|
Hace algunos años, el escritor
inglés Daniel Franklin, entonces editor europeo del
semanario The Economist,
describía en los siguientes términos un día cualquiera
en la vida de un londinense de clase media:
"A primera hora de la mañana recoge el periódico que
han dejado en la puerta de su casa los indios que regentan
el kiosko de la esquina (los
únicos que, en su barrio, aceptan prestar servicio a
horas tan tempranas). Pronto llega la asistenta, que
es polaca, y acostumbra a decir que alguna vez volverá
a su país. En el camino a la estación de metro pasa
por delante de restaurantes chinos, italianos e indios,
y por una panadería judía. El taquillero del metro que
le expende el billete es jamaiquino. Al llegar a la
oficina saluda al guardia de seguridad, que es irlandés.
Comparte despacho con un sudafricano, su secretaria
es canadiense y su jefe zimbabuo.
La mayor parte de los días almuerza en un restaurante
italiano, y su cena consiste frecuentemente en una pizza
servida a domicilio por jóvenes repartidores de una
docena de nacionalidades distintas, entre las que nunca
se cuenta la británica."
"El caso descrito --añadía Franklin-- resulta ser
el mío, pero no tengo razones para pensar que sea en
absoluto excepcional". En efecto, el paisaje social
que constituye el trasfondo del cuadro pintado por Franklin
resulta idiosincrático por cuanto refleja las tonalidades cromáticas
características de la Commomwealth;
pero no cabe duda de que un ejercicio similar depararía
resultados semejantes, mutatis mutandis,
en París, Amsterdam, Berlín
o Viena; y no digamos en Nueva York,
Toronto o Sydney. El espectro de nacionalidades y etnias
es peculiar en cada caso, pero un considerable grado
de diversidad humana es común a todos ellos. Hace sólo
cincuenta años, sin embargo, la correspondiente narración
hubiera sido sensiblemente diferente en todos y cada
uno de estos lugares.
La explicación de la diferencia reside, obviamente en
el hecho de que, en ese corto lapso de tiempo, algunas
sociedades europeas han experimentado una de las transformaciones
más profundas e influyentes ocurridas hasta la fecha:
su conversión en sociedades pluriétnicas
y multiculturales. Pocas transformaciones sociales pueden
competir con ésta en importancia e implicaciones. Afecta
profundamente al mercado de trabajo, a la provisión
de servicios públicos básicos, a las infraestructuras
sociales (incluyendo el sistema de salud), a la estructura
social (a través de la creación de nuevas desigualdades
o de la perpetuación de las viejas) y al pluralismo
cultural, lingüístico y religioso. Incluso más: los
sentimientos de identidad nacional, y la definición
de la política --quiénes somos nosotros y quiénes
no somos nosotros--, afecta a la etnicidad.
Pone a prueba la solidez de algunos de los principios
liberales sobre los que se fundaron las sociedades democráticas,
como la igualdad básica, cohesión social o ciudadanía
universal. Entraña el acomodo de la heterogeneidad.
Un cierto número de sociedades se encuentran muy avanzadas
en ese proceso de conversión. En otras sociedades, entre
las que nos contamos junto con nuestras homólogas del
sur de Europa, esa transformación está, si no en sus
albores, aún en sus primeros estadios. Pero cabe pronosticar
con seguridad que se completará en el próximo futuro,
y en un tiempo relativamente breve.
En el caso de España, la
llegada sostenida de inmigrantes y su gradual instalación
en la sociedad está suponiendo una transformación social
que puede competir en profundidad e implicaciones con
cualquier otra que se haya producido en nuestra historia
contemporánea. Una reciente publicación del Instituto
Nacional de Estadística sobre los veinticinco años transcurridos
desde la aprobación de la Constitución de 1978 la ve,
justamente, como uno de los dos cambios más importantes
operados en el último cuarto de siglo. Su
impacto en múltiples esferas y facetas de la sociedad
española es ya notable en el presente, y está llamado
a serlo mucho más en el futuro.
Los ensayos y
trabajos en curso presentados en este número monográfico
de Circunstancia dan testimonio del carácter multifacético
del fenómeno migratorio y de la variedad de sus impactos.
Joaquín Arango (Coordinador).
[^
SUBIR]
|