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1.
Introducción
1) La presente investigación tiene como objeto
de estudio el análisis de una familia originaria de
la ciudad de Madrid, los Arriola (apellido que sustituye
al auténtico por petición expresa de la familia). En
el plano cronológico, el estudio se ha remontado hasta
la década de los veinte del siglo pasado ya que en ese
momento la familia Arriola se hizo con el control de
una empresa de fontanería y saneamientos, la cual se
convertiría desde ese momento en un espejo en el que
se reflejan los comportamientos de los distintos miembros
de la familia. Además, el taller será un instrumento
de la familia a través del cual obtener los ingresos
imprescindibles para su mantenimiento. Así, se observará
cuál fue la evolución de dicha empresa en función de
las necesidades familiares. Los Arriola se presentaron
en los años veinte como una familia de clase popular,
baja.
Sin embargo, dado el carácter de familia extendida que
los Arriola presentaban durante los primeros ochenta
años del siglo pasado, un estudio completo de toda la
familia supondría rebasar con mucho la intención de
este trabajo de investigación. Por ello, en cuanto a
las relaciones horizontales (aquellas que se establecen
entre miembros de la misma generación de la familia
y con elementos extraños a ella, amigos o similares)
me centraré, hacia fuera de la familia, en su importancia
para la realización de los negocios y, hacia dentro,
se hará hincapié en momentos críticos como las sucesiones
al frente de la empresa. Además, dado el carácter extenso
de la familia Arriola (ocho ramas diferentes en la actualidad),
se tomará una de ellas como eje del estudio, la que
acabó dirigiendo el negocio de forma única y que en
la actualidad componen el núcleo Arriola Cuesta.
2) Hay dos hechos que me llevaron a elegir el
caso de los Arriola. En primer lugar que la empresa
hoy día sigue funcionando bajo su propiedad, lo que
permitía ver una evolución histórica conjunta de la
familia y de la empresa. En segundo lugar que los Arriola
desde un primer momento se prestaron a colaborar con
esta investigación. Partiendo de la idea de que la empresa
es un instrumento de la familia, trataré de establecer
cuáles son los comportamientos familiares en función
del modelo de Estado y de sus políticas sociales, así
como observar cuál es el cometido de la empresa, en
función de la familia, en cada momento.
3) La pretensión de este estudio es delimitar cuáles
son las lógicas que imperan en la familia Arriola principalmente
en la toma de decisiones. El hecho de contar con la
propiedad de una empresa permite identificar si en las
decisiones empresariales la lógica imperante es la maximización
de beneficios, es una lógica familiar o se produce una
coexistencia de ambas. Además, hay que diferenciar la
actuación hacia dentro de la red familiar y hacia fuera,
por ejemplo a la hora de establecer contratos o negociaciones.
Es seguro que la lógica económica está presente, pero
lo que quiero resaltar es que es probable que no sea
la única ni la decisiva. Es aquí donde existe la posibilidad
de encontrar la anteposición de conceptos como la lealtad
por encima del rendimiento empresarial. La existencia
de lógicas familiares en la gestión de la empresa no
está enfrentada con el éxito de la misma. La empresa
familiar no es propia de un sector o de un volumen de
negocio. La encontramos en todos los sectores y generando
todos los volúmenes.
Además, esta investigación tiene como objetivo
aportar un estudio de caso al todavía incipiente panorama
de investigaciones sobre familia y empresa. Lo que
se presenta es un estudio histórico en el que la empresa
es una de las variables centrales del mismo. Los análisis
históricos sobre empresas y familias han sido mayoritariamente
realizados desde la historia económica. Sin olvidar
que la historia empresarial cuenta con una amplia tradición
historiográfica, especialmente en Estados Unidos, hay
que señalar que en España dicha tradición no se remonta
tantos años atrás como en otros países. Las causas de
dicho retraso, sin entrar con detenimiento a su análisis,
pueden encontrarse en la escasa atención prestada a
dicha disciplina en los planes de estudio españoles.
Hay que señalar la dificultad existente para que un
empresario abra sus archivos a un investigador con el
fin de facilitarle la información necesaria para la
realización de su investigación. Pero sobre todo habría
que tener en cuenta que si ha sido la historia económica
la disciplina encargada de potenciar los estudios sobre
historia empresarial, la historiografía económica sobre
los siglos XIX y XX no se desarrolló prácticamente hasta
comienzos de los años sesenta, lo que muestra que es
ahí y no en otras causas donde radicaría la explicación
del retraso de la historia empresarial en España
[1] . Sin embargo la historia económica centra el objeto de estudio
en la empresa. En el caso que nos ocupa el centro del
estudio será la familia de tal forma que, como ya se
ha advertido, la empresa será observada como un instrumento
de ésta.
En cuanto al grupo de los empresarios, en la historia
reciente de España se puede considerar que no han tenido
muy buena prensa. Se podrían enumerar varios factores
como causantes de esta imagen peyorativa, pero no es
el caso que nos ocupa. Valga argumentar que sí se han
hecho esfuerzos por "limpiar" esa imagen
negativa en los últimos años. En parte y sobre todo
gracias a las investigaciones realizadas desde el campo
de la historia económica. Los estudios realizados desde
el rigor y la seriedad están consiguiendo acercar la
realidad del empresario a la sociedad en general. Cierto
es que de estos estudios se ha desprendido una imagen
no muy favorable de estos actores dada su debilidad,
bajos niveles de competitividad, y afán por capturar
y beneficiarse de rentas políticas. Existen otros hechos
que han beneficiado la imagen de los empresarios españoles,
véase la incorporación de España a la unión económica
y monetaria europea, las importantes tasas de crecimiento
de la economía española, la llegada del Partido Popular
al gobierno en términos de normalidad, la caída del
comunismo, la globalización o la revolución en las telecomunicaciones,
la presencia de numerosas empresas españolas en importantes
mercados extranjeros, entre otras. Sin embargo, cuando
se hace referencia al empresario normalmente se está
hablando del gran empresario. Las monografías normalmente
van dirigidas a un grupo muy selecto de empresarios
y empresas con unos niveles de facturación muy por encima
de la media. Pero en España encontramos que sólo el
0.1% del total de empresas, supera los 250 trabajadores,
y aun estas son de dimensión pequeña si las comparamos
internacionalmente. A su vez, "la empresa familiar,
entendida en este caso como patrimonio de una familia
empresaria que controla su propiedad y generalmente
su gestión" [2] , se presenta como la figura empresarial más importante dominante
en la estructura económica de la gran parte de los países
occidentales. En España suponen entre el 65% y el 80%
del total de empresas, entre el 50% y el 65% del PIB
y además dan ocupación al 65% de la población activa.
[3] Son datos que no dejan lugar a dudas sobre la importancia que
la familia sigue teniendo como institución dentro de
nuestra sociedad.
4) Sociólogos y antropólogos sitúan a la familia en
un punto intermedio entre lo individual y lo colectivo.
Desde este punto de vista la podríamos ubicar entre
el Estado, protector del colectivo, y el mercado, impulsor
de lo individual, aunque ésta es sólo una interpretación
del lugar que podría ocupar dentro del debate que actualmente
en ciencias sociales se mantiene sobre la importancia
del Estado frente al mercado y viceversa. Antaño, cuando
se estudiaba la familia no era para constituirla en
objeto autónomo de análisis e investigar su estructura
y dinámica en cuanto tal. Su estudio era concebido en
términos instrumentales en la medida que se esperaba
acercarse a aspectos más sustanciales de la realidad
social. Quizás ha sido en el contexto del estudio de
las sociedades exóticas donde se ha empezado a estudiar
la familia en cuanto tal y considerarla como objeto
específico y autónomo. La explosión de estudios sobre
la historia de la familia en las últimas décadas no
es ajena la influencia ejercida sobre la historia y
otras ciencias sociales, por la antropología social [4] . No puede obviarse que la participación de los individuos en
la vida comunitaria se realiza a través de la familia,
como institución mediadora. La existencia de matrimonios
proscritos y preferentes, la condición subordinada de
la mujer y otros comportamientos de esta índole, son
elementos que contribuyen a definir las características
de determinado tipo de sociedad; y no hay duda de que
el conocimiento de las relaciones de parentesco contribuye
a la mejor comprensión de los sistemas de valores de
las sociedades en que se generan y mantienen
[5] .
Los estudios sobre familia han sido abordados desde
las distintas disciplinas de las ciencias sociales.
La antropología social ha privilegiado el estudio de
los sistemas de parentesco en las sociedades primitivas,
debido en parte, a la importancia, relativa, que tienen
la familia y el parentesco en todas las sociedades preindustriales [6]
. Pero fue determinante para el desarrollo de la
antropología social el descubrimiento del carácter clasificatorio
de los términos de parentesco. Se reconoció que las
categorías del sistema de parentesco no corresponden
directamente a las relaciones de parentesco biológico
entre las personas sino que dichas relaciones son utilizadas
como base para un sistema de clasificación que representa
y determina las relaciones entre un conjunto de grupos
e individuos que constituyen la sociedad
[7] . Es decir, las relaciones entre grupos e individuos, ya sean
de naturaleza económica, política o simbólica, son pensadas
como si fueran relaciones de parentesco y de ellos derivan
los derechos y obligaciones que las definen.
En cuanto a la sociología, la diferencia existente con
los planteamientos realizados desde la antropología
se basa en la idea de que la familia en las sociedades
industriales había perdido una buena parte de las funciones
llamadas tradicionales. Pero este planteamiento quizás
obvia la importancia de la familia como tal, la cual
y de forma lógica se encuentra sujeta a las transformaciones
que vive la sociedad en general. Sin embargo, el hecho
de que la familia refleje una serie de transformaciones
no tiene porque indicar perdida de “peso” sino que bien
puede tratarse de una readaptación de esta a los nuevos
tiempos, condición sine qua non para subsistir
bajo las nuevas formas de comportamiento.
5) La metodología utilizada para la realización de esta
investigación es la entrevista personal a miembros de
la familia Arriola así como el estudio del archivo privado
de la familia El formato de la entrevista ha sido el
de la realización de preguntas abiertas con el propósito
de, además de obtener la información sobre cada momento
y acontecimiento, intentar también descubrir las subjetividades
de cada miembro con respecto al resto de individuos
que aparecen en esta investigación o al momento o acontecimientos
tratados. El archivo privado de los Arriola es muy rico
en documentación personal, esto es, intercambio de información
entre familiares a través de escritos, contratos privados
sin carácter oficial, balances de la empresa, actas
de defunción, correspondencia privada, borradores de
contratos, actas de reuniones de los hermanos-socios,
etc. También se encuentra el contrato original que data
de 1922, cuadernos de personal hasta 1964, cuadernos
de cuentas, mandatos, contratos de servicios, de arrendamiento
del local del negocio, etc.
El estudio se abordará desde una doble perspectiva:
- En la primera, que podríamos llamar "vertical",
se observará la evolución de la familia a través del
siglo XX. Por ejemplo, es importante observar de qué
forma se ha ido transmitiendo la posesión de la empresa
de una generación a otra. Permitirá comparar el grado
de unión familiar, entre otras cosas.
- La segunda u "horizontal", trata de analizar
las relaciones familiares en una misma coyuntura histórica.
Permite observar el grado de interrelación entre los
distintos miembros familiares y de esta forma si la
familia gana o pierde fuerza como unidad de solidaridad,
además de delimitar cuáles son las relaciones de la
familia con el entorno que la rodea.
6) Por último, hay que subrayar que la motivación
práctica para la realización de este estudio fue realizar
un trabajo que sirva de experiencia para la realización
futura de una tesis doctoral. Se trata, por tanto, de
establecer una primera toma de contacto práctica con
una metodología para cuyo manejo es imprescindible contar
con cierto bagaje experimental para su correcta aplicación.
[^ SUBIR]
2. Primera
generación.
2.1 España a principios de siglo: 1900-1940.
Durante el siglo XIX España sufrió una serie
de transformaciones no muy distintas de las que se dieron
en mayoría de naciones occidentales. El hecho más destacable
fue el fin del Antiguo Régimen y la adopción del modelo
de Estado-Nación propio del liberalismo. Esta transformación
no se hizo sin esfuerzos pues fueron varios los pasos
hacia atrás antes de dar el definitivo, el del cambio
sin posibilidad de reversión.
El régimen surgido y sancionado por la constitución
de 1876 otorgó un marco institucional que facilitó un
proceso de modernización que se alargó hasta 1920. Desarrollo
económico, mejoras higiénicas y sanitarias, ausencia
de graves crisis demográficas, cese de conflictos bélicos
tanto internos como externos, hicieron que entre 1900
y 1930 la población tuviera un desarrollo positivo en
términos cuantitativos. Se pasó de 18, 6 millones a
23,3 millones de habitantes en estos 30 años. Además,
la población urbana creció considerablemente en detrimento
del mundo rural. En 1930, a pesar de que la población
activa agraria ocupaba aun al 45,5% de la población
activa española, el sector industrial incluía ya al
26,5% y los servicios al 27,9%
[8].
Del papel que representó el Estado en la economía
hay que destacar su inversión en infraestructuras ayudando
a integrar un mercado interno bastante desestructurado.
Además, dicha intervención cobró importancia por el
hecho de que la nueva estructura económica estaba causando
una grave desestructuración regional. El apoyo a la
construcción de la red ferroviaria debe de ser tomado
como esencial, al igual que la política arancelaria
que ayudó a que la industria española se desarrollara.
Por lo tanto, durante el primer tercio del siglo
XX se asiste a una modernización de España al igual
que en el resto del continente europeo, aunque con cierto
rezago en comparación con sus vecinos. La nueva situación
económica, social y política son indicadores inequívocos
que presentan una España en constante cambio. Aun así,
la antigua potencia colonial seguía presentándose como
un país esencialmente rural. Todavía quedaba un largo
camino que recorrer para igualarse a los países de la
Europa occidental. Un elemento indicativo es la debilidad
que presenta el movimiento obrero y sindical, cuyo auge
va unido al desarrollo industrial. El sindicalismo obrero
desempeñaba un papel pequeño en la vida política española.
Tan sólo en Madrid y Barcelona el número de miembros
de la clase obrera afiliados a sindicatos alcanzaba
al 30%. Además el movimiento obrero español se encontraba
claramente dividido
[9] . El desarrollo político seguía siendo una asignatura pendiente.
Las instituciones eran débiles y, por tanto, su capacidad
de influencia en la sociedad limitada.
Pero un elemento importante dado el carácter
de esta investigación es la ausencia de políticas sociales
universales por parte del Estado. La perpetua carencia
de ingresos en la que vivía el Estado le impedía desarrollar
políticas sociales a favor de la familia y el individuo.
Muchas de las acciones que adoptaba estaban más encaminadas
a curar la fiebre que a atacar la enfermedad. No existía
una intención de mejorar sustancialmente la redistribución
del ingreso, por ejemplo, a través de una serie de acciones
favorecedoras de la integración social. Las acciones
fueron coyunturales, no existiendo un objetivo común
a cada una de ellas. [^
SUBIR]
2.2 La familia Arriola: 1922-1940.
Los Arriola son una familia natural de Madrid
afincada en el barrio de Malasaña, lugar que se convirtió
en el "coto" donde se establecieron y desarrollaron
buena parte de las relaciones de la familia. A lo largo
de la centuria la familia se expandió cuantitativamente
de forma considerable dando a luz a varias ramas que
crecieron a través de varias generaciones. Este trabajo
se remonta a la segunda década del siglo pasado y centra
el inicio en la rama Arriola García, fundada por Ramón
Arriola Sanjosé y Josefa García Pando.
Ramón Arriola Sanjosé se casó con Josefa García Pando
y tuvieron un total de 11 hijos de los cuales dos murieron
a los pocos días de su nacimiento. Otro, el primogénito,
murió prematuramente durante la guerra, al parecer por
tuberculosis. Esto muestra que los Arriola no eran ajenos
a la precaria situación sanitaria e higiénica en la
que vivían los españoles. En 1922, Ramón se hizo cargo
del taller de fontanería situado en el mismo lugar que
la vivienda.
Sobre la base de las fuentes manejadas, se puede decir
que la extracción social de la familia correspondería
a clase baja pero con matizaciones. Con unos bajos ingresos
la lógica familiar llevó a contar con un número amplio
de hijos que aportaran riqueza de forma solidaria a
la familia a través de su empleo en el trabajo. Por
ello del matrimonio nacerían un total de 11 hijos, todos
varones, excepto Toñi, la menor de la familia. El tercero
y el cuarto fallecieron al nacer; los nueve restantes
seguían el siguiente orden, de mayor a menor: Ramón,
Leandro, Fernando, Ángel Andrés, Jacinto, Ernesto, Cándido,
Pedro y Toñi. Todos vivían junto a sus padres en la
misma vivienda y no será hasta que se casen cuando abandonen
la residencia familiar. Existe la excepción de Fernando,
a quien le sorprende el golpe de Estado de 1936 en Galicia,
donde permaneció hasta el final del conflicto civil
y del primogénito Ramón, quien tuvo que marchar de la
casa paterna debido a que anteriormente a la guerra
militaba en organizaciones afines a los sublevados.
En un Madrid republicano su situación era de extremo
peligro dado que en el barrio probablemente existía
conocimiento de su militancia. Permaneció escondido
hasta su deceso. Posiblemente su situación y la del
propio Madrid impidió que pudiera recibir asistencia
médica adecuada a su enfermedad. La familia, conocedora
del lugar en el que permanecía escondido, regularmente
le proporcionaba lo indispensable para poder subsistir.
A pesar de que Leandro, su hermano, militaba en el ejército
republicano, la solidaridad familiar prevaleció por
encima de estas diferencias ideológicas.
Todos los hermanos se formaron profesionalmente
en la empresa. Recibieron la educación indispensable
en la época, aprendieron a leer, escribir y conocimientos
básicos en matemáticas y desde pequeños pasaron a trabajar
en el taller, excepto Cándido y Toñi. Cándido continuó
sus estudios que completará con una carrera universitaria
en el futuro. Toñi permaneció junto a su madre, podría
decirse que "a tiempo completo". Se formó
en las costumbres de la época, llevar la casa. Las
labores cotidianas que requería una familia tan extensa
recaían sobre Josefa, su hija Toñi y una tercera persona,
Elisa Sanz Sanz, que entró como empleada del hogar y
terminará siendo admitida como una más de la familia
al casarse con el hijo mayor con vida, Leandro.
No será Elisa la única persona del exterior
que prestará sus servicios a la familia Arriola. Cosme
Martín León tuvo una estrecha relación de amistad con
Ramón Arriola Sanjosé y lo que le llevará a trabajar
en el taller. Dado el carácter abierto y las continuas
ausencias voluntarias de Ramón Arriola Sanjosé, fue
Cosme, en cuanto a la formación profesional, y Josefa
y Elisa, quienes se encargaron de institucionalizar
el día a día de la familia. Ramón Arriola se encargó
de proporcionar los medios económicos suficientes a
la familia para cubrir todas las necesidades materiales.
Los Arriola mantienen la leyenda de que Ramón
Arriola Sanjosé cada vez que aparecía en casa dejaba
embarazada a su esposa. Este comentario refleja bien
la relación de Ramón con el resto de la familia. Todas
sus funciones familiares se encontraban delegadas en
terceras personas. No es un ejemplo extraño para la
época pero si muestra una situación en la que el cabeza
de familia se liberaba de cumplir con las tareas propias
del hogar y la familia excepto en lo que concernía a
la obtención de los ingresos necesarios para su manutención.
Por tanto, simplificando bastante el argumento, existía
una relación de reciprocidad en la que Ramón Arriola
Sanjosé aportaba el sustento suficiente a la familia
y a cambio ésta no interfería en una serie de prácticas
que aquél mantenía al margen de la misma. Cuando los
ingresos fueron producidos por los hijos, Ramón pudo
seguir manteniendo esta relación establecida ya que
era él quien realizaba los contactos con los clientes
y recibía el total de los ingresos. Aunque él no generaba
dichos ingresos con su mano de obra si prevalece en
la familia la idea de que los mismos eran posibles gracias
a la acción del padre. Ramón cumplió su rol patriarcal
al encargarse del sustento de la familia a través de
la redistribución de los fondos ingresados en la empresa.
Aunque su vida paralela a la familia era conocida por
todos, nunca fue cuestionada. De hecho ha llegado hasta
hoy día aunque sigue siendo un tema que no gusta comentar.
La guerra no pasó desapercibida para la familia Arriola.
El estallido de la guerra sorprendió al global de la
familia en Madrid, a excepción de Fernando Arriola que
se encontraba en La Coruña. No fue hasta el final de
la contienda cuando Fernando pudo regresar a su casa,
hecho que ha quedado gravado en la memoria de la familia
como todo un acontecimiento ya que según cuentan el
viaje lo realizó completamente a pie debido al "miedo".
Pero los peores momentos parece que quedaron reservados
para la familia residente en Madrid.
La situación a la que se vio sometida la capital
republicana afectó a los Arriola en las tres formas
descritas por Javier Cervera [10]. Leandro Arriola quedó encuadrado en el ejército republicano
donde alcanzaría el grado de sargento. Por tanto, se
mostró activo en la defensa de Madrid. Mientras Ramón
Arriola, simpatizante del bando nacional, tuvo que permanecer
escondido en un piso en Madrid ya que su situación se
presentaba muy delicada. Todo parece indicar que murió
de tuberculosis, aunque este extremo no está documentado
con exactitud, sin embargo en la familia circula la
teoría de que murió debido a que dejó de alimentarse
ya que todos los alimentos que la familia le proporcionaba
iban a parar a su novia, con quien supuestamente se
escondió. En la familia se asegura que Ramón murió por
"ideas". Por último, el resto de la familia
podría quedar perfectamente incluido en el grupo denominado
el Madrid pasivo.
En este punto se encuentra una contradicción ya que
mientras que la muerte de Ramón Arriola es, en cierta
manera, vanagloriada ya que supuestamente murió por
sus ideas, la participación de Leandro Arriola en la
contienda no es valorada de igual manera. Así, Leandro
Arriola participó en la contienda debido al simple hecho
de haber estado en Madrid en el momento del alzamiento,
lo que hace suponer que se hubiera unido al bando nacional
de haber estado en zona franquista. Sin embargo, es
significativo que Ramón no pretendiera huir de Madrid
para unirse a "los suyos" mientras que Leandro
Arriola, al contrario que el resto de sus hermanos,
decidiera tomar las armas de forma activa e incluso
llegó a lograr el rango de sargento, cuando él no tenía
carrera militar. Además, a pesar de estas diferencias
ideológicas en ningún momento se tienen recuerdos de
que hubiera disputas familiares por motivos políticos.
Aseguran que en la familia nunca se ha tratado el tema
político, pero por otro lado Ramón Arriola Sanz asegura
que en su familia "han sido de izquierdas" [11]
.
Es importante resaltar que la solidaridad
familiar se acentuó durante estos años para enfrentar
la carestía de la vida, la ausencia de servicios sociales
por incapacidad del Estado para hacerlos frente y la
imperante necesidad que tenía la familia, formada para
entonces por 10 miembros. Teniendo en cuenta que Fernando
estaba fuera de Madrid, que Ramón permaneció escondido
hasta morir y que Josefa no trabajaba, de los 10 sólo
dos se encontraban en edad de desarrollar su trabajo
con normalidad, el padre y el segundo hijo. Pero éste
se enroló en el ejército republicano lo que suponía
que sólo el padre pudo ejercer la profesión con normalidad.
Las necesidades acuciantes provocaron que en algún caso
se adelantara la edad de incorporación al trabajo a
tiempo completo de alguno de los hijos, como Ernesto
y Jacinto que tenían entre 9 y 11 años cuando lo hicieron.
[^
SUBIR]
2.3 Los inicios de la empresa.
Hay dos características de este período que
deben ser resaltadas en función del comportamiento familiar
por parte de los Arriola. La primera, la propia fundación
de la empresa que encaja perfectamente con el desarrollo
económico sucedido durante estos años en España. No
es de extrañar que en el sector de la fontanería se
pensara en negocio debido al despegue en materia de
construcción que estaba viviendo la capital. La mejora
en la higiene iba acompañada de un mejoramiento en el
acondicionamiento de casas particulares, instituciones
y negocios. La segunda es el surgimiento del movimiento
obrero y las ideas de clase. En este caso, sin embargo,
no hay ni un solo elemento que nos haga pensar que influyeran
en la relación entre los componentes de la empresa.
La fundación data de 1920 según información oral y así
se hace constar en la documentación privada de la familia
Arriola:
“El inexorable paso de los años hace preciso
que vayamos pensando en la fórmula más idónea para fomentar
la continuidad del negocio de fontanería que, fundado
en 1920 por nuestro padre y continuado por nosotros
desde su fallecimiento en 1946, ha sido y es el único
sostén de trabajo y mantenimiento de Leandro, Ángel
y Fernando” [12] .
En el imaginario familiar fueron dos las personas que
toman la iniciativa, Ramón Arriola Sanjosé e Ignacio
Oropesa Indart, natural de San Sebastián. Aun así, argumentan
que esta sociedad desapareció en no mucho tiempo y fue
Ramón Arriola quien acabó "gobernando" en
solitario la empresa [13]. Pero la documentación original no deja claro que fuera Ramón
Arriola quien fundara la empresa. En contrato de noviembre
de 1922 se expone lo siguiente:
“D. Ignacio Oropesa Indart mayor de edad domiciliado
en Madrid Zurbano Nº 44 de una parte y D. Ramón Arriola
y con domicilio en la C/ Divino Pastor 4 taller espontáneo
y libremente contratan la cesión al segundo de dicho
Sr. Por el primero el referido taller mediante las siguientes
condiciones:
Primera: este taller instalado con fondos del Sr. Oropesa
así como seis acciones de la Unión Industrial de cincuenta
pesetas nominales y la fianza del alquiler de la casa
que eran propiedad de dicho Sr. Oropesa quedaron de
propiedad del Sr. Arriola así como los enseres y útiles
del taller mencionado.
Segunda: Dicha propiedad y otros efectos que
a esta se unen se pagaran por el Sr. Arriola conjuntamente
con los importes que en liquidación general de ésta
fecha resultan a su favor sumando un total de cinco
mil seis cientas (sic) pesetas” [14]
Según parece es Ignacio Oropesa quien poseía el taller y siguiendo el
documento se da por hecho que éste ya estaba funcionando.
No hay conocimiento del origen de la relación entre
ambos sujetos pero lo que sí parece claro es que se
realizó un traspaso de la propiedad, no una fundación
por parte de Ramón Arriola Sanjosé. Sin embargo, en
el imaginario de la familia éste era el fundador y le
otorgaron a esta idea la suficiente importancia como
para convertirla en una de sus principales cartas de
presentación a lo largo de los años. En 1986, año crucial
ya que se llegó a disolver la empresa, se decidió realizar
una política de publicidad a través de la repartición
de tarjetas de visita. En ellas aparece el siguiente
texto:
“Fontanería-Saneamiento ARRIOLA. Fundada en 1920. SESENTA
Y CINCO AÑOS DE ACTIVIDAD Y EXPERIENCIA NOS AVALAN”
El
contrato por el cual Ramón Arriola tomaba el control
del negocio data de 1922 y sin embargo ellos adelantan
la propiedad de los Arriola hasta 1920. Hay otro dato
que fundamenta la teoría de la no fundación por parte
de Ramón Arriola y es la existencia de las letras de
cambio que son utilizadas para efectuar el pago al Sr.
Oropesa por compra del taller. La primera de estas letras
de cambio data de noviembre de 1922. No existe un solo
documento que demuestre la fundación o cofundación de
Ramón Arriola Sanjosé. Este hecho no sería relevante
sino fuera por el valor sentimental que a lo largo de
los años se le ha dado a este acontecimiento imaginario;
elemento que ha servido como factor de cohesión en momentos
de crisis, al argumentarse en repetidas ocasiones la
necesidad de sacar adelante la empresa ya que era la
obra del padre. Incluso hoy en día se utiliza como argumento
para definir el futuro de la empresa.
“La fundación es en el año 1920 y la empresa
se llama Fontanería Arriola. Yo considero que voy a
seguir pero no te digo de qué manera porque no lo sé.
Sin embargo, mi lado romántico me dice que es una empresa
que no tiene cualquiera, que tiene 82 años” [15]
La familia
y la empresa en sus comienzos se encuentran totalmente
entrelazadas. Hay que recordar que el taller donde se
realizaban los trabajos era sede empresarial, domicilio
de la familia y al mismo tiempo podríamos asegurar que
hacía las veces de escuela ya que todos los hijos se
forman profesionalmente en el mismo. Se trataba de un
local en arrendamiento, forma jurídica con la que hasta
hoy en día han mantenido su posesión. Esto muestra que
Ramón Arriola Sanjosé muy rápidamente desarrolló su
interés en que la empresa fuera un negocio que tuviera
como base la familia, si es que no lo ideó desde un
inicio, lo que parece lo más probable.
Aunque no hay conocimiento exacto de las motivaciones
que incitaron a la fundación de la empresa es probable
que hubiera cuando menos dos. Primero, satisfacer las
necesidades coyunturales o a corto y medio plazo de
la familia y, en segundo lugar, permitir que la familia
contara con un instrumento perdurable en el tiempo capaz
de facilitar esa subsistencia. Es importante recordar
que sólo dos personas ajenas a la familia tuvieron una
presencia continua en la misma, Elisa y Cosme. La primera
no prestaba sus servicios en la empresa, el segundo
sí. Podría establecerse que dicho ejemplo muestra que
la empresa no se encontraba totalmente cerrada a los
extraños, sin embargo la lectura también puede hacerse
en sentido contrario. Dada la edad de los hijos, Ramón
necesitó encontrar a alguien que le ayudara a llevar
el negocio hasta que la familia por si sola pudiera
hacerse con el control. Ramón acudió a una persona de
su absoluta confianza, Cosme, quien a partir de ese
momento se integró en la familia [16] . Sin embargo, nunca se le consideró igual que a los familiares,
ya que, a pesar de su experiencia, confianza y el amplio
número de años que compartió con los Arriola, no alcanzó
el rango de socio. Educó profesionalmente a los hijos
de Ramón gracias a lo cual se pudieron ir incorporando
al negocio. Cosme contaba con la total confianza del
pater familias, lo que llevó a que Leandro le
quisiera tener junto a él cuando tomó la dirección de
la empresa.
La familia “cerró” la empresa para su propio
y exclusivo beneficio. Los extraños no eran bienvenidos
y solo podían participar aquellos que cuenten con un
alto índice de confianza; así Ramón Arriola Sanjosé
mantenía alejada la posibilidad de que se le plantearan
problemas que pudieran poner en discusión su supremacía.
No tuvo que hacer frente a ningún tipo de reivindicación
laboral por parte de los trabajadores o de participación
en el negocio en el caso de que hubiera admitido a algún
socio. De esta forma la empresa se mantuvo al margen
de la influencia de las corrientes ideológicas emergentes
en el momento y Ramón evitó cualquier problema en cuanto
a la redistribución de los beneficios.
La empresa comenzó como un negocio enfocado a
un área geográfica reducida, el propio barrio y alrededores,
donde el fundador contaba con un cierto reconocimiento
social probablemente debido a que mostraba un modo de
vida algo más que desahogado. Claramente cumplía dos
roles, cabeza de familia y jefe máximo de la empresa.
Se conserva el recuerdo de las amistades con las que
Ramón Arriola Sanjosé compartía sus continuos momentos
de ocio. Este tema ha permanecido como tabú para la
familia a lo largo del tiempo. Se asegura que es un
tema del que "nunca se ha hablado", aunque
el que llegue hasta hoy día muestra lo contrario [17] .
Se pueden concluir una serie de aspectos sobre la familia
Arriola. En primer lugar, queda claro que su forma de
organización corresponde al de la familia extendida
donde hermanos, hijos y esposas se encontraban bajo
la influencia de las decisiones del pater familias,
sobre todo en lo concerniente a la distribución de los
ingresos. La forma de vida familiar bien se podría adjetivar
como tradicional ya que estaba claramente jerarquizada
bajo la autoridad del pater familias, Ramón Arriola
Sanjosé [18] ,. Esta situación se refleja no sólo en las actitudes familiares
sino también en el ámbito geográfico ya que toda la
familia permaneció bajo el mismo techo hasta el momento
de casarse. Los hijos varones apenas tenían capacidad
para intervenir en las decisiones familiares o empresariales,
mientras que las mujeres tenían sus actividades muy
definidas y en ningún caso participaban en las tareas
familiares concernientes a la empresa. Los patrones
de organización familiar se vieron favorecidos por la
debilidad e ineficiencia que seguía sufriendo el Estado,
sobre todo en sus prestaciones de servicios y en la
acción reguladora de la situación laboral de los trabajadores
los que, a pesar de la existencia de una legislación
laboral avanzada en respuesta a las reivindicaciones
de clase, veían como continuamente sus derechos eran
violados. La legislación era habitualmente incumplida
y los "usos y costumbres" propios de épocas
anteriores seguían funcionando. En este sentido, a pesar
de que desde el Estado se comenzaba a tomar conciencia
del hecho de la pobreza y de las demandas sociales en
favor de un intervencionismo estatal para corregir desequilibrios,
durante mucho tiempo se siguió actuando bajo el modelo
de Antiguo Régimen, tareas benéficas en lugar de preventivas.
Así, las formas de solidaridad familiar seguían siendo
indispensables para lograr cierta protección. De esta
forma, la lectura de la situación familia Arriola durante
esta época no parece mostrar signos diferentes a los
esperables. Dentro del concepto de dirección de la empresa,
las atribuciones no se encontraban delimitadas. También
parece quedar claro que quien controlaba la familia
controlaba la empresa.
Marta Casaús ya hace referencia a la importancia de
la jerarquización interna de la red familiar, aunque
para un ámbito distinto tanto en cuanto a clase social
como zona geográfica [19] .
En cuanto a las acciones propias de la actividad profesional
existen indicios suficientes para observar que las relaciones
de parentesco son utilizadas durante esta etapa para
la captación de clientes. Como se dijo, Ramón Arriola
Sanjosé era una persona carismática en el barrio lo
que presumiblemente le permitía establecer relaciones
con los clientes potenciales
[20] . La fama le venía dada por el importante nivel de vida que
llevaba y del que se beneficiaban algunos de sus vecinos.
Pero la guerra traerá cambios a la familia que trastocarán
los planes de Ramón Arriola Sanjosé.
La etapa bélica dejó un vacío documental, lógico si
se tiene en cuenta el contexto y la desarticulación
del Estado republicano. Además los Arriola no cuentan
con información suficiente como para recomponer este
periodo tan corto de tiempo pero que traerá tantas consecuencias.
Sí queda claro que la empresa durante estos años no
desapareció, en buena parte debido a sus reducidas dimensiones
que se limitaban al núcleo familiar, padre e hijos.
La familia se dedicó a realizar trabajos en el barrio.
En muchas ocasiones el trabajo se vendía a cambio de
productos de primera necesidad lo que se asemeja bastante
a una economía de trueque. El carácter familiar benefició
claramente a la empresa y de esta manera los Arriola
lograron superar los años de guerra. [^
SUBIR]
3. Segunda
generación.
3.1 España durante el Franquismo: 1940-1975.
El
1 de abril de 1939 la Guerra Civil española tocaba a
su fin. Las tropas de Franco controlaban la totalidad
del territorio y comenzaba la instauración de un nuevo
Estado inculcado en los llamados ideales del 18 de julio:
Estado fuerte, caudillaje militar, unidad de España,
ideas fascistantes de la Falange, principios socialcristianos
de la Iglesia, nacionalismo económico o autarquía. El
franquismo sufrió distintas mutaciones en función de
los nuevos contextos históricos en los que se desenvolvía.
Primero fue un régimen totalitario y filofascista, hasta
1945. Desde esa fecha, giró hacia un régimen católico
y pro occidental. A partir de 1957-59 inició su modernización
con el control del poder por los tecnócratas en la que
se ha denominado etapa desarrollista.
El nuevo régimen supuso una ruptura decisiva
en la historia de España y acabó por crear un nuevo
orden económico y social. Apeló a valores tradicionales
y arraigados en la sociedad española (catolicismo, familia,
orden, trabajo). El principal problema al que se enfrentó
fue su escasa legitimidad frente a la conciencia liberal
y democrática de su tiempo
[21].
En cuanto a los servicios sociales prestados por el
Estado franquista, en líneas generales se produce una
expansión de los mismos, sobre todo a raíz de que en
1964 todo el entramado de seguros sociales se unificó
en la Seguridad Social. En 1970, el 77,2% de la población
española tenía derecho a asistencia sanitaria a cargo
de la seguridad Social. Sin embargo aún quedaba un importante
camino por andar. El desempleo y la jubilación seguían
siendo unos problemas para los que el Estado no estaba
aportando las soluciones necesarias. Además, el hecho
de que la mayor parte del peso fiscal cayera en las
espaldas de las clases más populares suponía que la
correcta redistribución del ingreso seguía siendo una
tarea pendiente. El Estado aún se encontraba muy limitado
en cuanto a capacidad económica para llevar a cabo dichas
transformaciones y además sufría los rigores de una
“consentida” corrupción. Buena parte de la asistencia
social del Estado era otorgada a través de tratos de
favor. Estos comportamientos paternalistas no eran excesivamente
mal vistos por el global de la sociedad. La forma de
organización y actuación práctica política del régimen
beneficiaba el surgimiento de intermediarios.
[^ SUBIR]
3.2 La familia Arriola. 1940-1975.
El final de la guerra trajo consigo la vuelta de Fernando
a Madrid y la reunificación familiar, a excepción del
fallecido Ramón. La situación en Madrid no distaba mucho
del resto de España. Graves problemas de abastecimiento
y en consecuencia de productos de primera necesidad.
El núcleo familiar fundado por Ramón Arriola Sanjosé
y Josefa García creció considerablemente y a mediados
de los setenta contará con un total de treinta y cinco
miembros.
Tras la guerra, Leandro, que no sufrió ningún
tipo de represión política, se vinculó estrechamente
a su padre. Acudía con él a las reuniones en las que
se establecen los contactos con los clientes. Quedó
al margen de realizar cualquier trabajo manual para
aprender junto al padre las formas de negociación propias
de la empresa. El resto de la familia permaneció igual,
trabajando en el taller, al que se fueron incorporando
según crecían excepto Cándido, que siguió estudiando.
Hubo dos excepciones a esta pauta de integración familiar.
Jacinto y Ernesto marcharon de la casa y de la empresa
entre 1940 y 1945 y ambos contrajeron matrimonio. Esta
nueva situación provocó que los ingresos que obtenían
de la empresa les resultaran insuficientes para subsistir.
A través de la intermediación de su padre consiguieron
colocarse en dos empresas distintas, relacionadas con
el gremio de la fontanería. Toñi quedó definitivamente
vinculada a su madre y al resto de la familia tras el
fallecimiento de Ramón en 1946. Así, dos personajes
de la familia comenzaron a asimilar roles que ya estaban
presentes en la generación anterior, Leandro el de pater
familias, aunque en su caso su influencia se extendió
tanto en el plano horizontal, hermanos, como en el vertical,
hijos y Toñi con funciones centralizadoras y moderadoras.
Todos los hermanos siguieron el mismo camino que Jacinto
y Ernesto en cuanto a la marcha del domicilio familiar
tras casarse, aunque no abandonaron la empresa. El primero
en casarse y marchar fue Leandro Arriola. Contrajo matrimonio
con Elisa Sanz Sanz, asistenta del hogar de los Arriola
hasta ese momento. Se trasladaron al madrileño barrio
de Ventas. Este hecho indirectamente “condenó” a Toñi
a fijar su residencia en el domicilio familiar durante
bastantes años ya que en ningún momento se suplió la
figura de Elisa en la casa. El siguiente en casarse
fue Andrés Arriola con María De la Calle. Fernando se
casó con Laura Meco y Lario, permaneciendo tras su matrimonio
en el mismo edificio en el que se encontraba el taller.
Cándido, el último en casarse de los varones, lo hizo
con María Aranzazu Vázquez y Hernanz. Pedro se casó
con Felisa López. Es significativo que no tengamos información
sobre el nombre de la mujer de Jacinto. Marchó a vivir
a un pequeño piso bajo en la zona de Aluche. Es el único
que vivió de alquiler. De Ernesto tampoco ha quedado
constancia sobre el nombre de su esposa aunque si se
conoce que vivió en el barrio de Carabanchel, en una
“buena casa” [22] . Toñi se casó con Mariano Espinosa y se trasladó al barrio
de Canillejas. Permaneció bajo la vigilancia familiar
hasta el mismo momento de casarse. Todos los hermanos
estaban al día de las personas con las que mantuvo algún
tipo de vínculo sentimental
[23] . Existe un claro instinto de protección hacia la hermana, un
elemento que formaba parte del carácter de la sociedad
española de la época.
“Toñi siempre ha sido, pues que te voy a decir... En
el ambiente de hermanos lo más cuidado que ha habido.
Si ha salido con alguien, enseguida los hermanos iban
a ver con quien salía. Quizás la más cuidadosa en ese
sentido que han tenido sus hermanos”
El caso de Pedro, en cuanto a vivienda, fue distinto
al del resto de los hermanos. El hecho de adquirir la
vivienda suponía poder independizarse, en cierta manera,
de la familia y poder formar la suya propia.
“Pedro tiene piso pero porque se casó con una sirvienta
de laboratorios Galloso. Por medio del presidente de
Galloso le dieron un piso en la C/ Canillas por medio
del Ministerio de Obra Sindical o algo así. En San Blas,
donde estaba Pikolín. Eso que llevaba los escudos de
la falange, la Obra Sindical, eso. Él lo consigue por
su mujer, no por él”
A través del caso de Pedro se observa que los contactos
entre el ámbito empresarial y el político funcionaban.
Pedro y su esposa se aprovecharon de ello y gracias
a la cesión del piso pudieron casarse. Años más tarde,
la mujer de Pedro cambió de trabajo y se convirtió en
portera del edificio contiguo al taller gracias a los
Arriola y su intermediación. Este traslado permitió
a Felisa estrechar lazos con Leandro Arriola y así garantizar
la supervivencia familiar, ya que Pedro no siempre ingresaba
en el hogar lo que percibía por su trabajo junto a su
padre [24] .
De lo anteriormente expuesto se concluye que todo hijo
abandona el hogar familiar una vez se casaba. El casarse
suponía un rito de independencia respecto del hogar
paterno, y a su vez abandonar la protección económica
directa de la que era objeto el hijo mientras vivía
con sus padres.
A pesar de que Josefa heredó el global de las pertenencias
con las que contaba su esposo, fue Leandro quien se
hizo con el control de la empresa y de la familia. De
esta forma se produjo una transición entre padre e hijo
que facilitó que la familia no sufriera fuertes convulsiones
dado el carácter patriarcal en el que se había ido desarrollando.
Leandro adoptó buena parte de los roles que ya cumplía
su padre. Se despreocupó de las obligaciones familiares
y se alejó de las circunstancias familiares (tanto de
la familia nuclear como de la extendida). Las relaciones
con el resto de núcleos nacidos de los hermanos fueron
mínimas y se circunscribieron a fechas muy señaladas.
En lo referente a su propia familia, al contrario que
lo ocurrido en la etapa anterior, no obligó a su primogénito
a trabajar en la empresa. Le dio la posibilidad de continuar
sus estudios y completarlos. Ramón, al terminar la enseñanza
básica, decidió entrar a trabajar pero no acompañó a
su padre para aprender las formas de negociación. Se
vinculó al grupo formado por Andrés, Fernando y Pedro,
que eran los encargados de ejecutar las obras que se
contrataban. De entre los primos varones de Ramón -puesto
que las mujeres continuaban excluidas de participar
en cualquier actividad relacionada de forma directa
con la empresa-, sólo él permaneció en el taller de
forma perenne, mientras que los otros trabajaron allí
de forma ocasional
[25] . En el futuro se le ofreció a Ramón Arriola Sanz permanecer
con la titularidad del taller compartida con su primo
Alfonso, a lo que se negó pues tenía una gran desconfianza
hacia el mismo.
Leandro tuvo dos hijos, hembra y varón. Andrés fue padre
de tres varones. Fernando tuvo tres, las mayores dos
hembras y un varón. Cándido tuvo, al igual que Fernando,
dos hijas, las mayores, y un hijo. Pedro tuvo una chica,
la mayor, y un varón. Ernesto tuvo dos mujeres y un
varón. Jacinto tuvo cuatro hijos, solo el tercero fue
varón. Y, por último, Toñi tuvo un primogénito varón
y una chica.
La relación entre Leandro, Andrés, Fernando, Pedro
y Toñi siguió siendo muy fluida. Esta última, tras la
muerte de la madre, se casó (1961) y al establecerse
a cierta distancia del barrio perdió buena parte del
trato. Además, el mismo hecho de casarse provocó que
tanto ella como sus hermanos perdieran los roles que
estaban representando hasta el momento. En su caso,
está claro que el deceso de su madre le posibilitó la
marcha de la casa; en el caso de los hermanos el hecho
de casarse suponía que ya no era necesario seguir manteniendo
la protección sobre ella. [^
SUBIR]
3.3 ¿Crecimiento sin desarrollo? La empresa.
Existe un documento que muestra como en 1943 se
realizó el último pago que Ramón Arriola Sanjosé debía
al Sr. Oropesa por la compra del negocio y la cesión
del local
[26] . Es decir, que tras la guerra los contratos de propiedad firmados
con anterioridad se respetaron y el nuevo Estado, de
alguna manera, tomó la responsabilidad de hacer cumplir
dichos contratos. Además, es importante resaltar que
el pago se hizo a la viuda del Sr. Oropesa.
Ramón Arriola Sanjosé, como primer propietario de la
empresa, podría ser incluido en una de las categorías
que estableció Sonnenfeld con relación a su tipología
sobre líderes empresariales familiares y su forma de
actuación en el momento de la sucesión [27] . Contiene algunas características de lo que llama el líder
con estilo monárquico, el monarca. El hecho de
que la sucesión al frente de la empresa sólo fuera posible
tras su fallecimiento y que su propiedad recayera en
su mujer, persona que en ningún momento participó directamente
en su gestión y organización, muestra que la sucesión
no estaba previamente planificada, sino que Ramón Arriola
Sanjosé dejó resuelto un “imprevisto”, como al parecer
fue su propio fallecimiento. Además, otras dos características
que se le pueden atribuir es su carácter carismático
y autoritario. El carisma le vino dado por la reciprocidad
establecida con el resto de la familia que nacía de
su capacidad para suministrar la posibilidad de obtener
recursos.
Durante su mandato, dos de sus hijos salieron de la
empresa y nunca volverían a tener relación con la misma.
No se tiene conocimiento exacto de las circunstancias
que llevaron a su salida, pero sí queda claro que ambos
se resituaron en dos empresas distintas pero directamente
relacionadas con el negocio de la fontanería. Ernesto
se fue de fontanero a ACOISA y Jacinto se fue a Hierros
y Metales Sur de representante. Se pueden obtener indicios
de la marcha de al menos uno de ellos, Jacinto. En la
familia Jacinto ha dejado huella debido a que buena
parte de los clientes de entonces se negaban a que él
fuera a realizar las obras. Recibió el mote del “enamorachachas”
debido a su afán por entretenerse con el personal de
servicio en las casas para las que trabajaba. Además,
también ha quedado muy presente su capacidad para eludir
las responsabilidades profesionales y dedicar el horario
de trabajo a un hobbie como era la lectura de
novelas de bolsillo. Es más que probable que estas circunstancias
provocaran o al menos ayudaran a que saliera de la empresa.
Pero quizás la conclusión más importante que se puede
extraer de la marcha de ambos es que una vez que uno
de los familiares abandonaba la empresa quedaba en cierta
manera marginado de la vida familiar y por supuesto
de la empresarial. A pesar de que sí participaban de
las celebraciones puntuales, como bodas o comuniones,
dejaron de formar parte y de tomar partido en las decisiones
familiares. Solamente volvieron a aparecer, al menos
en cuanto a documentación se refiere, a la muerte de
su madre. El caso de Jacinto se repitió después con
Pedro.
La muerte de Ramón supuso iniciar una nueva etapa en
la vida familiar. Con Josefa la empresa pasó a llamarse
"Viuda de Arriola e hijos". Es muy posible
que el fallecido pretendiera mantener centralizado el
control de la empresa en una persona para evitar disputas
entre los hijos. Sin embargo, pronto Josefa cedió el
control de la misma a Leandro Arriola, el hijo vivo
de mayor edad, a través de un poder realizado ante notario
el día 7 de febrero de 1951 [28]
. Son ocho cláusulas por las que Leandro Arriola
García recibía poderes plenos para manejar la empresa.
Ninguno de los hermanos fue incluido en el mandato por
lo que la empresa quedaba bajo su control absoluto.
A pesar de que dicho mandato data de 1951, él ya había
tomado el control de la empresa desde el mismo momento
en el que se produjo el óbito de su padre. Se puede
establecer esta afirmación partiendo del hecho de que
tras morir el padre la subrogación del arrendamiento
del local en el que estaba instalada la empresa se realizó
a nombre de Leandro Arriola García. Por lo tanto, y
al menos de forma nominal aunque es más que probable
que no únicamente, lo que se produjo fue una sucesión
real entre el padre y el hijo mayor vivo. No hay que
olvidar que para 1946 el local también hacía las veces
de vivienda con la connotación que esto puede conllevar.
Más importante puede ser el que disponer de forma legal
del control de la empresa suponía tener bajo control
las finanzas de la misma lo que a su vez se traducía
en disponer de las finanzas familiares. Las cláusulas
quinta y sexta del mandato así lo sancionaban. Más tarde,
en 1972, todos los hermanos firmaron un contrato por
el que aparecían en una teórica igualdad de condiciones
aunque Leandro Arriola ya se había hecho con el control
de la empresa y de la familia. Dicho contrato quedó
en una simple exposición de intenciones que no se cumplió,
como mostraban de forma reiterada las quejas de Cándido
Arriola.
La figura de Leandro Arriola es clave en la historia
familiar. Con él la empresa alcanzó sus máximas cotas
de éxito y llegó a contar con una plantilla de casi
20 personas. Logró centralizar el control sobre la familia
y la empresa y su actitud fue semejante a la del padre,
es decir, no realizaba trabajos manuales y más bien
su dedicación se enfocaba a la captación de clientes
y relaciones públicas. Manejaba la empresa con mano
firme y sin dar explicaciones sobre sus decisiones a
pesar de que la propiedad de la empresa recaía teóricamente
sobre todos los hermanos. Sólo atendía a los consejos
de una persona ajena a la familia, Cosme Martín León,
la única capaz de influir en sus decisiones profesionales.
Fue el único de los que entró en los registros de personal
contratado que no fue despedido en algún momento posterior
[29]. Fue dado de alta en la empresa en 1947 a la edad de 40 años
y estuvo ligado a la misma más de veinte años, hasta
su jubilación. No hay constancia de su relación con
Ramón pero si queda claro que fue la persona de confianza
de Leandro. En el momento del alta se le otorgó la máxima
categoría, oficial de primera, y, por tanto, también
la retribución máxima, 22,50 pesetas diarias. Entre
1947 y 1958 un total de 33 personas fueron contratadas
de forma legal, con edades comprendidas entre los 14
y los 20 años, excepto dos casos de 27 y 32 años respectivamente.
La mayoría "causaba baja" con el argumento
de la falta de trabajo. Hubo cuatro casos de trabajadores
que causaron baja por incorporarse al ejército y uno
que fue despedido por cometer tres faltas graves. De
todos y cada uno de ellos se guardan las altas en la
mutua de seguros “La Metalúrgica” [30]. Entre 1958 y 1964, 35 personas, de las que ha quede constancia,
trabajaron en la empresa. Sin embargo, en esos años
la causa principal de salida fue la baja voluntaria.
Un numero importante de estos treinta y cinco, once,
permanecieron dados de alta menos de un mes, incluso
una semana. También se observa que chicos de catorce
años se incorporaron a la empresa. Esta era una práctica
habitual de los Arriola (y de otros empresarios del
período) que, más que por necesidad, en algunos casos
se hacía como favor a algún amigo que quería que su
hijo aprendiera el oficio trabajando un tiempo en el
taller. Buena parte de los contratados, más del 50%,
procedían de zonas que en el momento se encontraban
en un proceso de expulsión de mano de obra, principalmente
Andalucía y Extremadura. Ninguno de estos accedió a
la empresa como oficial de primera, cualificación mayor
que se otorgaba a los empleados, como era el caso de
Cosme. Tampoco ninguno llegó en ningún momento ni tan
siquiera a optar a la posibilidad de entrar como socio
con algún tipo de participación en la empresa. La redistribución
de beneficios se reservaba a la familia.
En 1961 murió Josefa García con lo que la propiedad
pasó a los hermanos definitivamente, aunque ya lo había
hecho de facto. No es extraño que su muerte desatara
el comienzo de los problemas entre los familiares. Un
entrevistado asegura:
"lo que pasa es que mientras mi abuela existió,
pues hombre, lo que comía mi tía (Toñi) salía del taller" [31] .
Por tanto, es probable que Toñi tras morir la madre
perdiera un apoyo o justificación clave para mantenerse
bajo la protección familiar. Lo que sí está claro es
que las disputas entre los hermanos comenzaron tras
la muerte de la madre. Al morir Josefa son cinco los
socios que tenía la propiedad, pero pronto Leandro Arriola
comenzó a tomar posesión de las participaciones que,
por derechos de herencia, tenía cada uno de los hermanos
en la empresa. En cada una de las entrevistas siempre
se hace hincapié en dos cosas, que Leandro Arriola mandaba
de forma déspota y absoluta y que sin embargo, teóricamente,
eran cinco hermanos los que componían la sociedad. El
archivo de la familia Arriola confirma el dominio de
Leandro sobre el resto, tanto en la documentación oficial,
(todos los contratos están firmados por Leandro Arriola
al tiempo que las posesiones aparecen a su nombre),
como en la documentación privada como se vio sobretodo
en el momento de la trasmisión de la propiedad a su
hijo. Pero existe una excepción que se repetiría unos
años después con la marcha de Pedro. Tras la muerte
de Josefa se realizó una reunión familiar en la que
se decidió el monto que recibirían tanto Ernesto como
Jacinto en concepto de participación en la empresa como
hijos de Ramón Arriola y Elisa García. Ambos renunciaron
a sus derechos de participación “del local de negocio,
enseres y materiales”
[32] a cambio de 25.000 pesetas para cada uno. De esta forma quedó
sellada su exclusión definitiva en los procesos de toma
de decisiones. Esta decisión de carácter familiar fue
tomada en connivencia, al menos así lo refleja la documentación,
entre los hermanos, Leandro, Andrés, Fernando, Cándido,
Pedro y Toñi.
Toñi tuvo
una presencia mayor en la empresa de la que en primeras
entrevistas se había descrito. A pesar de que no participaba
de hecho en la toma de decisiones, la verdad es que
fue tenida en cuenta aunque sea de forma nominal. Este
documento muestra claramente como ella, reitero que
al menos en la teoría, sí tuvo participación en el negocio
ya que no consta que renunciara. No obstante, se tiene
conocimiento de que en el momento de casarse cada uno
de los hermanos aportó una cantidad de dinero que le
fue entregada y que, aunque podría parecer un regalo,
en realidad se la estaba excluyendo definitivamente
de su participación en los ingresos del negocio. Toñi
recibía una cantidad fija mientras que cuidó de su madre
y hasta que ésta murió. Estos dos hechos, la boda y
la muerte de la madre, la apartaron aún más de la empresa.
No volvió a recibir cantidad alguna ni apareció en documento
ninguno hasta 1985 cuando, junto a Cándido, pasó a tener
la titularidad de las cuentas bancarias de la empresa.
Tampoco existe conocimiento de que exista algún documento
de renuncia como los que si hay para Jacinto y Ernesto.
Se convirtió en una especie de “comodín” para la familia
ya que además de ser la encargada de cuidar a la madre
hasta la muerte, volvió a constar en la documentación
de forma esporádica en los momentos más críticos como
titular de las cuentas. La confianza que todos tenían
en ella les hacía utilizarla como elemento moderador
en los conflictos familiares relacionados con la empresa.
Pedro marchó en 1975 por desavenencias con su hermano
Leandro. No consta ni se tiene conocimiento de que recibiera
indemnización alguna por ello. Cándido, por su parte,
trabajó en la empresa pero a cambio del cobro de un
sueldo estipulado. Tenía un puesto en otra empresa privada
que le hubiera permitido vivir al margen del negocio
familiar, pero todas las tardes se incorporaba ya que
era la persona encargada de llevar toda el área administrativa.
Fue en la empresa para la que trabajaba donde Cándido
tomo sus ideas sobre cómo se establecen los mecanismos
de funcionamiento empresarial, que pretendía asimilar
y aplicar en la firma familiar.
Leandro Arriola logró establecer contactos con
personajes muy relevantes del mundo de la empresa cervecera,
de la construcción, productores e importadores de refrescos,
del mundo de la banca, de instituciones educativas.
Los trabajos para particulares a domicilio nunca dejaron
de realizarse pero pasaron a ocupar un segundo o tercer
plano. Se estrecharon relaciones con el dueño de una
importante empresa constructora quien les proporcionaba
un buen volumen de negocio. El trabajo más importante
fue la participación en la construcción de la fábrica
de una empresa cervecera en Madrid. Durante cuatro años,
cinco personas de la empresa estuvieron exclusivamente
dedicadas a dicha obra. Sin embargo, para la familia
Arriola, en lugar de beneficios, esta contratación trajo
desavenencias ya que del importante volumen de negocio
que se generó durante estos años no hubo una traducción
en mejoras económicas para el global de los socios.
Este hecho hace sospechar que Cándido, administrativo
de la empresa, gestor, estuviera ocultando las verdaderas
cuentas de la empresa al resto de los socios cumpliendo
las órdenes de su hermano Leandro.
En las relaciones a la hora de establecer negocios se
observa que las formas de actuación no correspondían
con una lógica de oferta y demanda. En cuanto al mejor
cliente que siempre tuvieron, constructor, la relación
se estableció de forma fortuita. Como muchos de los
negocios, el primer contacto se realizó en un bar cercano
al taller del que Leandro Arriola era cliente asiduo
y en el que pasaba todos los días bastantes horas. Su
afición al juego de las cartas le llevó a conocer a
ese futuro cliente. Se lo presentó “Manolo”, conocido
en el lugar por trabajar en la Guinea durante cuatro
meses al año y cuyos beneficios, según comentan, le
permitían “vacacionar” el resto del año en el barrio.
Manolo y Leandro diariamente mantenían contactos continuos
en bares de la zona. Manolo a su vez conocía al constructor,
también cliente de un de estos establecimientos. Este
hecho estrechó lazos de amistad entre ellos. Dicha amistad
se fortaleció con el paso de los años y llegó hasta
el final de la etapa de Leandro Arriola, momento en
el que desavenencias en relación con el presupuesto
de las obras en una Junta Municipal llevaron a la ruptura
de relaciones. Ramón Arriola Sanz restableció el contacto
años más tarde. La importancia de este constructor para
la familia Arriola fue clave. Él proporcionó un volumen
de trabajo muy importante durante esta etapa. Según
estimaciones de Ramón Arriola Sanz, podría decirse que
el 40% de la facturación total se hizo gracias a él.
Esta empresa no era de un volumen grande, 40 trabajadores
según los cálculos de Ramón Arriola Sanz, pero sí tenía
“buenos contactos” dentro del Ayuntamiento. Estos contactos
proporcionaban información privilegiada a la empresa
lo que permitía concursar por las obras con ventaja
sobre el resto de los participantes. Al parecer el contacto
era un familiar de la esposa del constructor que ocupaba
un alto cargo dentro del Ayuntamiento. Otro contacto
que se logró a través de la intermediación de esta familia
constructora fue con uno de los gerentes del Patronato
de Parques y Jardines. En los jardines del Retiro realizaron
un número muy importante de obras gracias a ello. Una
vez que obtenían la concesión de la obra la empresa
constructora no tenía la capacidad por si sola de atajar
la obra de forma completa. Cuando ganaban un concurso
contrataban a personal que hiciera el trabajo y los
Arriola recibieron encargos de obras de forma continua.
La confirmación del estrechamiento de relaciones quedó
patente en el hecho de que en la mayoría de ocasiones
no se le pidiera presupuesto a los Arriola a la hora
de contratarlos para una obra. La confianza entre ambas
familias llegó a ser plena, aunque en el caso de los
Arriola, Leandro fue la única persona que se ocupó de
establecer y mantener estos contactos. En el futuro,
Cándido tuvo que tomar esta responsabilidad.
La red no acababa aquí. Otra importante fuente de
negocio provino de las reformas y tareas de mantenimiento
realizadas para dos importantes instituciones bancarias,
en esta ocasión sin intermediación alguna de otra empresa.
Ramón Arriola Sanz habla de que del total de la facturación
de esa etapa, uno de estos bancos supuso un 30%. Las
concesiones eran obtenidas a través de Máximo, Ordenanza
Mayor de una de las sucursales. Aunque no se recuerda
ni existe información en la actualidad sobre cómo se
estableció la conexión con Máximo es presumible que
fuera Ramón Arriola Sanjosé quien lo hiciera o, al menos,
que dicha relación venga de su etapa al frente de la
familia. Lo que sí queda claro es que una vez que Máximo
fue relevado del puesto le sucedió Fernando con quien
la relación continuó igual, ya en época de Ramón Arriola
Sanz. En este caso los comportamientos “informales”
se realizaron de forma normal y continua. A todo trabajo
le sucedía el pago de una parte del total del importe
de la factura, que solía ascender al 10%, al ordenanza
de turno. Además, eran continuas las invitaciones en
el bar a copas, marisco, etc... El encargado de realizar
estas tareas era, una vez más, Leandro Arriola. Ni el
resto de los hermanos ni su hijo, durante esta etapa,
establecieron relación alguna con los ordenanzas (ya
que a pesar de que el contacto se realiza a través de
uno es costumbre “gratificar” a varios).
Un tercer contacto de importancia y al que Ramón Arriola
también adjudica el 30% del volumen total de facturación
de la etapa es un segundo constructor. Se empezó a trabajar
para él gracias a la intermediación de uno de sus empleados,
un oficial de albañilería, Hilario, amigo de Leandro
Arriola, que vivía junto al taller. Este caso es el
único que no dependió de forma básica de la demanda
ejercida por el Estado a través de diferentes entidades.
En este caso el constructor se beneficiaba de su relación
con un conocido Marqués que comenzó a edificar un importante
número de viviendas de lujo en las afueras de Madrid.
Los Arriola participaron activamente en estas obras
y en la C/ López Bravo donde se realizaron multitud
de pequeños trabajos. Además de Leandro, también Pedro
estableció lazos de amistad con miembros de esta familia.
Sin embargo, la relación se fue enfriando y ambas familias
no llegaron a la complicidad que se logró con los otros
constructores.
A pesar de que la red funcionaba, se obtenían suculentos
contratos, se trabajaba a tiempo completo y se observaba
un progresivo aumento en el número de empleados debido
al aumento en la demanda ejercida sobre la empresa,
las arcas de la misma se encontraban vacías. No se cuenta
con balances para estos años y sólo a partir de 1971
Cándido comenzó a realizar, aunque sin continuidad,
estudios sobre el estado de las cuentas de la empresa.
A pesar de que no se cuenta con estos datos, se puede
establecer que desde 1951 hasta 1971, se trabajó cualitativa
y cuantitativamente lo suficiente como para que, al
menos, la familia hubiera vivido de forma desahogada [33] . Por lo tanto existía algún elemento que provocaba que los
beneficios de la empresa no repercutieran en el global
de la familia. En un principio la familia Arriola es
contraria a expresar cuál fue dicho motivo pero finalmente
tanto en las entrevistas como en la documentación elaborada
por Cándido Arriola aparece esbozado. Leandro Arriola
llevaba un nivel de vida muy por encima del resto de
la familia. Él entregaba su sueldo, igual que el del
resto de los hermanos, íntegro a su esposa y ella disponía
de este dinero para los gastos habituales de la familia
nuclear. Sin embargo, Leandro llevaba una vida de ocio
en la que aparecen una serie de gastos que suponían
un volumen importante. Entre estos gastos se encontraban
los carnés de socios del Real Madrid de él y su hijo
Ramón, las continuas visitas, diarias, al bar, la compra
de productos alimenticios de primera calidad, la adquisición
semanal de un importante volumen de décimos de lotería,
etc. Finalmente, la insostenible situación provocó que
incluso en la documentación elaborada por Cándido aparezca
este extremo como causa de la mala marcha del negocio.
“Cándido expone la precaria situación de trabajo existente,
acusando, principalmente, a Leandro de no prestar la
debida atención, indicando que las tardes se las pasa
jugando su “partida” en el bar y que igualmente la mayor
parte de las mañanas se las pasa en el bar” [34].
Ya al final de este periodo se comienza a observar que
se está produciendo un deterioro en la relación entre
los socios. El 26 de noviembre de 1972 realizaron un
contrato en el que los socios-hermanos se distribuyen
a partes iguales los derechos y obligaciones
[35] . Este contrato fue impulsado por Cándido, quien tenía una visión
más institucional de la empresa. La intención era que
cada uno adoptara sus responsabilidades ante la situación
anárquica que vivía la empresa. Pero aún así Cándido
no era hombre de negocios y las propuestas que realizó
en la siguiente etapa relacionadas con las necesidades
de la empresa para mejorar su productividad quedaron
en una mera declaración de intenciones. Él personalmente
se encargó de rehacer la red que durante la etapa de
su hermano les había permitido obtener beneficios.
"A la vista de la deficiente marcha del negocio
por error de interpretación de nuestros derechos y obligaciones
para con el trabajo y en definitiva para la empresa
es necesario e imperante dejar bien asentados los siguientes
puntos. Nuestros derechos y obligaciones para con la
empresa son iguales en todos los casos"
[36]
Leandro Arriola estaba perdiendo capacidad
para mantener centralizado el control sobre el resto
de la familia. Este hecho quedó sancionado en el primer
y último párrafo del documento.
“No obstante lo dicho en este acto, el mismo,
D. Leandro Arriola García, voluntariamente declara y
de manera solemne y expresa hace constar que el negocio
pertenece, como ya queda dicho, por partes iguales a
él y a sus otros cuatro hermanos, firmantes todos de
este documento”
[37]
Pero las intenciones de Cándido de desbancar a su hermano
de la jefatura fueron infructuosas, al menos, durante
esta etapa. Tanto Fernando como Andrés no discutieron
ni una sola de las decisiones de su hermano Leandro.
Además, desde 1962 Ramón Arriola Sanz, hijo de Leandro,
se encontraba trabajando en la empresa y aunque discrepaba
de las formas autoritarias de su padre le siguió siendo
leal. Pedro actuaba por libre en muchas ocasiones en
cuanto al trabajo pero no planteaba problemas de liderazgo
para Leandro. Sólo Cándido se comenzó a posicionar claramente
frente a Leandro pero sin eficacia. Hay dos hechos que
confirman el liderazgo de éste. El primero el propio
documento ya que fue el mismo Leandro el que reconoció
el condominio de la empresa entre los cinco hermanos,
lo que a la inversa suponía reconocer que Leandro era
quien tenía la última palabra. Además, hay que dejar
claro que este documento nunca fue elevado a un notario
para otorgarle carácter legal, quedando en el ámbito
interno. El segundo hecho es la marcha de Pedro de la
empresa. Pedro comenzó a realizar una serie de trabajos
por su cuenta a espaldas de Leandro, mientras el resto
de los hermanos son conocedores de esta situación. Se
trata de lo que llaman “chapuzas”, es decir pequeñas
obras que facilitan que se oculte su realización ya
que no necesitan ocupar un importante número de horas.
Esta situación se mantuvo hasta que Leandro Arriola
casualmente tuvo conocimiento de uno de estos trabajos
que realizaba Pedro, en esa ocasión junto con Fernando.
Leandro convocó al resto de los hermanos y decidieron
expulsar a Pedro de la empresa sin indemnización. A
Fernando no se le sancionó de ninguna manera. El carácter
de la reunión podría engañar ya que parece que son los
socios los que decidieron expulsar a Pedro, sin embargo
y teniendo en cuenta que éstos ya tenían conocimiento
de la “estafa” que estaba llevando a cabo Pedro, queda
claro que fue Leandro quien tomó la decisión. Este hecho
le sirvió a Leandro de excusa para prescindir de los
servicios de un Pedro que actuaba siempre con “excesiva”
independencia respecto de su persona. El hecho de que
a Fernando no se le sancionara muestra que la relación
entre Pedro y Leandro ya se encontraba deteriorada.
Una vez más queda claro que es Leandro quien decidía
en nombre de la familia. Está expulsión de Pedro supuso
que las relaciones familiares con él se enfriaran de
forma considerable. La decisión trascendió lo profesional
tomando un claro carácter familiar, más si cabe cuando
Leandro acudió a su hijo a pedirle explicaciones ya
que éste también tenía conocimiento de la situación
de Pedr |