1. INTRODUCCIÓN.
Hace ya varios años que la minería del carbón española vive inmersa
en un continuo proceso de reestructuración que ha
restado numerosas unidades productivas al sector y
ha derivado en la destrucción de un gran número de
puestos de trabajo, sin que todo ello haya servido
para evitar que la supervivencia de la mayoría de
las empresas siga condicionada a las ayudas públicas.
Es por tanto, un sector muy cuestionado, cuyo futuro
está ligado a la política europea en relación con
el mantenimiento de dichas ayudas.
Sin embargo, las dificultades de las últimas décadas
y el incierto horizonte que aún se dibuja para esta
actividad no deben ensombrecer el importante papel
que el sector carbonero ha jugado históricamente en
el desarrollo industrial y económico del país: por
un lado, el carbón fue el combustible que movió las
máquinas en las primeras fases del proceso de industrialización,
el que aseguró el abastecimiento energético cuando
la economía española estaba cerrada al exterior o
el que ayudó a amortiguar la subida de los precios
de la energía cuando, ya en fechas más recientes,
se dispararon las cotizaciones de los combustibles
importados; por otro, la actividad que las empresas
mineras generaron a su alrededor, tanto en términos
de empleo y producción directa, como a través de sus
efectos de arrastre sobre otros sectores, tuvo igualmente
una importancia trascendental para el desarrollo de
determinadas zonas del país.
El objetivo del presente trabajo es, precisamente, contribuir
al mejor conocimiento de la historia de una de esas
empresas, Minero Siderúrgica de Ponferrada (en adelante
MSP), sabiendo que se trata de la que durante las
últimas ocho décadas ha sido la mayor compañía carbonera
privada del país y la segunda del sector, por detrás
de HUNOSA.
Nacida en el año 1918 y ubicada en la cuenca minera de
Villablino, al norte de la provincia de León, la historia
de MSP es parte fundamental de la historia del sector
carbonero español, a cuya producción todavía contribuye
con un 12 por 100 del total, dando empleo a un 9 por
100 de sus trabajadore [1]. Esa importancia, aún más reseñable
en los datos de producción y plantilla de otras épocas,
cuando llegó a tener una nómina de casi 6.000 trabajadores,
la hacen merecedora de un lugar muy destacado en la
historia empresarial española. [^
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2. NACIMIENTO DE LA EMPRESA.
La creación de MSP supuso la materialización de las varias ideas
y proyectos que desde principios del siglo XX habían
ido surgiendo para hacer factible la explotación de
la cuenca minera de Villablino. Esta cuenca, localizada
en la zona noroeste de León, fue una de las últimas
de la provincia en ser objeto de una explotación sistemática[2].
Las enormes dificultades del terreno y, por tanto,
los elevados costes en que había que incurrir para
trasladar el mineral a los puntos de destino, dieron
al traste con la mayoría de las iniciativas que intentaron
ponerse en marcha.
La vía para sacar al mercado los carbones de la cuenca
era la estación que el Ferrocarril del Norte tenía
en la localidad de Ponferrada, a 60 kilómetros de
Villablino, núcleo central de la misma (Mapa 1). Pero
la ausencia de infraestructuras de transporte adecuadas
obligaba a desplazar el carbón en carros arrastrados
por animales, lo que imposibilitaba la explotación
a gran escala de la cuenca y mermaba la rentabilidad
de las escasas pequeñas empresas que, hasta la creación
de la que nos ocupa, se habían aventurado a extraer
carbón de las minas de Villablino. El desarrollo de
las infraestructuras necesarias para dar salida al
mineral de esta cuenca exigía un desembolso al que
ninguna empresa pequeña podía hacer frente. Sí estaba,
en cambio, al alcance de una firma como MSP. De hecho,
el proyecto del que surgió la compañía llevaba implícita
la idea de Lazúrtegui y Revilla, difundida algunos
años antes, de crear una línea férrea entre Villablino
y Ponferrada[3], que permitiera sacar el
carbón de la cuenca y, por tanto, facilitara su explotación
a gran escala.
MAPA 1.- PLANO DEL COTO WAGNER Y LA CUENCA HULLERA
DE VILLABLIONO.

Fuente: MSP
En cuanto al origen de la empresa, MSP fue uno de los
frutos de las inversiones de los grandes capitalistas
y financieros de la época, fundamentalmente banqueros
y empresarios siderúrgicos que antes y, sobre todo,
después de estallar la guerra habían acumulado grandes
fortunas con sus negocios en un sector, la minería
del carbón, que en aquel momento se consideraba estratégico
para la economía nacional y que, dados los problemas
de abastecimiento energético que afrontaba el país
en los años de la contienda europea, prometía grandes
beneficios, a la vez que aseguraba el suministro de
combustible a las fábricas siderúrgicas de las que
algunos de aquellos capitalistas eran propietarios.
Así, se puede decir que, la amplitud del mercado,
por una parte, y la abundancia de capital, por otra,
jugaron un papel decisivo en la creación de MSP. Sin
embargo, y según lo que se ha dicho anteriormente,
el principal factor que impulsó su nacimiento no fue
ninguno de los dos anteriores, sino el inicio de las
obras de la referida línea férrea entre la localidad
en la que se ubicaba el coto hullero (Villablino)
y aquella otra donde se situaba la estación de ferrocarril
más próxima (Ponferrada), línea cuya explotación fue
concedida a uno de los socios fundadores de MSP, D.
Pedro Ortiz y Muriel, con la condición de que fuera
de utilidad pública, sirviendo al tráfico de viajeros
y mercancías ajenas. Dicha concesión fue posteriormente
cedida a MSP[4]
que, como consecuencia, quedó subrogada en todos los
derechos y obligaciones de D. Pedro Ortiz y Muriel
relacionados con el ferrocarril de referencia.
El día 31 de octubre de 1918 siete grandes personalidades
del mundo empresarial de la época, D. José Luis de
Ussía y Cubas (conde de los Gaitanes), D. José Luis
de Villabaso y Gorrita, D. Francisco de Ussía y Cubas
(marqués de Aldama), D. Francisco Arana Lupardo, D.
Juan Manuel Landaluce, D. José Ortiz y Muriel y D.
Pedro Ortiz y Muriel fundaron MSP con un capital inicial
de 30 millones de pesetas, una cifra muy por encima
de las que eran habituales en las empresas mineras
de aquella época. Todos ellos, como los que un año
después se incorporaron al Consejo, formaban parte
de la gran aristocracia económica y financiera[5]
española, de manera que desde el primer momento MSP
estuvo estrechamente vinculada, a través de consejeros
comunes, a algunos de los grandes bancos y a las más
importante compañías mineras (Coto Tauler, Coto Musel),
siderúrgicas (Basconia, Basauri), de ferrocarriles
(MZA) y eléctricas (Hidroeléctrica Española, CHADE
o Cooperativa Electra-Madrid, entre otras) del país.
Aunque después sufrió numerosos cambios, hasta la década
de 1980 su Consejo de Administración estuvo siempre
comandado por las familias Ussía, Villalonga y Botín,
y, por tanto, estrechamente relacionado con los Bancos
Santander y Central. El Gráfico 1 refleja las conexiones
de MSP con la banca a través de consejeros comunes
en 1920 y 1960.

Por lo demás, el proyecto de los fundadores de la empresa
iba más allá del deseo de aprovechar la coyuntura
favorable del sector carbonero para hacer negocio
con las actividades extractivas. El plan del que surgieron
los objetivos que recogen los primeros Estatutos de
la compañía era el de explotar las minas de carbón
de Villablino y, a la vez, las de hierro que también
habían adquirido en las proximidades de Ponferrada
(el denominado Coto Wagner –Mapa 1–), para con el
combustible y el mineral extraído alimentar una factoría
siderúrgica en Ponferrada y hacer realidad la famosa
idea de Lazúrtegui de convertir al Bierzo en “una
nueva Vizcaya”[6].
La premura con la que, acuciados por los requerimientos
de un Gobierno que buscaba como fuera el modo de asegurar
el abastecimiento energético del país, los fundadores
de la empresa tuvieron que poner en explotación las
minas del carbón, hizo que de partida MSP se limitara
a explotar los yacimientos de Villablino, dejando
para más tarde la construcción de los Altos Hornos.
Después, la incorporación de nuevos empresarios siderúrgicos
al Consejo de Administración de la empresa y el cambio
de coyuntura que supuso el fin de la contienda europea
llevaron a sus gestores a replantearse las posibilidades
que en aquella zona (excesivamente alejada del litoral)
y en aquel momento tenía el negocio siderúrgico, decidiendo
finalmente aplazarlo para un momento futuro que luego
nunca llegó. [^
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3. EVOLUCIÓN HISTÓRICA.
Desestimado el proyecto siderúrgico y centrada en las
actividades extractivas, las cuatro décadas siguientes
(es decir, el periodo que va de 1920 a 1960) configuraron
a Minero Siderúrgica de Ponferrada como una de las
grandes compañías mineras del país.

Después de unos años iniciales marcados por los altibajos
en los resultados, como consecuencia del cambio de
coyuntura y las numerosas y cuantiosas inversiones
en que hubo que incurrir para completar el establecimiento
inicial, desde el final de la Guerra Civil y hasta
los primeros años sesenta, MSP logró ir conformando
un gran coto hullero y un destacable complejo industrial
integrado por el ferrocarril, dos fábricas de aglomerados
y dos centrales térmicas, una en Villablino y otra
en Ponferrada, negocios a los que en las décadas de
1940 y 1950 vinieron a sumarse el inicio de la actividad
en las minas Wagner de mineral de hierro y la apertura
de una filial para distribuir carbones en el mercado
madrileño (Distribuidora de Carbones S.A.). Un abanico
de actividades que los gestores de la empresa habían
decidido emprender buscando la integración vertical
hacia atrás en la producción, como modo de ahorrar
costes, y hacia adelante en la distribución, con el
objetivo de asegurarse el mercado. Así, el hecho de
disponer de un ferrocarril propio garantizaba el transporte
de carbón a precios competitivos. Las centrales eléctricas,
por su parte, suministraban la energía necesaria para
la explotación de las minas de hierro y el funcionamiento
del resto de instalaciones de la empresa; y las fábricas
de aglomerados, además de aprovechar los menudos de
carbón, proporcionaban combustible al ferrocarril
y las centrales eléctricas.
En el marco de una fuerte protección estatal, desde el
final de la guerra civil y durante toda la etapa autárquica
el extraordinario auge que experimentó la actividad
extractiva (Gráfico 3) y la explotación del conjunto
de su complejo productivo reportaron a MSP abundantes
beneficios que, como se puede ver, situaron su rentabilidad
en niveles muy elevados y la convirtieron en una empresa
de gran solvencia (Gráfico 4). En 1960 MSP explotaba
un coto hullero al que en los años anteriores se habían
ido incorporando multitud de nuevas minas, su producción
carbonera superaba el millón de toneladas, en tanto
que la de hierro se aproximaba a las 600.000 y su
plantilla rondaba los 4.000 trabajadores, frente a
los aproximadamente 1.300 que tenía al concluir la
guerra civil. Y a todo esto hay que sumar los ingresos
obtenidos por la distribución a otras empresas de
una parte de la energía generada en sus centrales
térmicas y el tráfico de viajeros y mercancías ajenas
por el ferrocarril Ponferrada-Villablino.
Se puede decir, por tanto, que aunque el negocio ya había
empezado a generar beneficios en los años anteriores,
su verdadera etapa dorada la vivió MSP al amparo de
la política proteccionista y las ayudas públicas del
periodo autárquico. Un auge al que también contribuyó
la importante ampliación del mercado a que dio lugar
la instalación en las proximidades de Ponferrada de
una nueva central térmica, propiedad de ENDESA, con
una elevada cifra de consumo de carbones.

Pero, lamentablemente, ese ciclo expansivo empezó a agotarse en
los primeros años sesenta, en que la empresa inició
un declive del que ya no logró recuperarse más que
en momentos puntuales, como sucedió por ejemplo en
los años que siguieron a los dos impactos petrolíferos
habidos en la década de 1970. Y, todo ello porque,
a la vez que su actividad carbonera sufría los efectos
de la apertura exterior y la relajación de la política
proteccionista, el resto del edificio productivo de
la empresa se iba también derrumbando: las primeras
en sucumbir fueron las centrales eléctricas, y más
en concreto la de Ponferrada, que era, de las dos,
la que se explotaba con fines comerciales. Esta central,
en aquel momento ya muy obsoleta, no pudo hacer frente
a la competencia de los nuevos grupos térmicos que
desde 1950 ENDESA había empezado a instalar en las
proximidades de Ponferrada y, como consecuencia, cesó
su actividad en 1971; por otro lado, el avance del
transporte por carretera trajo también consigo una
notable pérdida de dinamismo del ferrocarril cuyo
tráfico quedó desde 1980 limitado al transporte de
mercancías, una vez clausurada la línea de viajeros.

Como corolario de todo lo anterior, desde principios de los años
setenta se produjo asimismo una notable y paulatina
disminución del volumen de producción de las fábricas
de aglomerados, que finalmente cerraron en los primeros
años de la década de 1980 en que el ferrocarril Ponferrada-Villablino
dejó de consumir carbón y, como consecuencia, desapareció
la demanda de su principal cliente. Y, por si todo
esto fuera poco, la crisis que durante esos años vivió
la minería del hierro española obligó también a paralizar
la actividad en las minas Wagner.
A pesar de todo ello, como se puede observar, el volumen de negocio
de la empresa volovió a crecer de manera muy notable
al finalizar la década de 1970 y aumentaron también
el activo, la producción y la plantilla (Gráficos
3 y 4). Esto que parece una contradicción con lo que
se ha dicho anteriormente sobre la marcha de la empresa,
encuentra explicación en la fusión de MSP con la compañía
minera asturiana Felgueroso S.A., a la que absorbió
en el año 1967, pasando como consecuencia su yacimiento
minero (la famosa mina La Camocha), junto con el resto
de su patrimonio a formar parte del balance de MSP
y su plantilla a engrosar la de esta última empresa.
Lo que, en todo caso es evidente es que si bien la fusión
supuso una significativa ampliación del negocio, no
impidió que continuara el deterioro de los resultados.
Por el contrario, la explotación de La Camocha, con
unos costes de extracción mucho más elevados que los
de las tradicionales minas de Villablino[7],
fue desde el principio un lastre añadido para la empresa.
De hecho, sólo el deseo de ampliar el mercado de sus
carbones a la siderurgia asturiana permite entender
que MSP absorbiera a la empresa Felgueroso, S.A. justo
en el momento en que muchas otras compañías carboneras
reducían actividad o cerraban y se nacionalizaba la
minería asturiana para evitar la destrucción masiva
de puestos de trabajo.
Por tanto, y en definitiva, la apertura exterior, la
relajación de la política proteccionista, la modernización
económica general y de los medios de transporte en
particular, la obsolescencia de muchas de las instalaciones
de la empresa, la carestía de los salarios de una
plantilla excesivamente abultada y, sin duda, una
inadecuada política financiera, que llevó a mantener
en muchos momentos una solvencia excesivamente elevada,
sacrificando recursos que se hubieran podido invertir
en la modernización de las minas y a seguir repartiendo
dividendos cuando ya los beneficios se alternaban
con las pérdidas, son algunos de los más importantes
factores que explican el inicio de un declive que
empujó a la banca a vender sus participaciones en
la empresa y que, como se puede apreciar en el gráfico,
se agudizó desde la segunda mitad de la década de
1970 en que, con la acumulación de pérdidas, el endeudamiento
creció de manera espectacular, desembocando todo ello
en una situación de insolvencia. Llegados a ese punto,
ni la escisión jurídica de La Camocha, efectiva desde
1991, ni los diversos planes que, con el apoyo público,
se pusieron en marcha para reestructurar y sanear
la empresa pudieron evitar que en 1993 MSP fuera finalmente
declarada en quiebra.
Debido al enorme coste social y económico que la liquidación
de la empresa hubiera tenido para la zona en la que
operaba, los diferentes agentes implicados (trabajadores,
entidades financieras, Seguridad Social...) se volcaron
en la negociación de un plan de viabilidad y un convenio
de acreedores que hicieran posible la salida de esta
situación, a la vez que, excepcionalmente, el juez
permitió que la quiebra fuera con continuidad sin
que en ningún momento hubiera paralización de los
trabajos.
Así, en junio de 1994, después de firmarse el convenio
de acreedores, el juez dictó finalmente el auto de
levantamiento de la quiebra lo que hizo posible poner
en marcha el plan de viabilidad que, a través de una
operación acordeón, con reducción inmediata del capital
y posterior ampliación del mismo, tenía por objeto
reflotar de nuevo la empresa. La necesidad de capitalizar
la compañía abrió la puerta a nuevos accionistas,
lo que llevó a que, después de invertir 2.500 millones
de pesetas, el empresario minero leonés D. Victorino
Alonso García se hiciera con el control de la misma.
Con el respaldo de las ayudas públicas concedidas para
financiar el plan de viabilidad, más las que, como
las demás empresas recibe en el marco del plan del
carbón[8],
el nuevo grupo inversor ha logrado durante estos años
saldar las deudas heredadas de la quiebra y, después
de sucesivos ajustes en la plantilla[9], colocar de nuevo a la
empresa en la senda de los beneficios con una rentabilidad
y una solvencia perfectamente equiparables a las de
las compañías más rentables del sector (véase Vega
Crespo, 2003, p. 308). A pesar de ello y, como se
decía en la introducción, su futuro, igual que el
de las demás empresas carboneras sigue estando ligado
al de las ayudas públicas que, por otra parte, han
condicionando sus ciclos y han sido factor clave del
comportamiento de sus resultados a lo largo de toda
su existencia.
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4. IMPACTO DEMOGRÁFICO Y ECONÓMICO.
Como es fácil imaginar, la actividad de una
empresa que empezó operando con una plantilla de alrededor
de 1.000 trabajadores, que en 1960 rondaba los 4.000
y que, todavía hoy, después de sucesivos ajustes laborales,
supera el millar de obreros, ha tenido un enorme impacto
en la demografía y la economía de las zonas en las
que ha centrado su negocio, fundamentalmente el municipio
de Villablino y, en general, todo el valle del río
Sil (ver Mapa 1), donde se ubican sus minas de carbón
y Ponferrada, que a lo largo del siglo ha albergado
diversas instalaciones de la empresa y ha actuado
como principal centro de consumo y distribución de
sus carbones.
Por lo que se refiere, en primer lugar, a los cambios generados
por la empresa en la demografía de las zonas en las
que ha tenido mayor presencia, los datos son bien
ilustrativos al respecto (Gráfico 5): el municipio
de Villablino que al finalizar la primera década del
siglo XX tenía apenas 3.000 habitantes a la altura
de 1930 se aproximaba a los 7.000 y en 1960 contaba
con un censo casi cinco veces mayor que el de 1910,
una trayectoria que contrasta claramente con la de
la población leonesa y española.
Evolución similar se observa en el municipio de Ponferrada
que, gracias a las nuevas oportunidades de empleo
que brindó MSP y sus efectos de arrastre sobre otras
actividades, entre 1910 y 1960 vio multiplicarse por
cinco el número de sus habitantes. Bien es cierto
que, en este caso el impulso no sólo se debió a los
puestos de trabajo creados por MSP sino también a
los efectos de arrastre ejercidos por las empresas
que fueron surgiendo en la limítrofe cuenca minera
de El Bierzo, cuyos carbones, como los del Sil, confluían
hacia Ponferrada, y al propio efecto de atracción
ejercido por un núcleo que al ser el mayor de toda
la zona ofrecía más oportunidades laborales y contaba
con una más amplia gama de servicios administrativos,
educacionales, sanitarios o de ocio que los de su
entorno. Esto permite explicar también que la población
de Ponferrada haya seguido creciendo en las últimas
décadas, cuando ya la minería del carbón estaba en
declive.

Por el contrario, la evolución poblacional de Villablino
es el fiel reflejo de la trayectoria seguida por la
empresa, de manera que las etapas de mayor auge son,
de un lado, los primeros años veinte, que contemplan
el establecimiento de la misma y, de otro, el periodo
autárquico, época dorada para la minería del carbón
en general y para MSP en particular. A partir de
entonces la población del municipio registra un claro
estancamiento, que se convierte en retroceso en la
última década del siglo en que la plantilla de la
empresa sufre un recorte de casi un 60 por 100[10].
Pero, tanto o más importante que los cambios demográficos
inducidos por la empresa ha sido su impacto económico
en las zonas en las que ha centrado sus actividades
y, en general, en toda la provincia. Así, la instalación
de MSP transformó radicalmente la estructura económica
de la zona de Villablino que si al finalizar el siglo
XIX tenía al 90 por 100 de sus activos ocupados en
tareas agrícolas y ganaderas, a la altura de 1960
era ya una economía fundamentalmente industrial, con
casi un 70 por 100 de sus trabajadores empleados en
labores mineras (Cuadro 1); una situación que se ha
mantenido hasta la actualidad pues, a pesar de la
crisis que ha vivido en las últimas décadas, la minería
del carbón sigue siendo con diferencia la actividad
más importante del municipio y la que, a la vez, permite
el mantenimiento de un gran número de empleos indirectos
en otros sectores industriales y de servicios.

En idéntica dirección ha evolucionado la estructura económica
de Ponferrada (Cuadro 1), con la salvedad de que aquí
la pérdida de peso de la agricultura se explica tanto
por el avance de las actividades mineras como por
el auge del sector terciario, al tratarse del núcleo
que centraliza los servicios administrativos, financieros,
educacionales, de transportes, etc., de toda la zona
circundante. En todo caso, y al igual que en Villablino,
desde 1960 la minería del carbón ha sido el principal
motor de la economía ponferradina, tirando de otras
actividades industriales como el sector termoeléctrico
y el sector servicios en su conjunto. Las minas de
carbón, el ferrocarril minero, las varias instalaciones
de MSP en Ponferrada y la nueva central térmica que
atraída por el florecimiento de la minería en las
cuencas de El Bierzo y Sil se instaló en Ponferrada
atrajeron, como ya se ha dicho anteriormente, un gran
número de pobladores hacia este municipio, provocando
como consecuencia cambios muy importantes en su estructura
económica.
En definitiva, y para finalizar, la instalación de MSP
ha tenido importantísimos efectos de arrastre sobre
la economía del noroeste leonés y, por extensión,
del conjunto de la provincia, en cuyo proceso de industrialización
esta empresa ha jugado un papel decisivo. Todavía
hoy, cuando su plantilla apenas supera los mil trabajadores,
MSP sigue generando más del 4,5 por 100 del VAB industrial
leonés y un 3,5 por 100 del empleo en este sector[11],
lo que hace incuestionable su papel en el presente
y, evidentemente, también en el futuro de la economía
leonesa. [^
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