C., Aristotelis Politicorum libri octo, Parisiis,
S. Colonaei, 1526.
·
Bruno, Jacobus, (1594-1654), Dissertationes de usu doctrinae
civilis Aristotelicae, Altdorf Scherff, 1644.
·
Burgersdicius (Burgersdijk), Franco, (1590-1635), Idea
oeconomicae et politicae doctrinae, Lugduni Batavorum,
H. De Vogel, 1644.
·
Buridan, Jean, Quaestiones in octo libros Politicorum
Aristotelis, Oxoniae, Excudebat G. Turner, 1640.
·
Calvinus, Johannes, (siglos XVI/XVII), Notae in Politicos
Aristotelis priores libros, Frankfurt, Fischer,
1595.
·
Camerarius, Joachim, (1500-1574), Politicorum et Oeconomicorum
interpretationes, Frankfurt, A. Wechelus, 1581.
·
Caselius (von Chessel), Johannes, (1533-1613), Programma
in libros Aristotelis De optimo statu reipublicae,
Rostock, Myliandrinis,1587.
·
Castrovol, Pedro de, Commentum super libros Politicorum
Aristotelis, Pampiloniae, Guillen Brocario,1496.
·
Casus (Case), Johannes, (c. 1546-1600), Sphaera civitatis
hoc est, Reipublicae recte ac pie secundum leges administrandae
ratio, Francoforti ad Moenum, Rulandiorum &
Rhodii, 1604.
·
Cellarius, B., Politicae succintae ex Aristotelis potissimum
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·
Cellarius, Martinus (1499-1564), Politicae succinctae
ex Aristotele potissimum eruta, Jenae, B. Lobenstein,
1664.
·
Cellarius, Martinus (1499-1564), In Aristotelis Politicorum
sive De republica libros VIII annotationes primum in
lucem editae, Basel, Oporinus, 1545.
·
Cober, L., In libros VIII Politicorum Aristotelis,
Lipsiae, s/e, 1515.
·
Conringius (Conring), Hermannus, (1606-1681), Praefatio
in Politicam, Helmstedt, s.e.,1637.
·
Conringius (Conring), Hermannus, (1606-1681), Annotationes
ad Praefationem ad libros Politicorum, Braunschweig,
H. Mulleri, 1730.
·
Conringius (Conring), Hermannus, (1606-1681), Aristotelis
Politicorum libri superstites, editio nova cum introductione
et emendationibus, Braunschweig, H. Mulleri, 1730.
·
Crab, Gilbertus, (?-1552), Aristotelis de convenientia Politicae et Oeconomicae Aristotelis, Paris, Petit, 1510.
·
Crab, Gilbertus (?-1552), Commentum in Aristotelis Politica
et Oeconomica, Paris, Petit, 1500.
·
Crassotius (Crassot), Johannes, (c. 1558-1616), Elementa
politicae peripateticae, quibus accurata et facillima
methodo Aristotelis libri VIII De republica explanantur.
Totius philosophiae peritateticae brevissimum compendium,
Paris, s.e., 1616.
· &nb |