CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año V - Número 12 - Enero 2007
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REPERCUSIONES DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO EN LA SALUD DE LAS MUJERES INMIGRANTES

Covadonga Naredo Camblor



         Se considera que la violencia de género es la principal causa de reducción de  la calidad de vida de la mujer y que tiene severos efectos secundarios en su salud (American Psychological Assotiation, 1999). Según comenta Miguel Lorente, médico forense experto en violencia de género, ésta se sitúa en el tercer lugar, tras la diabetes y los problemas del parto, como factor determinante de la pérdida de años de vida saludable.

         En general, todos los estudios realizados coinciden en dar gran importancia a las graves consecuencias de la violencia de género sobre la salud de las mujeres que son víctimas de ella. Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) las principales consecuencias se podrían dividir en dos grandes áreas: Físicas y psicológicas y conductuales.       Éste informe  recoge que entre el 40% y el 72% de las mujeres que han sufrido violencia física por parte de sus parejas, resulta lesionada en algún momento de su vida. Aunque muchas de esas consecuencias no se producen de forma inmediata y se manifiestan, la mayoría de las veces, en trastornos funcionales tales como la fibromialgia, colon irritable, trastornos gastrointestinales y síntomas de dolor crónico, dolor permanente en las articulaciones, pérdida parcial de la vista o el oído y disfunciones sexuales.

         Además se puede añadir que se hace mucho hincapié sobre las consecuencias de la violencia contra la mujer en la salud física de las víctimas, pero en muchos casos los trastornos psicológicos son más intensos, duraderos e incapacitantes. Y que éstas se pueden presentar a corto, medio y largo plazo, incluso aunque la situación de maltrato haya desaparecido ya. Según Miguel Lorente, se estima que el 60% de las mujeres que sufren maltrato tiene problemas psicológicos moderados o graves. Los síntomas que presentan con mayor frecuencia son: ansiedad, tristeza, pérdida de autoestima, labilidad emocional, inapetencia sexual, trastornos de la alimentación y del sueño. “La violencia de género no es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como el  símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas pos sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión.” Preámbulo. Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.

         Esta definición nos aporta dos aspectos clave para entender este fenómeno. Por un lado resalta el hecho de que la violencia de género no es un problema privado, un problema de la pareja que sólo incumbe a ellos resolver. Durante mucho tiempo, y aún en la actualidad, la violencia de género se ha mantenido oculta, escondida en el ámbito de la privacidad del hogar, en vez de ser visibilizada como lo que realmente es, un importante problema social. Por otro lado, esta definición enfatiza la causa real de esta violencia que no es ni más ni menos que la desigualdad que existe en nuestra sociedad entre mujeres y hombres, convirtiéndose en el exponente mas brutal de esta desigualdad. La violencia de género es un fenómeno universal que persiste en todos los países y que supone una violación de los derechos humanos básicos.        La violencia de género es también un importante problema de Salud Pública, según un estudio multipaís sobre sus consecuencias para la salud de las mujeres realizado por la OMS (2005), las mujeres que sufren violencia de género tienen una  probabilidad dos veces superior de sufrir problemas de salud.

         Este estudio, realizado en 10 países (Brasil, Perú, Etiopía, Tanzania, Namibia, Bangladesh, Tailandia, Samoa, Japón y Serbia y Montenegro), ha investigado la prevalencia de la violencia de género (violencia física, sexual y psicológica dentro de la pareja, abusos sexuales a niñas menores de 15 años y agresiones sexuales fuera del hogar), y las consecuencias que ha tenido esta violencia en la salud de las mujeres que la han sufrido. El estudio ha tenido en cuenta tanto a la población rural como la urbana. El estudio encuentra prevalencias muy diferentes entre los diez países, alcanzando, en cuanto a violencia física y sexual, al 71% de las mujeres de la zona rural de Etiopía, al 69% de las mujeres rurales de Perú, al 24% en Serbia y Montenegro o al 15% en Japón, país en el que se encontró el menor porcentaje de casos. A pesar de esta prevalencia tan distinta las consecuencias para la salud de las mujeres estudiadas fueron las mismas: a  distinta prevalencia iguales consecuencias.

         Es interesante recordar que la violencia de género es mucho mas que la violencia que reciben las mujeres por parte de sus parejas o exparejas. La violencia de género está presente en todos los ámbitos en los que se desenvuelven las mujeres, así también es violencia de género los abusos sexuales que sufren muchas menores, las agresiones sexuales, el acoso sexual en el trabajo, la trata de mujeres y prostitución forzada, la violencia en situaciones de conflicto y posconflicto armado, la mutilación genital, los matrimonios forzados, las pruebas de virginidad o la violencia relacionada con la dote. El análisis de los datos del estudio multipaís de la OMS aporta una alarmante conclusión: Las mujeres están más expuestas a la violencia en su hogar que en la calle. El espacio en el que tenemos mayor riesgo de sufrir violencia es nuestro propio hogar y el agresor mas frecuente nuestra propia pareja.

         A continuación vamos a comentar algunos datos relativos a las mujeres inmigrantes que viven en España, algunos de ellos especialmente alarmantes. El pasado año las mujeres extranjeras representaron el 33% de las víctimas que murieron a manos de sus parejas o exparejas. Esto representa una tasa de cerca de 11 mujeres fallecidas por millón de mujeres extranjeras que viven en nuestro país frente a la tasa de las mujeres españolas muertas que es de cerca de dos por millón. En el año 2004, las mujeres extranjeras pusieron el 21% de las denuncias y obtuvieron el 23% de las órdenes de protección (5). En el Servicio de Atención Integral a Mujeres Víctimas de la Violencia de Género de la Federación de Mujeres Progresistas representaron el 18% de las mujeres atendidas en 2005, ocupando el primer lugar las iberoamericanas (13%), sobre todo peruanas y ecuatorianas, seguidas de mujeres de la antigua Europa de Este (2%), quedando el 3% restante distribuido entre Marruecos y algún otro país africano.

         Aunque las consecuencias para la salud de las mujeres inmigrantes van a ser las mismas que las que sufran las mujeres españolas lo que sí es importante destacar es su especial vulnerabilidad ante esta violencia. Esta vulnerabilidad va a ser diferente también dentro del colectivo de mujeres que vienen a nuestro país ya que sus circunstancias pueden llegar a ser muy diferentes. Así, aún a riesgo de simplificar demasiado, podemos tener en cuenta tres colectivos muy diferentes ante esta vulnerabilidad. Por un lado están las mujeres que viene a nuestro país a buscar un trabajo que mejore sus condiciones económicas y las de su familia, mujeres que a veces viene solas o junto a su pareja pero que son independientes, al menos administrativamente, de esta.

         De otro lado tenemos a las mujeres que vienen por reunificación familiar, su marido ha venido antes y después vienen ellas a encargarse a convivir con él y encargarse del cuidado de la familia. Estas mujeres tienen una absoluta dependencia de su pareja, ya que no sólo están ligadas a ellas económicamente sino que también tienen una dependencia administrativa al tener su permiso de residencia vinculado a él.

         Por último, el colectivo mas vulnerable va a ser el de las mujeres indocumentadas a las que, a todas las dificultades del conjunto de las mujeres inmigrantes que vienen a nuestro país, hay que sumarle las dificultades de acceso a los recursos de ayuda por su condición de irregulares. Estos servicios son muy desiguales en las diferentes comunidades autónomas, llegando algunas de ellas a dificultar el acceso a los recursos especializados a las mujeres que no tienen su situación regularizada.

         Además, hemos de tener en cuenta que muchos recursos requieren la denuncia para poder acceder a ellos, este es el caso de la mayor parte de los centros y casas de acogida públicos. Esta denuncia va a suponer la visibilización de estas mujeres que están en esta difícil situación por lo que, en la mayor parte de los casos, no van a asumir este riesgo. Por otro lado, si la pareja tiene también una situación irregular la denuncia puede suponer la expulsión de este, situación que casi nunca desean estas mujeres, cuyo único objetivo al interponer una denuncia va a ser el de parar la violencia.

         Sin duda las dificultades económicas y lingüísticas, en muchos casos, son factores que hacen a las mujeres extranjeras que viven en nuestro país más vulnerables a la violencia de género. Además la inexistencia de una red familiar y social de apoyo va a contribuir a esta situación. Con mucha frecuencia la mujer se encuentra sola en nuestro país sin esta red de familia extensa y amistades que es vital para poder salir de una situación de abuso por parte de la pareja.

         También hemos de tener en cuenta que muchas de estas mujeres desconocer la existencia de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados el 28 de Diciembre de 2004( primera ley europea contra le violencia de género), algo bastante usual también en muchas españolas. Esta desinformación va a ser utilizada en muchas ocasiones por el propio hombre que ejerce violencia hacia ella para atemorizarla respecto a las consecuencias que puede tener para ella y sus hijos e hijas la ruptura o la denuncia. Además en muchos casos las instituciones (policía, juzgados, servicios sociales), son percibidas por estas mujeres como una amenaza más que como una ayuda, sobre todo en el caso de las mujeres que tienen una situación irregular en el país.

         De la misma manera no debemos olvidar que la mayor parte de ellas vienen aquí con un objetivo concreto que tiene que ver con la mejora de sus condiciones de vida y las de su familia, por lo que resolver cualquier problema existente en su relación de pareja no va a estar en sus planes ni va a resultar algo prioritario. Al contrario, la separación de su pareja va a suponer la vivencia de mayor soledad y más dificultades para alcanzar los objetivos que se había propuesto al emigrar.

         Como hemos comentado con anterioridad, la violencia de género tiene unas importantes repercusiones en la salud de las mujeres que la sufren. No debemos olvidar que lejos de ser hechos aislados, esta violencia forma parte de una estrategia de sometimiento que es continua y que tiene multitud de formas de llevarse a cabo (violencia física, psicológica, social, sexual, etc.). Evidentemente la violencia de género puede tener graves consecuencias para la salud de las mujeres, llegando incluso a causar la muerte, no sólo por los múltiples feminicidios que se producen sino porque esta violencia produce un grave deterioro en la salud psicológica de las mujeres que pueden llegar a terminar en el suicido de esta. Se estima que el 25% de las mujeres que se suicidan en España sufren este problema. Un estudio realizado recientemente recoge que mas del 60% de las mujeres víctimas de violencia de género entrevistadas habían tenido al menos un intento de suicidio, llegando a sobrepasar el 80% los casos que habían tenido ideación autolítica al menos una vez. La violencia física supone con frecuencia lesiones para la mujer que lo padece: fracturas, hematomas, desgarros, pudiendo incluso producirse alguna discapacidad (sordera, perdida de visión, etc.). De la misma manera, tanto la violencia física como la psicológica pueden provocar problemas de salud que, sin ser especialmente graves, suponen un importante deterioro de la calidad de vida de las mujeres que los sufren. Me refiero a los problemas gastrointestinales, cefaleas, dolores musculoesqueleticos, etc.

         La violencia también está en la base de algunos problemas de salud tan importantes como son la fibromialgia o el colon irritable, profundizar en estas relaciones debe convertirse en una línea prioritaria de investigación. Las repercusiones en la salud sexual y reproductiva de la violencia de género también son destacables. La imposibilidad para decidir sobre métodos anticonceptivos y de protección puede tener como consecuencia embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/Sida. Es frecuente encontrar a mujeres que sufren recurrentes ETS al ser víctimas de la promiscuidad (sin el uso del preservativo) de sus parejas. Estas infecciones recurrentes pueden llegar a suponer problemas de infertilidad en las mujeres que lo sufren. Es frecuente que se produzcan en estas mujeres abortos espontáneos como consecuencia de agresiones físicas. En el estudio multipaís realizado por la OMS, entre el 25 y el 50% de las mujeres informaban de haber recibido golpes en el abdomen estando embarazadas. Alrededor del 50% relacionaban el inicio de las agresiones físicas en el embarazo. También es frecuente en estas mujeres la concurrencia de abortos inducidos, en muchos casos forzados por la pareja que no se implica en la utilización de métodos anticonceptivos eficaces y que utiliza el aborto como la solución, en algunos casos sin cumplir con las medidas de seguridad adecuadas. La violencia psicológica y sexual y el sufrimiento emocional al que están sometidas las mujeres víctimas de la violencia de género hacen frecuente la ocurrencia de problemas ginecológicos y relacionados con el embarazo así como las disfunciones sexuales.

         Evidentemente los problemas para la salud psicológica de estas mujeres van a ser muchos, así es muy probable que a corto-medio plazo desarrollen problemas de ansiedad, depresión y/o trastorno de estrés postraumático. Las mujeres víctimas de la violencia de género sufren trastorno de estrés postraumático (EPT) al igual que los prisioneros de guerra, ex combatiente, personas que han sufrido atentados terroristas y secuestros, como una reacción psicológica a un trauma físico y emocional extremo. El diagnóstico que se utiliza en la medicina y en la psiquiatría para calificar las secuelas psíquicas que acarrea la violencia ejercida sobre el ser humano recoge el maltrato a las mujeres como  causa de estrés postraumático. Es una gran estructura diagnóstica que presenta los siguientes síntomas:

  • Evocación de los acontecimientos traumáticos: la persona que aparentemente parece estar bien, de repente, a través de un estimulo que evoca el trauma, vuelve a sufrir las consecuencias.
  • Reacción de pánico muy intensa (que el entorno no comprende), etiquetando a la mujer como loca. Muchas veces la propia víctima no sabe lo que le está sucediendo.
  • Sensación de despersonalización, como viviendo la vida a distancia a veces sin sentir el propio cuerpo. Son fenómenos físicos donde la persona sufre anestesia corporal.
  • Conductas de evitación de personas, lugares o actividades que pueden reavivar el trauma.
  • Síntomas de hiper alerta: insomnio, irritabilidad, accesos de rabia y reacciones de sobresalto.
  • Visión de un futuro incierto que les provoca anestesia emocional.
  • Se pone en marcha unos mecanismos de disociación que producen una auténtica partición de la mente, debido al contexto de ocultación y secretismo.

         Otra de las consecuencias es el Síndrome de Estocolmo. En 1973 dos ex convictos intentaron robar en un banco de Estocolmo, quedándose atrapados en él con tres rehenes (tres mujeres y dos hombres). Amenazaron la vida de los rehenes durante todo el tiempo que duro el secuestro, seis días, pero también mostraron cierta amabilidad lo que llevo a que los rehenes mostraran cierta identificación con sus secuestradores, de tal manera que incluso llegaron a ver a los policías como  enemigos y a los secuestradores como amigos ya que les perecía que eran su fuente de seguridad. Meses después de ser liberados, los rehenes tenían todavía sentimientos afectuosos hacia los secuestradores que habían amenazados sus vidas. A raíz de este hecho se acuñó el término Síndrome de Estocolmo para aquellas situaciones en las que se  produce una empatía con la persona que te causa daño psicológico como mecanismo de defensa. Aunque el Síndrome de Estocolmo no está todavía en el manual de diagnóstico psiquiátrico DSM IV, tiene suficiente entidad propia y su existencia es ampliamente reconocida.

         En el caso de las mujeres víctimas de la violencia de género vemos como se presenta:

·         Las mujeres siente su vida amenazada.

·         A veces, perciben cierta amabilidad por parte del  agresor (pareja, ex pareja, marido).

·         Las mujeres quedan aisladas, física y psicológicamente de otras personas.

·         Las mujeres no pueden escapar de la situación que viven.

         Las estrategias de supervivencia que las mujeres maltratadas van adoptando para poder sobrevivir son recursos y distorsiones de su forma de sentir y actuar, que les permite no hundirse psicológicamente. Al repetir día a día estos mecanismos de defensa y supervivencia, estos acaban por transformar la personalidad de las víctimas y quedan fijados en su forma de ser. Emociones, pensamientos y conductas se distorsionan para poder soportar el terror que padecen continuamente.

         Los malos tratos psicológicos tienen un efecto, casi inmediato, que es el deterioro de la autoestima, a la vez que van a producir sentimientos de culpabilidad y vergüenza, así como dependencia emocional.

         Distorsiones emocionales: El afán de supervivencia lleva a las mujeres prostituidas a potenciar las emociones positivas, buscando con avidez cualquier expresión de amabilidad o afecto en el agresor Si llega apercibirla se llenará de esperanzas pensando que ya no la va a maltratar. Por otra parte, niega y minimiza la situación que vive, porque reconocerlo la paraliza (EPT). El pánico, la sensación de disociación, la dejarían sin respuesta y eso no se lo puede permitir.

         Distorsiones cognitivas: Se llega a ver como una persona no válida merecedora de lo que le está pasando, sobre todo en los casos en los que hubo abusos sexuales en la infancia. Se reconoce como inferior. Asume la posición de sumisión. Se rebaja y se desprecia.

         Distorsiones conductuales: Desarrolla mecanismos de defensa. Simula un placer que no siente, y una admiración inexistente. Disimula sus verdaderos sentimientos. De la misma manera es frecuente la aparición de trastornos del sueño, de la alimentación, así como abuso de sustancias, sobre todo del alcohol.

         Como vemos, las repercusiones de la violencia de género en la salud de las mujeres que la sufren son importantes. Esto hace que el sistema sanitario se convierta en un espacio clave para la detección precoz de esta violencia y la atención a las víctimas, sobre todo servicios por los que pasan la mayor parte de las mujeres como son la atención primaria de salud y los servicios de salud reproductiva. Por esto, me gustaría finalizar mi exposición con un comentario del Director General de la OMS enfatizando esta idea:

         El sector de la salud puede tener un papel decisivo en la prevención de la violencia contra la mujer, contribuyendo a la detección temprana de los malos tratos, proporcionando a las víctimas el tratamiento requerido y derivando a las mujeres a los servicios idóneos para suministrarles la atención e información necesarias. Los servicios de salud deben ser lugares donde las mujeres se sientan seguras, tratadas con respeto y no estigmatizadas, y donde reciban información y apoyo de calidad.

Lee Jong-Wook. Director general de la OMS (2005).

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1.   Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. 28 de diciembre de 2004.

2.   Organización Mundial de la Salud. Departamento de Género, Mujer y Salud. (2005): Estudio multipaís de la OMS sobre salud de la mujer y violencia de género.

3.   Amnistía Internacional. Secretariado internacional (2005): Mujeres, violencia y salud

4.   Instituto de la Mujer. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (2006): Mujeres en cifras

5.   Consejo General del Poder Judicial. 2005.

6.   Caro Hernández, María Antonia (2003): El desamparo de las mujeres inmigrantes maltratadas. Página Abierta, 153, noviembre de 2003.

7.   Amnistía Internacional. Sección española (2005). Inmigrantes indocumentadas ¿hasta cuando sin protección frente a la violencia de género?

8.   Lorente Acosta, M., Sánchez de Lara Sorzano, C y Naredo Camblor, C (2006): Suicidio y Violencia de Género. Federación de Mujeres Progresistas y Observatorio de salud de la Mujer del Ministerio de Sanidad y Consumo.

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Resumen:

La emigrante en España se encuentra más vulnerable a la violencia de sus parejas o ex parejas por varias razones: su cultura, la falta de permiso de trabajo y de conocimiento de las leyes españolas. La decisión de una mujer de viajar sola en busca de una vida mejor puede ser el inicio de un proceso de empoderamiento que pierde cuando su pareja se reúne con ella. El tomar la decisión de venir sola no significa que haya cambiado su rol sino que, en la mayoría de los casos, asume el sostenimiento de la familia.  Cuando es la mujer la que viaja después de su pareja se encuentra en un  estado de dependencia que la hace vulnerable a la violencia. La inmigración en España es compleja y heterogénea con colectivos diferenciados por su procedencia geográfica, cultural, de religión y origen étnico, características que no marcan diferencias en el fenómeno de la violencia de género. Por ello no podemos hablar de consecuencias diferentes de la violencia de género en la  salud de las emigrantes, pero sí hay ciertos factores que inciden de manera diferente.

Palabras clave:
Mujer, inmigración, violencia de género, pareja, cultura, ley, dependencia, vulnerabilidad, empoderamiento, religión, salud, etnia.

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Abstract:
The emigrant woman in Spain is more vulnerable to partner or ex-partner gender violence for various reasons: culture, the lack of a work permit, or a lack of understanding as to how Spanish law works. The empowering process begins with her decision to travel alone in search of a better life, yet this is lost the moment she is reunited with her partner. Traveling alone, however, does not symbolize that her role within the family has changed. In fact, in a majority of cases, the woman is responsible for holding the family together. When her partner is the first to emigrate, she may be faced with a situation of dependency and vulnerability to gender violence. Immigration in Spain is a complex and heterogeneous topic with collective differences based on geographic, cultural, religious and ethnic origins; these factors, however, do not represent differences with regards to the phenomenon of gender violence. Therefore we should not speak of different consequences of gender violence in the wellbeing of immigrant women, although there are certain factors that will provoke different outcomes.

Key Words:
Woman, immigration, gender violence, partner, culture, law, dependence, vulnerability, empowerment, religion, health, ethnicity.


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© 2007 Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset

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