CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año V - Número 13 - Mayo 2007
Ensayos

Investigaciones
en curso

Estados
de la cuestión


Números
anteriores

Instituto

Fundación


LA LENGUA COMO ACTIVO

Julio María Sanguinetti

 


En general, los economistas no han analizado demasiado los factores culturales como elemento patrimonial. Lo han hecho historiadores y sociólogos, con el propósito  de desentrañar claves de desarrollo, en un proceso de flujos y reflujos en que alternativamente se ha revalorizado o disminuido su significación. Paradigmático ha sido Max Weber, en sus célebres reflexiones sobre el paralelismo entre el capitalismo y la religión protestante, que inauguran una tendencia de interpretación histórica prolongada hasta nuestros días.

Dentro de esa influencia cultural, la lengua emerge, sin embargo, como un factor relevante, que, en el caso de nuestro español, recién hoy se empieza a investigar en profundidad desde la perspectiva del análisis económico. Sin embargo, ya sus pioneros  tenían bastante claras las cosas. Recordemos que  Antonio de Nebrija ( Lebrija 1444- Alcalá de Henares 1522),  dijo lo siguiente a la Reina Isabel de Castilla: “ Siempre la lengua fue compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que juntamente comenzaron, crecieron y florecieron y después junta fue la caída de ambos”.

Estaba presentándole a la soberana la primera gramática de la lengua castellana y asentaba esa afirmación en lo ocurrido históricamente con hebreos, griegos y latinos, cuyo auge y decadencia fue paralelo al de su propia lengua.  Y añadía: “Cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra  a Vuestra Real Majestad, y me preguntó que para qué podía aprovechar, el muy reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató la respuesta, y respondiendo por  mí dixo: que, después que Vuestra Alteza metiese debaxo de su iugo muchos pueblos bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento   aquellos tenían  necesidad de recibir las leies quel vencedor pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi  arte podrían ver en el reconocimiento della, como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender el latín.  Cierto así es que no solamente los enemigos de nuestra fe que tienen ia necesidad de saber el lenguaje castellano, más los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los otros que tienen algún trato y conversación en España…”

 O sea, que no se puede administrar un vasto espacio sin una lengua unificadora, en la que se escriban las normas y se desenvuelvan los intercambios. En homenaje a Nebrija, lingüista pero también hombre de vasta visión, no olvidemos que esto lo venía afirmando sin conocer aún el descubrimiento de América, que  se produjo en ese mismo año de 1492 pero después de publicada la gramática. España se estaba configurando luego del proceso de la Reconquista, intentaba avanzar sobre el Mediterráneo, el Norte del Africa y aún más allá, y el sabio humanista no podía imaginar tamaña empresa sin un medio de comunicación. Esto hoy parece más que claro  pero se juzga como genial en aquel tiempo, aun cuando el ejemplo del imperio romano, manejado por Nebrija, era muy claro para  sustentar la conclusión.

En tiempos más recientes, al inglés como lengua, todo le ha resultado relativamente fácil. No ha tenido necesidad de autoanalizarse, pues ha sido llevado de la mano por las potencias dominantes de los últimos dos siglos, Gran Bretaña y EE.UU. Su influencia económica y cultural ha sido tan fuerte y vigorosa que hoy se hace obvio lo que antes no lo era. La actual globalización, cabalgando en los medios de comunicación contemporáneos, cuya evolución es vertiginosa y permanente, ha  empleado el inglés como lengua básica de un modo casi natural; basta encender el televisor, protagonista de los hogares, para comprobarlo.

A esta altura imagino que a nadie en su sano juicio se le ocurre dar una batalla para desplazar al inglés, pero así como esto es ilusorio, sería suicida que el español, hoy en expansión, no intentara consolidar la posición que viene conquistando. Por cierto, los iberoamericanos no somos potencia mundial y de allí, entonces, la necesidad de no dejarlo todo librado a la espontaneidad de los acontecimientos.

Para empezar, resulta imprescindible saber dónde estamos parados, cuál es nuestra área geográfica, en qué escenarios económicos hemos ganado terreno y en cuál estamos retrasados.  Esto es lo que viene haciendo, y muy bien, con el auspicio de la Fundación Telefónica, un equipo de investigadores que conduce el economista José Luis García Delgado. “El valor económico del español” es el título del emprendimiento y lleva ya realizados numerosos trabajos, así como enriquecedores seminarios de investigación. Técnicamente la tarea es compleja, porque la cuantificación económica de un elemento cultural exige el empleo de metodologías novedosas y un formidable rigor en la búsqueda de datos. De a poco, sin embargo, los números van apareciendo y ellos muestran que la lengua posee, también, una expansiva incidencia material.

Para Iberoamérica este es un tema central y se teje a partir de la pregunta inicial: nuestra lengua ¿es un activo o  una hipoteca?  Si hoy lo hablamos 438 millones de personas, 40 de ellos en países donde no es la lengua oficial, está claro que existe una “clientela” de primer orden. Por cierto lenguas como el mandarín poseen más hablantes, pero su expansión aparece acotada estrictamente a la presencia china, mientras que el español  es ya hablado por casi el 10% de los habitantes de los EE.UU. , es la segunda lengua en ese enorme espacio nacional, y todo indica que en las próximas décadas seguirá avanzando más rápido que el francés, el ruso, el alemán y aún el inglés y el chino. En términos relativos, entonces, el español crece más que ninguno y si cabe pensar que esa tendencia no será eterna, razón de más para que hoy ahondemos en esta dimensión novedosa de su estudio.

En la raíz de la generación de ese mercado aparecen las migraciones, esos flujos humanos que trasladan culturas por encima de mares y fronteras, generan asimilaciones y confrontaciones  y fenómenos sociales inesperados.  Esa gente que va y que viene, lleva consigo su bagaje, al mismo tiempo que también arrastra sus carencias. Es lo que ocurre con la red de redes, con la Internet, con las páginas Web, ese mundo de la sociedad de comunicación en que España no está a la altura de los más desarrollados y la América Latina, a su vez,  transita bien lejos de España. Los registros nos dicen que en ese vasto y creciente escenario aparecemos aún terceros, pues nos continúa superando el francés, tanto en infraestructuras de conexión como en número de páginas Web. ¿Cómo imaginar el mejor futuro con ese rezago?

Se ha comprobado ya que también en nuestro medio las transacciones comerciales se agilitan entre la gente de la misma cultura e idéntica lengua. Los agentes económicos, el Estado incluido, deberían usar de modo creciente el instrumental de comunicación , aumentando así la presencia del castellano.  También se ha comprobado que alrededor suyo se genera una fuente de ocupación importante, sea en la educación,  la traducción, la música, el cine, la producción para televisión o los medios de prensa en general.  Desde hace medio siglo  Max Horkheimer y Adorno acuñaron el concepto de “industrias culturales”, que no es solamente  una referencia de análisis científico sino hoy por hoy un enorme segmento de producción, con facturación multimillonaria, que alcanza en los EE.UU al 7% de su PBI y en el Mercosur se estima ya en un 4 a 4,5% del PBI , pronosticándose un crecimiento aún superior al del conjunto, por el auge de las nuevas  tecnologías de comunicación.

Al pensar en el futuro, se trata entonces de trabajar, lo más posible, en nuestra lengua. Bien está difundirla, enseñarla, pero nada la promoverá más que su uso mismo. El comercio entre nosotros se expande precisamente por explotar un medio de comunicación sencillo y común. Y esto necesariamente avanza hacia todas las otras dimensiones del quehacer cultural, donde ya el mercado es expresivo y está ávido de recibir productos de calidad, en su propia lengua.  Sabiamente, ya intuyó el camino nuestro Miguel de Cervantes en el Quijote: “El grande Homero no escribió en latín, porque era griego; ni Virgilio no escribió en griego, porque era latino. En resolución todos los poetas antiguos escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las extranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y siendo  esto así, razón sería extendiese esta costumbre por todas las naciones, y que no se desestime el poeta alemán porque escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la suya”.


Resumen:

El idioma español ha comenzado a ser investigado en profundidad desde la perspectiva del análisis económico; todo ello exige nuevas metodologías y rigor en la búsqueda de datos. Además de su difusión y enseñanza, lo fundamental para la extensión de una lengua es su uso mismo.

Palabras clave:
Lengua española, comercio, economía.

[^ SUBIR]


Abstract:
Spanish has started to be deeply investigated from an economical point of view; this fact requires new methodologies and precision in data search. The main point for a language spreading, besides its teaching, is its use.

Key Words:
Spanish, trade, economy.

[^ SUBIR]

 
© 2007 Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset

Se recomienda utilizar una resolución de pantalla de 800 x 600 e Internet Explorer 5.x o superior