En
general, los economistas no han analizado demasiado los factores culturales
como elemento patrimonial. Lo han hecho historiadores y sociólogos, con el
propósito de desentrañar claves de
desarrollo, en un proceso de flujos y reflujos en que alternativamente se ha
revalorizado o disminuido su significación. Paradigmático ha sido Max Weber, en
sus célebres reflexiones sobre el paralelismo entre el capitalismo y la
religión protestante, que inauguran una tendencia de interpretación histórica
prolongada hasta nuestros días.
Dentro de
esa influencia cultural, la lengua emerge, sin embargo, como un factor
relevante, que, en el caso de nuestro español, recién hoy se empieza a
investigar en profundidad desde la perspectiva del análisis económico. Sin
embargo, ya sus pioneros tenían bastante
claras las cosas. Recordemos que Antonio
de Nebrija ( Lebrija 1444- Alcalá de Henares 1522), dijo lo siguiente a
la Reina Isabel de
Castilla: “ Siempre la lengua fue
compañera del imperio, y de tal manera lo siguió que juntamente comenzaron,
crecieron y florecieron y después junta fue la caída de ambos”.
Estaba
presentándole a la soberana la primera gramática de la lengua castellana y
asentaba esa afirmación en lo ocurrido históricamente con hebreos, griegos y
latinos, cuyo auge y decadencia fue paralelo al de su propia lengua. Y añadía:
“Cuando en Salamanca di la muestra de aquesta obra a Vuestra Real Majestad, y me preguntó que
para qué podía aprovechar, el muy reverendo padre Obispo de Ávila me arrebató
la respuesta, y respondiendo por mí
dixo: que, después que Vuestra Alteza metiese debaxo de su iugo muchos pueblos
bárbaros y naciones de peregrinas lenguas, y con el vencimiento aquellos tenían necesidad de recibir las leies quel vencedor
pone al vencido, y con ellas nuestra lengua, entonces por esta mi arte podrían ver en el reconocimiento della,
como agora nos otros deprendemos el arte de la gramática latina para deprender
el latín. Cierto así es que no solamente
los enemigos de nuestra fe que tienen ia necesidad de saber el lenguaje
castellano, más los vizcaínos, navarros, franceses, italianos y todos los otros
que tienen algún trato y conversación en España…”
O sea, que no se puede administrar un vasto
espacio sin una lengua unificadora, en la que se escriban las normas y se
desenvuelvan los intercambios. En homenaje a Nebrija, lingüista pero también
hombre de vasta visión, no olvidemos que esto lo venía afirmando sin conocer
aún el descubrimiento de América, que se
produjo en ese mismo año de 1492 pero después de publicada la gramática. España
se estaba configurando luego del proceso de
la Reconquista, intentaba
avanzar sobre el Mediterráneo, el Norte del Africa y aún más allá, y el sabio
humanista no podía imaginar tamaña empresa sin un medio de comunicación. Esto
hoy parece más que claro pero se juzga
como genial en aquel tiempo, aun cuando el ejemplo del imperio romano, manejado
por Nebrija, era muy claro para sustentar la conclusión.
En tiempos
más recientes, al inglés como lengua, todo le ha resultado relativamente fácil.
No ha tenido necesidad de autoanalizarse, pues ha sido llevado de la mano por
las potencias dominantes de los últimos dos siglos, Gran Bretaña y EE.UU. Su
influencia económica y cultural ha sido tan fuerte y vigorosa que hoy se hace
obvio lo que antes no lo era. La actual globalización, cabalgando en los medios
de comunicación contemporáneos, cuya evolución es vertiginosa y permanente, ha empleado el inglés como lengua básica de un
modo casi natural; basta encender el televisor, protagonista de los hogares,
para comprobarlo.
A esta
altura imagino que a nadie en su sano juicio se le ocurre dar una batalla para
desplazar al inglés, pero así como esto es ilusorio, sería suicida que el
español, hoy en expansión, no intentara consolidar la posición que viene
conquistando. Por cierto, los iberoamericanos no somos potencia mundial y de
allí, entonces, la necesidad de no dejarlo todo librado a la espontaneidad de
los acontecimientos.
Para
empezar, resulta imprescindible saber dónde estamos parados, cuál es nuestra
área geográfica, en qué escenarios económicos hemos ganado terreno y en cuál
estamos retrasados. Esto es lo que viene
haciendo, y muy bien, con el auspicio de
la Fundación Telefónica,
un equipo de investigadores que conduce el economista José Luis García Delgado.
“El valor económico del español” es el título del emprendimiento y lleva ya
realizados numerosos trabajos, así como enriquecedores seminarios de investigación.
Técnicamente la tarea es compleja, porque la cuantificación económica de un
elemento cultural exige el empleo de metodologías novedosas y un formidable
rigor en la búsqueda de datos. De a poco, sin embargo, los números van
apareciendo y ellos muestran que la lengua posee, también, una expansiva
incidencia material.
Para
Iberoamérica este es un tema central y se teje a partir de la pregunta inicial:
nuestra lengua ¿es un activo o una
hipoteca? Si hoy lo hablamos 438
millones de personas, 40 de ellos en países donde no es la lengua oficial, está
claro que existe una “clientela” de primer orden. Por cierto lenguas como el
mandarín poseen más hablantes, pero su expansión aparece acotada estrictamente
a la presencia china, mientras que el español es ya hablado por casi el 10% de los
habitantes de los EE.UU. , es la segunda lengua en ese enorme espacio nacional,
y todo indica que en las próximas décadas seguirá avanzando más rápido que el
francés, el ruso, el alemán y aún el inglés y el chino. En términos relativos,
entonces, el español crece más que ninguno y si cabe pensar que esa tendencia
no será eterna, razón de más para que hoy ahondemos en esta dimensión novedosa
de su estudio.
En la raíz
de la generación de ese mercado aparecen las migraciones, esos flujos humanos
que trasladan culturas por encima de mares y fronteras, generan asimilaciones y
confrontaciones y fenómenos sociales
inesperados. Esa gente que va y que
viene, lleva consigo su bagaje, al mismo tiempo que también arrastra sus carencias.
Es lo que ocurre con la red de redes, con
la Internet, con las páginas
Web, ese mundo de la sociedad de comunicación en que España no está a la altura
de los más desarrollados y
la
América Latina, a su vez, transita bien lejos de España. Los registros nos dicen que en ese vasto
y creciente escenario aparecemos aún terceros, pues nos continúa superando el
francés, tanto en infraestructuras de conexión como en número de páginas Web.
¿Cómo imaginar el mejor futuro con ese rezago?
Se ha
comprobado ya que también en nuestro medio las transacciones comerciales se
agilitan entre la gente de la misma cultura e idéntica lengua. Los agentes
económicos, el Estado incluido, deberían usar de modo creciente el instrumental
de comunicación , aumentando así la presencia del castellano. También se ha comprobado que alrededor suyo
se genera una fuente de ocupación importante, sea en la educación, la traducción, la música, el cine, la producción
para televisión o los medios de prensa en general. Desde hace medio siglo Max Horkheimer y Adorno acuñaron el concepto
de “industrias culturales”, que no es solamente una referencia de análisis científico sino hoy por hoy un enorme
segmento de producción, con facturación multimillonaria, que alcanza en los
EE.UU al 7% de su PBI y en el Mercosur se estima ya en un
4 a 4,5% del PBI ,
pronosticándose un crecimiento aún superior al del conjunto, por el auge de las
nuevas tecnologías de comunicación.
Al pensar
en el futuro, se trata entonces de trabajar, lo más posible, en nuestra lengua.
Bien está difundirla, enseñarla, pero nada la promoverá más que su uso mismo.
El comercio entre nosotros se expande precisamente por explotar un medio de
comunicación sencillo y común. Y esto necesariamente avanza hacia todas las
otras dimensiones del quehacer cultural, donde ya el mercado es expresivo y
está ávido de recibir productos de calidad, en su propia lengua. Sabiamente, ya intuyó el camino nuestro
Miguel de Cervantes en el Quijote: “El
grande Homero no escribió en latín, porque era griego; ni Virgilio no escribió
en griego, porque era latino. En resolución todos los poetas antiguos
escribieron en la lengua que mamaron en la leche, y no fueron a buscar las
extranjeras para declarar la alteza de sus conceptos. Y siendo esto así, razón sería extendiese esta
costumbre por todas las naciones, y que no se desestime el poeta alemán porque
escribe en su lengua, ni el castellano, ni aun el vizcaíno, que escribe en la
suya”.
Resumen:
El idioma español ha comenzado a ser investigado en profundidad desde la perspectiva del análisis económico; todo ello exige nuevas metodologías y rigor en la búsqueda de datos. Además de su difusión y enseñanza, lo fundamental para la extensión de una lengua es su uso mismo.
Palabras clave:
Lengua española, comercio, economía.
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Abstract:
Spanish has started to be deeply investigated from an economical point of view; this fact requires new methodologies and precision in data search. The main point for a language spreading, besides its teaching, is its use.
Key Words:
Spanish, trade, economy.
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