1. La ciencia política como epitécnica.
2. La división de la política.
3. La política es natural.
BIBLIOGRAFÍA CITADA
La Ética a Nicómaco tiene una relación tan estrecha
con la Política que ambas son por completo inseparables.
De hecho, en la conclusión de aquella Aristóteles se
refiere a ésta como su continuación [2]. A lo largo de la Ética a Nicómaco
hay una constante referencia a las implicaciones políticas
de las nociones estudiadas
[3]. Es preciso por tanto, para no desenfocar
el tema, estudiar las relaciones entre ambas y el rendimiento
político de la Ética a Nicómaco para responder
a esta pregunta: ¿qué aporta políticamente la Ética
a Nicómaco? En el fondo la pregunta es mucho más
radical, también para nosotros: ¿qué relación tienen
la ética y la política? ¿qué se entiende por ambas?
Este trabajo sobre Aristóteles se puede decir que depende
de esta respuesta. Por eso, la pregunta ha de ser formulada
con todo su rigor.
La
aportación política más importante de la Ética a
Nicómaco se refiere al concepto mismo de la política.
Es un concepto egregio, dignísimo, que pone en juego
las mejores dimensiones humanas. Es algo por completo
alejado de nuestra idea habitual de la política como
ámbito despreciable, simple escenario de juegos hipócritas
de poder, completamente ajenos a nuestros intereses.
Este
carácter egregio tiene el sentido de "la política
como señora o dominadora", que viene expresado
en el capítulo segundo de la Ética a Nicómaco:
"Si existe, pues algún fin de nuestras acciones
que queramos por él mismo y los demás por él, y no elegimos
todo por otra cosa -pues así se seguiría hasta el infinito,
de suerte que el deseo sería vacío y vano-, es evidente
que ese fin será lo bueno y lo mejor. Y así, ¿no tendrá
su conocimiento gran influencia sobre nuestra vida,
y, como arqueros que tienen un blanco, no alcanzaremos
mejor el nuestro? Si es así, hemos de intentar comprender
de un modo general cuál es y a cuál de las ciencias
o facultades pertenece. Parecería que ha de ser el de
la más principal y eminentemente directiva. Tal es manifiestamente
la política. En efecto, ella es la que establece qué
ciencias son necesarias en las ciudadades y cuáles ha
de aprender cada uno, y hasta qué punto. Vemos, además,
que las facultades más estimadas le están subordinadas,
como la estrategia, la economía y la retórica. Y puesto
que la política se sirve de las demás ciencias prácticas
y legisla además qué se debe hacer y de qué cosas hay
que apartarse, el fin de ella comprenderá los de las
demás ciencias, de modo que constituirá el bien del
hombre; pues aunque el bien de cada uno y el de la ciudad
sean el mismo, es evidente que será mucho más grande
y más perfecto alcanzar y preservar el de la ciudad;
porque, ciertamente ya es apetecible procurarlo para
uno solo, pero es más hermoso y divino para un pueblo
y para las ciudades"
[4].
Para
entender el alcance de este texto es preciso insistir
en que la política, considerada como ciencia suprema,
rige la totalidad de la vida humana porque con ella
se alcanza el conocimiento del bien. Esto llevó a Platón
a hacer reyes a los filósofos: "... el género humano
no verá días mejores hasta que adquiera autoridad política
la raza de quienes siguen recta y auténticamente la
filosofía"
[5]. La ciencia de la política platónica
es absoluta, sin distinción entre la ciudad y el individuo [6], a la vez teórica y práctica: nos
da a conocer la virtud y ese conocimiento hace justos
a los hombres. Por eso los gobernantes son educadores
en el bien. Por tanto, ética y política son lo mismo [7].
Aristóteles
tiene ante sus ojos este planteamiento y lo desarrolla [8]. Pero pertenece al espíritu griego,
como ya se ha dicho, ver con una sola mirada a la persona
y a cuanto le rodea: la ciudad es un hombre a gran escala,
"descrito en caracteres mayores" [9]. Por eso la política abarca ambas
cosas, pues no se puede considerar lo uno sin lo otro.
[^
SUBIR]
1. La ciencia política como epitécnica.
Como
se ha visto, la Ética a Nicómaco comienza mostrando
que la política es una ciencia, y una ciencia peculiar,
la más señora, la más dominadora, la directiva, que
en griego sería arquitectónica: la que gobierna o dirige
a las demás técnicas
[10]. Es una ciencia que establece qué
ciencias son necesarias en la pólis, pues estas
ciencias prácticas le obedecen: se sirve de ellas. Por
eso su fin es "comprender a las demás ciencias"
y por eso el político es "el arquitecto del fin" [11]. Por esta razón escribe: "en
todas las ciencias y artes el bien es un bien; el mayor
y en el más alto grado será el de la suprema, y esta
es la disciplina política" [12].
Por
tanto, es una disciplina que está por encima de las
demás pues las dirige. Esta superioridad radica en el
carácter supremo del objeto que persigue: abarca los
objetos de todas las demás. Así pues, "las acciones
de la vida"
[13], siguiendo la terminología de Aristóteles,
son el objeto general que abarca la totalidad de la
ciencia. Acerca de ellas "legisla qué hacer y de
qué apartarse" [14]. No se trata de una ciencia sectorial,
sino completa: abarca, en general, todas las acciones
humanas, la conducta [15].
Estas
acciones prácticas no son necesarias a diferencia de
las verdades universales conocidas mediante la teoría,
pues éstas versan sobre lo que puede ser de otro modo,
y aquéllas sobre lo que no tiene ese carácter [16]. Por eso esta ciencia es incierta
e inexacta, porque su fin no es el conocimiento, sino
la acción [17], la conducta práctica, muchas veces
imprevisible y nunca necesaria.
Si
su fin comprende el de las demás ciencias, se tratará
del fin que se busca por sí mismo, y los fines de las
demás ciencias se buscarán en él. ¿Cuál es ese fin?
Esta es la pregunta con la que la Ética a Nicómaco
se pone en marcha. Tal fin parece ser la felicidad [18]. Por eso la política es la ciencia
de lo mejor [19] y constituye el bien del hombre [20], "porque el bien del hombre
y el de la ciudad son el mismo"
[21], pero éste fin es más grande y más
perfecto cuando es de la ciudad; "aunque el bien
del individuo y de la ciudad sean el mismo, será mucho
más grande y más hermoso alcanzar y preservar el de
la ciudad"
[22].
Así
pues, la política, ciencia de lo mejor, tiene que ver
con la felicidad. Incluso constituye el bien del hombre,
aquello sin lo cual éste no se alcanza como tal. Las
acciones prácticas humanas, pues, parecen tener que
ver con el bien y la felicidad: en ellas se gana o se
pierde. Este objetivo supremo de la política -buscar
y ganar el bien supremo, el que se busca por sí- establece
una distinción drástica de la política respecto de las
demás ciencias sociales; en esto radica su señorío sobre
las otras. Esto tiene una importancia extraordinaria:
la política no puede confundirse con las demás técnicas
(têchnai), porque está más allá de ellas, es
epitécnica. Y está por encima porque éstas buscan
un bien parcial, sectorial, especializado, lo que se
logra mediante una habilidad, mientras que la política
tiene que ver con algo más alto: la felicidad, que parece
consistir en un bien al que todos los bienes especializados
o parciales se orientan. La técnica, en suma, no da
la felicidad.
Una
primera observación que se deriva de este planteamiento
es que cuando se pretende reducir la política a técnica,
se la rebaja, se la convierte en algo sectorial, relacionado
con una utilidad. Entonces deja de alcanzarse con ella
la felicidad. La política como simple técnica es una
política rebajada, disminuida de su objetivo propio:
ser la ciencia de lo mejor que el hombre desea. Y al
revés: cuando se pretende encomendar a una técnica la
dirección de las demás técnicas y de los asuntos humanos,
entonces se convierte al hombre en objeto de la técnica,
en producto, dicho con otras palabras, sustituir la
política por una técnica de primer nivel es corromperla,
remacha Aristóteles. Una técnica dominadora de las demás
es la esclavitud de la política, y por tanto del hombre.
Así pues, la política no es el ámbito del homo faber
técnico, sino del homo sapiens, del hombre libre [23].
Cuando
el homo faber pretende apropiarse el ámbito de
lo político, anula al homo sapiens, le quita
la libertad, y le convierte en producto manipulado,
porque el homo faber es simple técnico, artesano:
cree que la felicidad es producto de su técnica. Aparece
el dominio de la tecnología: hagamos técnicamente al
hombre y a la sociedad, y así podremos ser felices.
Esto, visto desde Aristóteles, supone la corrupción
de la política, porque supone perder su carácter directivo
respecto de las demás ciencias, e implica esclavizar
la libertad y la pérdida de lo mejor. La felicidad no
está en el orden de la técnica, porque es epitécnica.
La
política está por encima de la técnica, pero ésta, a
su vez, no puede ni suplantarla ni separarse de ella
porque la medida humana, el criterio, lo recibe de aquélla.
La relación entre ética, política y técnica requiere
un ajuste mutuo que mantenga a cada una en su esfera
propia.
La
política tiene una dignidad cualitivamente superior
a la técnica, porque es diferente de ella, como se ha
visto. Se trata de defender una dignificación de la
política: lo que se dirige a lo más digno y apreciado
por el hombre es un saber no equiparable a la simple
producción, porque se ocupa de cosas que no se hacen
para ser utilizadas, como los objetos instrumentales
y funcionales, sino de las que se buscan por sí mismas.
En la política nos jugamos la felicidad humana: este
es el mensaje de Aristóteles.
Mientras
no establezcamos el carácter epitécnico de la política,
seguiremos despreciándola como una técnica al servicio
del poder, de algún modo ilegítima. El desprecio de
la política impide que exista la ciudad: ningún arte
humana es capaz de asumir la función de organizar la
convivencia humana, ninguna técnica de primer nivel
da lugar a una sociedad suficiente, a una sociedad perfecta.
Por eso nuestro problema es cómo entender la política,
cómo entender una técnica que no sea transformante,
que sea la organización total, en términos de suficiencia,
de las técnicas transformantes, pero en atención a la
libertad, al ciudadano.
Esta
es la interpretación que Leo Strauss hace de la filosofía
política moderna: "El problema político se convierte
en un problema técnico. Hobbes lo expresa con claridad:
cuando las repúblicas se deshacen por desórdenes intestinos,
la culpa no es de los hombres en cuanto que son la materia,
sino en cuanto que son los configuradores de esas repúblicas" [24].
[^
SUBIR]
2. La división de la política.
Aristóteles
habla al final de la Ética a Nicómaco de "una
filosofía de las cosas humanas"
[25], o de filosofía antrópica o antropológica,
en la cual debe ser incluida el estudio de los regímenes
políticos o formas de gobierno. Esta filosofía es, para
Aristóteles, la propia política, la ciencia que trata
del bien y de la felicidad del hombre acerca de los
cuales se escribe y elabora la Ética a Nicómaco [26]. Por tanto esta filosofía antrópica
o política se dice en primer lugar de aquella ciencia
que trata de las acciones y de las costumbres, de los
hábitos o estados del hombre, es decir, de la virtud.
El concepto de virtud está expuesto en el libro II de
la Ética a Nicómaco, y se puede definir de varios
modos: "... el poder de adquirir y conservar bienes
y el poder de realizar muchas y grandes actividades
buenas" [27].
La
virtud es un hábito o estado
[28]: "el poder de adquirir y conservar
bienes" y "el poder de realizar muchas y grandes
actividades buenas". Ser virtuoso es hacerse bueno,
mejorarse a uno mismo: "hay que decir pues, que
toda virtud perfecciona la condición de aquello de lo
cual es virtud"
[29]. Por eso ser feliz es ser virtuoso
ejerciendo las actividades propias de la virtud perfecta:
"Puesto que la felicidad es una actividad del alma
según la virtud perfecta, hay que tratar de la virtud,
pues acaso así consideraremos mejor lo referente a la
felicidad. Y parece también que el que es de veras político
se ocupa sobre todo de ella, pues quiere hacer a los
ciudadanos buenos y obedientes a las leyes. Y si esta
indagación pertenece a la política, es evidente que
esta indagación estará de acuerdo con nuestro proyecto
inicial. Acerca de la virtud es evidente que hemos de
investigar la humana"
[30]. Aristóteles se está refiriendo
a la política que incluye, en primer lugar, investigar
la virtud humana, y esto es la ética, que a su vez se
divide en el estudio de los hábitos de la mente -hábitos
dianoéticos, tratados en el libro VI de la Ética
a Nicómaco: la técnica, la ciencia, la prudencia,
la sabiduría y el intelecto- y de los hábitos de carácter,
que proceden de las costumbres, de las acciones, y son
los hábitos éticos, que es la investigación acerca de
la virtud a la que se refiere la cita y que da comienzo
al libro II de la Ética a Nicómaco: "Existen
dos clases de virtud, la dianoética y la ética; la dianoética
debe su origen y su incremento principalmente a la enseñanza
y por eso requiere experiencia y tiempo; la ética, en
cambio, nace de la costumbre, por lo que hasta su nombre
se forma por una pequeña modificación de costumbres" [31].
Esto
le permite afirmar que "el político debe de conocer
en cierto modo lo referente al alma"
[32]. El político aquí es el entendido
en el bien del hombre y en la virtud que constituye
ese bien, es decir, el epitécnico. Política es, en primer
lugar, el estudio de las virtudes del carácter, las
virtudes éticas, y éstas tienen que ver con el bien
y el placer humanos. Aristóteles no dispone del término
ética para designar este primer aspecto de su ciencia
política (el que trata de la virtud humana), porque
lo está inventando: a partir de él se llamará así, ética.
Pero mientras, emplea para esa ciencia de la virtud
humana el término ciencia política. Es, como se ve,
un sentido del término bien ajeno al que en la actualidad
solemos tener.
Pero
en segundo lugar, la ciencia política comprende también
el estudio de las politéiai
[33]. Este estudio abarca:
a)
El de la mejor politéia. El tratamiento sistemático
de la politéia recta y mejor es el presentado
en los libros VII y VIII de la Política [34].
b)
El estudio de las diversas politéiai o regímenes
que se han dado históricamente o se han propuesto teóricamente
(libros IV y VI).
Esta
segunda parte de la política también incluye, desde
otro punto de vista, el estudio de las leyes y la legislación
(cómo han de ser para hacer buenos a los ciudadanos;
es el estudio de las constituciones y leyes fundamentales
de las diversas ciudades y estados, que ocupó intensamente
a Aristóteles) y también la pura práctica o acción política,
que trata de situaciones y casos concretos (es el estudio
casuístico, de estilo biológico, de los distintos regímenes
políticos, de su aparición y desaparición, organización
interna, etc., presentado en los libros IV y VI). Se
trata, en suma, de la legislación y la casuística práctica.
El
fundamento teórico de la diferencia entre legislación
y acción política práctica está tratado en la Ética
a Nicómaco, en el capítulo 8 del libro VI, que trata
de la relación entre la prudencia y la política [35] y en el capítulo 9 del libro X,
en el que desarrolla la distinción entre legislar y
actuar, dar leyes y dar decretos [36].
Por
tanto de estas divisiones se deduce que cabe distinguir
la ciencia política que trata de la virtud humana y
la que trata de la politéia, tanto la ideal como
las reales, y éstas incluyen el estudio de las leyes
y de las acciones. Ambos aspectos no pueden separarse.
En esto reside la idea central de la Política
aristotélica. La mayor parte de las incomprensiones
de esta obra proceden de olvidar esta inseparabilidad
de ambos sentidos de la ciencia política y de la realidad
por ellos designada.
En
efecto, ¿por qué puede decirse que el político "pone
cuidado en dotar a los ciudadanos de cierto carácter" [37], en "hacerlos buenos y capaces
de acciones nobles"
[38] y "obedientes a las leyes"?
Porque la ley "manda vivir de acuerdo con todas
las virtudes" [39], porque la política cumple su función
mediante la ley, que propone lo que conviene en común
a todos [40], que es lo virtuoso. Las leyes son
justas porque producen y preservan la felicidad de la
pólis. Por eso la justicia como virtud perfecta
consiste en el bien ajeno, en el bien político, que
es la virtud. También se afirma esto en el libro III
de la Política en la teoría general de las politéiai
[41]. Esta tesis es, desde mi punto de
vista, el núcleo de la Política: conviene demorarse
en ella una vez enunciada, pues puede ser encontrada
en muchos textos, formulada de mil modos, y tiene mil
consecuencias. No se pueden separar ambos sentidos de
la ciencia política, el ético y el, digamóslo así, civil.
A su vez, esa inseparabilidad es solidaria para con
el carácter directivo y señorial de esta ciencia: la
política dirige porque busca el bien del hombre y dirige
las organizaciones porque es epitécnica.
[^
SUBIR]
3. La política es natural.
La
primera consecuencia del carácter señorial de la política
es que no podemos separar las dos partes de que consta:
el hombre y la ciudad. Esta inseparabilidad no es puramente
epistemológica, interdisciplinar: manifiesta una inseparabilidad
real de realidades discernibles, pero íntima y naturalmente
asociadas. Aristóteles lo dice así: "el hombre
es por naturaleza político" [42], "el hombre es político y por
naturaleza para convivir"
[43]. Dicho en la expresión clásica del
libro I de la Política: "Toda ciudad es
por naturaleza si también lo son las comunidades primeras.
La ciudad es el fin de aquéllas, y la naturaleza es
fin. En efecto, lo que cada cosa es, una vez cumplida
su génesis, decimos que es su naturaleza, así de un
hombre, de un caballo o de una casa. Además, aquello
por lo que existe algo y su fin es lo mejor, y la autarquía
es, a la vez, un fin y lo mejor. De todo esto es evidente
que la ciudad es una de las cosas naturales y el hombre
es por naturaleza un animal político, y el que es insocial
por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o
un ser superior al hombre" [44].
Para
entender las afirmaciones de Aristóteles recién citadas
es pertinente recordar que physis, naturaleza,
es un concepto clave en Grecia y en la filosofía presocrática,
que indica, dicho de forma resumida, el ser de las cosas,
aquello estable desde lo que brotan los fenómenos efímeros,
el fundamento asistente en presencia, la estructura
radical de la realidad, el hontanar desde el que están
brotando las cosas. Y también, lo que está siendo en
cuanto que es, lo que explica el proceso que siguen
las cosas para llegar a ser y lo que permanece cuando
las cosas han sido engendradas, cuando ya son. Naturaleza
es lo estable de las cosas y desde lo cual brota su
movimiento.
Aristóteles
elabora filosóficamente este concepto y lo presenta
bien depurado en la Política, al definir este
origen natural de la ciudad, diciendo que lo que cada
cosa es, una vez cumplida su génesis, decimos que es
su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de
una casa: la physis es télos, fin, y el
fin es lo mejor, lo más perfecto de cada cosa [45].
La
naturaleza del hombre es ser animal político, es decir,
habitante de la pólis, pues para Aristóteles
la ciudad es término natural de la evolución de las
comunidades primeras porque ella es la soberana entre
todas, tal como se dice en los primeros párrafos de
la Política: "Vemos que toda ciudad es una
comunidad y que toda comunidad está constituida en vista
de algún bien, porque los hombres siempre actúan mirando
a lo que les parece bueno; y si todas tienden a algún
bien, es evidente que más que ninguna, y al bien más
principal, la principal entre todas y que comprende
todas las demás, a saber, la llamada ciudad y comunidad
civil" [46].
Este
carácter soberano se advierte cuando se estudia la evolución
natural de las cosas: "Si uno observa desde su
origen la evolución de las cosas, también en esta cuestión,
como en las demás, podrá obtener la visión más clara...
Por tanto la comunidad primera constituida naturalmente
para la vida de cada día es la casa... Y la primera
comunidad formada de varias casas a causa de las necesidades
no cotidianas es la aldea... La comunidad perfecta de
varias aldeas es la ciudad, que tiene, ya por así decirlo,
el nivel más alto de autarquía, que nació a causa de
las necesidades de la vida, pero subsiste para el bien
vivir"
[47].
Esto
quiere decir que el fin de la naturaleza humana no es
simplemente satisfacer las necesidades de la vida, sino
vivir bien. Este vivir bien, ya se ha dicho, es ser
feliz, y "el bien humano es una actividad del alma
conforme a la virtud"
[48]. El hombre virtuoso alcanza ese
estado en la comunidad perfecta, que es la que permite
vivir bien, y no simplemente atender a las necesidades
de la vida. Por tanto, la naturaleza humana se cumple
mediante sus acciones y consiste en hacerse con ellas
virtuoso, pues el buen uso de la libertad hace mejores
a los hombres, y el malo, peores. Así se muestra el
carácter teleológico de la virtud y de las facultades
que ella pone en juego: proponerse un proyecto al margen
de la virtud es un despropósito, es decir, no proponerse
nada, una anulación del saber práctico político.
Pero
este despliegue de la naturaleza humana que busca la
felicidad no se realiza individual o aisladamente: no
hay virtud sin convivencia, esto es, una naturaleza
autoperfectible es naturalmente social. En el arranque
mismo del ser humano aparecen los demás. Si ser hombre
es ser virtuoso y tener hábitos, esto no puede comenzar
a suceder sin educación y no puede continuar sucediendo
sin convivir con otros, sin coexistir. La convivencia
con los demás pertenece a la naturaleza humana. Por
eso no hay hombre sin pólis [49]. Aristóteles es en esto taxativo.
Aunque en la historia del pensamiento posterior esto
ha sido negado tajante [50], Aristóteles dejó fundamentada su
afirmación de forma clara: "Si cada uno por separado
no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante
a las demás partes en relación con el todo. Y el que
no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por
su propia autarquía, no es miembro de la ciudad, sino
una bestia o un Dios. En todos existe por naturaleza
la tendencia hacia tal comunidad. Pero el primero que
la estableció fue causante de los mayores beneficios.
Pues así como el hombre perfecto es el mejor de los
animales, así también apartado de la ley y la justicia
es el peor de todos" [51].
La
naturaleza humana como virtud que busca la felicidad,
por tanto, no se despliega sin vivir en comunidad. Para
entender este planteamiento es preciso adelantar una
tesis importante que después se desarrollará con más
detalle: Aristóteles no separa político y social. Lo
social es, eo ipso, político. No hay distinción.
Esta identificación tiene muchas implicaciones que enseguida
se verán. En este momento interesa sólo entender que
cuando Aristóteles dice 'animal político' quiere decir
'animal social', porque para él político y social no
están diferenciados.
El
carácter naturalmente social o intersubjetivo del hombre
es establecido por Aristóteles, como hemos dicho, de
manera taxativa. Se acaba de leer que "en todos
existe por naturaleza la tendencia hacia tal comunidad".
Esto quiere decir que la autarquía, la autosuficiencia
vivida en términos de soledad e independencia, es algo
que no va con lo humano, algo en profunda contradicción
con el modo de ser del hombre: "La razón por la
cual el hombre es un animal político, más que cualquier
abeja y que cualquier animal gregario, es evidente:
la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano, y
el hombre es el único animal que tiene palabra. Pero
la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la
poseen también los demás animales, porque su naturaleza
llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela
unos a otros. Pero la palabra es para mostrar lo conveniente
y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y
esto es lo propio del hombre frente a los demás animales:
poseer él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo
justo y de lo injusto, etc. y la participación común
de estas cosas es lo que constituye la casa y la ciudad"
[52].
Esto
quiere decir: el hombre tiene lógos
[53]. Pero el lógos es de dos
clases: teórico y práctico. Lo bueno y lo malo de la
razón teórica es lo verdadero y lo falso; lo bueno y
lo malo de la razón práctica, la verdad homóloga con
el recto deseo. Esta homologación es la que realiza
la prudencia eligiendo un bien concreto. La verdad de
la razón práctica es la elección de lo bueno. El hombre
tiene el sentido del bien y del mal, y mediante el lógos
práctico lo muestra, los hace evidentes, los manifiesta,
los elige, los dice, los comunica a los demás.
Hay
una vinculación entre el lógos
[54], el bien y la verdad. El lógos
es una potencia humana que puede ser usada en dos sentidos:
"las cosas se definen por su ergon y por
sus potencias...". El lógos es una potencia
o facultad racional que puede efectuar su ergon
hacia los contrarios, pues ésta es la característica
de las potencias racionales: necesitan un deseo y una
elección para actualizarse en un sentido o en otro.
El deseo precede a la elección, porque se dirige a un
bien o a un mal. La "recta razón" [55] es la que califica la bondad o
maldad del deseo y su objeto, la que delibera y la que
realiza la elección del fin de la acción y de los medios
que a él conducen: "La injusticia más insoportable
es la que posee armas, y el hombre está naturalmente
provisto de armas al servicio de la prudencia y de la
virtud, pero puede utilizarlas para las cosas más opuestas.
Por eso, sin virtud, es el ser más impío y peor y el
peor en su lascivia y voracidad"
[56].
La
libertad de la deliberación a la hora de elegir entre
lo que me parece bueno o malo es lo que conduce a la
virtud o al vicio. Así enlazamos con la antropología
de la Ética a Nicómaco de manera plena. El compartir
con otros la apreciación de lo que me constituye a mí
mismo en mis elecciones y me hace bueno o malo, se realiza
mediante el lógos. El intercambio de lógos
es lo que constituye la convivencia humana: "...
es preciso tener conciencia de que el amigo es, y esto
se produce cuando se convive y se intercambian palabras
y pensamientos, porque así podría definirse la convivencia
humana, y no, como la del ganado, por el hecho de pacer
en el mismo prado" [57].
El
lógos o lenguaje establece la conexión entre
los hombres, y pone en juego las dimensiones superiores
de su ser para ponerse de acuerdo en sus elecciones,
para compartir lo conveniente y lo inconveniente. Compartir
el lógos es intercambiar palabras y pensamientos,
compartir el bien y el mal, y saber qué es justo e injusto.
Dicho de otro modo, el fundamento de la convivencia
es el lenguaje
[58]. Es digno de notarse que Aristóteles
vincula muy estrechamente la aparición del lógos
y la necesidad de compartir la elección del bien con
los amigos mediante la amistad: la convivencia tiene
un carácter ético natural. El hombre se hace bueno compartiendo
el lógos con sus amigos, así se constituye la comunidad
perfecta.
Para
entender aún más este carácter natural de la coexistencia
humana, es preciso insistir en estos conceptos de comunidad
y amistad. La relación de ambos es evidente: "Parece,
como hemos dicho al principio, que la amistad y la justicia
se refieren a las mismas cosas y se dan en las mismas
personas. En efecto, en toda comunidad parece haber
alguna clase de justicia y también de amistad. Así se
llaman entre sí amigos los que navegan juntos o hacen
campaña juntos, lo mismo que los miembros de otras comunidades.
En la medida en que participan de una comunidad hay
entre ellos amistad y también justicia. Y el proverbio
'lo de los amigos es común' tiene razón, pues la amistad
existe en comunidad"
[59].
La
relación entre amistad y justicia se entiende desde
la koinonía: ambas son atributo de las personas
que tienen esta última. Comunidad es un concepto amplio
y evidente: koinón es lo común, lo compartido
entre varios. Podríamos definir la koinonía como
ergon de varios, obra hecha en común. En efecto,
no hay verdadera koinonía sino hay algo en común,
y eso común es el ergon.
Ergon
es una noción metafísica de Aristóteles
[60] extraordinariamente sugerente e
importante: "El ergon es un fin y el acto
es el ergon"
[61]. Designa el acto, el fin del movimiento
y de la acción. En el caso de los movimientos (primer
sentido de la palabra práxis) indica el 'objeto
separado producto de la acción', es decir, lo que se
produce o aparece al término del movimiento, como por
ejemplo, la casa al terminarse de construir: el ergon
de la construcción es la casa. En este caso se puede
traducir por obra. En los movimientos cuyo fin son ellos
mismos, como el ver -tercer sentido de la palabra praxis-,
el ergon es el movimiento mismo: el ergon
del ver es el estar viendo. En el caso de acciones prácticas
como dar órdenes, dar una limosna o ser valiente -segundo
sentido de la palabra praxis-, el ergon
es al tiempo la acción misma, la recepción de ella por
el otro, y la redundancia o perfección de ella en el
propio agente. En los dos últimos casos, ergon
suele traducirse por función.
Ergon se corresponde, por tanto, con el triple sentido de la praxis: obra
(primer sentido, poiêsis), función (acción práctica)
y praxis perfecta. Lo que expresa es el conjunto
de la acción y lo que resulta de ella, en el agente,
en la obra misma y en el receptor. Esta inclusión o
conjunto de lo que la acción encierra, no queda expresada
ni en la palabra obra, ni en la palabra función, que
además tiene una connotación inadecuada, porque alude
al carácter extrínseco, al agente y a la obra, propio
de un proceso automático o social -lo que se denomina
como rol- que yo no controlo, pues me incluyo en él:
no es obra mía, no es mi ergon. Por eso, es bueno
mantener el término en griego y no verterlo a nuestra
lengua.
Hay
koinonía cuando existe un ergon u obra
comunes. Por eso se ha definido koinonía como
ergon de varios. Si no hay ergon, la koinonía
no llega a aparecer, hay simple compañerismo, un estar
juntos sin hacer nada nuevo, como paciendo en el mismo
prado: no se habla, no se busca el bien, no alcanzamos
la naturaleza humana. Eso no es koinonía. Esta
diferencia entre estar juntos haciendo un ergon
común, y estar juntos viviendo sin más, con-viviendo,
o dicho con un término más fuerte, coexistiendo, es
la diferencia que hay entre la pólis y su degradación
o pérdida. Para que haya ciudad se precisa un ergon
común. Si ese ergon común es la simple coexistencia,
el convivir, la pólis no surge como tal. Se precisa
un ergon mayor, una verdadera koinonía.
Por eso, es la existencia de koinonía lo que
hace surgir la amistad y la justicia entre los hombres.
Pero
el ergon común ha de ser algo perteneciente a
alguna de las tres clases de acción humana, pues el
ergon nace de la praxis: para saber si
existe la ciudad basta, pues, preguntarse si existe
koinonía, ergon común, o una simple convivencia,
un vivir-con que no produce nada. El ergon común
se refiere, naturalmente, al segundo y tercer tipo de
acciones, aquellas que se traducen en virtudes: el escenario
de la perfectibilidad humana es la convivencia. Esto
quiere decir que si los hombres se constituyen en comunidades
políticas es para ser virtuosos, porque el hombre no
puede lograr sólo las virtudes en las que se cifra su
perfeccionamiento intrínseco. Por eso la sociedad es
un sistema de auxilios a la perfectibilidad humana.
A través del ejercicio de la sociedad en común el hombre
adquiere virtudes por las aportaciones que presta, por
las actividades que pone en concurso. De este modo se
establece una contraposición inicial con la idea de
que la sociedad es un conjunto de individuos. Por eso,
si recordamos lo dicho hace un momento -lo político
es lo social- se puede entender que: "todas las
comunidades parecen partes de la comunidad política,
pues los hombres se asocian con vistas a algo que les
conviene y para procurarse algo de lo que se requiere
para la vida. Y la comunidad política parece haberse
constituido en un principio para perdurar, por la conveniencia;
tal es también el blanco de los legisladores, que dicen
que es justo lo que conviene a la comunidad. Todas las
demás comunidades persiguen lo que conviene en un sentido
parcial ... Pero todas ellas parecen subordinadas a
la comunidad política, porque ésta no se propone como
fin la convivencia presente, sino lo que conviene para
toda la vida... Todas las (sociedades) comunidades parecen
ser, pues, parte de la comunidad política, y las distintas
clases de amistad se corresponderán con las distintas
clases de comunidades"
[62].
Toda
koinonía es una parte de la koinonía política
porque ésta busca "lo que conviene para toda la
vida", hay que recordar que el lógos sirve
para que los hombres se digan unos a otros lo conveniente.
A la política le conviene el carácter del todo al cual
la parte se ordena, siendo aquél su fin, término y perfección.
La política es la organización de las organizaciones.
Aristóteles ve la comunidad de la pólis como
la perfecta, y en función de este carácter definirá
la ciudad. La amistad y la justicia son, como también
se verá más adelante, lo que constituye esta comunidad
perfecta, porque hacen posible la pólis: "Todo
es obra de la amistad, pues la elección de la vida en
común supone amistad. El fin de la vida es el vivir
bien, y esas cosas son para ese fin" [63].
Desde
esta perspectiva, la identificación de lo político y
lo social a la que antes se ha hecho referencia, puede
ser explicada genéticamente de una manera sencilla:
Aristóteles no conocía otra sociedad que la pólis,
ésta era "la sociedad". De hecho, como se
ha dicho, la Política empieza como una búsqueda
del origen de la ciudad en la casa, en la cual Aristóteles
no llega a encontrar el carácter social. La sociedad
está más allá, y es la pólis. Por eso Aristóteles
no tiene ningún término que equivalga a 'sociedad',
cuyo significado actual, por otra parte, es completamente
abstracto, pues no designa ninguna comunidad concreta:
sociedad podría ser pura koinonía, con el inconveniente
de perder la referencia al ergon, a la obra común
que la constituye y sin la cual no hay sino mero coexistir.
Sin
embargo, esta reducción de lo social a lo político es
vista por muchos autores como una considerable dificultad
y limitación de Aristóteles. Así lo demuestra R.G. Mulgan:
"Político no puede significar literalmente vivir
en una pólis, una descripción que se aplica sólo
a los hombres, pero que está más cercana al sentido
general de nuestra palabra social, que implica actividad
de grupo pero no especifica nada acerca de la naturaleza
precisa de ese grupo"
[64].
Entender
que hay una equivalencia entre pólis política
y pólis social es algo elemental en la interpretación
de Aristóteles, pero no se puede calificar como una
falacia, porque en la misma limitación de esta equivalencia
está su grandeza. Ambos ámbitos, aunque sean diferentes,
no pueden separarse, como pretende R.G. Mulgan, "el
argumento de Aristóteles es falaz y depende de una ambigüedad
entre el sentido 'exclusivo' e 'inclusivo' de la palabra
pólis, la cual conduce a una falacia similar
acerca del objetivo que abarca toda la comunidad política.
Por una parte, pólis se refiere exclusivamente
a un aspecto concreto de la ciudad estado, las instituciones
específicamente políticas, en contraste con otras instituciones
y grupos, tales como las familias, compañías de negocios
y demás; es la comunidad política como distinta de todas
las comunidades. Por otra parte, pólis puede
significar la sociedad entera, incluyendo todas esas
otras comunidades. Es en este último sentido, inclusivo,
en el que el hombre es un animal político y la pólis
es autosuficiente para la vida buena: la vida buena
no se vive sólo dentro de las instituciones del gobierno,
(la participación de la política es de hecho indispensable)
sino también, y en mayor medida, dentro de la familia
y de los grupos de amigos. Es, sin embargo, en el primer
sentido, que es exclusivo, donde tiene que ser entendida
la afirmación de Aristóteles de que la pólis
debe realizar la perfección humana a través de la actuación
del hombre de estado y de la ley. Una vez que se ha
señalado esta ambigüedad queda claro que la aceptación
del valor moral y del fin de la pólis no implica
que el gobierno deba ejercer un control total sobre
el bienestar moral de sus súbditos"
[65].
La
aclaración de este autor es importante y conduce a algo
evidente, pero contiene a su vez una ambigüedad: si
la distinción entre el sentido exclusivo e inclusivo
de la pólis supone, una separación entre moral
y derecho, entre el ámbito público y el ámbito privado,
entonces lo que parecía una solución se torna a la larga
en un oscurecimiento. Si la vida buena se vive fuera
de las instituciones del gobierno, entonces se ha de
vivir en el ámbito puramente social-privado. Si el sentido
exclusivo de pólis designa el Estado y el inclusivo
la sociedad, no sólo hay que separar ambos, sino que
no puede volver a unirse si no se quiere que el primero
absorba al segundo.
Por
otra parte, esta distinción es acertada, pero no avanza
en el esclarecimiento de la cuestión que en Aristóteles
está resuelta de una vez y radicalmente: las relaciones
entre sociedad y política. La sociedad es política y
la política es social, dice Aristóteles. ¿Podremos aceptar
esta idea? ¿No será más conveniente dilatar la contestación
hasta tener en cuenta el sistema completo de pensamiento
de Aristóteles?
La
crítica de este autor también puede formularse así:
en Aristóteles no hay instituciones intermedias entre
la casa y la ciudad. La razón parece estribar en que
la sociedad se articulaba entonces como una comunidad
reducida: la ciudad era el ámbito de expresión natural
de la gente porque la vida en común era muy intensa;
no había el sentido posesivo de aislamiento de la propia
casa que existe hoy. La casa era menos importante que
lo que había fuera.
Esto
puede entenderse si aludimos a la vida de lo que se
suele designar con el nombre de 'pueblo': una comunidad
pequeña, donde todos se conocen y se vigilan, donde
no se puede hacer nada sin que todos lo sepan de inmediato.
En una comunidad así el anonimato no es posible: el
pueblo es tu ámbito de conducta. En él, la distinción
entre ámbito público y privado no existe: una actividad
manual, cualquiera que sea, se realiza a la vista de
los demás, la casa es fácilmente accesible, todos saben
que has matado un cerdo, existen muchas habladurías...
Además,
no hay que olvidar un factor que los estudiosos de la
Política no tienen en cuenta: el clima. La política
aristotélica sólo es posible si hace buen tiempo. Este
es un factor bastante importante para la koinonía.
El fin de semana perfecto exige sol. El pueblo que se
está describiendo -en España ha existido durante muchos
siglos- exige un clima soleado, que permita estar en
la calle: hablamos de una concepción mediterránea de
la vida. La perspectiva anglosajona quizá no acierte
a entender este carácter callejero de la vida de los
pueblos mediterráneos. No hay que olvidar que Atenas
era un pueblo -unos 20.000 habitantes- y que los atenienses
se conocían entre sí. El arcaísmo de los pueblos ha
sido la forma de vida más común de la humanidad, también
en la ciudad-estado: no había megalópolis.
El
hecho de que la sociedad de Aristóteles estuviese poco
desarrollada, por otra parte, no invalida el núcleo
de la Política, pero sí plantea este problema
de las comunidades intermedias y la diferencia entre
Estado -politéia- y sociedad -pólis-,
que para Aristóteles era irrelevante por la pequeñez
de las ciudades-estado y la vida arcaica que llevaban.
Pero el valor que tiene este núcleo se descubre precisamente
al aplicar esta solución a una sociedad en la cual la
separación entre sociedad y política es casi completa.
El
balance de la noción de política como 'señora' es mayor
del que con estas observaciones se puede señalar. Se
trata de un primer principio político cuya correcta
asimilación permite acceder a los demás. Su carácter
primero se refleja en la enorme cantidad de principios
que contiene: el concepto de política como ciencia de
la felicidad, su diferencia respecto de la técnica,
su objeto doble -la virtud, que constituye la felicidad,
y la politéia u organización de la convivencia-,
el carácter natural de la koinonía, sin la cual
el hombre no puede ser, no ya feliz, sino ni siquiera
hombre, sino una "bestia o un dios", la ciudad
como koinonía superior perfecta, política, en
la que se hace posible la felicidad, el lógos
como condición de posibilidad de la convivencia, el
papel de la amistad en esa comunidad perfecta, que no
es otro que el ergon común que constituye la
koinonía.
Todos
estos subprincipios de la política y de la vida social
merecen una meditación detenida. En primer lugar, hay
que fijar la atención más despacio en el objeto supremo
de esta ciencia: aquel bien por el cual se buscan todos
los demás. Para Aristóteles el bien es conseguible en
un cierto tipo de vida.
[^
SUBIR]
BIBLIOGRAFÍA CITADA
JAEGER, W., Paideia. Los ideales culturales de Grecia,
México, FCE, 1973.
MONTOYA SAENZ, J. y CONILL SANCHO, J., Aristóteles:
sabiduría y felicidad, Madrid, Ediciones Pedagógicas,
1994.
MULGAN, R.G., Aristotle's Political Theory, Oxford, Oxford University Press, 1977.
SPAEMANN, R., Felicidad y benevolencia, Madrid,
Rialp, 1991.
SABINE, G., Historia de la Teoría Política, México,
FCE, 1978, 9ª reimpr.
SALVAKER, S.G., Finding the Mean, Princeton, Princeton University Press, 1990.
STRAUSS, L., "The Three Waves of Modernity", en An Introduction
to Political Philosophy. Ten Essays by Leo Strauss,
ed. por GILDIN, H., Detroit, 1989.
YEPES STORK, R., La doctrina del acto en Aristóteles,
Pamplona, EUNSA, 1993.
[^
SUBIR]
[1] He decidido,
contra lo que viene siendo habitual ahora, trasliterar
los textos griegos. Sobre el tema de la felicidad
véase MONTOYA SAENZ, J. y CONILL SANCHO, J., (1994),
especialmente capítulos 5 y 6, pp. 102-146.
[2] Véase el conocido pasaje de la Ética a Nicómaco
1181b 13-24.
[3] El caso más claro es el de la justicia política estudiada
en la Ética a Nicómaco libro V, 1130a 30 y
ss.
[4] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094 28-1094b
9.
[5] PLATÓN, Carta VII 325d-326b.
[6] Sin entrar en mucho detalle porque no es el objeto
de este estudio, se puede afirmar que a PLATÓN no
le interesan las póleis concretas, porque ha
perdido -quizás a raíz de la muerte de SOCRÁTES y
los acontecimientos posteriores- la confianza en la
acción política. Su reacción a la crisis es muy radical.
Por otra parte, para PLATÓN la política no es epitécnica,
sino la técnica por excelencia al servicio de la justicia
es acertado decir que cae en una forma de despotismo
ilustrado. Esta insuficiencia, de la que él era consciente,
le obligó a reelaborar su teoría política.
[7] "En la ética platónica no existe una separación
última entre inclinación y deber o entre los intereses
de los individuos y los de la sociedad a que pertenece...
El problema del estado bueno y el del hombre bueno
son dos aspectos del mismo problema, y la solución
de uno debe dar a la vez la del otro. La moralidad
debe ser a la vez pública y privada, y cuando no ocurre
así, la solución consiste en corregir el estado y
mejorar el individuo hasta que alcancen su posible
armonía. Puede dudarse con razón si, en términos generales,
se ha expuesto alguna vez un ideal moral mejor que
éste", SABINE, G., (1978), p. 50. No obstante
este autor interpreta desde Hume el conflicto de la
Grecia clásica entre physis y nómos.
Su aceptación del planteamiento de W. JAEGER y la
reducción del problema fundamental de ARISTÓTELES
al dualismo entre la naturaleza y la convención estrechan
considerablemente su concepción (cfr. p. 77): no menciona
la Ética a Nicómaco y centra su atención en
las oscilaciones de la focalización de ARISTÓTELES
entre lo ideal y lo empírico, aplicando una drástica
distinción entre lo empírico, lo racional y lo valorativo,
la costumbre, la planificación racional y la preferencia.
Su concepto de nómos es empirista.
[8] JAEGER, W., (1983), p. 316, interpreta la ciencia
política en Aristóteles de la siguiente manera: "La
relación entre la Política y la Ética
era mucho más apretada en el primer período que con
posterioridad. Más adelante, mientras que Aristóteles
seguía manteniendo formalmente la unidad de las dos
disciplinas, y hasta las sistematizaba externamente
en un gran conjunto, se había, no obstante, separado
en el fondo prácticamente por completo la ética del
individuo de su tradicional compañero platónico de
yugo, y se le había abierto un camino hacia la independencia
que logró en los tiempos helenísticos". Posteriormente
W. JAEGER indica que la interpretación de la vida
contemplativa como práxis teleía es un recursos
para "reemplazar la deshecha síntesis mítica
del conocimiento y la vida de Platón... así lucha
con la realidad cuya naturaleza ve ahora más claramente,
y salva sus ideales juveniles", (p. 324).
[9] PLATÓN, República 328 d.
[10] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094a 25-26.
[11] ARISTÓTELES, Política 1152b 1.
[12] ARISTÓTELES, Política 1282b 14.
[13] ARISTÓTELES, Política 1094b 14.
[14] ARISTÓTELES, Política 1094b 1.
[15] Acción traduce el término clave práxis, cuyo
significado, como siempre es polisémico, véase YEPES
STRORK, (1993), pp. 333-342. Hay tres clases diferentes
de acciones: 1) la producción por medio de la technê,
llamada poiêsis, a la cual ARISTÓTELES le aplica
también el término práxis; 2) la acción humana
en general, de cuyo estudio se ocupa la ética y la
política (la acción práctica, nótese que práctica
deriva de práxis) y a la que en estos textos
estamos refiriendo; 3) la acción perfecta o aquella
que contiene en sí misma el fin: se refiere principalmente
a las llamadas praxis teleíai, acciones perfectas,
que son las operaciones intelectuales o teóricas,
como contemplar (theoreîn), pensar o ver. La
inmensa mayoría de las veces práxis en ARISTÓTELES
designa las acciones prácticas (acepción 2), cuyo
carácter de práxis perfectas (acepción 3) es
débil (ARISTÓTELES no se ocupó de esta debilidad)
y se toma poco en cuenta. Traducir práxis por
acto, como hacen algunos traductores de la Política,
induce a error: acto se traduce mejor por energeía,
no práxis.
[16] Esta es una distinción, transcendental en ARISTÓTELES
y ausente en PLATÓN, entre razón teórica y razón práctica.
Esta última está regulada por la prudencia, véase
la Ética a Nicómaco capítulo II, libro VI 1139a
y ss. Lo bueno y lo malo de la razón práctica, la
verdad homóloga con el recto deseo. Esta homologación
es la que realiza la prudencia. Toda la antropología
de la Ética a Nicómaco nace de esta distinción.
[17] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1095a 6.
[18] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1095a 16.
[19] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094b 18.
[20] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094b 7.
[21] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094b 3.
[22] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1094b 9.
[23] Son términos de la Prehistoria, pero suelen ser utilizados
por los teóricos de la política, por esta razón los
uso.
[24] STRAUSS, L., (1989), p. 84. Este clásico del pensamiento
político advierte con claridad que la filosofía política
moderna suprime el carácter epitécnico de la política.
[25] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1181b 15.
[26] La filosofía antrópica, como se ha dicho, es el legado
de Sócrates. A este respecto dice SABINE, G.,(1978),
p. 32: "... desde la muerte de Sócrates hasta
el siglo XVII, el estudio de la naturaleza externa
per se, sin tomar en cuenta sus relaciones
con los asuntos e intereses humanos, no volvió a ser
cuestión de interés primordial para la gran masa de
pensadores".
[27] ARISTÓTELES, Retórica 1366a 36-38.
[28] El esclarecimiento de la relación entre hábito, virtud,
bien y actividad requeriría recoger muchos otros textos.
[29] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1106a 14.
[30] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1102a 5.
[31] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1103 14-17. Los
hábitos dianoéticos corresponden a la razón teórica
y los hábitos éticos a la razón práctica: es un desdoblamiento
que nace de la distinción entre ambas. En griego se
distinguen por la primera letra, éta y épsilon, êthos,
carácter, y éthos, costumbre, siendo la primera
modificación de la segunda: la virtud ética es la
virtud del carácter, que procede la costumbre. Estas
virtudes, tal como aparecen enumeradas en los libros
II, III y IV de Ética a Nicómaco son: valor,
templanza, generosidad, magnificiencia, magnanimidad,
aspirar a dignidades, mansedumbre, veracidad, gracia,
pudor o vergüenza, y además la justicia. Se puede
ver un buen estudio de esta clasificación en SALVAKER,
S.G., (1990), p. 240.
[32] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1102a 18.
[33] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco, 1181b 20 y en
muchísimos lugares de la Política, en especial
las introducciones a diversos libros que se citarán.
La palabra se puede traducir por 'constitución política',
'forma de gobierno', 'forma de estado', 'república',
etc.
[34] ARISTÓTELES, Política 1260b 1: "Nos proponemos
considerar, respecto de la politéia, cuál es
la más firme de todas".
[35] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1141b 22 y ss.
[36] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1178a 33 y ss.
[37] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1099b 30.
[38] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1102a 8.
[39] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1130b 25.
[40] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1121b 13 y ss.
[41] ARISTÓTELES, Política 1280b 5-8: "Todos
los que se preocupan por una legislación indagan sobre
la virtud y la maldad políticas. Así es evidente que
para la ciudad que sea verdaderamente considerada
como tal, y no sólo de nombre, debe ser objeto de
preocupación la virtud".
[42] ARISTETELES, Ética a Nicómaco 1087b 11.
[43] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1169b 18.
[44] ARISOTELES, Política 1252b 30-1253a 4.
[45] Teleion, perfecto, es lo que tiene fin, lo
télico: para el carácter perfecto del fin véase
YEPES STORK, R., (1990), pp. 313-320.
[46] ARISTÓTELES, Política 1252a 1-6.
[47] ARISTEOTELES, Política 1252a 1-1252b 28.
[48] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1089a 15.
[49] Cfr. MULGAN, R.G., (1977), p. 31: "La ciudad
puede existir sin el individuo, pero el individuo
no puede existir sin la pólis. No se quiere
decir que la pólis pueda existir en acto sin
individuos que sean sus partes aunque pueda permanecer
tras la pérdida de un individuo concreto. Lo que quiere
decir es que el individuo no puede existir sin la
pólis".
[50] J.J. ROUSSEAU es el mejor ejemplo de esta negación:
para él la ciudad es la pérdida de la naturaleza humana,
que sólo se da en el estado puro antes de que el hombre,
por así decir, se vea abocado a ella: es el estado
de naturaleza. J.J. ROUSSEAU piensa que la naturaleza
humana es buena en sí misma, y se corrompe cuando
entra en sociedad. No advierte que está uniendo una
abstracción, la naturaleza humana en estado puro y
el problema del origen del hombre: piensa que el hombre
puro e inocente lo podemos encontrar en el principio
de la historia, veáse su obra Discours sur l'origine
et les fondements de l'inegalité parmi les hommes
en Oeuvres, etd. de M. TOUQUET, Paris, Badouin
Frères, T. I, pp. 253-312. Pero si la pólis
es antinatural, entonces sólo puede mantenerse en
virtud de un acuerdo o convención -el contrato social-
para evitar males mayores, esta es la doctrina de
Du contrat social, en Oeuvres cit.,
T. I, pp. 10-66. Desde la filosofía política de J.J.
ROUSSEAU se puede entender la modernidad como pretensión
del hombre y la sociedad como resultado que se logra.
Es inevitable la referencia a los argumentos de GLAUCÓN
y ADIMANTO, y a la doctrina de los sofistas.
[51] ARISTÓTELES, Política 1253a 25-32.
[52] ARISTÓTELES, Política 1253a 7-18.
[53] Conviene recordar que el lógos es aquello que
en el hombre se corresponde con lo estable de la realidad:
el hombre, mediante su lógos, capta la physis
de las cosas, en esto consiste la filosofía.
[54] El término griego lógos designa tanto la razón
como el lenguaje. Se trata de un término polisémico
de muy rico significado.
[55] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1104a 1.
[56] ARISTÓTELES, Política 1253A 33-35.
[57] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1170b 11-13.
[58] Estos textos pueden ser comentados de muchas otras
maneras, véase, por ejemplo, la exégesis sobre el
lógos de SPAEMANN, R., (1991), pp. 134-135. No se
pretende agotar el comentario, sino demorarse en los
principios para explicitar su contenido. Demora es
la supresión de la prisa, y ARISTÓTELES la llama ocio,
sin el cual no hay filosofía. El impaciente es el
que no sabe detenerse: conviene demorarse lo suficiente.
[59] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1159b 29.
[60] Véase YEPES STORK, R., (1993), pp. 347-355.
[61] ARISTÓTELES, Metafísica 1050b 15.
[62] ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco 1160a 8-29.
[63] ARISTÓTELES, Política 1280b 37.
[64] MULGAN, R.G., (1977), p. 23, este autor trata de derivar
esta identificación de la zoología aristotélica, pero
eso es un reducccionismo que no está en Aristóteles:
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