CIRCUNSTANCIA - Revista de Ciencias Sociales del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset
Madrid (España) - Revista Electrónica Cuatrimestral - ISSN 1696-1277
Año I - Número 1 - Abril 2003
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FAMILIA Y EMPRESA: UN ESTUDIO DE CASO EN ESPAÑA

Iván Rodríguez Lozano

Índice:

1. Introducción

2. Primera generación
2.1 España a principios de siglo: 1900-1940.
2.2 La familia Arriola: 1922-1940.
2.3 Los inicios de la empresa.

3. Segunda generación

3.1 España durante el Franquismo: 1940-1975.
3.2 La familia Arriola. 1940-1975.
3.3 ¿Crecimiento sin desarrollo?. La empresa.

4. Tercera generación

4.1 La España democrática: 1975-2002.
4.2 La familia Arriola 1975-2002.
4.3 Una nueva lógica de funcionamiento.

5. Conclusiones

ANEXO. Gráficos

(Advertencia: Los nombres de las personas que aparecen en este trabajo han sido modificados, siguiendo los deseos expresos de la familia objeto de este estudio.)

1. Introducción

1) La presente investigación tiene como objeto de estudio el análisis de una familia originaria de la ciudad de Madrid, los Arriola (apellido que sustituye al auténtico por petición expresa de la familia). En el plano cronológico, el estudio se ha remontado hasta la década de los veinte del siglo pasado ya que en ese momento la familia Arriola se hizo con el control de una empresa de fontanería y saneamientos, la cual se convertiría desde ese momento en un espejo en el que se reflejan los comportamientos de los distintos miembros de la familia. Además, el taller será un instrumento de la familia a través del cual obtener los ingresos imprescindibles para su mantenimiento. Así, se observará cuál fue la evolución de dicha empresa en función de las necesidades familiares. Los Arriola se presentaron en los años veinte como una familia de clase popular, baja.

Sin embargo, dado el carácter de familia extendida que los Arriola presentaban durante los primeros ochenta años del siglo pasado, un estudio completo de toda la familia supondría rebasar con mucho la intención de este trabajo de investigación. Por ello, en cuanto a las relaciones horizontales (aquellas que se establecen entre miembros de la misma generación de la familia y con elementos extraños a ella, amigos o similares) me centraré, hacia fuera de la familia, en su importancia para la realización de los negocios y, hacia dentro, se hará hincapié en momentos críticos como las sucesiones al frente de la empresa. Además, dado el carácter extenso de la familia Arriola (ocho ramas diferentes en la actualidad), se tomará una de ellas como eje del estudio, la que acabó dirigiendo el negocio de forma única y que en la actualidad componen el núcleo Arriola Cuesta.

2) Hay dos hechos que me llevaron a elegir el caso de los Arriola. En primer lugar que la empresa hoy día sigue funcionando bajo su propiedad, lo que permitía ver una evolución histórica conjunta de la familia y de la empresa. En segundo lugar que los Arriola desde un primer momento se prestaron a colaborar con esta investigación. Partiendo de la idea de que la empresa es un instrumento de la familia, trataré de establecer cuáles son los comportamientos familiares en función del modelo de Estado y de sus políticas sociales, así como observar cuál es el cometido de la empresa, en función de la familia, en cada momento.

3) La pretensión de este estudio es delimitar cuáles son las lógicas que imperan en la familia Arriola principalmente en la toma de decisiones. El hecho de contar con la propiedad de una empresa permite identificar si en las decisiones empresariales la lógica imperante es la maximización de beneficios, es una lógica familiar o se produce una coexistencia de ambas. Además, hay que diferenciar la actuación hacia dentro de la red familiar y hacia fuera, por ejemplo a la hora de establecer contratos o negociaciones. Es seguro que la lógica económica está presente, pero lo que quiero resaltar es que es probable que no sea la única ni la decisiva. Es aquí donde existe la posibilidad de encontrar la anteposición de conceptos como la lealtad por encima del rendimiento empresarial. La existencia de lógicas familiares en la gestión de la empresa no está enfrentada con el éxito de la misma. La empresa familiar no es propia de un sector o de un volumen de negocio. La encontramos en todos los sectores y generando todos los volúmenes.

Además, esta investigación tiene como objetivo aportar un estudio de caso al todavía incipiente panorama de investigaciones sobre familia y empresa.  Lo que se presenta es un estudio histórico en el que la empresa es una de las variables centrales del mismo. Los análisis históricos sobre empresas y familias han sido mayoritariamente realizados desde la historia económica. Sin olvidar que la historia empresarial cuenta con una amplia tradición historiográfica, especialmente en Estados Unidos, hay que señalar que en España dicha tradición no se remonta tantos años atrás como en otros países. Las causas de dicho retraso, sin entrar con detenimiento a su análisis, pueden encontrarse en la escasa atención prestada a dicha disciplina en los planes de estudio españoles. Hay que señalar la dificultad existente para que un empresario abra sus archivos a un investigador con el fin de facilitarle la información necesaria para la realización de su investigación. Pero sobre todo habría que tener en cuenta que si ha sido la historia económica la disciplina encargada de potenciar los estudios sobre historia empresarial, la historiografía económica sobre los siglos XIX y XX no se desarrolló prácticamente hasta comienzos de los años sesenta, lo que muestra que es ahí y no en otras causas donde radicaría la explicación del retraso de la historia empresarial en España [1] . Sin embargo la historia económica centra el objeto de estudio en la empresa. En el caso que nos ocupa el centro del estudio será la familia de tal forma que, como ya se ha advertido, la empresa será observada como un instrumento de ésta.

En cuanto al grupo de los empresarios, en la historia reciente de España se puede considerar que no han tenido muy buena prensa. Se podrían enumerar varios factores como causantes de esta imagen peyorativa, pero no es el caso que nos ocupa. Valga argumentar que sí se han hecho esfuerzos por  "limpiar" esa imagen negativa en los últimos años. En parte y sobre todo gracias a las investigaciones realizadas desde el campo de la historia económica. Los estudios realizados desde el rigor y la seriedad están consiguiendo acercar la realidad del empresario a la sociedad en general. Cierto es que de estos estudios se ha desprendido una imagen no muy favorable de estos actores dada su debilidad, bajos niveles de competitividad, y afán por capturar y beneficiarse de rentas políticas. Existen otros hechos que han beneficiado la imagen de los empresarios españoles, véase la incorporación de España a la unión económica y monetaria europea, las importantes tasas de crecimiento de la economía española, la llegada del Partido Popular al gobierno en términos de normalidad, la caída del comunismo, la globalización o la revolución en las telecomunicaciones, la presencia de numerosas empresas españolas en importantes mercados extranjeros, entre otras.  Sin embargo, cuando se hace referencia al empresario normalmente se está hablando del gran empresario. Las monografías normalmente van dirigidas a un grupo muy selecto de empresarios y empresas con unos niveles de facturación muy por encima de la media. Pero en España encontramos que sólo el 0.1% del total de empresas, supera los 250 trabajadores, y aun estas son de dimensión pequeña si las comparamos internacionalmente.  A su vez, "la empresa familiar, entendida en este caso como patrimonio de una familia empresaria que controla su propiedad y generalmente su gestión" [2] , se presenta como la figura empresarial más importante dominante en la estructura económica de la gran parte de los países occidentales. En España suponen entre el 65% y el 80% del total de empresas, entre el 50% y el 65% del PIB y además dan ocupación al 65% de la población activa. [3] Son datos que no dejan lugar a dudas sobre la importancia que la familia sigue teniendo como institución dentro de nuestra sociedad.

4) Sociólogos y antropólogos sitúan a la familia en un punto intermedio entre lo individual y lo colectivo. Desde este punto de vista la podríamos ubicar entre el Estado, protector del colectivo, y el mercado, impulsor de lo individual, aunque ésta es sólo una interpretación del lugar que podría ocupar dentro del debate que actualmente en ciencias sociales se mantiene sobre la importancia del Estado frente al mercado y viceversa. Antaño, cuando se estudiaba la familia no era para constituirla en objeto autónomo de análisis e investigar su estructura y dinámica en cuanto tal. Su estudio era concebido en términos instrumentales en la medida que se esperaba acercarse a aspectos más sustanciales de la realidad social. Quizás ha sido en el contexto del estudio de las sociedades exóticas donde se ha empezado a estudiar la familia en cuanto tal y considerarla como objeto específico y autónomo. La explosión de estudios sobre la historia de la familia en las últimas décadas no es ajena la influencia ejercida sobre la historia y otras ciencias sociales, por la antropología social [4] . No puede obviarse que la participación de los individuos en la vida comunitaria se realiza a través de la familia, como institución mediadora. La existencia de matrimonios proscritos y preferentes, la condición subordinada de la mujer y otros comportamientos de esta índole, son elementos que contribuyen a definir las características de determinado tipo de sociedad; y no hay duda de que el conocimiento de las relaciones de parentesco contribuye a la mejor comprensión de los sistemas de valores de las sociedades en que se generan y mantienen [5] .

Los estudios sobre familia han sido abordados desde las distintas disciplinas de las ciencias sociales. La antropología social ha privilegiado el estudio de los sistemas de parentesco en las sociedades primitivas, debido en parte, a la importancia, relativa, que tienen la familia y el parentesco en todas las sociedades preindustriales [6] . Pero fue determinante para el desarrollo de la antropología social el descubrimiento del carácter clasificatorio de los términos de parentesco. Se reconoció que las categorías del sistema de parentesco no corresponden directamente a las relaciones de parentesco biológico entre las personas sino que dichas relaciones son utilizadas como  base para un sistema de clasificación que representa y determina las relaciones entre un conjunto de grupos e individuos que constituyen la sociedad [7] . Es decir, las relaciones entre grupos e individuos, ya sean de naturaleza económica, política o simbólica, son pensadas como si fueran relaciones de parentesco y de ellos derivan los derechos y obligaciones que las definen.

En cuanto a la sociología, la diferencia existente con los planteamientos realizados desde la antropología se basa en la idea de que la familia en las sociedades industriales había perdido una buena parte de las funciones llamadas tradicionales. Pero este planteamiento quizás obvia la importancia de la familia como tal, la cual y de forma lógica se encuentra sujeta a las transformaciones que vive la sociedad en general. Sin embargo, el hecho de que la familia refleje una serie de transformaciones no tiene porque indicar perdida de “peso” sino que bien puede tratarse de una readaptación de esta a los nuevos tiempos, condición sine qua non para subsistir bajo las nuevas formas de comportamiento.

5) La metodología utilizada para la realización de esta investigación es la entrevista personal a miembros de la familia Arriola así como el estudio del archivo privado de la familia  El formato de la entrevista ha sido el de la realización de preguntas abiertas con el propósito de, además de obtener la información sobre cada momento y acontecimiento, intentar también descubrir las subjetividades de cada miembro con respecto al resto de individuos que aparecen en esta investigación o al momento o acontecimientos tratados. El archivo privado de los Arriola es muy rico en documentación personal, esto es, intercambio de información entre familiares a través de escritos, contratos privados sin carácter oficial, balances de la empresa, actas de defunción, correspondencia privada, borradores de contratos, actas de reuniones de los hermanos-socios, etc. También se encuentra el contrato original que data de 1922, cuadernos de personal hasta 1964, cuadernos de cuentas, mandatos, contratos de servicios, de arrendamiento del local del negocio, etc.

El estudio se abordará desde una doble perspectiva:

- En la primera, que podríamos llamar "vertical", se observará la evolución de la familia a través del siglo XX. Por ejemplo, es importante observar de qué forma se ha ido transmitiendo la posesión de la empresa de una generación a otra. Permitirá comparar el grado de unión familiar, entre otras cosas.

- La segunda u "horizontal", trata de analizar las relaciones familiares en una misma coyuntura histórica. Permite observar el grado de interrelación entre los distintos miembros familiares y de esta forma si la familia gana o pierde fuerza como unidad de solidaridad, además de delimitar cuáles son las relaciones de la familia con el entorno que la rodea.

6) Por último, hay que subrayar que la motivación práctica para la realización de este estudio fue realizar un trabajo que sirva de experiencia para la realización futura de una tesis doctoral. Se trata, por tanto, de establecer una primera toma de contacto práctica con una metodología para cuyo manejo es imprescindible contar con cierto bagaje experimental para su correcta aplicación. [^ SUBIR]

2. Primera generación.

2.1 España a principios de siglo: 1900-1940.

Durante el siglo XIX España sufrió una serie de transformaciones no muy distintas de las que se dieron en mayoría de naciones occidentales. El hecho más destacable fue el fin del Antiguo Régimen y la adopción del modelo de Estado-Nación propio del liberalismo. Esta transformación no se hizo sin esfuerzos pues fueron varios los pasos hacia atrás antes de dar el definitivo, el del cambio sin posibilidad de reversión.

El régimen surgido y sancionado por la constitución de 1876 otorgó un marco institucional que facilitó un proceso de modernización que se alargó hasta 1920. Desarrollo económico, mejoras higiénicas y sanitarias, ausencia de graves crisis demográficas, cese de conflictos bélicos tanto internos como externos, hicieron que entre 1900 y 1930 la población tuviera un desarrollo positivo en términos cuantitativos. Se pasó de 18, 6 millones a 23,3 millones de habitantes en estos 30 años. Además, la población urbana creció considerablemente en detrimento del mundo rural. En 1930, a pesar de que la población activa agraria ocupaba aun al 45,5% de la población activa española, el sector industrial incluía ya al 26,5% y los servicios al 27,9% [8].

Del papel que representó el Estado en la economía hay que destacar su inversión en infraestructuras ayudando a integrar un mercado interno bastante desestructurado. Además, dicha intervención cobró importancia por el hecho de que la nueva estructura económica estaba causando una grave desestructuración regional. El apoyo a la construcción de la red ferroviaria debe de ser tomado como esencial, al igual que la política arancelaria que ayudó a que la industria española se desarrollara.

Por lo tanto, durante el primer tercio del siglo XX se asiste a una modernización de España al igual que en el resto del continente europeo, aunque con cierto rezago en comparación con sus vecinos. La nueva situación económica, social y política son indicadores inequívocos que presentan una España en constante cambio. Aun así, la antigua potencia colonial seguía presentándose como un país esencialmente rural. Todavía quedaba un largo camino que recorrer para igualarse a los países de la Europa occidental. Un elemento indicativo es la debilidad que presenta el movimiento obrero y sindical, cuyo auge va unido al desarrollo industrial. El sindicalismo obrero desempeñaba un papel pequeño en la vida política española. Tan sólo en Madrid y Barcelona el número de miembros de la clase obrera afiliados a sindicatos alcanzaba al 30%. Además el movimiento obrero español se encontraba claramente dividido [9] . El desarrollo político seguía siendo una asignatura pendiente. Las instituciones eran débiles y, por tanto, su capacidad de influencia en la sociedad limitada.

Pero un elemento importante dado el carácter de esta investigación es la ausencia de políticas sociales universales por parte del Estado. La perpetua carencia de ingresos en la que vivía el Estado le impedía desarrollar políticas sociales a favor de la familia y el individuo. Muchas de las acciones que adoptaba estaban más encaminadas a curar la fiebre que a atacar la enfermedad. No existía una intención de mejorar sustancialmente la redistribución del ingreso, por ejemplo, a través de una serie de acciones favorecedoras de la integración social. Las acciones fueron coyunturales, no existiendo un objetivo común a cada una de ellas. [^ SUBIR]

2.2 La familia Arriola: 1922-1940.

Los Arriola son una familia natural de Madrid afincada en el barrio de Malasaña, lugar que se convirtió en el "coto" donde se establecieron y desarrollaron buena parte de las relaciones de la familia. A lo largo de la centuria la familia se expandió cuantitativamente de forma considerable dando a luz a varias ramas que crecieron a través de varias generaciones. Este trabajo se remonta a la segunda década del siglo pasado y centra el inicio en la rama Arriola García, fundada por Ramón Arriola Sanjosé y Josefa García Pando.

Ramón Arriola Sanjosé se casó con Josefa García Pando y tuvieron un total de 11 hijos de los cuales dos murieron a los pocos días de su nacimiento. Otro, el primogénito, murió prematuramente durante la guerra, al parecer por tuberculosis. Esto muestra que los Arriola no eran ajenos a la precaria situación sanitaria e higiénica en la que vivían los españoles. En 1922, Ramón se hizo cargo del taller de fontanería situado en el mismo lugar que la vivienda.

Sobre la base de las fuentes manejadas, se puede decir que la extracción social de la familia correspondería a clase baja pero con matizaciones. Con unos bajos ingresos la lógica familiar llevó a contar con un número amplio de hijos que aportaran riqueza de forma solidaria a la familia a través de su empleo en el trabajo. Por ello del matrimonio nacerían un total de 11 hijos, todos varones, excepto Toñi, la menor de la familia. El tercero y el cuarto fallecieron al nacer; los nueve restantes seguían el siguiente orden, de mayor a menor: Ramón, Leandro, Fernando, Ángel Andrés, Jacinto, Ernesto, Cándido, Pedro y Toñi. Todos vivían junto a sus padres en la misma vivienda y no será hasta que se casen cuando abandonen la residencia familiar. Existe la excepción de Fernando, a quien le sorprende el golpe de Estado de 1936 en Galicia, donde permaneció hasta el final del conflicto civil y del primogénito Ramón, quien tuvo que marchar de la casa paterna debido a que anteriormente a la guerra militaba en organizaciones afines a los sublevados. En un Madrid republicano su situación era de extremo peligro dado que en el barrio probablemente existía conocimiento de su militancia. Permaneció escondido hasta su deceso. Posiblemente su situación y la del propio Madrid impidió que pudiera recibir asistencia médica adecuada a su enfermedad. La familia, conocedora del lugar en el que permanecía escondido, regularmente le proporcionaba lo indispensable para poder subsistir. A pesar de que Leandro, su hermano, militaba en el ejército republicano, la solidaridad familiar prevaleció por encima de estas diferencias ideológicas.

Todos los hermanos se formaron profesionalmente en la empresa. Recibieron la educación indispensable en la época, aprendieron a leer, escribir y conocimientos básicos en matemáticas y desde pequeños pasaron a trabajar en el taller, excepto Cándido y Toñi. Cándido continuó sus estudios que completará con una carrera universitaria en el futuro. Toñi permaneció junto a su madre, podría decirse que "a tiempo completo". Se formó en las costumbres de la época, llevar la casa.  Las labores cotidianas que requería una familia tan extensa recaían sobre Josefa, su hija Toñi y una tercera persona, Elisa Sanz Sanz, que entró como empleada del hogar y terminará siendo admitida como una más de la familia al casarse con el hijo mayor con vida, Leandro.

No será Elisa la única persona del exterior que prestará sus servicios a la familia Arriola. Cosme Martín León tuvo una estrecha relación de amistad con Ramón Arriola Sanjosé y lo que le llevará a trabajar en el taller. Dado el carácter abierto y las continuas ausencias voluntarias de Ramón Arriola Sanjosé, fue Cosme, en cuanto a la formación profesional, y Josefa y Elisa, quienes se encargaron de institucionalizar el día a día de la familia. Ramón Arriola se encargó de proporcionar los medios económicos suficientes a la familia para cubrir todas las necesidades materiales.

Los Arriola mantienen la leyenda de que Ramón Arriola Sanjosé cada vez que aparecía en casa dejaba embarazada a su esposa. Este comentario refleja bien la relación de Ramón con el resto de la familia. Todas sus funciones familiares se encontraban delegadas en terceras personas. No es un ejemplo extraño para la época pero si muestra una situación en la que el cabeza de familia se liberaba de cumplir con las tareas propias del hogar y la familia excepto en lo que concernía a la obtención de los ingresos necesarios para su manutención. Por tanto, simplificando bastante el argumento, existía una relación de reciprocidad en la que Ramón Arriola Sanjosé aportaba el sustento suficiente a la familia y a cambio ésta no interfería en una serie de prácticas que aquél mantenía al margen de la misma. Cuando los ingresos fueron producidos por los hijos, Ramón pudo seguir manteniendo esta relación establecida ya que era él quien realizaba los contactos con los clientes y  recibía el total de los ingresos. Aunque él no generaba dichos ingresos con su mano de obra si prevalece en la familia la idea de que los mismos eran posibles gracias a la acción del padre. Ramón cumplió su rol patriarcal al encargarse del sustento de la familia a través de la redistribución de los fondos ingresados en la empresa. Aunque su vida paralela a la familia era conocida por todos, nunca fue cuestionada. De hecho ha llegado hasta hoy día aunque sigue siendo un tema que no gusta comentar.

La guerra no pasó desapercibida para la familia Arriola. El estallido de la guerra sorprendió al global de la familia en Madrid, a excepción de Fernando Arriola que se encontraba en La Coruña. No fue hasta el final de la contienda cuando Fernando pudo regresar a su casa, hecho que ha quedado gravado en la memoria de la familia como todo un acontecimiento ya que según cuentan el viaje lo realizó completamente a pie debido al "miedo". Pero los peores momentos parece que quedaron reservados para la familia residente en Madrid.

La situación a la que se vio sometida la capital republicana afectó a los Arriola en las tres formas descritas por Javier Cervera [10]. Leandro Arriola quedó encuadrado en el ejército republicano donde alcanzaría el grado de sargento. Por tanto, se mostró activo en la defensa de Madrid. Mientras Ramón Arriola, simpatizante del bando nacional, tuvo que permanecer escondido en un piso en Madrid ya que su situación se presentaba muy delicada. Todo parece indicar que murió de tuberculosis, aunque este extremo no está documentado con exactitud, sin embargo en la familia circula la teoría de que murió debido a que dejó de alimentarse ya que todos los alimentos que la familia le proporcionaba iban a parar a su novia, con quien supuestamente se escondió. En la familia se asegura que Ramón murió por "ideas". Por último, el resto de la familia podría quedar perfectamente incluido en el grupo denominado el Madrid pasivo.

En este punto se encuentra una contradicción ya que mientras que la muerte de Ramón Arriola es, en cierta manera, vanagloriada ya que supuestamente murió por sus ideas, la participación de Leandro Arriola en la contienda no es valorada de igual manera. Así, Leandro Arriola participó en la contienda debido al simple hecho de haber estado en Madrid en el momento del alzamiento, lo que hace suponer que se hubiera unido al bando nacional de haber estado en zona franquista. Sin embargo, es significativo que Ramón no pretendiera huir de Madrid para unirse a "los suyos" mientras que Leandro Arriola, al contrario que el resto de sus hermanos, decidiera tomar las armas de forma activa e incluso llegó a lograr el rango de sargento, cuando él no tenía carrera militar. Además, a pesar de estas diferencias ideológicas en ningún momento se tienen recuerdos de que hubiera disputas familiares por motivos políticos. Aseguran que en la familia nunca se ha tratado el tema político, pero por otro lado Ramón Arriola Sanz asegura que en su familia "han sido de izquierdas" [11] .

Es importante resaltar que la solidaridad familiar se acentuó durante estos años para enfrentar la carestía de la vida, la ausencia de servicios sociales por incapacidad del Estado para hacerlos frente y la imperante necesidad que tenía la familia, formada para entonces por 10 miembros. Teniendo en cuenta que Fernando estaba fuera de Madrid, que Ramón permaneció escondido hasta morir y que Josefa no trabajaba, de los 10 sólo dos se encontraban en edad de desarrollar su trabajo con normalidad, el padre y el segundo hijo. Pero éste se enroló en el ejército republicano lo que suponía que sólo el padre pudo ejercer la profesión con normalidad. Las necesidades acuciantes provocaron que en algún caso se adelantara la edad de incorporación al trabajo a tiempo completo de alguno de los hijos, como Ernesto y Jacinto que tenían entre 9 y 11 años cuando lo hicieron. [^ SUBIR]

2.3 Los inicios de la empresa.

Hay dos características de este período que deben ser resaltadas en función del comportamiento familiar por parte de los Arriola. La primera, la propia fundación de la empresa que encaja perfectamente con el desarrollo económico sucedido durante estos años en España. No es de extrañar que en el sector de la fontanería se pensara en negocio debido al despegue en materia de construcción que estaba viviendo la capital. La mejora en la higiene iba acompañada de un mejoramiento en el acondicionamiento de casas particulares, instituciones y negocios. La segunda es el surgimiento del movimiento obrero y las ideas de clase. En este caso, sin embargo, no hay ni un solo elemento que nos haga pensar que influyeran en la relación entre los componentes de la empresa.

La fundación data de 1920 según información oral y así se hace constar en la documentación privada de la familia Arriola:

“El inexorable paso de los años hace preciso que vayamos pensando en la fórmula más idónea para fomentar la continuidad del negocio de fontanería que, fundado en 1920 por nuestro padre y continuado por nosotros desde su fallecimiento en 1946, ha sido y es el único sostén de trabajo y mantenimiento de Leandro, Ángel y Fernando” [12] .

En el imaginario familiar fueron dos las personas que toman la iniciativa, Ramón Arriola Sanjosé e Ignacio Oropesa Indart, natural de San Sebastián. Aun así, argumentan que esta sociedad desapareció en no mucho tiempo y fue Ramón Arriola quien acabó "gobernando" en solitario la empresa [13]. Pero la documentación original no deja claro que fuera Ramón Arriola quien fundara la empresa. En contrato de noviembre de 1922 se  expone lo siguiente:

“D. Ignacio Oropesa Indart mayor de edad domiciliado en Madrid Zurbano Nº 44 de una parte y D. Ramón Arriola y con domicilio en la C/ Divino Pastor 4 taller espontáneo y libremente contratan la cesión al segundo de dicho Sr. Por el primero el referido taller mediante las siguientes condiciones:

Primera: este taller instalado con fondos del Sr. Oropesa así como seis acciones de la Unión Industrial de cincuenta pesetas nominales y la fianza del alquiler de la casa que eran propiedad de dicho Sr. Oropesa quedaron de propiedad del Sr. Arriola así como los enseres y útiles del taller mencionado.

Segunda: Dicha propiedad y otros efectos que a esta se unen se pagaran por el Sr. Arriola conjuntamente con los importes que en liquidación general de ésta fecha resultan a su favor sumando un total de cinco mil seis cientas (sic) pesetas” [14]

Según parece es Ignacio Oropesa quien poseía el taller y siguiendo el documento se da por hecho que éste ya estaba funcionando. No hay conocimiento del origen de la relación entre ambos sujetos pero lo que sí parece claro es que se realizó un traspaso de la propiedad, no una fundación por parte de Ramón Arriola Sanjosé. Sin embargo, en el imaginario de la familia éste era el fundador y le otorgaron a esta idea la suficiente importancia como para convertirla en una de sus principales cartas de presentación a lo largo de los años. En 1986, año crucial ya que se llegó a disolver la empresa, se decidió realizar una política de publicidad a través de la repartición de tarjetas de visita. En ellas aparece el siguiente texto:

“Fontanería-Saneamiento ARRIOLA. Fundada en 1920. SESENTA Y CINCO AÑOS DE ACTIVIDAD Y EXPERIENCIA NOS AVALAN”

El contrato por el cual Ramón Arriola tomaba el control del negocio data de 1922 y sin embargo ellos adelantan la propiedad de los Arriola hasta 1920. Hay otro dato que fundamenta la teoría de la no fundación por parte de Ramón Arriola y es la existencia de las letras de cambio que son utilizadas para efectuar el pago al Sr. Oropesa por compra del taller. La primera de estas letras de cambio data de noviembre de 1922. No existe un solo documento que demuestre la fundación o cofundación de Ramón Arriola Sanjosé. Este hecho no sería relevante sino fuera por el valor sentimental que a lo largo de los años se le ha dado a este acontecimiento imaginario; elemento que ha servido como factor de cohesión en momentos de crisis, al argumentarse en repetidas ocasiones la necesidad de sacar adelante la empresa ya que era la obra del padre. Incluso hoy en día se utiliza como argumento para definir el futuro de la empresa.

“La fundación es en el año 1920 y la empresa se llama Fontanería Arriola. Yo considero que voy a seguir pero no te digo de qué manera porque no lo sé.  Sin embargo, mi lado romántico me dice que es una empresa que no tiene cualquiera, que tiene 82 años” [15]

La familia y la empresa en sus comienzos se encuentran totalmente entrelazadas. Hay que recordar que el taller donde se realizaban los trabajos era sede empresarial, domicilio de la familia y al mismo tiempo podríamos asegurar que hacía las veces de escuela ya que todos los hijos se forman profesionalmente en el mismo. Se trataba de un local en arrendamiento, forma jurídica con la que hasta hoy en día han mantenido su posesión. Esto muestra que Ramón Arriola Sanjosé muy rápidamente desarrolló su interés en que la empresa fuera un negocio que tuviera como base la familia, si es que no lo ideó desde un inicio, lo que parece lo más probable.

Aunque no hay conocimiento exacto de las motivaciones que incitaron a la fundación de la empresa es probable que hubiera cuando menos dos. Primero, satisfacer las necesidades coyunturales o a corto y medio plazo de la familia y, en segundo lugar, permitir que la familia contara con un instrumento perdurable en el tiempo capaz de facilitar esa subsistencia. Es importante recordar que sólo dos personas ajenas a la familia tuvieron una presencia continua en la misma, Elisa y Cosme. La primera no prestaba sus servicios en la empresa, el segundo sí. Podría establecerse que dicho ejemplo muestra que la empresa no se encontraba totalmente cerrada a los extraños, sin embargo la lectura también puede hacerse en sentido contrario. Dada la edad de los hijos, Ramón necesitó encontrar a alguien que le ayudara a llevar el negocio hasta que la familia por si sola pudiera hacerse con el control. Ramón acudió a una persona de su absoluta confianza, Cosme, quien a partir de ese momento se integró en la familia [16] . Sin embargo, nunca  se le consideró igual que a los familiares, ya que, a pesar de su experiencia, confianza y el amplio número de años que compartió con los Arriola, no alcanzó el rango de socio. Educó profesionalmente a los hijos de Ramón gracias a lo cual se pudieron ir incorporando al negocio. Cosme contaba con la total confianza del pater familias, lo que llevó a que Leandro le quisiera tener junto a él cuando tomó la dirección de la empresa.

La familia “cerró” la empresa para su propio y exclusivo beneficio. Los extraños no eran bienvenidos y solo podían participar aquellos que cuenten con un alto índice de confianza; así Ramón Arriola Sanjosé mantenía alejada la posibilidad de que se le plantearan problemas que pudieran poner en discusión su supremacía. No tuvo que hacer frente a ningún tipo de reivindicación laboral por parte de los trabajadores o de participación en el negocio en el caso de que hubiera admitido a algún socio. De esta forma la empresa se mantuvo al margen de la influencia de las corrientes ideológicas emergentes en el momento y Ramón evitó cualquier problema en cuanto a la redistribución de los beneficios.

La empresa comenzó como un negocio enfocado a un área geográfica reducida, el propio barrio y alrededores, donde el fundador contaba con un cierto reconocimiento social probablemente debido a que mostraba un modo de vida algo más que desahogado. Claramente cumplía dos roles, cabeza de familia y jefe máximo de la empresa. Se conserva el recuerdo de las amistades con las que Ramón Arriola Sanjosé compartía sus continuos momentos de ocio. Este tema ha permanecido como tabú para la familia a lo largo del tiempo. Se asegura que es un tema del que "nunca se ha hablado", aunque el que llegue hasta hoy día muestra lo contrario [17] .

Se pueden concluir una serie de aspectos sobre la familia Arriola. En primer lugar, queda claro que su forma de organización corresponde al de la familia extendida donde hermanos, hijos y esposas se encontraban bajo la influencia de las decisiones del pater familias, sobre todo en lo concerniente a la distribución de los ingresos. La forma de vida familiar bien se podría adjetivar como tradicional ya que estaba claramente jerarquizada bajo la autoridad del pater familias, Ramón Arriola Sanjosé [18] ,. Esta situación se refleja no sólo en las actitudes familiares sino también en el ámbito geográfico ya que toda la familia permaneció bajo el mismo techo hasta el momento de casarse. Los hijos varones apenas tenían capacidad para intervenir en las decisiones familiares o empresariales, mientras que las mujeres tenían sus actividades muy definidas y en ningún caso participaban en las tareas familiares concernientes a la empresa. Los patrones de organización familiar se vieron favorecidos por la debilidad e ineficiencia que seguía sufriendo el Estado, sobre todo en sus prestaciones de servicios y en la acción reguladora de la situación laboral de los trabajadores los que, a pesar de la existencia de una legislación laboral avanzada en respuesta a las reivindicaciones de clase, veían como continuamente sus derechos eran violados. La legislación era habitualmente incumplida y los "usos y costumbres" propios de épocas anteriores seguían funcionando. En este sentido, a pesar de que desde el Estado se comenzaba a tomar conciencia del hecho de la pobreza y de las demandas sociales en favor de un intervencionismo estatal para corregir desequilibrios, durante mucho tiempo se siguió actuando bajo el modelo de Antiguo Régimen, tareas benéficas en lugar de preventivas. Así, las formas de solidaridad familiar seguían siendo indispensables para lograr cierta protección. De esta forma, la lectura de la situación familia Arriola durante esta época no parece mostrar signos diferentes a los esperables. Dentro del concepto de dirección de la empresa, las atribuciones no se encontraban delimitadas. También parece quedar claro que quien controlaba la familia controlaba la empresa.

Marta Casaús ya hace referencia a la importancia de la jerarquización interna de la red familiar, aunque para un ámbito distinto tanto en cuanto a clase social como zona geográfica [19] .

En cuanto a las acciones propias de la actividad profesional existen indicios suficientes para observar que las relaciones de parentesco son utilizadas durante esta etapa  para la captación de clientes. Como se dijo, Ramón Arriola Sanjosé era una persona carismática en el barrio lo que presumiblemente le permitía establecer relaciones con los clientes potenciales [20] . La fama le venía dada por el importante nivel de vida que llevaba y del que se beneficiaban algunos de sus vecinos. Pero la guerra traerá cambios a la familia que trastocarán los planes de Ramón Arriola Sanjosé.

La etapa bélica dejó un vacío documental, lógico si se tiene en cuenta el contexto y la desarticulación del Estado republicano. Además los Arriola no cuentan con información suficiente como para recomponer este periodo tan corto de tiempo pero que traerá tantas consecuencias. Sí queda claro que la empresa durante estos años no desapareció, en buena parte debido a sus reducidas dimensiones que se limitaban al núcleo familiar, padre e hijos. La familia se dedicó a realizar trabajos en el barrio. En muchas ocasiones el trabajo se vendía a cambio de productos de primera necesidad lo que se asemeja bastante a una economía de trueque. El carácter familiar benefició claramente a la empresa y de esta manera los Arriola lograron superar los años de guerra. [^ SUBIR]

3. Segunda generación.

3.1 España durante el Franquismo: 1940-1975.

El 1 de abril de 1939 la Guerra Civil española tocaba a su fin. Las tropas de Franco controlaban la totalidad del territorio y comenzaba la instauración de un nuevo Estado inculcado en los llamados ideales del 18 de julio: Estado fuerte, caudillaje militar, unidad de España, ideas fascistantes de la Falange, principios socialcristianos de la Iglesia, nacionalismo económico o autarquía. El franquismo sufrió distintas mutaciones en función de los nuevos contextos históricos en los que se desenvolvía. Primero fue un régimen totalitario y filofascista, hasta 1945. Desde esa fecha, giró hacia un régimen católico y pro occidental. A partir de 1957-59 inició su modernización con el control del poder por los tecnócratas en la que se ha denominado etapa desarrollista.

El nuevo régimen supuso una ruptura decisiva en la historia de España y acabó por crear un nuevo orden económico y social. Apeló a valores tradicionales y arraigados en la sociedad española (catolicismo, familia, orden, trabajo). El principal problema al que se enfrentó fue su escasa legitimidad frente a la conciencia liberal y democrática de su tiempo [21].

En cuanto a los servicios sociales prestados por el Estado franquista, en líneas generales se produce una expansión de los mismos, sobre todo a raíz de que en 1964 todo el entramado de seguros sociales se unificó en la Seguridad Social. En 1970, el 77,2% de la población española tenía derecho a asistencia sanitaria a cargo de la seguridad Social. Sin embargo aún quedaba un importante camino por andar. El desempleo y la jubilación seguían siendo unos problemas para los que el Estado no estaba aportando las soluciones necesarias. Además, el hecho de que la mayor parte del peso fiscal cayera en las espaldas de las clases más populares suponía que la correcta redistribución del ingreso seguía siendo una tarea pendiente. El Estado aún se encontraba muy limitado en cuanto a capacidad económica para llevar a cabo dichas transformaciones y además sufría los rigores de una “consentida” corrupción. Buena parte de la asistencia social del Estado era otorgada a través de tratos de favor. Estos comportamientos paternalistas no eran excesivamente mal vistos por el global de la sociedad. La forma de organización y actuación práctica política del régimen beneficiaba el surgimiento de  intermediarios.
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3.2 La familia Arriola. 1940-1975.

El final de la guerra trajo consigo la vuelta de Fernando a Madrid y la reunificación familiar, a excepción del fallecido Ramón. La situación en Madrid no distaba mucho del resto de España. Graves problemas de abastecimiento y en consecuencia de productos de primera necesidad.

El núcleo familiar fundado por Ramón Arriola Sanjosé y Josefa García creció considerablemente y a mediados de los setenta contará con un total de treinta y cinco miembros.

Tras la guerra, Leandro, que no sufrió ningún tipo de represión política, se vinculó estrechamente a su padre. Acudía con él a las reuniones en las que se establecen los contactos con los clientes. Quedó al margen de realizar cualquier trabajo manual para aprender junto al padre las formas de negociación propias de la empresa. El resto de la familia permaneció igual, trabajando en el taller, al que se fueron incorporando según crecían excepto Cándido, que siguió estudiando. Hubo dos excepciones a esta pauta de integración familiar. Jacinto y Ernesto marcharon de la casa y de la empresa entre 1940 y 1945 y ambos contrajeron matrimonio. Esta nueva situación provocó que los ingresos que obtenían de la empresa les resultaran insuficientes para subsistir. A través de la intermediación de su padre consiguieron colocarse en dos empresas distintas, relacionadas con el gremio de la fontanería. Toñi quedó definitivamente vinculada a su madre y al resto de la familia tras el fallecimiento de Ramón en 1946. Así, dos personajes de la familia comenzaron a asimilar roles que ya estaban presentes en la generación anterior, Leandro el de pater familias, aunque en su caso su influencia se extendió tanto en el plano horizontal, hermanos, como en el vertical, hijos y Toñi con funciones centralizadoras y moderadoras.

Todos los hermanos siguieron el mismo camino que Jacinto y Ernesto en cuanto a la marcha del domicilio familiar tras casarse, aunque no abandonaron la empresa. El primero en casarse y marchar fue Leandro Arriola. Contrajo matrimonio con Elisa Sanz Sanz, asistenta del hogar de los Arriola hasta ese momento. Se trasladaron al madrileño barrio de Ventas. Este hecho indirectamente “condenó” a Toñi a fijar su residencia en el domicilio familiar durante bastantes años ya que en ningún momento se suplió la figura de Elisa en la casa. El siguiente en casarse fue Andrés Arriola con María De la Calle. Fernando se casó con Laura Meco y Lario, permaneciendo tras su matrimonio en el mismo edificio en el que se encontraba el taller. Cándido, el último en casarse de los varones, lo hizo con María Aranzazu Vázquez y Hernanz. Pedro se casó con Felisa López. Es significativo que no tengamos información sobre el nombre de la mujer de Jacinto. Marchó a vivir a un pequeño piso bajo en la zona de Aluche. Es el único que vivió de alquiler. De Ernesto tampoco ha quedado constancia sobre el nombre de su esposa aunque si se conoce que vivió en el barrio de Carabanchel, en una “buena casa” [22] . Toñi se casó con Mariano Espinosa y se trasladó al barrio de Canillejas. Permaneció bajo la vigilancia familiar hasta el mismo momento de casarse. Todos los hermanos estaban al día de las personas con las que mantuvo algún tipo de vínculo sentimental [23] . Existe un claro instinto de protección hacia la hermana, un elemento que formaba parte del carácter de la sociedad española de la época.

“Toñi siempre ha sido, pues que te voy a decir... En el ambiente de hermanos lo más cuidado que ha habido. Si ha salido con alguien, enseguida los hermanos iban a ver con quien salía. Quizás la más cuidadosa en ese sentido que han tenido sus hermanos”

El caso de Pedro, en cuanto a vivienda, fue distinto al del resto de los hermanos. El hecho de adquirir la vivienda suponía poder independizarse, en cierta manera, de la familia y poder formar la suya propia.

“Pedro tiene piso pero porque se casó con una sirvienta de laboratorios Galloso. Por medio del presidente de Galloso le dieron un piso en la C/ Canillas por medio del Ministerio de Obra Sindical o algo así. En San Blas, donde estaba Pikolín. Eso que llevaba los escudos de la falange, la Obra Sindical, eso. Él lo consigue por su mujer, no por él”

A través del caso de Pedro se observa que los contactos entre el ámbito empresarial y el político funcionaban. Pedro y su esposa se aprovecharon de ello y gracias a la cesión del piso pudieron casarse. Años más tarde, la mujer de Pedro cambió de trabajo y se convirtió en portera del edificio contiguo al taller gracias a los Arriola y su intermediación. Este traslado permitió a Felisa estrechar lazos con Leandro Arriola y así garantizar la supervivencia familiar, ya que Pedro no siempre ingresaba en el hogar lo que percibía por su trabajo junto a su padre [24] .

De lo anteriormente expuesto se concluye que todo hijo abandona el hogar familiar una vez se casaba. El casarse suponía un rito de independencia respecto del hogar paterno, y a su vez abandonar la protección económica directa de la que era objeto el hijo mientras vivía con sus padres.

A pesar de que Josefa heredó el global de las pertenencias con las que contaba su esposo, fue Leandro quien se hizo con el control de la empresa y de la familia. De esta forma se produjo una transición entre padre e hijo que facilitó que la familia no sufriera fuertes convulsiones dado el carácter patriarcal en el que se había ido desarrollando. Leandro adoptó buena parte de los roles que ya cumplía su padre. Se despreocupó de las obligaciones familiares y se alejó de las circunstancias familiares (tanto de la familia nuclear como de la extendida). Las relaciones con el resto de núcleos nacidos de los hermanos fueron mínimas y se circunscribieron a fechas muy señaladas. En lo referente a su propia familia, al contrario que lo ocurrido en la etapa anterior, no obligó a su primogénito a trabajar en la empresa. Le dio la posibilidad de continuar sus estudios y completarlos. Ramón, al terminar la enseñanza básica, decidió entrar a trabajar pero no acompañó a su padre para aprender las formas de negociación. Se vinculó al grupo formado por Andrés, Fernando y Pedro, que eran los encargados de ejecutar las obras que se contrataban. De entre los primos varones de Ramón -puesto que las mujeres continuaban excluidas de participar en cualquier actividad relacionada de forma directa con la empresa-, sólo él permaneció en el taller de forma perenne, mientras que los otros trabajaron allí de forma ocasional [25] . En el futuro se le ofreció a Ramón Arriola Sanz permanecer con la titularidad del taller compartida con su primo Alfonso, a lo que se negó pues tenía una gran desconfianza hacia el mismo.

Leandro tuvo dos hijos, hembra y varón. Andrés fue padre de tres varones. Fernando tuvo tres, las mayores dos hembras y un varón. Cándido tuvo, al igual que Fernando, dos hijas, las mayores, y un hijo. Pedro tuvo una chica, la mayor, y un varón. Ernesto tuvo dos mujeres y un varón. Jacinto tuvo cuatro hijos, solo el tercero fue varón. Y, por  último, Toñi tuvo un primogénito varón y una chica.

La relación entre Leandro, Andrés, Fernando, Pedro y Toñi siguió siendo muy fluida. Esta última, tras la muerte de la madre, se casó (1961) y al establecerse a cierta distancia del barrio perdió buena parte del trato. Además, el mismo hecho de casarse provocó que tanto ella como sus hermanos perdieran los roles que estaban representando hasta el momento. En su caso, está claro que el deceso de su madre le posibilitó la marcha de la casa; en el caso de los hermanos el hecho de casarse suponía que ya no era necesario seguir manteniendo la protección sobre ella. [^ SUBIR]

3.3 ¿Crecimiento sin desarrollo?  La empresa.

Existe  un documento que muestra como en 1943 se realizó el último pago que Ramón Arriola Sanjosé debía al Sr. Oropesa por la compra del negocio y la cesión del local [26] . Es decir, que tras la guerra los contratos de propiedad firmados con anterioridad se respetaron y el nuevo Estado, de alguna manera, tomó la responsabilidad de hacer cumplir dichos contratos. Además, es importante resaltar que el pago se hizo a la viuda del Sr. Oropesa.

Ramón Arriola Sanjosé, como primer propietario de la empresa, podría ser incluido en una de las categorías que estableció Sonnenfeld con relación a su tipología sobre líderes empresariales familiares y su forma de actuación en el momento de la sucesión [27] . Contiene algunas características de lo que llama el líder con estilo monárquico, el monarca. El hecho de que la sucesión al frente de la empresa sólo fuera posible tras su fallecimiento y que su propiedad recayera en su mujer, persona que en ningún momento participó directamente en su gestión y organización, muestra que la sucesión no estaba previamente planificada, sino que Ramón Arriola Sanjosé dejó resuelto un “imprevisto”, como al parecer fue su propio fallecimiento. Además, otras dos características que se le pueden atribuir es su carácter carismático y autoritario. El carisma le vino dado por la reciprocidad establecida con el resto de la familia que nacía de su capacidad para suministrar la posibilidad de obtener recursos.

Durante su mandato, dos de sus hijos salieron de la empresa y nunca volverían a tener relación con la misma. No se tiene conocimiento exacto de las circunstancias que llevaron a su salida, pero sí queda claro que ambos se resituaron en dos empresas distintas pero directamente relacionadas con el negocio de la fontanería.  Ernesto se fue de fontanero a ACOISA y Jacinto se fue a Hierros y Metales Sur de representante. Se pueden obtener indicios de la marcha de al menos uno de ellos, Jacinto. En la familia Jacinto ha dejado huella debido a que buena parte de los clientes de entonces se negaban a que él fuera a realizar las obras. Recibió el mote del “enamorachachas” debido a su afán por entretenerse con el personal de servicio en las casas para las que trabajaba. Además, también ha quedado muy presente su capacidad para eludir las responsabilidades profesionales y dedicar el horario de trabajo a un hobbie como era la lectura de novelas de bolsillo. Es más que probable que estas circunstancias provocaran o al menos ayudaran a que saliera de la empresa. Pero quizás la conclusión más importante que se puede extraer de la marcha de ambos es que una vez que uno de los familiares abandonaba la empresa quedaba en cierta manera marginado de la vida familiar y por supuesto de la empresarial. A pesar de que sí participaban de las celebraciones puntuales, como bodas o comuniones, dejaron de formar parte y de tomar partido en las decisiones familiares. Solamente volvieron a aparecer, al menos en cuanto a documentación se refiere, a la muerte de su madre. El caso de Jacinto se repitió después con Pedro.

La muerte de Ramón supuso iniciar una nueva etapa en la vida familiar. Con Josefa la empresa pasó a llamarse "Viuda de Arriola e hijos". Es muy posible que el fallecido pretendiera mantener centralizado el control de la empresa en una persona para evitar disputas entre los hijos. Sin embargo, pronto Josefa cedió el control de la misma a Leandro Arriola, el hijo vivo de mayor edad, a través de un poder realizado ante notario el día 7 de febrero de 1951 [28] . Son ocho cláusulas por las que Leandro Arriola García recibía poderes plenos para manejar la empresa. Ninguno de los hermanos fue incluido en el mandato por lo que la empresa quedaba bajo su control absoluto. A pesar de que dicho mandato data de 1951, él ya había tomado el control de la empresa desde el mismo momento en el que se produjo el óbito de su padre. Se puede establecer esta afirmación partiendo del hecho de que tras morir el padre la subrogación del arrendamiento del local en el que estaba instalada la empresa se realizó a nombre de Leandro Arriola García. Por lo tanto, y al menos de forma nominal aunque es más que probable que no únicamente, lo que se produjo fue una sucesión real entre el padre y el hijo mayor vivo. No hay que olvidar que para 1946 el local también hacía las veces de vivienda con la connotación que esto puede conllevar. Más importante puede ser el que disponer de forma legal del control de la empresa suponía tener bajo control las finanzas de la misma lo que a su vez se traducía en disponer de las finanzas familiares. Las cláusulas quinta y sexta del mandato así lo sancionaban. Más tarde, en 1972, todos los hermanos firmaron un contrato por el que aparecían en una teórica igualdad de condiciones aunque Leandro Arriola ya se había hecho con el control de la empresa y de la familia. Dicho contrato quedó en una simple exposición de intenciones que no se cumplió, como mostraban de forma reiterada las quejas de Cándido Arriola.

La figura de Leandro Arriola es clave en la historia familiar. Con él la empresa alcanzó sus máximas cotas de éxito y llegó a contar con una plantilla de casi 20 personas. Logró centralizar el control sobre la familia y la empresa y su actitud fue semejante a la del padre, es decir, no realizaba trabajos manuales y más bien su dedicación se enfocaba a la captación de clientes y relaciones públicas. Manejaba la empresa con mano firme y sin dar explicaciones sobre sus decisiones a pesar de que la propiedad de la empresa recaía teóricamente sobre todos los hermanos. Sólo atendía a los consejos de una persona ajena a la familia, Cosme Martín León, la única capaz de influir en sus decisiones profesionales. Fue el único de los que entró en los registros de personal contratado que no fue despedido en algún momento posterior [29]. Fue dado de alta en la empresa en 1947 a la edad de 40 años y estuvo ligado a la misma más de veinte años, hasta su jubilación. No hay constancia de su relación con Ramón pero si queda claro que fue la persona de confianza de Leandro. En el momento del alta se le otorgó la máxima categoría, oficial de primera, y, por tanto, también la retribución máxima, 22,50 pesetas diarias. Entre 1947 y 1958 un total de 33 personas fueron contratadas de forma legal, con edades comprendidas entre los 14 y los 20 años, excepto dos casos de 27 y 32 años respectivamente. La mayoría "causaba baja" con el argumento de la falta de trabajo. Hubo cuatro casos de trabajadores que causaron baja por incorporarse al ejército y uno que fue despedido por cometer tres faltas graves. De todos y cada uno de ellos se guardan las altas en la mutua de seguros “La Metalúrgica” [30]. Entre 1958 y 1964, 35 personas, de las que ha quede constancia, trabajaron en la empresa. Sin embargo, en esos años la causa principal de salida fue la baja voluntaria. Un numero importante de estos treinta y cinco, once, permanecieron dados de alta menos de un mes, incluso una semana. También se observa que chicos de catorce años se incorporaron a la empresa. Esta era una práctica habitual de los Arriola (y de otros empresarios del período) que, más que por necesidad, en algunos casos se hacía como favor a algún amigo que quería que su hijo aprendiera el oficio trabajando un tiempo en el taller. Buena parte de los contratados, más del 50%, procedían de zonas que en el momento se encontraban en un proceso de expulsión de mano de obra, principalmente Andalucía y Extremadura. Ninguno de estos accedió a la empresa como oficial de primera, cualificación mayor que se otorgaba a los empleados, como era el caso de Cosme. Tampoco ninguno llegó en ningún momento ni tan siquiera a optar a la posibilidad de entrar como socio con algún tipo de participación en la empresa. La redistribución de beneficios se reservaba a la familia.

En 1961 murió Josefa García con lo que la propiedad pasó a los hermanos definitivamente, aunque ya lo había hecho de facto. No es extraño que su muerte desatara el comienzo de los problemas entre los familiares. Un entrevistado asegura:

"lo que pasa es que mientras mi abuela existió, pues hombre, lo que comía mi tía (Toñi) salía del taller" [31] .

Por tanto, es probable que Toñi tras morir la madre perdiera un apoyo o justificación clave para mantenerse bajo la protección familiar. Lo que sí está claro es que las disputas entre los hermanos comenzaron tras la muerte de la madre. Al morir Josefa son cinco los socios que tenía la propiedad, pero pronto Leandro Arriola comenzó a tomar posesión de las participaciones que, por derechos de herencia, tenía cada uno de los hermanos en la empresa. En cada una de las entrevistas siempre se hace hincapié en dos cosas, que Leandro Arriola mandaba de forma déspota y absoluta y que sin embargo, teóricamente, eran cinco hermanos los que componían la sociedad. El archivo de la familia Arriola confirma el dominio de Leandro sobre el resto, tanto en la documentación oficial, (todos los contratos están firmados por Leandro Arriola al tiempo que las posesiones aparecen a su nombre), como en la documentación privada como se vio sobretodo en el momento de la trasmisión de la propiedad a su hijo. Pero existe una excepción que se repetiría unos años después con la marcha de Pedro. Tras la muerte de Josefa se realizó una reunión familiar en la que se decidió el monto que recibirían tanto Ernesto como Jacinto en concepto de participación en la empresa como hijos de Ramón Arriola y Elisa García. Ambos renunciaron a sus derechos de participación “del local de negocio, enseres y materiales” [32] a cambio de 25.000 pesetas para cada uno. De esta forma quedó sellada su exclusión definitiva en los procesos de toma de decisiones. Esta decisión de carácter familiar fue tomada en connivencia, al menos así lo refleja la documentación, entre los hermanos, Leandro, Andrés, Fernando, Cándido, Pedro y Toñi.

Toñi tuvo una presencia mayor en la empresa de la que en primeras entrevistas se había descrito. A pesar de que no participaba de hecho en la toma de decisiones, la verdad es que fue tenida en cuenta aunque sea de forma nominal. Este documento muestra claramente como ella, reitero que al menos en la teoría, sí tuvo participación en el negocio ya que no consta que renunciara. No obstante, se tiene conocimiento de que en el momento de casarse cada uno de los hermanos aportó una cantidad de dinero que le fue entregada y que, aunque podría parecer un regalo, en realidad se la estaba excluyendo definitivamente de su participación en los ingresos del negocio. Toñi recibía una cantidad fija mientras que cuidó de su madre y hasta que ésta murió. Estos dos hechos, la boda y la muerte de la madre, la apartaron aún más de la empresa. No volvió a recibir cantidad alguna ni apareció en documento ninguno hasta 1985 cuando, junto a Cándido, pasó a tener la titularidad de las cuentas bancarias de la empresa. Tampoco existe conocimiento de que exista algún documento de renuncia como los que si hay para Jacinto y Ernesto. Se convirtió en una especie de “comodín” para la familia ya que además de ser la encargada de cuidar a la madre hasta la muerte, volvió a constar en la documentación de forma esporádica en los momentos más críticos como titular de las cuentas. La confianza que todos tenían en ella les hacía utilizarla como elemento moderador en los conflictos familiares relacionados con la empresa.

Pedro marchó en 1975 por desavenencias con su hermano Leandro. No consta ni se tiene conocimiento de que recibiera indemnización alguna por ello. Cándido, por su parte, trabajó en la empresa pero a cambio del cobro de un sueldo estipulado. Tenía un puesto en otra empresa privada que le hubiera permitido vivir al margen del negocio familiar, pero todas las tardes se incorporaba ya que era la persona encargada de llevar toda el área administrativa. Fue en la empresa para la que trabajaba donde Cándido tomo sus ideas sobre cómo se establecen los mecanismos de funcionamiento empresarial, que pretendía asimilar y aplicar en la firma familiar.

Leandro Arriola logró establecer contactos con personajes muy relevantes del mundo de la empresa cervecera, de la construcción, productores e importadores de refrescos, del mundo de la banca, de instituciones educativas. Los trabajos para particulares a domicilio nunca dejaron de realizarse pero pasaron a ocupar un segundo o tercer plano. Se estrecharon relaciones con el dueño de una importante empresa constructora quien les proporcionaba un buen volumen de negocio. El trabajo más importante fue la participación en la construcción de la fábrica de una empresa cervecera en Madrid. Durante cuatro años, cinco personas de la empresa estuvieron exclusivamente dedicadas a dicha obra. Sin embargo, para la familia Arriola, en lugar de beneficios, esta contratación trajo desavenencias ya que del importante volumen de negocio que se generó durante estos años no hubo una traducción en mejoras económicas para el global de los socios. Este hecho hace sospechar que Cándido, administrativo de la empresa, gestor, estuviera ocultando las verdaderas cuentas de la empresa al resto de los socios cumpliendo las órdenes de su hermano Leandro.

En las relaciones a la hora de establecer negocios se observa que las formas de actuación no correspondían con una lógica de oferta y demanda. En cuanto al mejor cliente que siempre tuvieron, constructor, la relación se estableció de forma fortuita. Como muchos de los negocios, el primer contacto se realizó en un bar cercano al taller del que Leandro Arriola era cliente asiduo y en el que pasaba todos los días bastantes horas. Su afición al juego de las cartas le llevó a conocer a ese futuro cliente. Se lo presentó “Manolo”, conocido en el lugar por trabajar en la Guinea durante cuatro meses al año y cuyos beneficios, según comentan, le permitían “vacacionar” el resto del año en el barrio. Manolo y Leandro diariamente mantenían contactos continuos en  bares de la zona. Manolo a su vez conocía al constructor, también cliente de un de estos establecimientos. Este hecho estrechó lazos de amistad entre ellos. Dicha amistad se fortaleció con el paso de los años y llegó hasta el final de la etapa de Leandro Arriola, momento en el que desavenencias en relación con el presupuesto de las obras en una Junta Municipal llevaron a la ruptura de relaciones. Ramón Arriola Sanz restableció el contacto años más tarde. La importancia de este constructor para la familia Arriola fue clave. Él proporcionó un volumen de trabajo muy importante durante esta etapa. Según estimaciones de Ramón Arriola Sanz, podría decirse que el 40% de la facturación total se hizo gracias a él. Esta empresa no era de un volumen grande, 40 trabajadores según los cálculos de Ramón Arriola Sanz, pero sí tenía “buenos contactos” dentro del Ayuntamiento. Estos contactos proporcionaban información privilegiada a la empresa lo que permitía concursar por las obras con ventaja sobre el resto de los participantes. Al parecer el contacto era un familiar de la esposa del constructor que ocupaba un alto cargo dentro del Ayuntamiento. Otro contacto que se logró a través de la intermediación de esta familia constructora fue con uno de los gerentes del Patronato de Parques y  Jardines. En los jardines del Retiro realizaron un número muy importante de obras gracias a ello. Una vez que obtenían la concesión de la obra la empresa constructora no tenía la capacidad por si sola de atajar la obra de forma completa. Cuando ganaban un concurso contrataban a personal que hiciera el trabajo y los Arriola recibieron encargos de obras de forma continua. La confirmación del estrechamiento de relaciones quedó patente en el hecho de que en la mayoría de ocasiones no se le pidiera presupuesto a los Arriola a la hora de contratarlos para una obra. La confianza entre ambas familias llegó a ser plena, aunque en el caso de los Arriola, Leandro fue la única persona que se ocupó de establecer y mantener estos contactos. En el futuro, Cándido tuvo que tomar esta responsabilidad.

La red no acababa aquí. Otra importante fuente de negocio provino de las reformas y tareas de mantenimiento realizadas para dos importantes instituciones bancarias, en esta ocasión sin intermediación alguna de otra empresa. Ramón Arriola Sanz habla de que del total de la facturación de esa etapa, uno de estos bancos supuso un 30%. Las concesiones eran obtenidas a través de Máximo, Ordenanza Mayor de una de las sucursales. Aunque no se recuerda ni existe información en la actualidad sobre cómo se estableció la conexión con Máximo es presumible que fuera Ramón Arriola Sanjosé quien lo hiciera o, al menos, que dicha relación venga de su etapa al frente de la familia. Lo que sí queda claro es que una vez que Máximo fue relevado del puesto le sucedió Fernando con quien la relación continuó igual, ya en época de Ramón Arriola Sanz. En este caso los comportamientos “informales” se realizaron de forma normal y continua. A todo trabajo le sucedía el pago de una parte del total del importe de la factura, que solía ascender al 10%, al ordenanza de turno. Además, eran continuas las invitaciones en el bar a copas, marisco, etc... El encargado de realizar estas tareas era, una vez más, Leandro Arriola. Ni el resto de los hermanos ni su hijo, durante esta etapa, establecieron relación alguna con los ordenanzas (ya que a pesar de que el contacto se realiza a través de uno es costumbre “gratificar” a varios).

Un tercer contacto de importancia y al que Ramón Arriola también adjudica el 30% del volumen total de facturación de la etapa es un segundo constructor. Se empezó a trabajar para él gracias a la intermediación de uno de sus empleados, un oficial de albañilería, Hilario, amigo de Leandro Arriola, que vivía junto al taller. Este caso es el único que no dependió de forma básica de la demanda ejercida por el Estado a través de diferentes entidades. En este caso el constructor se beneficiaba de su relación con un conocido Marqués que comenzó a edificar un importante número de viviendas de lujo en las afueras de Madrid. Los Arriola participaron activamente en estas obras y en la C/ López Bravo donde se realizaron multitud de pequeños trabajos. Además de Leandro, también Pedro estableció lazos de amistad con miembros de esta familia. Sin embargo, la relación se fue enfriando y ambas familias no llegaron a la complicidad que se logró con los otros constructores.

A pesar de que la red funcionaba, se obtenían suculentos contratos, se trabajaba a tiempo completo y se observaba un progresivo aumento en el número de empleados debido al aumento en la demanda ejercida sobre la empresa, las arcas de la misma se encontraban vacías. No se cuenta con balances para estos años y sólo a partir de 1971 Cándido comenzó a realizar, aunque sin continuidad, estudios sobre el estado de las cuentas de la empresa. A pesar de que no se cuenta con estos datos, se puede establecer que desde 1951 hasta 1971, se trabajó cualitativa y cuantitativamente lo suficiente como para que, al menos, la familia hubiera vivido de forma desahogada [33] . Por lo tanto existía algún elemento que provocaba que los beneficios de la empresa no repercutieran en el global de la familia. En un principio la familia Arriola es contraria a expresar cuál fue dicho motivo pero finalmente tanto en las entrevistas como en la documentación elaborada por Cándido Arriola aparece esbozado. Leandro Arriola llevaba un nivel de vida muy por encima del resto de la familia. Él entregaba su sueldo, igual que el del resto de los hermanos, íntegro a su esposa y ella disponía de este dinero para los gastos habituales de la familia nuclear. Sin embargo, Leandro llevaba una vida de ocio en la que aparecen una serie de gastos que suponían un volumen importante. Entre estos gastos se encontraban los carnés de socios del Real Madrid de él y su hijo Ramón, las continuas visitas, diarias, al bar, la compra de productos alimenticios de primera calidad, la adquisición semanal de un importante volumen de décimos de lotería, etc. Finalmente, la insostenible situación provocó que incluso en la documentación elaborada por Cándido aparezca este extremo como causa de la mala marcha del negocio.

“Cándido expone la precaria situación de trabajo existente, acusando, principalmente, a Leandro de no prestar la debida atención, indicando que las tardes se las pasa jugando su “partida” en el bar y que igualmente la mayor parte de las mañanas se las pasa en el bar” [34].

Ya al final de este periodo se comienza a observar que se está produciendo un deterioro en la relación entre los socios. El 26 de noviembre de 1972 realizaron un contrato en el que los socios-hermanos se distribuyen a partes iguales los derechos y obligaciones [35] . Este contrato fue impulsado por Cándido, quien tenía una visión más institucional de la empresa. La intención era que cada uno adoptara sus responsabilidades ante la situación anárquica que vivía la empresa. Pero aún así Cándido no era hombre de negocios y las propuestas que realizó en la siguiente etapa relacionadas con las necesidades de la empresa para mejorar su productividad quedaron en una mera declaración de intenciones. Él personalmente se encargó de rehacer la red que durante la etapa de su hermano les había permitido obtener beneficios.

"A la vista de la deficiente marcha del negocio por error de interpretación de nuestros derechos y obligaciones para con el trabajo y en definitiva para la empresa es necesario e imperante dejar bien asentados los siguientes puntos. Nuestros derechos y obligaciones para con la empresa son iguales en todos los casos" [36]

Leandro Arriola estaba perdiendo capacidad para mantener centralizado el control sobre el resto de la familia. Este hecho quedó sancionado en el primer y último párrafo del documento.

“No obstante lo dicho en este acto, el mismo, D. Leandro Arriola García, voluntariamente declara y de manera solemne y expresa hace constar que el negocio pertenece, como ya queda dicho, por partes iguales a él y a sus otros cuatro hermanos, firmantes todos de este documento” [37]

Pero las intenciones de Cándido de desbancar a su hermano de la jefatura fueron infructuosas, al menos, durante esta etapa. Tanto Fernando como Andrés no discutieron ni una sola de las decisiones de su hermano Leandro. Además, desde 1962 Ramón Arriola Sanz, hijo de Leandro, se encontraba trabajando en la empresa y aunque discrepaba de las formas autoritarias de su padre le siguió siendo leal. Pedro actuaba por libre en muchas ocasiones en cuanto al trabajo pero no planteaba problemas de liderazgo para Leandro. Sólo Cándido se comenzó a posicionar claramente frente a Leandro pero sin eficacia. Hay dos hechos que confirman el liderazgo de éste. El primero el propio documento ya que fue el mismo Leandro el que reconoció el condominio de la empresa entre los cinco hermanos, lo que a la inversa suponía reconocer que Leandro era quien tenía la última palabra. Además, hay que dejar claro que este documento nunca fue elevado a un notario para otorgarle carácter legal, quedando en el ámbito interno. El segundo hecho es la marcha de Pedro de la empresa. Pedro comenzó a realizar una serie de trabajos por su cuenta a espaldas de Leandro, mientras el resto de los hermanos son conocedores de esta situación. Se trata de lo que llaman “chapuzas”, es decir pequeñas obras que facilitan que se oculte su realización ya que no necesitan ocupar un importante número de horas. Esta situación se mantuvo hasta que Leandro Arriola casualmente tuvo conocimiento de uno de estos trabajos que realizaba Pedro, en esa ocasión junto con Fernando. Leandro convocó al resto de los hermanos y decidieron expulsar a Pedro de la empresa sin indemnización. A Fernando no se le sancionó de ninguna manera. El carácter de la reunión podría engañar ya que parece que son los socios los que decidieron expulsar a Pedro, sin embargo y teniendo en cuenta que éstos ya tenían conocimiento de la “estafa” que estaba llevando a cabo Pedro, queda claro que fue Leandro quien tomó la decisión. Este hecho le sirvió a Leandro de excusa para prescindir de los servicios de un Pedro que actuaba siempre con “excesiva” independencia respecto de su persona. El hecho de que a Fernando no se le sancionara muestra que la relación entre Pedro y Leandro ya se encontraba deteriorada. Una vez más queda claro que es Leandro quien decidía en nombre de la familia. Está expulsión de Pedro supuso que las relaciones familiares con él se enfriaran de forma considerable. La decisión trascendió lo profesional tomando un claro carácter familiar, más si cabe cuando Leandro acudió a su hijo a pedirle explicaciones ya que éste también tenía conocimiento de la situación de Pedr