En
general, todos los estudios realizados coinciden en dar gran importancia a las
graves consecuencias de la violencia de género sobre la salud de las mujeres
que son víctimas de ella. Según
la
OMS (Organización Mundial de
la Salud) las principales
consecuencias se podrían dividir en dos grandes áreas: Físicas y psicológicas y
conductuales. Éste informe recoge que entre el 40% y el 72% de las
mujeres que han sufrido violencia física por parte de sus parejas, resulta
lesionada en algún momento de su vida. Aunque muchas de esas consecuencias no
se producen de forma inmediata y se manifiestan, la mayoría de las veces, en
trastornos funcionales tales como la fibromialgia, colon irritable, trastornos
gastrointestinales y síntomas de dolor crónico, dolor permanente en las
articulaciones, pérdida parcial de la vista o el oído y disfunciones sexuales.
Además
se puede añadir que se hace mucho hincapié sobre las consecuencias de la
violencia contra la mujer en la salud física de las víctimas, pero en muchos
casos los trastornos psicológicos son más intensos, duraderos e incapacitantes.
Y que éstas se pueden presentar a corto, medio y largo plazo, incluso aunque la
situación de maltrato haya desaparecido ya. Según Miguel Lorente, se estima que
el 60% de las mujeres que sufren maltrato tiene problemas psicológicos
moderados o graves. Los síntomas que presentan con mayor frecuencia son:
ansiedad, tristeza, pérdida de autoestima, labilidad emocional, inapetencia
sexual, trastornos de la alimentación y del sueño. “La violencia de género no
es un problema que afecte al ámbito privado. Al contrario, se manifiesta como
el símbolo más brutal de la desigualdad
existente en nuestra sociedad. Se trata de una violencia que se dirige sobre
las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas pos sus
agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de
decisión.” Preámbulo. Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra
la Violencia de Género.
Esta
definición nos aporta dos aspectos clave para entender este fenómeno. Por un
lado resalta el hecho de que la violencia de género no es un problema privado,
un problema de la pareja que sólo incumbe a ellos resolver. Durante mucho
tiempo, y aún en la actualidad, la violencia de género se ha mantenido oculta,
escondida en el ámbito de la privacidad del hogar, en vez de ser visibilizada
como lo que realmente es, un importante problema social. Por otro lado, esta
definición enfatiza la causa real de esta violencia que no es ni más ni menos
que la desigualdad que existe en nuestra sociedad entre mujeres y hombres,
convirtiéndose en el exponente mas brutal de esta desigualdad. La violencia de
género es un fenómeno universal que persiste en todos los países y que supone
una violación de los derechos humanos básicos. La
violencia de género es también un importante problema de Salud Pública, según
un estudio multipaís sobre sus consecuencias para la salud de las mujeres
realizado por
la OMS
(2005), las mujeres que sufren violencia de género tienen una probabilidad dos veces superior de sufrir
problemas de salud.
Este
estudio, realizado en 10 países (Brasil, Perú, Etiopía, Tanzania, Namibia,
Bangladesh, Tailandia, Samoa, Japón y Serbia y Montenegro), ha investigado la
prevalencia de la violencia de género (violencia física, sexual y psicológica
dentro de la pareja, abusos sexuales a niñas menores de 15 años y agresiones
sexuales fuera del hogar), y las consecuencias que ha tenido esta violencia en
la salud de las mujeres que la han sufrido. El estudio ha tenido en cuenta
tanto a la población rural como la urbana. El estudio encuentra prevalencias
muy diferentes entre los diez países, alcanzando, en cuanto a violencia física
y sexual, al 71% de las mujeres de la zona rural de Etiopía, al 69% de las
mujeres rurales de Perú, al 24% en Serbia y Montenegro o al 15% en Japón, país
en el que se encontró el menor porcentaje de casos. A pesar de esta prevalencia
tan distinta las consecuencias para la salud de las mujeres estudiadas fueron
las mismas: a distinta prevalencia
iguales consecuencias.
Es
interesante recordar que la violencia de género es mucho mas que la violencia
que reciben las mujeres por parte de sus parejas o exparejas. La violencia de
género está presente en todos los ámbitos en los que se desenvuelven las
mujeres, así también es violencia de género los abusos sexuales que sufren
muchas menores, las agresiones sexuales, el acoso sexual en el trabajo, la
trata de mujeres y prostitución forzada, la violencia en situaciones de
conflicto y posconflicto armado, la mutilación genital, los matrimonios
forzados, las pruebas de virginidad o la violencia relacionada con la dote. El
análisis de los datos del estudio multipaís de
la OMS aporta una alarmante
conclusión: Las mujeres están más expuestas a la violencia en su hogar que en
la calle. El espacio en el que tenemos mayor riesgo de sufrir violencia es
nuestro propio hogar y el agresor mas frecuente nuestra propia pareja.
A
continuación vamos a comentar algunos datos relativos a las mujeres inmigrantes
que viven en España, algunos de ellos especialmente alarmantes. El pasado año las mujeres extranjeras
representaron el 33% de las víctimas que murieron a manos de sus parejas o
exparejas. Esto representa una tasa de cerca de 11 mujeres fallecidas por
millón de mujeres extranjeras que viven en nuestro país frente a la tasa de las
mujeres españolas muertas que es de cerca de dos por millón. En el año 2004,
las mujeres extranjeras pusieron el 21% de las denuncias y obtuvieron el 23% de
las órdenes de protección (5). En el Servicio de Atención Integral a Mujeres
Víctimas de
la Violencia
de Género de
la Federación
de Mujeres Progresistas representaron el 18% de las mujeres atendidas en 2005,
ocupando el primer lugar las iberoamericanas (13%), sobre todo peruanas y
ecuatorianas, seguidas de mujeres de la antigua Europa de Este (2%), quedando
el 3% restante distribuido entre Marruecos y algún otro país africano.
Aunque
las consecuencias para la salud de las mujeres inmigrantes van a ser las mismas
que las que sufran las mujeres españolas lo que sí es importante destacar es su
especial vulnerabilidad ante esta violencia. Esta vulnerabilidad va a ser
diferente también dentro del colectivo de mujeres que vienen a nuestro país ya
que sus circunstancias pueden llegar a ser muy diferentes. Así, aún a riesgo de
simplificar demasiado, podemos tener en cuenta tres colectivos muy diferentes
ante esta vulnerabilidad. Por un lado están las mujeres que viene a nuestro
país a buscar un trabajo que mejore sus condiciones económicas y las de su
familia, mujeres que a veces viene solas o junto a su pareja pero que son
independientes, al menos administrativamente, de esta.
De
otro lado tenemos a las mujeres que vienen por reunificación familiar, su
marido ha venido antes y después vienen ellas a encargarse a convivir con él y
encargarse del cuidado de la familia. Estas mujeres tienen una absoluta
dependencia de su pareja, ya que no sólo están ligadas a ellas económicamente
sino que también tienen una dependencia administrativa al tener su permiso de
residencia vinculado a él.
Por
último, el colectivo mas vulnerable va a ser el de las mujeres indocumentadas a
las que, a todas las dificultades del conjunto de las mujeres inmigrantes que
vienen a nuestro país, hay que sumarle las dificultades de acceso a los
recursos de ayuda por su condición de irregulares. Estos servicios son muy
desiguales en las diferentes comunidades autónomas, llegando algunas de ellas a
dificultar el acceso a los recursos especializados a las mujeres que no tienen
su situación regularizada.
Además,
hemos de tener en cuenta que muchos recursos requieren la denuncia para poder
acceder a ellos, este es el caso de la mayor parte de los centros y casas de
acogida públicos. Esta denuncia va a suponer la visibilización de estas mujeres
que están en esta difícil situación por lo que, en la mayor parte de los casos,
no van a asumir este riesgo. Por otro lado, si la pareja tiene también una
situación irregular la denuncia puede suponer la expulsión de este, situación
que casi nunca desean estas mujeres, cuyo único objetivo al interponer una
denuncia va a ser el de parar la violencia.
Sin
duda las dificultades económicas y lingüísticas, en muchos casos, son factores
que hacen a las mujeres extranjeras que viven en nuestro país más vulnerables a
la violencia de género. Además la inexistencia de una red familiar y social de
apoyo va a contribuir a esta situación. Con mucha frecuencia la mujer se
encuentra sola en nuestro país sin esta red de familia extensa y amistades que
es vital para poder salir de una situación de abuso por parte de la pareja.
También
hemos de tener en cuenta que muchas de estas mujeres desconocer la existencia
de
la Ley Orgánica
de Medidas de Protección Integral contra
la Violencia de Género,
aprobada por unanimidad en el Congreso de los Diputados el 28 de Diciembre de
2004( primera ley europea contra le violencia de género), algo bastante usual
también en muchas españolas. Esta desinformación va a ser utilizada en muchas
ocasiones por el propio hombre que ejerce violencia hacia ella para atemorizarla
respecto a las consecuencias que puede tener para ella y sus hijos e hijas la
ruptura o la denuncia. Además en muchos casos las instituciones (policía,
juzgados, servicios sociales), son percibidas por estas mujeres como una
amenaza más que como una ayuda, sobre todo en el caso de las mujeres que tienen
una situación irregular en el país.
De
la misma manera no debemos olvidar que la mayor parte de ellas vienen aquí con
un objetivo concreto que tiene que ver con la mejora de sus condiciones de vida
y las de su familia, por lo que resolver cualquier problema existente en su
relación de pareja no va a estar en sus planes ni va a resultar algo
prioritario. Al contrario, la separación de su pareja va a suponer la vivencia
de mayor soledad y más dificultades para alcanzar los objetivos que se había
propuesto al emigrar.
Como
hemos comentado con anterioridad, la violencia de género tiene unas importantes
repercusiones en la salud de las mujeres que la sufren. No debemos olvidar que
lejos de ser hechos aislados, esta violencia forma parte de una estrategia de
sometimiento que es continua y que tiene multitud de formas de llevarse a cabo
(violencia física, psicológica, social, sexual, etc.). Evidentemente la
violencia de género puede tener graves consecuencias para la salud de las
mujeres, llegando incluso a causar la muerte, no sólo por los múltiples
feminicidios que se producen sino porque esta violencia produce un grave
deterioro en la salud psicológica de las mujeres que pueden llegar a terminar
en el suicido de esta. Se estima que el 25% de las mujeres que se suicidan en
España sufren este problema. Un estudio realizado recientemente recoge que mas
del 60% de las mujeres víctimas de violencia de género entrevistadas habían
tenido al menos un intento de suicidio, llegando a sobrepasar el 80% los casos
que habían tenido ideación autolítica al menos una vez. La violencia física
supone con frecuencia lesiones para la mujer que lo padece: fracturas,
hematomas, desgarros, pudiendo incluso producirse alguna discapacidad (sordera,
perdida de visión, etc.). De la misma manera, tanto la violencia física como la
psicológica pueden provocar problemas de salud que, sin ser especialmente
graves, suponen un importante deterioro de la calidad de vida de las mujeres
que los sufren. Me refiero a los problemas gastrointestinales, cefaleas,
dolores musculoesqueleticos, etc.
La
violencia también está en la base de algunos problemas de salud tan importantes
como son la fibromialgia o el colon irritable, profundizar en estas relaciones
debe convertirse en una línea prioritaria de investigación. Las repercusiones
en la salud sexual y reproductiva de la violencia de género también son
destacables. La imposibilidad para decidir sobre métodos anticonceptivos y de
protección puede tener como consecuencia embarazos no deseados y el contagio de
enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH/Sida. Es frecuente
encontrar a mujeres que sufren recurrentes ETS al ser víctimas de la
promiscuidad (sin el uso del preservativo) de sus parejas. Estas infecciones
recurrentes pueden llegar a suponer problemas de infertilidad en las mujeres
que lo sufren. Es frecuente que se produzcan en estas mujeres abortos
espontáneos como consecuencia de agresiones físicas. En el estudio multipaís
realizado por
la OMS,
entre el 25 y el 50% de las mujeres informaban de haber recibido golpes en el
abdomen estando embarazadas. Alrededor del 50% relacionaban el inicio de las
agresiones físicas en el embarazo. También es frecuente en estas mujeres la
concurrencia de abortos inducidos, en muchos casos forzados por la pareja que
no se implica en la utilización de métodos anticonceptivos eficaces y que
utiliza el aborto como la solución, en algunos casos sin cumplir con las
medidas de seguridad adecuadas. La violencia psicológica y sexual y el sufrimiento
emocional al que están sometidas las mujeres víctimas de la violencia de género hacen frecuente
la ocurrencia de problemas
ginecológicos y relacionados con el embarazo así como las disfunciones sexuales.
Evidentemente
los problemas para la salud psicológica de estas mujeres van a ser muchos, así
es muy probable que a corto-medio plazo desarrollen problemas de ansiedad, depresión y/o trastorno de estrés
postraumático. Las mujeres víctimas de la violencia de género sufren
trastorno de estrés postraumático (EPT) al igual que los prisioneros de guerra, ex combatiente, personas que han
sufrido atentados terroristas y secuestros, como una reacción psicológica a un
trauma físico y emocional extremo. El diagnóstico que se utiliza en la medicina
y en la psiquiatría para calificar las secuelas psíquicas que acarrea la
violencia ejercida sobre el ser humano recoge el maltrato a las mujeres
como causa de estrés postraumático. Es
una gran estructura diagnóstica que presenta los siguientes síntomas:
- Evocación
de los acontecimientos traumáticos: la persona que aparentemente parece
estar bien, de repente, a través de un estimulo que evoca el trauma,
vuelve a sufrir las consecuencias.
- Reacción
de pánico muy intensa (que el entorno no comprende), etiquetando a la
mujer como loca. Muchas veces la propia víctima no sabe lo que le está
sucediendo.
- Sensación
de despersonalización, como viviendo la vida a distancia a veces sin
sentir el propio cuerpo. Son fenómenos físicos donde la persona sufre
anestesia corporal.
- Conductas
de evitación de personas, lugares o actividades que pueden reavivar el
trauma.
- Síntomas
de hiper alerta: insomnio, irritabilidad, accesos de rabia y reacciones de
sobresalto.
- Visión
de un futuro incierto que les provoca anestesia emocional.
- Se
pone en marcha unos mecanismos de disociación que producen una auténtica
partición de la mente, debido al contexto de ocultación y secretismo.
Otra de las
consecuencias es el Síndrome de Estocolmo. En 1973 dos ex convictos intentaron robar
en un banco de Estocolmo, quedándose atrapados en él con tres rehenes (tres
mujeres y dos hombres). Amenazaron la vida de los rehenes durante todo el
tiempo que duro el secuestro, seis días, pero también mostraron cierta
amabilidad lo que llevo a que los rehenes mostraran cierta identificación con
sus secuestradores, de tal manera que incluso llegaron a ver a los policías
como enemigos y a los secuestradores
como amigos ya que les perecía que eran su fuente de seguridad. Meses después
de ser liberados, los rehenes tenían todavía sentimientos afectuosos hacia los
secuestradores que habían amenazados sus vidas. A raíz de este hecho se acuñó
el término Síndrome de Estocolmo para aquellas situaciones en las que se produce una empatía con la persona que te
causa daño psicológico como mecanismo de defensa. Aunque el Síndrome de
Estocolmo no está todavía en el manual de diagnóstico psiquiátrico DSM IV,
tiene suficiente entidad propia y su existencia es ampliamente reconocida.
En el caso
de las mujeres víctimas de la violencia de género vemos como se presenta:
· Las
mujeres siente su vida amenazada.
· A
veces, perciben cierta amabilidad por parte del agresor (pareja, ex pareja, marido).
· Las
mujeres quedan aisladas, física y psicológicamente de otras personas.
· Las
mujeres no pueden escapar de la situación que viven.
Las
estrategias de supervivencia que las mujeres maltratadas van adoptando para
poder sobrevivir son recursos y distorsiones de su forma de sentir y actuar,
que les permite no hundirse psicológicamente. Al repetir día a día estos
mecanismos de defensa y supervivencia, estos acaban por transformar la
personalidad de las víctimas y quedan fijados en su forma de ser. Emociones,
pensamientos y conductas se distorsionan para poder soportar el terror que padecen
continuamente.
Los malos
tratos psicológicos tienen un efecto, casi inmediato, que es el deterioro de la autoestima, a la vez
que van a producir sentimientos de culpabilidad y vergüenza, así como dependencia emocional.
Distorsiones
emocionales: El afán
de supervivencia lleva a las mujeres prostituidas a potenciar las emociones
positivas, buscando con avidez cualquier expresión de amabilidad o afecto en el
agresor Si llega apercibirla se llenará de esperanzas pensando que ya no la va
a maltratar. Por otra parte, niega y minimiza la situación que vive, porque
reconocerlo la paraliza (EPT). El pánico, la sensación de disociación, la
dejarían sin respuesta y eso no se lo puede permitir.
Distorsiones
cognitivas: Se llega a ver como una persona no
válida merecedora de lo que le está pasando, sobre todo en los casos en los que
hubo abusos sexuales en la infancia. Se reconoce como inferior. Asume la
posición de sumisión. Se rebaja y se desprecia.
Distorsiones
conductuales: Desarrolla mecanismos de defensa. Simula un placer que no siente, y una admiración
inexistente. Disimula sus verdaderos sentimientos. De la misma manera es
frecuente la aparición de trastornos
del sueño, de la alimentación, así como abuso de sustancias, sobre todo del
alcohol.
Como vemos,
las repercusiones de la violencia de género en la salud de las mujeres que la
sufren son importantes. Esto hace que el sistema sanitario se convierta en un espacio clave para la detección precoz de esta violencia y la
atención a las víctimas, sobre todo servicios por los que pasan la mayor parte
de las mujeres como son la atención primaria de salud y los servicios de salud
reproductiva. Por esto, me gustaría finalizar mi exposición con un comentario
del Director General de
la OMS
enfatizando esta idea:
El
sector de la salud puede tener un papel decisivo en la prevención de la
violencia contra la mujer, contribuyendo a la detección temprana de los malos tratos, proporcionando a las
víctimas el tratamiento requerido y derivando a las mujeres a los servicios
idóneos para suministrarles la atención e información necesarias. Los servicios de salud deben ser lugares
donde las mujeres se sientan seguras, tratadas con respeto y no estigmatizadas,
y donde reciban información y apoyo de calidad.
Lee Jong-Wook. Director general de
la OMS (2005).
[^SUBIR]
1. Ley
Orgánica de Medidas de Protección Integral contra
la Violencia de Género. 28
de diciembre de 2004.
2. Organización
Mundial de
la
Salud. Departamento de Género, Mujer y Salud. (2005): Estudio
multipaís de
la OMS
sobre salud de la mujer y violencia de género.
3. Amnistía
Internacional. Secretariado internacional (2005): Mujeres, violencia y salud
4. Instituto
de
la Mujer.
Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales (2006): Mujeres en
cifras
5. Consejo
General del Poder Judicial. 2005.
6. Caro
Hernández, María Antonia (2003): El desamparo de las mujeres inmigrantes
maltratadas. Página Abierta, 153, noviembre de 2003.
7. Amnistía
Internacional. Sección española (2005). Inmigrantes indocumentadas ¿hasta
cuando sin protección frente a la violencia de género?
8. Lorente
Acosta, M., Sánchez de Lara Sorzano, C y Naredo Camblor, C (2006): Suicidio y
Violencia de Género. Federación de Mujeres Progresistas y Observatorio de salud
de
la Mujer del
Ministerio de Sanidad y Consumo.